El pie cambiado

El apoyo de la Junta, en concreto de su Presidente, a la política de ayuda al sector del automóvil propuesta por ZP en el Debate de la Nación tendrá que desfilar con el paso cambiado, toda vez que ella, la Junta, tiene entre manos un ERE que ha acarreado el cierre de Santana Motor, que es propiedad suya desde hace años. No es que haya una contradicción implícita en entender que ese apoyo es bueno –lo cual es discutible– sino que resulta llamativa una situación en la que la misma Junta que aprobó el cierre de “su” empresa automovilística preste ahora su apoyo a las demás en seguimiento de una consigna de partido.

Sentencia curiosa

¿Se acuerdan de cuando el diputado Barrero acusó en falso al alcalde Pedro Rodríguez de malversar fondos públicos llamando a prostíbulos y líneas calientes? Bueno, pues el Tribunal Supremo entiende que ese tipo de injurias o calumnias, que más ‘objetivas’ no pueden ser, hay que mirarlas en el contexto “de la contienda pública” porque así lo requiere el pluralismo político. ¡Suerte la de Barrero, que ya se benefició del extravagante criterio del TS cuando se negó a la prueba de la alcoholemia que el Código Penal ha sancionado a tanta gente! Y mala la nuestra, la de los administrados, empapelables por menos de nada mientras a los políticos se les permiten obscenas imputaciones, incluso falsas. Por cierto, que Barrero nunca se disculpó siquiera cuando  se supo que el autor de esas llamadas era un chófer que fue sancionado en su día. Los políticos tienen bulas que los peatones no podemos ni soñar.

La edad del verdugo

He visto las fotos del traslado de John Demjanjuk, el feroz ‘Iván el Terrible’ de Treblinka, el guardián exterminador de Sobibor, su cuerpo en brazo de las asistencias, desmadejado bajo el peso de sus casi 90 años, su boca entreabierta como signo de acabamiento y debilidad extrema. ¿Pena, sentimiento? Ninguno o, mejor, los precisos, pero ni un adarme más. Recuero otras imágenes, la del sangriento y cínico Papon, la del altanero Eichman declamando en su jaula de cristal blindado, la de Klaus Barbie derrotado, la de Hess recorriendo su paseo diario bajo la férrea vigilancia soviética, tantas otras aunque no todas las que hubiera sido preciso. Hay otros hechos inolvidables en el feroz siglo XX, desde la barbarie stalinista al genocidio de Pol Pot pasando por cien más, y bien cierto es que en el XXI contamos ya con otros cuantos nada desdeñables desde ese punto de vista. Pero el crimen nazi, la gratuidad con que aquellos monstruos fueron capaces de elevar la crueldad a cotas impensables, el modo frío con que inventaron los mitos que ‘legitimarían’ su maldad, la sofisticación ‘industrial’ de su montaje de muerte en serie, son, sin duda posible, cosa aparte. A este ancianito casi inválido, sin ir más lejos, se le imputa un ciclón criminal que fue capaz de liquidar de forma brutal a 29.000 judíos hasta convertirlo a él mismo en una leyenda viva del Mal, y uno se pregunta si es propiamente afán de venganza o no lo es el fundamento de esa reacción nuestra que nos mueve a asentir sin asomo de duda al traslado de esa bestia ante la Justicia que hace muchos años que habría debido pedirle cuentas. Impresiona la escenografía, por supuesto, hace tambalearse nuestra recta conciencia, esa imagen de indefensión. Y qué. No ha habido peor añadido a aquella locura que la impunidad de muchos.

 

A su llegada a Munich, por lo demás, nadie va a obligar a ese salvaje a ducharse en una cámara de gas, a su muerte nadie le va a arrancar las probables piezas de oro que le habrán servido durante más de medio siglo para masticar el recuerdo de su hazaña sombría. Al contrario, Demjanjuk, ‘Iván le Terrible’, descansará hasta su muerte sobre sábanas limpias bajo una atención  cuidadosa porque la democracia es así de rígida o así de narcisista. En Buchenwal me enseñaron las casas donde, a un tiro de piedra del quemadero, estos malvados iniciaban en la música clásica a sus niños y entretenían sus veladas de sociedad. Por pura ejemplaridad, esos monstruos ya ancianos deben castigados en Justicia. Nunca podrá paliarse la catástrofe que provocaron pero, al menos, se habrá salvado el fuero que, en este caso, es lo mismo que salvar la razón.

