Buenas palabras

Buenas palabras se las han dado todas al mediático padre de la pobre niña Mari Luz. Desde el Presidente del Gobierno al anterior ministro de Justicia pasando por el Sursum Corda. Pero sólo buenas palabras. De lo demás, ni flores. Y ahora, para colmo retiran al funcionario de refuerzo que hacía lo que podía en el Juzgado que lleva el caso, a pesar de que una funcionaria del mismo ha causado también baja, y de que la propia Fiscalía ha avisado del retraso inevitable en estas circunstancias. Hay una buena noticia, no obstante: la prometedora actitud de la nueva consejera de Justicia que, a diferencia de la anterior, sí sabe lo que trae entre manos. De ella cabe esperar un gesto positivo que ponga fin a este despropósito.

Procesionaria

Mi amigo Lolo Guerrero, adelantado de las Islas Afortunadas, me envía un billete que circula por Internet y que revela la naturaleza realmente hipostática del dinero y, en consecuencia, la relatividad de toda crisis. Cuenta el billete la historia ocurrida en un pueblecito turístico asolado por el mal tiempo y en el que, como consecuencia, todo el mundo debe dinero a todo el mundo. Al pueblo llega un ruso (nótese que la fábula ya no habla de un yanqui) forrado de dinero, que entra en un pequeño hotel con encanto y, tras anunciar su propósito de alquilar una buena habitación, deposita un billete de cien euros en el mostrador antes de iniciar su inspección por las instalaciones. Nada más ver el billete, el sorprendido recesionista lo agarra y sale despepitado a saldar su deuda con el carnicero, el cual hace lo propio y, sin demora, se dirige al granjero que le suministra el género con la intención de saldar la suya, dándole a éste la ocasión, a su vez, de correr a pagarle la propia a su desesperado vendedor de piensos, a quien debe la tira. Por su parte, el del pienso, ve clara la ocasión de ponerse al día con la generosa prostituta a la que debe varios servicios fiados, y a ella vuela billete de cien euros en mano, sólo para que ésta aproveche la ocasión y vuele a liquidar con el hotelito las deudas pendientes por sus últimos albergues. Pero justo en ese momento el  ruso vuelve de su vistazo a las habitaciones y, declarando que ninguna es de su gusto, recoge su dinero y se va por donde vino, dejando tras de sí, como por encanto, un pueblo liberado de sus deudas. Nadie parece haber ganado, nadie habría perdido tampoco,  pero la crisis ha pasado como pasa el nublado para que salga esplendoroso el sol: gratis total. Ustedes no se lo van a creer pero mi amigo anda pensando muy seriamente en hacer la prueba…

 

Pienso que la teoría que encierra esta fábula con moraleja no es menos consistente, en todo caso, que la vaina de los “brotes verdes” con que nos ha tratado de alumbrar la pajarilla la ‘vicevice’ del ramo y, en todo caso, incomparablemente más sólida que los diversos pronunciamientos que aseguran ver la luz al final del túnel, sobre todo tras la hazaña del BCE de bajar a ras del suelo el precio del dinero. Lo que tengo claro es que pocas veces la economía real fue tan evanescente y pocas el simbolismo del dinero –que es acaso la prenda más sólida de su naturaleza– campó tan arbitrariamente por sus respetos. Bien pensado, puede verse en esa procesionaria del billete del ruso una ilustración de lo más dinámica del truco implícito en la estrategia capitalista de la crisis, de la imprevisibilidad de sus mecanismos y quién sabe si hasta de su condición camelística. A las ciencias sociales en general, un poco de humor podría venirles tan bien como al pueblecito de la fábula el billete del ruso.

La paz vertical

No quiere la Junta acceder al “pacto político contra la crisis” que le propone la leal oposición. Prefiere el modelo bien rodado de la “concertación vertical” pura y dura, empresarios y sindicatos a la sombra y en la nómina del Poder, a falta sólo de la sonrisa dentífrica del ministro Solís. Se trata de amarrar la eventual protesta, de asegurar el silencio callejero, de atar corta la libertad de los llamados “agentes sociales” (que no sé por qué han de ser sólo esos dos), antes que de enfrentar la crisis como un bloque sólido formado por tirios y troyanos, codo con codo. A la Junta le interesa más el pájaro en mano de esa “paz vertical” que la propia crisis. Como dirían en Cádiz, “el que la lleva la entiende”.

A buenas horas . . .

