Mala memoria histórica

Gran jaleo a costa del cambio de rótulo en una calle sevillana, la del General Merry que en adelante se llamará de Pilar Bardem. Un fascista por una roja, así, manita a manita, no más que para perpetuar el gesto cainita de las “dos Españas”. Con el agravante de la mala memoria. Porque ese General Merry que ahora apean de la calle no es quien parece que cree todo el mundo – es decir, el capitán general Merry Gordon–, sino su padre, el general de brigada Francisco Merry Ponce de León, como puede comprobar cualquiera, incluso un concejal o un memorioso, en el municipal “Diccionario Histórico de las Calles de Sevilla”. Una confusión generalizada que da una idea de la precariedad de estas memorias banderizas.

¿Una nueva izquierda?

En la necesidad de crearla parece creen, en efecto, la disidencia de Izquierda Unida, que ayer mismo se reunió en Bollullos (el pueblo del coordinador general, Diego Valderas, ojo) con la intención de refundar la coalición. No sé, un poco tarde me parece a mí, que llega esa iniciativa, porque IU anda ya a los pies de los caballos (en las próximas elecciones europeas puede quedar definitivamente postergada) cuando no despepitada a las puertas del PSOE que, todo hay que decirlo, se vende caro, aparte un par de mascarones de proa. Lo que sea, sonará, pero ni siquiera creo que entren en ese proyecto personajes de algún fuste.

El sueño de Faraón

Nos cuenta Tamames en las “Charlas de El Mundo” sevillanas su visión de la crisis, o mejor, su teoría de que la crisis, las crisis, son un elemento más del Sistema, algo que pertenece a la fisiología de éste, y que es tan viejo como el hecho económico. Recuerda el Génesis: el sueño de Faraón. José le explica a Faraón que las siete vacas gordas y las siete vacas flacas son una alegoría de la inevitabilidad de la crisis y que el sueño no es sino un prudente aviso para que se adopten medidas mientras sea tiempo de adoptarlas: ése es el consejo dado por José de guardar en la bonanza el quinto del cereal y almacenarlo para cuando apriete la canina. Pero los hombres no aprenden. ¿No perdió Newton una fortuna apostando en una “burbuja” de su tiempo? Tamames dice que lo grave que nos ocurre es que no hay un diagnóstico correcto, que avanzamos a tientas, quizá a trancas y barrancas, copiando de aquí y de allá providencias menores pero sin querer entrar en el fondo de las reformas imprescindibles ni aceptar la responsabilidad generalizada en la gestación de una catástrofe que en USA, por ejemplo, embarga ya tres billones de dólares, esto es, un 25 por ciento de aquel enorme PIB. Aparte de que ni siquiera se opta por informar al personal, como hiciera Roosevelt, cuando su crujía, y se cierran los ojos hasta el punto de ignorarse, a estas alturas, cual es el volumen real de los llamados “activos tóxicos”, que sería el primer dato exigible antes de haber echado la mano a la cartera. Y ello supone que habrá que meter la cuchilla y hacer cambios estructurales –diseñar un modelo nuevo, flexibilizar el mercado de trabajo, reducir la abrumadora fiscalidad…– si se quiere que la larga resaca no lo sea aún más.

 

Nos ha faltado hasta ahora un José y cuando desde el Banco de España se ha alzado la voz de alarma lo han puesto de chupa de dómine desde el Gobierno a los sindicatos que, por lo visto, prefieren la inopia de la ciudad alegre y confiada al desgaste que pueden suponerle los imprescindibles rigores. Tamames cree que, después de todo, no será para tanto, que saldremos de ésta como hemos salido de ocho o diez tiempos atrás, que volverán las oscuras golondrinas a colgar de nuestros balcones los nidos de futuros negocios y tropelías. Que no cunda el pánico, pero que se diga la verdad. Y sobre todo, que se actúe, que no se limiten a mirar con los gemelos al revés, que se acuerden de la discreción con que José aconsejó actuar cuando aún era tiempo en previsión de los tiempos malos. Vascas gordas y vacas flacas habrá siempre: son condición del Sistema. El toque está en no esperar a que, una vez devoradas entre ellas, nos devoren también a nosotros.

