Margen al futuro

No me parece ni justa ni cierta la especie –que me temo se convierta en ‘leiv motiv’ del PP para lo que queda de legislatura—de que Griñán carece de legitimidad al no haber sido elegido por el pueblo. ¿Se diría lo mismo si se tratara de una sucesión forzosa, pongamos por muerte del titular? Seguro que no pero, además, a Griñán lo eligió el pueblo diputado y eso es lo único que precisa para ser Presidente. Se entiende el enojo contra la operación que ha descabalgado a Chaves desde Madrid pero ello no justifica argumentos que no lo son.

Balance onubense

Lleva razón el alcalde de la capital en que Chaves no ha cumplido ninguno de los compromisos importantes contraídos con Huelva: ni el AVE, ni el aeropuerto, ni los tres puentes famosos, ni el pacto local andaluz ni la ley de creación del Área Metropolitana. Y la lleva porque la evidencia no puede negarse, lo que constituye un severo compromiso añadido para el sucesor, José Antonio Griñán, y para el partido en el poder que hasta ahora se ha limitado a encubrir el fiasco y a enredar la madeja. A Huelva no se la ha tratado bien, más que nada por oposición  al alcalde Rodríguez, y eso es algo que puede cambiar en manos de alguien con una idea más leal de la competencia política.

Cultura y propiedad

La llegada de la nueva ministra de Cultura ha provocado, de entrada, reacciones sulforosas en esa masa sin rostro que reside en la Red. Hasta se han creado del tirón varios “sitios” dedicados a pedir/exigir la salida de la recién llegada habida cuenta de que ella representa a las claras la postura intransigente de los propietarios culturales que a duras penas se debaten contra el irreversible progreso de la difusión gratuita de la cultura que supone Internet. El contencioso entre cultura y propiedad está, evidentemente, en un callejón sin  salida del que, en caso de ganar provisionalmente la partida, no va a salir indemne la segunda, aunque lo estupendo de este caso consiste en que sea un Gobierno que se postula “socialista” nada menos el que fiche como ministra a una adalid de la causa propietaria frente a la legión innominada de los piratillas. Ahora bien, ¿se sabe hasta qué punto está justificada la alarma propietaria, se conoce a ciencia cierta el número de filibusteros que opera desde el ordenata bajándose pelis y canciones? En Europa circula un sondeo del prestigioso Ipsos Media CT que demuestra que hay países en que la cosa no es tan grave como la pintan, dado el ‘relarivam,ente’ bajo número de encuestados que defienden la piratería pero, sobre todo, porque esos mismos encuestados dejan en evidencia la llamada “teoría Larusso” –según la cual la pérdida experimentada por los autores es igual al volumen de fraudes producidos en la Red–, puesto que, según dicen, en caso de verse impedidos de navegar bajo bandera negra (como seguramente va a intentar la policía de la nueva ministra), no es cierto que fueran a comprar un disco en el mercado oficial ni mucho menos, sino que o bien recurrirían a préstamos o copias indirectas del disputado bien, o bien, simplemente, renunciarían a poseerlo. Es más, fíjense lo que son las cosas, los estudiosos de mercado canadiense han descubierto que no hay compradores más pródigos que los grandes piratas. La ministra tendría que tentarse la ropa antes de actuar.

 

Este es un pleito difícil, no cabe duda. No queda fácil defender el mangazo cultural, por supuesto, pero tampoco resulta cómodo –e imagino que para un Gobierno tan “humanista”, mucho menos si cabe—plantarse a cara de perro frente al consumidor tramposo que alega, como es natural, ese “derecho a la Cultura” con el que se le llena la boca a los poderes hasta que tienen que vérselas con los propietarios de derecho común. Una encrucijada, ya digo, que por lo demás tiene difícil salida práctica, porque ya me dirán cómo van a conseguir las policías, por más que lo intenten, ponerle puertas a ese campo virtual.

