La sombra del fraude

¿Exigirá ahora el PSOE la dimisión de esa diputada provincial que ha sido imputada nada menos que por prevaricación, malversación de caudales, fraude en la contratación  y falsedad documental junto a tres compañeros del anterior gobierno municipal de Bollullos? ¿O no aplicará en sus carnes lo que pide que se aplique a las ajenas? Haga lo que haga, y a reserva de lo que finalmente decida la Justicia, hay que decir que se echa cada vez más de menos un sentido de la responsabilidad que los políticos han decidido ejercer sólo a conveniencia. La gente no puede oír hablar continuamente de mangazos y prevaricaciones sin que el Sistema se resienta hasta deslegitimarse de hecho.

Caritas de ángel

Comentando la indignante comedia que los homicidas confesos de la chica sevillana se traen tanto con la policía como con la Justicia, alguien me pregunta si yo creo posible que se alcancen tales cotas de maldad (¡ay, la banalización del mal, Hannah Arendt!) por parte de personas con semejantes “caritas de ángel”. Es el mismo argumento que escuché furioso cuando el triple parricidio del niñato levantino de la katana (que hace años que anda suelto), el mismísimo que se adujo cuando las dos adolescentes de San Fernando (que idem de idem)  acribillaron a puñaladas a una compañerita, igual que en tantos casos protagonizados por menores arcangélicos que se han ido de rositas ya veremos con qué resultado futuro. Hay en esta presunción fisiognómica de inocencia el mismo absurdo que durante un largo siglo señoreó la psicosociología penal en torno a los disparates de Lombroso, aquel ‘sabio’ italo que sostuvo que las putas y los malevos tenían el pulgar prensil o que la joroba del hotentote venía ser una réplica fiel de la del dromedario como la del cargador vendría a ser el doblete de la del zebú. Quizá un día se admiren las generaciones de aquellas ingenuidades tal como hoy –justo en el centenario de la muerte de quien fuera encumbrado por Zola o el maestro Taine– se registra en medios culturales europeos una fuerte contestación de ese determinismo lombrosiano que tan brillantemente trituró don Julio Caro Baroja en “Las caras del alma”. ¡Caritas de ángel! La intuición excepcional de Jesús Quintero lo llevó en Buenos Aires a descubrir a un ominoso asesino, el “loco del martillo”, a quien, ni qué decir tiene, la prensa porteña llamaba también “Cara de Ángel”. Desde muy antiguo se nos ha prevenido contra esa ingenua fascinación, por lo visto sin grandes resultados.

 

El Mal no reside en ningún órgano ni se manifiesta en rasgo alguno, pese a lo cual la tendencia humana a adivinar bien y mal en el espejo del cuerpo ha sido una constante desde la cultura clásica hasta nuestros días. Ahí está la “antropología” vascongada pendiente de los ángulos faciales, lo mismo que en su día lo estuvieron los nazis (y no sólo los alemanes) y lo sigue estando tanto lombrosiano amateur. Y lo mismo cabe decir del Bien, cuya capacidad de camuflaje fisonómico es tan inmensa como prueba la experiencia y está permitiendo comprobar con una indeseable frecuencia esta rara rebelión del menor que vivimos y que, sin la menor duda, propicia tanto como ampara la propia normativa vigente. Hay demonios con cara de ángel y viceversa. Pero lo que hay, sobre todo, es una inexplicable debilidad de las instituciones frente a la barbarie juvenil.

Pago en especie

Tampoco es cosa de pedirle peras al olmo. El presidente Griñán hará lo que pueda y nada más, lo mismo en el negocio de la “deuda histórica” que en cualquier otro que le plantee el “Gobierno amigo”. Para eso está ahí, como todos y cada uno de los políticos, tanto de un bando como del otro: para hacer lo que le digan desde Madrid, que es donde se hacen y deshacen los políticos. Ahora, por ejemplo, acaba de aceptar que el pago de aquella “deuda” se haga efectivo “en especie”, que es algo que el PSOE hubiera explotado como dinamita (o titadine, ejem) si quien lo propone es el PP en tiempos del PP. Por lo demás, con Griñán o sin él, Andalucía no es Cataluña, a ver si nos enteramos de una vez.

