Galería de granujas

Tras una minuciosa investigación del Senado americano sobre los desmanes de gobernantes africanos, los responsables del informe han decidido titularlo con un dicterio estupendo: “galería de granujas”. Hablaban en él, sobre todo, de Omar Bongo, baranda de Gabón y aliado firme de Francia, cuyas hazañas predadoras llegaron a comprometer seriamente a los propios presidentes franceses cuando se conocieron detalles sobre sus finanzas, tales como depósitos multimillonarios en bancos americanos, o compra masiva de inmuebles en las más lujosas zonas de París tras sus famosos ‘intercambios’ con la petrolera Elf. No existe una crónica seria sobre estas fortunas robadas a los pueblos, ni siquiera por referencia a la apropiación de las ayudas públicas recibidas de potencias extranjeras, una crónica que explique operaciones monetarias tan psicodélicas como esa devaluación para frenar la hiperinflación en Zimbawe donde el sátrapa Mugabe ordenó, como quien no quiere la cosa, eliminar ¡doce ceros! en el valor de su moneda. Ahora ha aparecido una jueza francesa que acepta investigar las fortunas de tres presidentes africanos – el propio Bongo gabonés, el congolés Sassou-Ngueso y Obiang de Guinea–  a los que se acusa de esconder en países desarrollados fortunas injustificables, tanto en bienes suntuarios como en cuentas corrientes, una iniciativa a la que se ha opuesto con presteza la fiscalía parisina seguramente teniendo en cuenta la condición de aliado preferente de los implicados. La viuda de Mobutu se pasó años en Internet invitando a medio mundo a solidarizarse con el “despojo” de que habría sido objeto la familia presidencial al serle embargadas en varios países sus cuentas fantasmas. No llegará lejos esa jueza, es lo más probable, a pesar de que basa su acción en la idea de que la Justicia debe atender a las demandas, incluso particulares, siempre que acrediten haber sufrido algún prejuicio, como parece ser el caso de la actual demandante, o pueda probarse la apropiación indebida de los bienes públicos. Lo más intrincado de las selvas africanas está en los sótanos blindados de la gran banca blanca.

 

La “corrupción negra”, como suele denominarla la prensa americana, tiene cómplices ‘caucasianos’, sin los que ni concebirse pueden las hazañas financieras de esos tiranos. Giscard fue cohechado por Bokassa con los diamantes famosos, Chirac se vio a pique de un repique por sus relaciones con el inevitable Bongo, Mitterrand designó a su propio hijo –pedazo de sinvergüenza demostrado– intermediario con el bárbaro de inició en Ruanda lo que degeneraría en un auténtico genocidio. Estos tres de ahora, sin ir más lejos, ya cuentan con  la protección de la fiscalía, que sabe muy bien dónde le aprieta el zapato a esos justiciables y dónde no. Entre nosotros mismos, desde el almirante Carrero a destacados líderes de la democracia, vivieron asociados a la dictadura guineana. Ya verán cómo nada les ocurre tampoco a los ahora investigados. La doctrina de que el dinero público “no es de nadie” (o sea, que es “res nullius”, a disposición del primero que le eche mano) no es, como puede comprobarse, exclusiva de Carmen Calvo.

Qué nivel!

Si siempre supone un trago escuchar al ministro de Trabajo, oír al consejero de Empleo andaluz es ya para nota de beatitud. Juzguen por sí mismos: “Nosotros no nos podemos castigar a nosotros mismos si no vemos si los demás están igual o peor que nosotros, porque es que si no, tu verás, siempre estamos llorando”. Para llorar, ciertamente, tanto el concepto como la sintaxis. Pero, sobre todo, es para llorar esta actitud ante la crisis, este emperre en negar su gravedad, tan peligrosa conformidad con la tragedia de nuestros millones de parados. ¡Qué nivel de autonomía! Desde luego, oyendo a estos próceres, no es de extrañar que estemos donde estamos.

