Fin del caso Beas

El caso Beas se cierra como era previsible: con la condena de la ex-alcaldesa Rosa Beltrán (PSOE), responsable “directa y única”, según el Tribunal de Cuentas, de la “desaparición” de más de 700.000 euros destinados a diversas obras que nunca se acometieron siquiera. El PSOE no puede mantener por más tiempo la ambigüedad en torno a este asunto, pues se expone a la pregunta de si el dinero desaparecido pudiera haber sido desviado hacia donde el partido no querría reconocer. Y Beas es un pueblo modesto que no se merece una merienda de negros como ésa. Deben aclarar dónde está el dinero y como ordena el Tribunal reponerlo sin excusas. Por lo menos.

Idea de Europa

Mucho queda por afirmar la idea de Europa entre los mismos europeos y no es extraño: lo raro sería, me parece a mí, que este continente fratricida, cuya historia es una pésima crónica de la convivencia entre sus pueblos, inspirara de pronto a esos pueblos enfrentados un sentimiento de unidad que, de momento, es más burocrático que otra cosa. A diferencia de los EEUU, por ejemplo, la unidad europea es un producto político y una creación burocrática más que un impulso popular que nunca ha existido, y ello puede que explique el creciente alejamiento de sus ciudadanos respecto de la realidad política e institucional superpuesta a nuestra realidad sentimental. Un sondeo sobre el tema, realizado recientemente en los 27 países de la Unión, demuestra sin lugar a dudas que una significativa mayoría de europeos carecen de interés por la vida comunitaria y, desde luego, se desentiende de unas instituciones que les siguen siendo ajenas tanto a los países recién llegados al proyecto común como a los más veteranos. Polacos, austriacos y británicos, sobre todo, son los más alejados de ese sentimiento y, por supuesto, los que menos piensan acudir a las urnas en los próximos comicios de junio, pero incluso entre los países más sensibilizados, los porcentajes de participación previsibles son bajos, aumentan respecto a ocasiones anteriores y amenazan con mantenerse en cotas realmente deslegitimadoras cercanas al 70 por ciento de abstención. Cae la credibilidad del Parlamento Europeo, de la Comisión de Bruselas y del Banco Central, a los que las circunstancias han arrastrado hasta cotas inquietantes de alejamiento ciudadano. Europa, hay que admitirlo, es hoy por hoy una realidad mucho más retórica que real y su proyecto de unión política sigue sin calar en la mentalidad de pueblos tan diferentes y que tienen el pasado que tienen.

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Escucho a una minerva europea alegar a la defensiva que también los EEUU registran una importante abstención electoral –salvada en la elección de Obama, por cierto—pero a eso hay que añadir que, junto a su inhibición electoral y a su desapego partidista, el ciudadano americano profesa un profundo y activo sentimiento patriótico que en Europa ni siquiera está esbozado, probablemente porque no es posible. Y esa cesura entre la política institucional y el sentido político de la población aleja el proyecto europeo de la espléndida experiencia americana posibilitada por su convivencia federal. Sólo un porcentaje ridículo de ciudadanos conoce la función de un eurodiputado y casi nadie, a un tiro de piedra de las elecciones, sabe la fecha en que se celebrarán. Falta mucho por hacer en esta construcción europea cuyos titulares, según el maestro Adrados, primero fueron griegos, luego romanos, después bizantinos, más tarde europeos y, finalmente, acaso, sencillamente “humanos”. Se ha dicho que la palabra Europa se nos está quedando pequeña. Y quizá se han quedado cortos.

El carrerón del SAS

No da una el Servicio Andaluz de Salud (SAS) en el terreno de la gestión administrativa. Acumula sanciones, una tras otra, en ocasiones, como en esta última, en la amistosa compañía de los sindicatos, por negar sus derechos a los trabajadores no fijos del organismo. Ahora el TSJA le ha obligado a pagarle a esos trabajadores no fijos el complemento económico de “carrera profesional”, lo cual no será ninguna broma presupuestaria pues se trata de miles de afectados. Sumadas a las condenas por errores o negligencias en el servicio médico, la suma de sanciones sale ya al SAS por un pico. No parece cuestionable que sobra autoritarismo y falta buen sentido gestor en quienes administran nuestra sanidad pública.

