Fuegos de artificio

No acabo de entender qué sentido tiene la ley de la Muerte Digna que acaba de aprobar la Junta de Andalucía. Y no lo entiendo porque, retirada, como buen juicio, la polémica cuestión de la eutanasia y el suicidio asistido; una vez renunciado también el propósito, más que discutible, de sancionar la objeción de conciencia médica; poco queda en esa norma que no estuviera ya vigente. El derecho del paciente a renunciar al tratamiento no hacía falta ninguna reiterarlo pues está reconocido de hecho y de derecho no en nuestra legislación sino en todas las civilizadas. ¿A qué viene, entonces, tanto ruido en un Parlamento que lleva tanto atraso en tantas materias graves y comprometidas? Salud tiene muchos frentes abiertos que requieren su atención mucho más que este paripé.

Dinero fácil

Siento disentir, pero la imagen de esa turbamulta encaramada en un muro para recoger billetes regalados me resulta de lo más degradante. No le veo la gracia, en otras palabras, ni entiendo qué razón publicitaria puede llevar a una empresa a regalar dinero “a pelón” sólo a efectos propagandisticos, que tampoco resultan muy claros. En un mal momento como éste, esa imagen chusca del forcejeo por el billete no aporta nada pero menoscaba mucho una imagen –la de la ciudad—que antier daba la vuelta al circo español, con el onubense disfrazado de payaso. Debe de haber otras iniciativas más razonables que recrear la escena rancia de los “duros antiguos”.

Manes millonario

Escucho en la radio al presidente del Madrid, ‘FP el Deseado’, batiéndose contra una mesnada de lobos que le recuerdan el pasado y le cuestionan el presente, mientras él se debate, sin alterarse un pelo, como don Suero de Quiñones en el Paso Honroso. Hacía falta Kaká. Un país no puede vivir con un solo gran referente, con una luminaria única, y ésa era la sombra que se cernía sobre nosotros tras el triunfo arrollador del Barça que ha decapitado a medias la hidra bicéfala de la Liga. Habrá un nuevo ‘Real’, pues, según parece, al precio que sea, aunque ‘FP’ explica que el dinero no es el problema, no porque a él le sobre, sino porque el jugador más caro –milagros del ‘marchandising’–  resulta siempre el más barato a la hora del balance. Recuerden a Zidane, no olviden a Beckam. Kaká mismo acabará siendo una ganga a fuerza de camisetas vendidas y anuncios de yogures, ya lo verán. Dos es hoy mejor que uno. Para todo, pero sobre todo en el fútbol y en la política. Aunque, bien pensado, siempre lo fue y en todas partes, al menos desde que Manes divulgó el dualismo que le habrían revelado a él Adán y Noé, la doctrina que hace de la lucha el fundamento de la vida e incluso del ser, y que nos enseña que no hay luz sin tinieblas, ni puede haber Bien sin Mal. El “nuevo Real” restablecerá el equilibrio perdido, nos reinstalará en la dialéctica prehegeliana, inmemorial, de la competición sin fin, que es, en definitiva, la cálida matriz primordial donde se engendra toda realidad. A fuerza de millones, como si la crisis no fuera con él ni con sus rivales, viva demostración de que, en el fondo, fútbol y política, como la vida misma, son siempre, en última o primera instancia, competencia, rivalidad, o no son nada. La vida es lucha y la lucha precisa sin remedio de dos. Kaká es sólo el comienzo. Había que restablecer a toda costa el principio inmutable de la “Razón Rival”. ¡Ya era hora!

 

Fracasada la dualidad José Tomás/Morante, volveremos a tener, sin embargo, dos grandes partidos y dos grandes equipos. En medio de un caos millonario, acaso sumidos en la penumbra, pero dispuestos a protagonizar en el vasto escenario el drama sublimatorio de la oposición que confiere su último sentido a la existencia. Manes puro: el futuro –decía el Maestro—es la época en la cual se habrá restablecido la separación. Divide o muere, divide y vencerás, aunque sea perdiendo unas veces y ganando otras. La dialéctica carece de la primitiva simplicidad de la lógica y ‘FP’, como su antagonista, lo saben. La guerra es la madre de todas las cosas, dijo Heráclito. Y Platón remató: “Todas las cosas se generan conforme a contienda”. La aportación de ‘FP’ consiste en la idea de que, encima, el sistema resulta barato. Hay que darle la bienvenida a Kaká. Por mucho que cueste, porque no hay mono-arquía buena. Por supuesto, ni siquiera en política.

