Botón de muestra

Un supermercado asaltado en la localidad onubense de Palos de la Frontera por cuatro inmigrantes hambrientos (trataron de comerse crudas las salchichas hurtadas). Un buen botón de muestra de la que tal vez se avecina con motivo de esta crisis cruel que para muchas personas no es una contrariedad sino una tragedia. Ojo al caso, porque no parece casual sino indicativo, sugerente, de lo que pueda ocurrir en un futuro si no cambian las circunstancias, lo cual no parece fácil. Hay hambre y eso es lo último. Tomar a título de inventario incidentes como el aludido no es más que una prueba de ingenuidad o de imprevisión.

Sol y sombra

Buen dato del empleo: Huelva es la provincia andaluza en la que el mes pasado aumentó menos el paro. Mal indicador de la gestión: seis de cada diez Ayuntamientos onubenses no han presentado aún ante la Cámara de Cuentas las suyas correspondientes al año 2006, lo cual es una demostración patente de desprecio por la legalidad e indiferencia ante la administración tantas veces calamitosa que nos aflige. Sol y sombra sobre nuestra realidad sociopolítica, cal y arena de cara a un futuro incierto para todos en la autonomía y más que inquietante para los onubenses. Si la economía nos da una tregua la política nos acucia. No quiero ni pensar en la situación si aquella, como es probable, vuelve por sus deprimentes fueros.

El oso en la cancha

Insisten algunos sabios en colocarnos la trola inmensa del control neurológico del deseo y, más concretamente, la idea de que los avances de esa ciencia prodigiosa permitirían hoy operar desde una disciplina que se podría llamar “neuromartketing” por dedicarse a indagar en el córtex o bucear en lo profundo para averiguar los mecanismos de la elección del consumidor, es decir, para apoderarse de él. Ha habido ya importantes congresos y pueden verse en la Red ‘sitios’ en que se ofrecen los supuestos servicios de una psicología del consumidor capaz de facilitarnos las claves del éxito comercial. Pero la verdad es que, a medida que se va sabiendo más y que más cercanos nos quedan los enigmas del cerebro, menos verosímiles son esas ofertas que, por lo general, vienen a ilusionar con la promesa de la posibilidad de programar la oferta a la mediad estricta de la demanda, como si la decisión (la de adquirir o cualquier otra) no fuera, en última instancia, una maniobra racional por mucho que pueda hundir sus raíces hasta el abismo reptiliano. El profesor José María Delgado me descubrió una grabación de un partido de baloncesto entre chicos y chicas en el que los testados –a los que se les incitaba a contar las intervenciones de ambos sexos—resultaban incapaces de ver a un oso de grandes dimensiones que, en un momento determinado, cruzaba por la escena. Y yo recuerdo otro que hace muchos años se exhibía en los cines de París en el que la cuidada y agobiante visión de una travesía del desierto, convenientemente trufada de imágenes subliminales de una coca-cola, provocaba una verdadera estampida hacia la cantina en el intermedio en busca de esa “chispa de la vida”. Se han empeñado, sin éxito por el momento, en convencernos de nuestra condición de víctimas del consumo. De lo que no estoy nada seguro es de que no acaben consiguiéndolo.

 

Quizá no sea humanamente provechoso sino todo lo contrario, reducir la humanidad a su dimensión biológica, como pretende hacer este materialismo sin etiqueta que se entretiene en espiar las reacciones de nuestro cerebro reduciendo el deseo a una mera variable o encerrándolo a cal y canto en una estadística entre cuyos pliegues se pretende localizar la voluntad, esa facultad prodigiosa que, en última instancia, se resuelve en razón pura y dura. Nadie se compra una camiseta o un perfume porque se lo imponga el íntimo reptil sepultado en nuestra mente, hace tanto tiempo, por la evolución salvadora. Aunque funcione la oferta imaginaria que presenta al consumidor como un “mente captus”. Después de todo, el mercado sabe que, como corderos, no tenemos precio.

