Emergencia laboral

Cierra Ercros la planta de Palos y despide a 123 trabajadores. Llega el director general de Industria del Ministerio y repite lo que Chaves dijo ya hace mucho tiempo, a saber, que “Fertiberia, cerrarse, se tiene que cerrar”. Rotas las negociaciones por parte de la empresa, los trabajadores de Tioxide arrecian en sus protestas, cada día más inquietantes. Y ya se sabe que el cierre de Fertiberia repercutirá sobre el trabajo en Nilefós, en Atlantic Coper y en alguna otra, hasta sumar un total de 6.000 empleos menos. Una mala situación que exige la movilización política, la sindical y, también, un tacto extremado por parte del conservacionismo ecologista. Huelva está en emergencia laboral, lo admitan o no los políticos, con los que no va, evidentemente, la vaina de la crisis.

El valor del saber

Nada más llegar a su ministerio –la mayor empresa inversora del país–, el ministro de Obras Públicas, cuyo currículo termina en primero de Derecho, se ha curado en salud alegando que su máster lo había obtenido él en la práctica que le brindó la gestión de su partido. Eso es un monumento al fracaso estudiantil, por descontado, pero además no dejar de ser un recurso más a esa pícara apelación a la “universidad de la vida” tan frecuente entre los no titulados que se ven en la precisión de justificar su desventaja académica. Se ha extendido insensatamente esa desdeñosa visión de la enseñanza oficial  –tan problemática y deficiente, es cierto—en una época en que el saber convencional se ve amenazado desde la ortografía hasta la astrofísica por iniciativa precisamente de unos fracasados en el estudio a los que diversas circunstancias protegen hoy en medio de una competencia desigual. Las propias universidades se han visto afectadas por esta devaluación del saber hasta el punto de ver amenazado su imprescindible monopolio de las titulaciones por una vasta trama de falsificadores que operan desde China o Corea del Sur hasta Argentina o Paraguay, en lo que es ya un auténtico mercado de títulos falsos. Hay en la Red nada menos que ochocientas universidades ficticias que ofrecen impunemente títulos por módicos precios y sin salir de España es fácil contar medio centenar de webs que hacen lo propio entre nosotros, y en Francia se acaba de abrir una investigación judicial sobre el particular al descubrirse que en universidades como la de Toulon se vienen facilitando, presuntamente, títulos de todos los niveles incluso a estudiantes que carecen de una base mínima en la lengua francesa, especialmente de nacionalidad china. No queremos ver lo que vale el saber pero vamos sabiendo cada día más y mejor lo que cuesta. Que no es más que unos 250 dólares, más o menos, no vayan a creerse.

 

Nadie niega la opción del autodidacta, por supuesto, pero hay que reconocer que en un país que tiene planteado como prioritario el objetivo de regenerar la enseñanza y, en especial, de superar el fracaso y el abandono de los estudios, promocionar con ejemplos de éxito profesional a personas sin estudios supone un auténtico contrasentido. Mientras tanto, el afán de titulaciones lleva al disparate de organizar un zoco en el que el título fraudulento parece que está ya al alcance de cualquiera. Hay una contradicción entre ese desprecio del saber y el afán de laurearse que sólo se explica sobre el trasfondo equívoco de un sistema social en el que la meritocracia es desdeñada desde el propio Poder. Sabemos de sobra que la ‘papela’ no garantiza la solvencia. Sólo el tiempo dirá qué sentido puede tener sustituir el saber convencional por la presumida solvencia de los audaces con suerte o de los simples defraudadores.

Premiar el crimen

No son nuevos los privilegios de los etarras en nuestras cárceles. ¡Hasta se ha brindado más de una vez en ella (¿ante la pasividad de sus guardianes y jueces concernidos?) para celebrar atentados asesinos! Otra cosa es, sin embargo, la fría concesión de privilegio tan singular como el de criar a su hijo en el trullo, que le ha concedido el juez a los verdugos del matrimonio Jiménez Becerril. O sea que los hijos de los Becerril han de criarse sin padres y los de los asesinos con todos sus avíos. Pues no. Eso no lo comprenderá nunca la sociedad como nunca se podrá entender tanta mano blanda con la canalla y tanto rigor para las víctimas. Se está premiando el crimen, así de sencillo, mientras se olvida la sangre vertida y el irreparable daño causado.