Topar con el poder

No se ponen de acuerdo los togados sobre si en el atentado ecológico del hotel famoso de El Algarrobico, lo que la Junta hizo fue perpetrar “una burda maniobra” (juez que anuló la licencia de obras) o simplemente actuar de manera penalmente irreprochable (fiscal de la audiencia de Almería). El hotel sigue ahí, tan pancho, con las olas lamiéndoles los pies, como un gigantesco escándalo urbanístico sin responsable y, por lo visto, también sin remedio. Y es que cuado la Justicia ha de habérselas con el Poder se tienta con cuidado la toga una y mil veces hasta que, entre otras cosas, como en este caso, el asunto prescribe. La tela de araña que retiene lo leve y cede ante lo grave, ya saben. Éste no es sino un caso más.

Contacto directo

Pide el PP que el Presidente de la Junta venga a Huelva y haga un hueco en su agenda para entrevistarse cara a cara con los trabajadores del amenazado Polo. ¿Y por que no, si hay numerosos antecedentes de contactos directos en ese ámbito, así como numerosas intervenciones de la Junta no sólo para salvar empresas en crisis (incluso comprándolas) sino para garantizar la recolocación de sus eventuales despedidos? ¿Por qué los onubenses que pierdan su puesto en nuestras compañías no van a recibir el mismo trato que el que recibieron sus compañeros de Cárnicas Molina, Santana, Boliden o Delphi? El Presidente debe implicarse en la crisis del Polo del que en tan grave medida depende la vida de Huelva.

Galería de granujas

Tras una minuciosa investigación del Senado americano sobre los desmanes de gobernantes africanos, los responsables del informe han decidido titularlo con un dicterio estupendo: “galería de granujas”. Hablaban en él, sobre todo, de Omar Bongo, baranda de Gabón y aliado firme de Francia, cuyas hazañas predadoras llegaron a comprometer seriamente a los propios presidentes franceses cuando se conocieron detalles sobre sus finanzas, tales como depósitos multimillonarios en bancos americanos, o compra masiva de inmuebles en las más lujosas zonas de París tras sus famosos ‘intercambios’ con la petrolera Elf. No existe una crónica seria sobre estas fortunas robadas a los pueblos, ni siquiera por referencia a la apropiación de las ayudas públicas recibidas de potencias extranjeras, una crónica que explique operaciones monetarias tan psicodélicas como esa devaluación para frenar la hiperinflación en Zimbawe donde el sátrapa Mugabe ordenó, como quien no quiere la cosa, eliminar ¡doce ceros! en el valor de su moneda. Ahora ha aparecido una jueza francesa que acepta investigar las fortunas de tres presidentes africanos – el propio Bongo gabonés, el congolés Sassou-Ngueso y Obiang de Guinea–  a los que se acusa de esconder en países desarrollados fortunas injustificables, tanto en bienes suntuarios como en cuentas corrientes, una iniciativa a la que se ha opuesto con presteza la fiscalía parisina seguramente teniendo en cuenta la condición de aliado preferente de los implicados. La viuda de Mobutu se pasó años en Internet invitando a medio mundo a solidarizarse con el “despojo” de que habría sido objeto la familia presidencial al serle embargadas en varios países sus cuentas fantasmas. No llegará lejos esa jueza, es lo más probable, a pesar de que basa su acción en la idea de que la Justicia debe atender a las demandas, incluso particulares, siempre que acrediten haber sufrido algún prejuicio, como parece ser el caso de la actual demandante, o pueda probarse la apropiación indebida de los bienes públicos. Lo más intrincado de las selvas africanas está en los sótanos blindados de la gran banca blanca.

 

La “corrupción negra”, como suele denominarla la prensa americana, tiene cómplices ‘caucasianos’, sin los que ni concebirse pueden las hazañas financieras de esos tiranos. Giscard fue cohechado por Bokassa con los diamantes famosos, Chirac se vio a pique de un repique por sus relaciones con el inevitable Bongo, Mitterrand designó a su propio hijo –pedazo de sinvergüenza demostrado– intermediario con el bárbaro de inició en Ruanda lo que degeneraría en un auténtico genocidio. Estos tres de ahora, sin ir más lejos, ya cuentan con  la protección de la fiscalía, que sabe muy bien dónde le aprieta el zapato a esos justiciables y dónde no. Entre nosotros mismos, desde el almirante Carrero a destacados líderes de la democracia, vivieron asociados a la dictadura guineana. Ya verán cómo nada les ocurre tampoco a los ahora investigados. La doctrina de que el dinero público “no es de nadie” (o sea, que es “res nullius”, a disposición del primero que le eche mano) no es, como puede comprobarse, exclusiva de Carmen Calvo.