Pago en especie

Tampoco es cosa de pedirle peras al olmo. El presidente Griñán hará lo que pueda y nada más, lo mismo en el negocio de la “deuda histórica” que en cualquier otro que le plantee el “Gobierno amigo”. Para eso está ahí, como todos y cada uno de los políticos, tanto de un bando como del otro: para hacer lo que le digan desde Madrid, que es donde se hacen y deshacen los políticos. Ahora, por ejemplo, acaba de aceptar que el pago de aquella “deuda” se haga efectivo “en especie”, que es algo que el PSOE hubiera explotado como dinamita (o titadine, ejem) si quien lo propone es el PP en tiempos del PP. Por lo demás, con Griñán o sin él, Andalucía no es Cataluña, a ver si nos enteramos de una vez.

Visita muda

Ayer no hubo rueda de prensa conjunta tras la visita del presidente de la Junta, José Antonio Griñán, a nuestro primer Ayuntamiento. Se ve que con las fotos bastaba y, por lo demás, es fácil entender que en Huelva la Junta tiene demasiados compromisos pendientes como para dar la cara. De momento, ya lo ven: visita muda, seguramente por aquello de que en boca cerrada no entran moscas. Sospecho, en todo caso, que esta legislatura –¡la cuarta de Pedro Rodríguez!—no es el mejor momento para pedirle a un presidente rival que ayude a un Ayuntamiento inconquistable. La capital va a pagar cara la incapacidad municipal del PSOE onubense. El silencio que ayer guardó Griñán y su indisimulada ‘espantá’ lo confirman clamorosamente.

La Font del Gat

¿Está rota o no está rota España? Este debate se ha reproducido durante años, en especial desde que el zapaterismo condescendió como lo hizo con los nacionalismos que lo han mantenido en el poder. Se nos ha dicho de todo a los que planteábamos la obviedad de que la unidad constitucional de España, en su realidad palpable, se ha resquebrajado hasta despedazarse en parte alentada por esa sublimación del aldeanismo que es el sentimiento independentista. Hasta que antier hemos visto en una tele acojonada que enfocaba hacia donde no se viera el caso, cómo un estadio en pleno abroncaba al Jefe del Estado y silbaba hasta el delirio al himno nacional, es decir, la escenificación, ya inocultable, de estos cismas cultivados. Una “estelada” en las barbas del Rey constituye un argumento incontestable y una muestra de rechazo a los símbolos tan insólita que es la mejor demostración de que, al menos unilateralmente, España ya se ha roto, al menos en esos dos pedazos de patria vieja que ayer, con acento inglés, proclamaban que son países europeos antes de despedirse con un inequívoco “Adiós España”. Los polvos del Estatut han traído estos lodos y que no se diga que los símbolos no son tan importantes cuando estos mismos días los catalanistas andan empeñados en una pelea por elevar la fórmula de declarar danza nacional a la sardana, que dicen que se quedó fuera de la sacralidad estatutaria, como se quedaron, por otra parte, la barretina, la butifarra o la ‘nova canço”. ¿Qué se puede ganar mirando para otro lado como hizo TVE? Pues nada, claro, a parte de evidenciar el pánico institucional a que lo que está pasando llegue a la opinión pública. Respecto a que se trata sólo de una minoría, ya veremos. En Valencia o Baleares, como en Galicia, también se cuestiona ya la españolidad. Es la utopía de la aldea frente a la realidad de la nación. Lo que ustedes quieran, pero España entera se tuvo que antier tragar esa ofensa de parte.

 

De nada sirve desdramatizar. Esa fractura es tan real que hasta puede retransmitirse en directo, a pesar del estúpido esfuerzo de TVE, porque una “estelada” en las barbas del Rey no es una anécdota sino toda una demostración. La debilidad del Gobierno y la amplia corriente que lo apoya ha provocado lo que era inevitable, aunque bien es verdad que probablemente sólo el principio, y una vasta mayoría de españoles se siente indefensa ante esta mudanza del modelo territorial para la que no se ha contado con ella ni poco ni mucho. Antier era una exigua minoría la que coreaba la letra inexistente del himno frente al clamor secesionista. ¡Y en la final de la Copa del Rey! Al menos ya no se nos podrá acusar de ultras a quienes denunciamos desde hace tiempo este proceso. La imagen de la fractura fue apabullante. Ganan los lugareños porque se les dio cuartelillo. A ver cómo negarlo y, sobre todo, a ver cómo se podría arreglar eso a estas alturas.