Situación límite

Los inmigrantes sin trabajo no tienen qué comer. Acuden a Cáritas en busca de un pedazo de pan, se arraciman alrededor de sus benefactores, privados de todo auxilio público, constituyendo una estampa que desde algunas instancias políticas se ve como un peligro cierto, como una situación que “se puede ir de las manos”. ¿Cómo es posible semejante falta de previsión, qué explica la estancia de esos contingentes ilegales en nuestros pueblos y cómo justificar la indiferencia de los poderes públicos ante un caso semejante de necesidad? Esos trabajadores han aportado mucho a nuestra economía. Lo menos que se puede hacer por ellos es garantizarles un pedazo de pan.

El último eufemismo

En The New York Times del lunes se informaba con no disimulada alarma de que el comité gubernamental que sigue de cerca la crisis y, en particular, la situación del sector automovilístico en los EEUU, habría advertido a la legendaria ‘General Motors’ que se vaya preparando para una eventual “quiebra quirúrgica”. La noticia ha provocado en pocos minutos el hundimiento de las acciones del gigante de Detroit, que han pasado fulminantemente de 14’22 a 1’75 dólares, un desastre que no coge por sorpresa al inversor, de todas maneras, desde que en noviembre pasado el descalabro de sus acciones alcanzó nada menos que el 97 por ciento de su valor respecto del año 2000. Como es natural no ha faltado quien, ‘in continenti’, haya vuelto del revés el viejo eslogan de los años 20 –aquel que decía que “lo que es bueno para la General Motors es bueno para los EEUU de América”—proponiendo ahora medir el descalabro nacional por la vara rota de la emblemática empresa, segunda del planeta en ese decisivo sector. El Poder utiliza, quizá por lo mismo, esa admirable metáfora de la “quiebra quirúrgica”, laberíntica imagen de una acción de control y saneamiento que, por lo pronto, le lleva costado al contribuyente americano 13 ‘miliardos’ y medio de dólares, una cantidad insignificante comparada con la que resultará al final de la intervención si fallan los pronósticos optimitas a que aún se aferran los gestores del desastre. Mal deben de ir las cosas para los EEUU de América, es evidente, cuando la ‘GM’ se debate de semejante manera a la puerta del quirófano.

 

Confieso que me he perdido (con alivio, por cierto) entre la selva contable que proponen unos y otros para sacar de la estacada a ese monstruo, pero sobre todo me ha rondado todo el tiempo la admirable cojonera que ha convencido al planeta de que no hay otra salida a la crisis provocada por la gestión capitalista que la socialización de las inmensas pérdidas a través del elegante mecanismo de las subvenciones con cargo a los impuestos. Aunque admito, eso sí, que al menos en esta ocasión, lo que es malo para la ‘GM’,  malo es también para esos EEUU de esa América que contemplan con perplejidad el saqueo de sus reservas por parte de los mismos que provocaron la catástrofe. Cirugía con anestesia, pues, mano experta para sajar y coser lo que haga falta en nombre de un eslogan de fortuna, mientras al cuerpo social se le aplica sin contemplaciones la más expeditiva vivisección. De esta crisis van a salir muchos liberales perdidos en el limbo narcótico del eufemismo de emergencia. Será curioso ver sus caras cuando, ya convalecientes, les presenten al cobro la factura ajena.

Margen obligado

No estoy de acuerdo con la áspera acogida de la oposición al candidato Griñán. Y no lo estoy porque una cosa es prever el continuismo en su tarea (y su discurso de antier ya lo anunció) y otra muy diferente es regatearle absurdamente la legitimidad o presuponerlo “marioneta” de Madrid. No se trata sólo de que hay que darle margen razonable al recién llegado sino de reconocerle una calidad personal que, al margen de cualquier discrepancia, me parece que está a la vista. Aparte de que a ver qué partido en esa oposición, considerando la historia, puede hablar de autonomía con la boca grande.