La estafa más infame

No es la primera vez que ocurre y lo triste es que haya de ser alguna organización civil la que lo denuncie desde fuera, como si en los ámbitos provinciales no resultara fácil un control policial en las mismísimas oficinas públicas. La estafa a inmigrantes en la propia Oficina de Extranjería, aparte de un crimen canallesco, constituye un ultraje injustificable por parte de los responsables políticos y policiales, y es una de las ocurrencias más miserables que haya podido inventar esta garduña picaresca. ¡Robar a un desgraciado que busca un pedazo de pan! La inmigración merece unas garantías que ni de lejos les ofrece hoy un país que incluso permite que la estafen desde su misma sede.

La UHU, nueva etapa

Tras la campaña no poco dura de estas semanas, la Onubense ha reelegido rector por un margen contundente, casi un 60 por ciento de los votos. El rector Martínez –tan cercano que se anunciaba electoralmente como ‘Francis’– recibe así el espaldarazo a una gestión que, a la vista está, es valorada positivamente por una aplastante mayoría y tiene ahora ante sí el reto de rematar con una nueva legislatura el trabajo de sus primeros cuatro años. La UHU se ha reforzado, sin duda en ese periodo, se ha abierto a la sociedad y, a pesar del momento crítico que vive el modelo universitario, ha hecho no poco por modenizarse y modernizar su enseñanza. Un buen  comienzo que tiene todo el sentido prorrogar a quien le corresponde el mérito en mayor medida.

Derecho al harén

Un auto del Tribunal Supremo ha confirmado la nacionalidad española a un varón senegalés, vendedor ambulante, a quien el ministerio del Interior y la Audiencia Nacional se la habían denegado al considerarla incompatible con su condición de polígamo. Consideran nuestros ropones que la poligamia, admitida en su país y por su religión, no debe ser obstáculo en el camino hacia la integración, en particular cuando un sujeto ha dado muestras palpables de su voluntad de integración y ha aceptado como propio, manifestándolo con su respeto, el orden vigente consagrado por la ley entre nosotros, lo cual, me parece a mí, no basta para explicar cómo es posible legalizar un derecho a mantener una situación que en el caso de otros es castigada con severidad, únicamente basado en que ésa es su tradición y su costumbre. También es costumbre de muchos de esos países la mutilación sexual de las mujeres y esperemos que ello no acabe por constituir una razón para legalizarla en nuestra sociedad, como no lo sería, eventualmente, admitir legalmente el derecho del caníbal o la tortura vigente en tantos países. Uno creía ingenuamente que la ‘integración’ implicaba justamente lo contrario de lo que trata de expresar torpemente ese término contrahecho que es “multiculturalismo”, o sea, que integrarse en una sociedad quiere decir aceptar su orden renunciando al aborigen, y no superponer sin más el uno al otro.

No entiendo, aparte de esto, cómo se compagina esta deriva “multiculturalista” con la implacable estrategia de igualación de los sexos, pero dudo que si llegara a plantearse en el TS una demanda de legalización de la poliandria fuera admitida a trámite siquiera y eso que, como bien saben los etnólogos, hay casos sobrados en el mundo para justificar la analogía. Ignoro cómo habrá acogido el feminismo esa providencia de nuestro más alto tribunal, aunque no veo la forma de negar que la aceptación legal del harén no contribuye, ni mucho menos, a nivelar esta sociedad que se pretende parigual en la política y en la empresa pero no en la cama. Opina el juez de esa sentencia que la “posibilidad de integración” de un inmigrante debe primar incluso sobre una conducta hoy por hoy delictiva, y que la adaptación al modo de vida y a las costumbres constituye un “proceso evolutivo” que no debe impedirse. Ya tenemos poligamia, pues, a no ser que se prefiera decir que lo que tenemos es un derecho discriminatorio que respetará cuanto se quiera la costumbre senegalesa, pero que, por supuesto, dinamita la inmemorial institución de la familia que no es propia desde hace milenios. ¡Ah, la alianza de civilizaciones! Ninguna simpleza tan peligros y con tan escaso futuro.