Feminismo de remate

Por si no hemos tenido bastante con el esperpento de esa ley de Género que no vale para enjuiciar a al ‘marido’ que mata a su pareja pero sí para el caso en que sea lesbiana la homicida, ahí tienen a esas dos minervas que son la ex-ministra Calvo y la ministra Aído afirmando, en el culmen de la idiocia sexista, que de la crisis sólo saldremos de la mano de las hembras puesto que son los machos los que la han provocado. La igualdad entre los sexos sería la receta mágica que hasta ahora se la ha escapado al FMI, a la Reserva Federal americana, a los Bancos Centrales y a los Gobiernos de miedo mundo, incluyendo al nuestro. Una pregunta entre tantas otras: ¿será posible que les paguen por esto?

Europa, esa envidiosa

Con Franco se decía que Europa, la pérfida Europa, nos envidiaba la prologada paz y la armonía social. Ahora dice la ministra de la Nada, la señorita Aído, que por lo que nos envidian esos jenízaros es  por nuestra huida hacia delante en materias tales como la igualdad de sexos, los matrimonios gays o el proyecto de aborto ‘a la carta’. Lo curioso es que los que los oyen no se ríen sino que ponen cara muy serias, y lo lamentable es el hecho de que, desde el Gobierno, se cifre el progreso de una nación en ese tipo de reformas no poco cuestionables y cuestionadas antes que en las urgencias que plantea la crisis devoradora. Están poco viajados/as, debe de ser. De otra forma no aventurarían pamplinas tan ingenuas como estúpidas.

El sable del verdugo

En Arabia Saudí se aplica la sharia o ley religiosa, y se aplica a rajatabla. Se castigan los crímenes con dureza sin olvidar siquiera la coreografía medieval del cadalso y el sable del verdugo. Aún recuerdo el espanto con que leí, cuando el último regicidio, el truco de éste, del verdugo, para hacer que el supliciado relajara el cuerpo y ofreciera el cuello con mayor facilidad: pincharle en el costado previamente y aprovechar el estiramiento reflejo para cercenárselo. También las ejecuciones que en Kuwait castigaron a los implicados en la invasión del país por las tropas de Sadán, llevadas a cabo en plaza pública y ante las cámaras de televisión. Amnesty Internacional denunciaba hace meses que en Arabia Saudí el ritmo de las ejecuciones es de dos por semana, y sabemos que si en 2008 cuando subieron al cadalso 102 desdichados, en el año anterior se había batido el récord contabilizando 153 ejecuciones. La última víctima ha sido un yemenita decapitado por haber dado muerte a un pastor paisano suyo en un arrebato provocado por una cuestión económica, y con ella se eleva a 24 el cómputo en lo que llevamos de año. ¿Los delitos? Pues los clásicos de la violación, el robo a mano armada, el asesinato, el tráfico de drogas y, agárrense, ¡la apostasía!, es decir, el mero hecho de renunciar a la religión islámica con adhesión a otra o sin ella. Si es verdad que a Obama le preocupa el problema en los propios EEUU, donde las cifras son también impactantes, no se entiende muy bien esa reverencia que le hizo a ese monarca saudí que representa lo que representa.

 

El panorama es desolador un poco por todas partes. En Irán donde se cuelga de una tansa asida a una grúa a los homosexuales, en China, donde la estadística es simplemente atroz y creciente, quizá para recuperar el tiempo perdido durante la comedia de los JJOO, en los mismos EEUU, donde quince Estados han renunciado a la pena de muerte tras los ejemplos de Nueva York y Nueva Yersey, pero donde se han producido nada menos que 1.130 suplicios desde el restablecimiento de la pena de muerte, mediados los años 70, y donde ahora se habla seriamente de eliminarla, al fin, debido a su coste y no a razones morales o éticas. Nuevo México ha sido el último en renunciar a esa barbarie y Texas, sin duda alguna, el Estado que con mayor frecuencia la aplica sin mayores miramientos. Siempre que trato el tema recuerdo la tesis de Remy de Gourmont de que los defensores del suplicio máximo tienen más afinidad con los asesinos que quienes la combaten. Habría que detenerse un momento en la tremenda sentencia, sin dejar de pensar en el sable del verdugo.