Ración doble

Parece que, al final, la resistencia de Chaves y su enrocamiento para no comparecer con el fin de aclarar, en la medida de lo posible, el grave caso de la subvención a Matsa, puede acarrearle el trago doble de tener que hacerlo en Sevilla y en Madrid, o sea, en el Parlamento de Andalucía y en el Congreso de los Diputados. Fracasan, pues, su estrategia defensiva tanto como la puesta en marcha por ZP para desprenderse del ‘caso’ abandonando a Chaves a su suerte, mientras toma forma la acción judicial para que no falte de nada. La pregunta es por qué Chaves ha dejado llegar las cosas a este punto si tan seguro está de que nada tiene que temer.

Arde Punta Umbría

Ahora es la empresa presuntamente coaccionada por el PSOE puntumbrieño la que se querella contra el alcalde, el miembro de la Ejecutiva Provincial, los cinco concejales y el técnico municipal que habrían intervenido en arrebatarle bajo presión una obra ya adjudicada. Se habla de presuntos delitos de amenazas, alteración de precio de subastas y concursos públicos, prevaricación, falsedad documental y fraude. Nada menos. Y encima de la mesa está la cinta en que se grabó la conversación clave. Un asunto bochornoso que debería provocar una reacción saludable contra la corrupción de cualquier naturaleza. La política no puede vivir en le Juzgado. Merecería la pena, por eso mismo, un esfuerzo de todos. Y de todos quiere decir de todos.

El precio de la injuria

No acabamos de ponernos de acuerdo sobre el precio de la injuria o, mejor dicho, del coste que debería suponer para el que injuria ese lujo y exceso que algunos se permiten a costa de otros. Un profesor francés de filosofía ha sido condenado a pagar 100 euros (¡lo mismo que Garzón por dejar escapar al traficante!) por haber escrito la frase “Je te vois, Sarko!”, esto es “¡Que te veo, Sarko!” al tiempo que un ama de casa ha debido rendir cuentas por escribir en Internet la frase “Hou la menteuse!” bajo el nombre de la ministra de Familia. En Brasil, el que fuera entrenador de Real, Vanderlei Luxemburgo, tuvo que pagar 2.200 dólares hace poco por decirle cuatro cosas a un árbitro que habría perjudicado a su equipo, como en Holanda un ciudadano fue condenado a una multa de 750 euros y quince horas de trabajo social por haber lanzado insultos homófonos en un chat. Aquí mismo en España le cayeron 1.000 euros a un currelante por insultar a su ex-patrón, 6.000 a un alumno que se dedicaba en una web a insultar a profesores y alumnos, 2.850 euros más año y medio de cárcel a un sujeto que injuriaba a las víctimas del terrorismo, y 14.000 a un cantante de ‘hip hop’ (no me pregunten, por favor) que le dijo de todo menos bonitos al Rey y a la Guardia Civil. No se ponen de acuerdo en el baremo, como se ve, aparte de que es casi infinita la variedad de especies injuriosas. Ahí tienen al alcalde de Puerto Real que, total por 6.840 euros, se dio el gustazo de calificar al Jefe del Estado de “hijo de crápula” y “corrupto”, mentarle a su augusta madre y decir (sic) que “aunque no colguemos (al Borbón) de los intestinos de los obispos, lo tendremos que echar más tarde o más temprano”. Está tirado injuriar en España, este viejo país de cabreros.

 

Se comprende que no es factible un baremo para la sanción de la injuria. Pero mucho menos puede entenderse que se castigue por igual a un alcalde monterilla por decir las barbaridades que dijo el mencionado y a un alumno borde por llamar a una coleguita “animal prehistórico”, o que la sanción impuesta al cantante de marras doblara sobradamente la de aquel. Y ello con independencia de que el país viva una era en que la intimidad yace puesta en almoneda inerme ante el mejor postor, sin que el derecho haya sido capaz hasta ahora de trazar con pulso firme la frontera entre la imprescindible libertad de expresión y el insulto que juega con la honra ajena por más que ponga en evidencia al necio estólido que lo lanza. Uno, que es republicano de ley, sin ir más lejos, nunca le diría cosas semejantes –y menos imaginaría siquiera colgado de los intestinos de los obispos– a un tosco zambombo como el alcalde del cuento. Ni pensaría siquiera en echarlo de su cargo como él, desde su pequeñez, propone hacer con el Jefe del Estado. Para eso están los tribunales, digo yo. O deberían estar.