Visita muda

Ayer no hubo rueda de prensa conjunta tras la visita del presidente de la Junta, José Antonio Griñán, a nuestro primer Ayuntamiento. Se ve que con las fotos bastaba y, por lo demás, es fácil entender que en Huelva la Junta tiene demasiados compromisos pendientes como para dar la cara. De momento, ya lo ven: visita muda, seguramente por aquello de que en boca cerrada no entran moscas. Sospecho, en todo caso, que esta legislatura –¡la cuarta de Pedro Rodríguez!—no es el mejor momento para pedirle a un presidente rival que ayude a un Ayuntamiento inconquistable. La capital va a pagar cara la incapacidad municipal del PSOE onubense. El silencio que ayer guardó Griñán y su indisimulada ‘espantá’ lo confirman clamorosamente.

La Font del Gat

¿Está rota o no está rota España? Este debate se ha reproducido durante años, en especial desde que el zapaterismo condescendió como lo hizo con los nacionalismos que lo han mantenido en el poder. Se nos ha dicho de todo a los que planteábamos la obviedad de que la unidad constitucional de España, en su realidad palpable, se ha resquebrajado hasta despedazarse en parte alentada por esa sublimación del aldeanismo que es el sentimiento independentista. Hasta que antier hemos visto en una tele acojonada que enfocaba hacia donde no se viera el caso, cómo un estadio en pleno abroncaba al Jefe del Estado y silbaba hasta el delirio al himno nacional, es decir, la escenificación, ya inocultable, de estos cismas cultivados. Una “estelada” en las barbas del Rey constituye un argumento incontestable y una muestra de rechazo a los símbolos tan insólita que es la mejor demostración de que, al menos unilateralmente, España ya se ha roto, al menos en esos dos pedazos de patria vieja que ayer, con acento inglés, proclamaban que son países europeos antes de despedirse con un inequívoco “Adiós España”. Los polvos del Estatut han traído estos lodos y que no se diga que los símbolos no son tan importantes cuando estos mismos días los catalanistas andan empeñados en una pelea por elevar la fórmula de declarar danza nacional a la sardana, que dicen que se quedó fuera de la sacralidad estatutaria, como se quedaron, por otra parte, la barretina, la butifarra o la ‘nova canço”. ¿Qué se puede ganar mirando para otro lado como hizo TVE? Pues nada, claro, a parte de evidenciar el pánico institucional a que lo que está pasando llegue a la opinión pública. Respecto a que se trata sólo de una minoría, ya veremos. En Valencia o Baleares, como en Galicia, también se cuestiona ya la españolidad. Es la utopía de la aldea frente a la realidad de la nación. Lo que ustedes quieran, pero España entera se tuvo que antier tragar esa ofensa de parte.

 

De nada sirve desdramatizar. Esa fractura es tan real que hasta puede retransmitirse en directo, a pesar del estúpido esfuerzo de TVE, porque una “estelada” en las barbas del Rey no es una anécdota sino toda una demostración. La debilidad del Gobierno y la amplia corriente que lo apoya ha provocado lo que era inevitable, aunque bien es verdad que probablemente sólo el principio, y una vasta mayoría de españoles se siente indefensa ante esta mudanza del modelo territorial para la que no se ha contado con ella ni poco ni mucho. Antier era una exigua minoría la que coreaba la letra inexistente del himno frente al clamor secesionista. ¡Y en la final de la Copa del Rey! Al menos ya no se nos podrá acusar de ultras a quienes denunciamos desde hace tiempo este proceso. La imagen de la fractura fue apabullante. Ganan los lugareños porque se les dio cuartelillo. A ver cómo negarlo y, sobre todo, a ver cómo se podría arreglar eso a estas alturas.

El pie cambiado

El apoyo de la Junta, en concreto de su Presidente, a la política de ayuda al sector del automóvil propuesta por ZP en el Debate de la Nación tendrá que desfilar con el paso cambiado, toda vez que ella, la Junta, tiene entre manos un ERE que ha acarreado el cierre de Santana Motor, que es propiedad suya desde hace años. No es que haya una contradicción implícita en entender que ese apoyo es bueno –lo cual es discutible– sino que resulta llamativa una situación en la que la misma Junta que aprobó el cierre de “su” empresa automovilística preste ahora su apoyo a las demás en seguimiento de una consigna de partido.