Sentencia desmoralizadora

La decisión del Tribunal Supremo de exonerar del delito de prevaricación al juez Urquía, que solicitó y obtuvo dinero de Roca en Marbella, según el TSJA y el propio TC, puede ser discutible, pero la de permitirle que vuelva a ejercer de juez en tan breve plazo, 21 meses, aún costándole el mangazo, no admite discusión alguna. ¿Un juez mangante enjuiciando a los demás? Eso no tiene pies ni cabeza se mire por donde se mire y sean cuales sean las razones técnicas invocadas por los juzgadores. Se ha sentado un precedente insólito para escándalo de una sociedad desmoralizada.

Paciencia de obispo

Al obispo de Huelva, gran persona, lo andan metiendo en el lío cofradiero los pugnaces semanasanteros que son tan implacables cuando se les disputa su cacho de poder. Me refiero a la polémica creada por ese pregonero que se siente discriminado por el Consejo y su presidente, y a la actitud partidista de éste –tan previsible, por otra parte—metiendo la política en la vida de las hermandades. Claro que no sé qué esperaba el cabreado después de haberle oído decir a éste algo tan estupendo como “Entiendo el debate pero no entiendo la crítica”. A la vista de tan pésimos ejemplos, yo que le Obispo mandaba quitar el palco de los figurones y a otra cosa.

Islas del tesoro

Lo menos que puede decirse de la decisión unánime de eliminar los “paraísos fiscales”, adoptada por los países del G20 en su reciente cónclave, es que resulta estupenda. Estupor produce, desde luego, escuchar a quienes más familiarizados están con esos antros consentidos endosarles la culpa de las catástrofes actuales y apuntar a ellos para desviar en su dirección la indignación colectiva. Uno no sabe mucho de esta vaina, ésa es la verdad, pero tiene por seguro que la posibilidad real de arrasar esa lacra y librar al sistema socioeconómico de su maléfica sombra no asoma siquiera por la mente de los mismos que han representado la comedia de su proscripción. ¿O es que cabe imaginar en serio a la economía francesa sin el refugio seguro de sus islas de de Andorra, a los potentados que se codean en la revista ‘Forbes’ sin los herméticos cofres suizos, a los negociantes ingleses o españoles sin esas islas Tortugas que son Jersey o Gibraltar, a los ricos alemanes sin el oasis seguro de Liechtenstein? ZP mismamente imposta la voz para reclamar que se cierren esas cajas negras sin recordar ya que su partido dispuso de ellas en tiempos, algo que podría decirse de casi todas las partitocracias europeas y, por supuestos, de sus manijeros. Aparte de que ya me dirán qué es un ‘paraíso fiscal’, cómo se delimita ese concepto que la OCDE pergeña con trazo grueso en torno a características (escasa tasación del capital, opacidad y garantía de secreto) que comparten la mayoría de las instituciones bancarias. Los “paraísos” son un instrumento crucial del neocapitalismo y lo seguirán siendo de la modalidad de sistema que, superadas las peores circunstancias, adopte este maltrecho al que hoy es preciso mantener artificialmente. Eso lo saben mejor que badie los mismos que dicen que acabar con ellos es condición indispensable para salir de la crisis.

 

Porque no dudo de que se adopten medidas, eso no, pero ya verán cómo más pronto que tarde vuelve el sonsonete de la libre circulación de capitales, de la necesaria competencia empresarial y de la virtud de esa famosa ‘Mano Invisible’ que lo arreglaría todo a condición de que la garra del Estado se retraiga con todas sus consecuencias. Nadie va a acabar con las fugas de capital, nadie va a cegar uno de los negocios punteros del planeta y menos aún, a nadie se le va a ocurrir en serio averiar la gigantesca lavadora de dinero negro en que, en buena medida, se ha basado la “new age” y todas las aventuras especulativas. Esas “islas del tesoro” seguirán ocultas en el mapa secreto de los grandes bucaneros ahora como siempre.