Dale que te pego

No se paran ni a sopesar medianamente lo que dicen, se limitan a largar del adversario y a otra cosa. La portavoz del PSOE acaba de demostrarlo al exigir ¡al alcalde de la capital! que se pronuncie sobre la amenazante situación del Polo. Fíjense bien: no a la Junta ni a su consejería del ramo, tampoco al Gobierno de la nación, que son “amigos”, sino al alcalde que, como cualquiera puede comprender, tiene bien poco que aportar a la crisis económica y al hundimiento industrial. Da igual, da lo mismo: se larga y a otra cosa. Y puestos a apuntar, pues se apunta al Ayuntamiento inexpugnable hasta ahora y al alcalde que ha revolcado electoralmente a su oposición cuatro veces consecutivas. No hay derecho pero así van las cosas. La verdad es que por una politiquilla tan elemental no deberían cobrar ni dietas.

Ruido de cadenas

No se comprende con facilidad el imparable avance de la secularización de nuestras sociedades con el progreso simultáneo de la credulidad. Se explica que la llamada “racionalidad postindustrial” ande socavando los cimientos psíquicos de la creencia en lo sagrado, un fenómeno decisivo que conocemos bien desde que lo estudiara Max Weber y que los fenomenólogos, como Paul Berger o Thomas Luckmann, perfilaron en términos incontestables. Es normal que las sociedades desarrolladas, en las que el psiquismo colectivo está dominado sin miramientos por la Razón, el mundo se desacralice y aleje progresivamente del modelo arcaico que subyace en nuestras culturas manteniéndolas, hasta donde le es posible pero contra viento y marea, en el ámbito de lo mítico. Ahora bien, lo que ya no cuadra es comprobar que esas mismas colectividades que prescinden de la creencia experimenten al mismo tiempo tan extraordinario progreso de la credulidad. Un estudio reciente realizado en Gran Bretaña ha descubierto, por ejemplo, que junto al auge de las actitudes formalmente racionalistas, resulta que la población se pirra por las fantasías de manera que un cuarenta por ciento del conjunto de los ciudadanos cree a pie juntillas en la existencia de fantasmas, cifra que se incrementa aún en Londres donde llega a incluir a la mitad de los habitantes. ¿Cómo hablar seriamente de desacralización de un grupo si el 53 por ciento de sus componentes declara de forma paladina que cree en el cielo además de dar por ciertas las consejas de fantasmas? Pues no tengo ni idea pero así son las cosas.

 

Se dice, y puede que razón, que no debe ser ajena a esta involución prelógica el peso mental de una inmigración que está aportando al conjunto social fuertes dosis de efusiones míticas y una decisiva opción religiosa que incluye desde las creencias convencionales del monoteísmo en sus diversos formatos actuales, hasta el éxito de un animismo prestigiado por su origen exótico. Pero ello no me parece suficiente para deshacer ese nudo dialéctico, que permanece atado y bien atado en medio de la insólita profusión de una cultura intensamente esotérica y paranormal. ¿Será la fe –la religión en definitiva—tan decisiva para el nuevo siglo como preveía Malraux? Les engañaría si no les dijera que creo que sí, a pesar de lo de los fantasmas.

Fuera hace frío

Un lector publicaba aquí mismo ayer una carta espléndida en la que, glosando a Luis Carlos Rejón, le cantaba las cuarenta a los cabreados de IU en el sentido de que si Rosa Aguilar había claudicado ante la “tentación demoníaca permanente” del PSOE (Cayo Lara), la verdad es que ellos, los cabreados, sin excepción probablemente, llevan años dejándose los nudillos en la puerta de la “casa común” sin que le hayan abierto ni el postigo de servicio. Rosa ha apostado a ganador, cierto, cosa que se veía venir desde hace la tira, pero a ver quién en la coalición puede, en conciencia, arrojar contra ella la primera piedra.

Aron

También en el Andévalo han aprendido a calzón quitado las técnicas de escamoteo presupuestario y burla de la intervención. Más de 125.000 euros dice el PP (y si no lo demuestra debería golpearse el pecho) que están por justificar en El Cerro y la Mancomunidad andevaleña, dinero esfumado que nadie sabe dónde está ni a dónde fue, sin  que la autoridad administrativa ni el propio partido en el poder le haya pedido explicaciones a esos escamoteadores encabezado por un tránsfuga de oro. Más o menos como en Beas y como en otros pueblos: la provincia es ya un queso de Gruyère con tanto agujero negro en su contabilidad pública. Una vergüenza pero, sobre todo, un escándalo que resulta de lo más revelador.