El pie cambiado

El apoyo de la Junta, en concreto de su Presidente, a la política de ayuda al sector del automóvil propuesta por ZP en el Debate de la Nación tendrá que desfilar con el paso cambiado, toda vez que ella, la Junta, tiene entre manos un ERE que ha acarreado el cierre de Santana Motor, que es propiedad suya desde hace años. No es que haya una contradicción implícita en entender que ese apoyo es bueno –lo cual es discutible– sino que resulta llamativa una situación en la que la misma Junta que aprobó el cierre de “su” empresa automovilística preste ahora su apoyo a las demás en seguimiento de una consigna de partido.

Sentencia curiosa

¿Se acuerdan de cuando el diputado Barrero acusó en falso al alcalde Pedro Rodríguez de malversar fondos públicos llamando a prostíbulos y líneas calientes? Bueno, pues el Tribunal Supremo entiende que ese tipo de injurias o calumnias, que más ‘objetivas’ no pueden ser, hay que mirarlas en el contexto “de la contienda pública” porque así lo requiere el pluralismo político. ¡Suerte la de Barrero, que ya se benefició del extravagante criterio del TS cuando se negó a la prueba de la alcoholemia que el Código Penal ha sancionado a tanta gente! Y mala la nuestra, la de los administrados, empapelables por menos de nada mientras a los políticos se les permiten obscenas imputaciones, incluso falsas. Por cierto, que Barrero nunca se disculpó siquiera cuando  se supo que el autor de esas llamadas era un chófer que fue sancionado en su día. Los políticos tienen bulas que los peatones no podemos ni soñar.

La edad del verdugo

He visto las fotos del traslado de John Demjanjuk, el feroz ‘Iván el Terrible’ de Treblinka, el guardián exterminador de Sobibor, su cuerpo en brazo de las asistencias, desmadejado bajo el peso de sus casi 90 años, su boca entreabierta como signo de acabamiento y debilidad extrema. ¿Pena, sentimiento? Ninguno o, mejor, los precisos, pero ni un adarme más. Recuero otras imágenes, la del sangriento y cínico Papon, la del altanero Eichman declamando en su jaula de cristal blindado, la de Klaus Barbie derrotado, la de Hess recorriendo su paseo diario bajo la férrea vigilancia soviética, tantas otras aunque no todas las que hubiera sido preciso. Hay otros hechos inolvidables en el feroz siglo XX, desde la barbarie stalinista al genocidio de Pol Pot pasando por cien más, y bien cierto es que en el XXI contamos ya con otros cuantos nada desdeñables desde ese punto de vista. Pero el crimen nazi, la gratuidad con que aquellos monstruos fueron capaces de elevar la crueldad a cotas impensables, el modo frío con que inventaron los mitos que ‘legitimarían’ su maldad, la sofisticación ‘industrial’ de su montaje de muerte en serie, son, sin duda posible, cosa aparte. A este ancianito casi inválido, sin ir más lejos, se le imputa un ciclón criminal que fue capaz de liquidar de forma brutal a 29.000 judíos hasta convertirlo a él mismo en una leyenda viva del Mal, y uno se pregunta si es propiamente afán de venganza o no lo es el fundamento de esa reacción nuestra que nos mueve a asentir sin asomo de duda al traslado de esa bestia ante la Justicia que hace muchos años que habría debido pedirle cuentas. Impresiona la escenografía, por supuesto, hace tambalearse nuestra recta conciencia, esa imagen de indefensión. Y qué. No ha habido peor añadido a aquella locura que la impunidad de muchos.

 

A su llegada a Munich, por lo demás, nadie va a obligar a ese salvaje a ducharse en una cámara de gas, a su muerte nadie le va a arrancar las probables piezas de oro que le habrán servido durante más de medio siglo para masticar el recuerdo de su hazaña sombría. Al contrario, Demjanjuk, ‘Iván le Terrible’, descansará hasta su muerte sobre sábanas limpias bajo una atención  cuidadosa porque la democracia es así de rígida o así de narcisista. En Buchenwal me enseñaron las casas donde, a un tiro de piedra del quemadero, estos malvados iniciaban en la música clásica a sus niños y entretenían sus veladas de sociedad. Por pura ejemplaridad, esos monstruos ya ancianos deben castigados en Justicia. Nunca podrá paliarse la catástrofe que provocaron pero, al menos, se habrá salvado el fuero que, en este caso, es lo mismo que salvar la razón.