Que vienen los rusos

Las minervas que cuidan de la integridad y la salud en ese paraíso de las mafias que es la Rusia postsoviética, han decidido –en una acción que Andrés Marín calificaba ayer de ‘extravagante’ y lo es—vetar la importación a aquel gran país  de los exclusivos productos de nuestros cerdos. Con su pan se lo ayunen. Hay mercados de sobra en el planeta para nuestros jamones y embutidos, tantos que es de temer que acaben poniéndonos por las nubes a sus genuinos productores el inmemorial placer de su consumo. Aparte de que no hay que descartar que el fantasma de la gripe haya servido los propósitos de alguna de esas organizaciones que acaso buscan mercados más favorables a sus intereses. Rusia es hoy un cachondeo y algo peor. Son cosas que conviene saber para poner las demás en su sitio.

Vox populi

En una ocasión, el fundador del fascismo español, Primo de Rivera, explicó la contradicción interna de la decisión democrática con un ejemplo que a él (y a muchos) les pareció de cajón. Decía el ‘Fundador’ que la Verdad con mayúscula escapaba por sí sola al procedimiento del debate puesto que si, un poner, un Parlamento decidiera que Dios no existe habría sentado un peligroso precedente de una mentira legal. Las Cámaras valen para lo que valen y santas pascuas, es decir, pueden servir –razonaba aquel pensador—para decidir trámites que afecten a la vida contingente y sus complicaciones pero en absoluto para dilucidar entre al verdad y la mentira, o si se prefiere, entre la Verdad y el Error, habida cuenta de que, más allá y por encima de la ficción hipostática, una reunión  de señores, por muy electos que sean, no tiene por qué garantizar la primera. Estos días se va a debatir en la comisión de Cooperación Internacional del Congreso una incómoda iniciativa de IU-ICV que quiere que la Cámara se pronuncie sobre la notable pamplina que, en materia de condones, lanzó el Papa nada menos que en Camerún (un país azotado sin piedad por la pandemia del sida), o sea, si no he entendido mal, que el Congreso decrete si el papa lleva o no lleva razón en algo que, por otra parte, nadie discute. No se trata, evidentemente, de asistir a un país asolado por aquel contagio sino de sentar laica cátedra, con las del beri, en torno a una opinión que no deja de ser personal, por muy papa que un papa sea, sobre todo teniendo en cuenta que hablamos de un célibe. Qué verdad es eso del adagio vulgar de que cuando el diablo no tiene que hacer, con el rabo mata moscas.

Siento que me repito, pero es que los hechos (la gripe porcina, el duelo de ‘princesas’ o el zambombazo del Barça) están haciendo buena mi preocupada sugerencia de que la necesidad de ocultar los rigores de la crisis están dando paso a una imprevisible serie de novedades y alarmas que lo más probable es que no vayan a ninguna parte pero que, de momento, ocupan los titulares y, con ellos, la capacidad de atención de la grey indefensa. ¡Qué querrán que salga de ese falso debate si hasta hay diputados de la oposición  conservadora contrarios al dislate papal! Se trata, obviamente, de armar ruido –mediático sobre todo–, entre otras cosas porque, desgraciadamente, nada de lo que pueda establecer el criterio, bueno o malo, de nuestros parlamentos cívicos influirá lo más mínimo en actitudes que, por incomprensibles que nos resulten, han  sido pesadas y sopesadas antes de ser lanzadas al aire. La verdad es que uno tiene la triste sensación de que cualquier día esta panda hace realidad la hipótesis grotesca de Primo con tal de escapar a la realidad, que es la que aprieta.

Justicia imposible

Lo malo es que nos estamos acostumbrando a aceptar como ‘normal’ el atasco en los juzgados, el hecho de que en 2008 se registraran casi dos millones de nuevos casos, un demoledor 2º por ciento de aumento, y de que en el mismo periodo se resolvieran casi otro tanto. En lo penal, en lo civil, en lo contencioso, en lo mercantil. ¿Es posible mantener este ritmo de crecimiento del caos? Y lo que es peor, ¿puede de verdad producirse una Justicia seria en ese agobiante régimen de prisas? La Junta mira hacia otro lado y los ciudadanos, menos cuando les concierne de plano, lo mismo. Pero la realidad es que una Justicia así es, de hecho, imposible. Un día nos caeremos en esa cuenta en medio del desastre.