Desde el PSOE y la Dipu acaba de descubrirse la pólvora: Huelva, como provincia, anda mal promocionada, carece de ambición, no tiene una ‘marca’ lo suficientemente atractiva. Y lo han descubierto los mismos que llevan gobernando la provincia treinta años –en el Gobierno, en la Junta, en la Diputación–, como quien se cae del guindo sobre el colchón imaginario de la culpa ajena, que sería, ni qué decir tiene, la de la oposición. Es verdad lo que se dice desde la Diputación y conviene, en efecto, reaccionar ante ello, a ser posible con algo más que con viajes gratis total al extranjero e inexplicables oficinas por esos mundos de Dios. Nunca es tarde, pero admítase que nadie tiene tanta responsabilidad en el atraso relativo de Huelva como quienes la gobiernan desde que hay democracia.

El saber apócrifo

Llevo oídos  muchos elogios de la cultura de Internet. En especial sobre la utilidad exponencial de la información y la cultura acumulada y disponible en “motores de búsqueda” –creo que así se llama– o ventanas que en cuestión de segundos nos proporcionan datos hasta de los asuntos más rebuscados. Vicente Verdú puso a Wikipedia como ejemplo de esa carrera sin fin que se está viviendo en la Red en una de nuestras ‘Charla’ veraniegas, no sin dejar de reconocer los riesgos inherentes a un saber difícil de controlar y tantas posibilidades de abuso como ofrece un “libro abierto” de esas características, en el que cada quisque puede modificar el contenido, ampliarlo o corregirlo a placer, salvadas unos mínimos fielatos. Pues bien la prensa británica informa estos días de la broma de un estudiante francés que ha hecho picar de plano a varios periódicos de primer nivel (The Guardian, The London Independent, Daily Mail…) al reproducir, tomándola a ciegas, una cita textual del fallecido compositor Maurice Jarre –el autor de la música de ‘Lawrence de Arabia”, por ejemplo—que el audaz falsario consiguió “colgar” en la famosa enciclopedia cibernética al tercer intento. Y han sido de pena las excusas dadas por los timados, en general basadas en las prisas que rodean el quehacer periodístico, aparte de algunas protestas éticas reclamando rigor a la hora de “cortar y pegar” no importa de dónde en los propios trabajos. Internet ha abierto una nueva era en el comercio cultural, no cabe duda, benéfica en un sinfín de aspectos y sentidos, pero no exenta de estos peligros que amenazan con cuestionar la fiabilidad de esos “saberes rápidos”,  como se les llama ya en los círculos estudiantiles.

No hay progreso sin riesgo, ni siquiera en el saber más gratuito.

 

Claro que hay que reconocer que semejante riesgo no es exclusivo de de la blogosfera. Ahí están las auténticas estafas perpetradas por sabios eminentes que han sido descubiertas luego, en tantas ocasiones, por la crítica minuciosa, sin dejar de producir por ello efectos irreversibles. En Internet, no obstante, el riesgo se agiganta por la facilidad de acceso y por la inmediatez de los intercambios que han hecho del tráfico cultural un fenómeno irreconocible. Después de todo hay una infinidad de celebrados apócrifos que pasan por genuinos porque, como alguna vez dijo con ironía Italo Calvino, casi la totalidad de las frases célebres atribuidas a los grandes personajes jamás fueron pronunciadas por ellos, y si embargo son las que nos los hacen reconocibles a primera vista. La fluida corriente de la memoria colectiva es un “motor de búsqueda” de lo más ambiguo pero de lo más eficaz. Probablemente ni César dijo nunca “alea jacta est” ni El Rey Sol lo de “después de mí, el diluvio”, pero en ese perfil los conservamos vivos y estáticos en el museo de cera de nuestras convenciones.

El ámbito penal

Puede que lleve razón (uno es lego en la materia) el Fiscalk almeriense cuando sostiene que la divertida situación, a todas luces, fraudulenta, descubierta en la Diputación de Almería por una cámara oculta periodística, “no pertenece al ámbito penal”. Es posible, ya digo, pero, hombre, a algún ámbito punitivo habrá de pertenecer, una escena en la que varios “asesores” del PSOE almeriense explican con detalle que sus estupendos sueldazos políticos no son más que un truco del partido para “liberarlos” con cargo al contribuyente a través de las instituciones. Penal o no, ése es uno de los casos más desvergonzados de que haya memoria en la crónica autonómica. Sus responsables, en lugar de blandir querellas harían bien entonando el ‘mea culpa’. Por lo menos.