Dos tazas

“¿No quieren caldo? ¡Dos tazas!”. La Junta, en concreto la consejería de Educación y su nueva titular, Teresa Jiménez, parecen aplicarle a la comunidad docente ese viejo refrán castizo a propósito de la oferta de dinero a cambio de buenas notas, que los profes califican de “soborno” y, desde luego, si no lo fuera, se parece mucho a eso. La sucesora de doña Cándida se propone superar a aquella plaga, pro lo visto, de manera que va a modificar la polémica norma para “rebajar” los criterios todavía más, a ver si de una vez nos quitamos ese sambenito de ser la peor autonomía en materia educativa. Un disparate, por supuesto, pero la Junta sabe bien que, aunque desmoralizador e injusto, esa medida “flexibilizadora” contará con muchas insensatas simpatías familiares y juveniles. El voto es el voto y la imagen, la imagen, a ver qué quieren. Que la ‘basca’ vaya de mal en peor bien vale un apoyo que en las próximas elecciones puede que haga más falta que nunca.

Otra patada hacia arriba

Al ‘delegata’ de Salud le han dado la patada hacia arriba. Miren que no había forma de librarse de ese peso muerto que ha mantenido durante años a la sanidad onubense en el filo de la navaja, saltando sobre ‘salmonellas’ o meningitis y tapando el vacío estacional de los servicios verano tras verano. Un fenómeno, el doctor Pozuelo, demostrativo que no hay mayor virtud en la política que la obediencia ciega y sorda. A él, por ejemplo, tras su inconcebible gestión, no lo han devuelto a casa, como parecía lógico, sino que le han dado la patada cabía arriba, nada menos que para ponerlo al frente, como subdirector, de los Chares andaluces que gestionan esas “empresas públicas” con que la Junta hace competencia a su propia Administración y que reparten el dinero a espuertas. Enhorabuena, ‘Doc’. La ley de Peter, en Huelva, se queda cortísima.

Los dos poderes

Una vieja tradición hace coincidir a quienes se ocupan del tema, en que la Mafia es un fenómeno específicamente italiano, y suele subrayarse su perfil delincuente sobre cualquier otra característica. Nada más equívoco. La experiencia de los últimos años sugiere que la expansión de las mafias de diversos países encierra algo más que un propósito depredador en la medida en que sobran evidencias de sus aspiraciones a ejercer como auténtico ‘contrapoder’ en las sociedades, con independencia de su índole política. Quizá el caso más expresivo sea el de la organización rusa, a la que se atribuye incluso la promoción de Putin, y cuyo poder nada lo expresa mejor que el hecho de que, según convienen los observadores más solventes, la mitad de la economía rusa está en manos de siete prohombres bien conocidos que actúan “legalizados” al frente de poderosas empresas financieras e industriales, como acaba de probarse en España con motivo de una reciente operación policial. Una vagorosa leyenda envuelve a la mafia china, cuya presencia en España alcanzó hace tiempo notable importancia y que se apoya sobre la legión de compatriotas ilegales que residen en nuestro país, y a la que se atribuye una especial crueldad en sus acciones represoras. La mafia marroquí que actualmente combina su negocio entre el narcotráfico y el de la inmigración clandestina, es tan cercana y está tan protegida por el poder, que el monarca alauíta ha tenido la desfachatez de citar al presidente del Gobierno español y a su acomplejada diplomacia precisamente en la ciudad del reino que funciona como la gran base para el trágico tráfico dirigido a nuestras costas. Hay mafias en todo país donde la corrupción se asienta y aproxima al poder, con el que no es nuevo (recuérdese el recurso de De Gaulle a la marsellesa para eliminar al OAS) que establezca acuerdos tácitos de contraprestaciones. Andreotti no debe de haber sido el único en besar ritualmente al “don” mafioso.

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La mafia como hermandad local y sociedad “de honor” es impensable hoy día. Todo apunta en la actualidad a que, más bien, lo que esas organizaciones son es una réplica ilegal del cambalache político, el efecto perverso derivado de una vida pública corrompida en la que se ha logrado la confusión entre interés y justicia. Lo que resulta ingenuo es esperar que la corrupción visible del Poder y sus Administraciones no degenere en montajes paralelos, clandestinos y sin respeto al orden establecido, clones ilegales del poder legítimo que hacen del beneficio su única razón, una razón situada por encima de la ley y de cualquier límite convencional, y atenida a sus propios y exclusivos “códigos” de honor. Hay observadores que relacionan el actual declive italiano con la dura represión de la mafia, es decir, que consideran a aquella como un agente socioeconómico imprescindible en el modelo social vigente, y no puede olvidarse el papel desempeñado por las mafias en la política italiana, por ejemplo en el pacto entre el PCI y la DCI para eliminarlas a cambio de su colaboración para acabar con las “Brigadas Rojas”. Mussolini acabó prácticamente con la “Cosa Nostra” pero los “aliados” pactaron con ella por la cuenta que les traía. La actividad mafiosa es, pues, el producto de un Poder débil o corrompido; no puede existir allí donde el Poder es firme y la corrupción no le afecta. En Marruecos estaría sirviendo al régimen de moneda de cambio frente a España (y Europa) ante la catástrofe migratoria, en Rusia de columna vertebral de la nueva economía, en China como instrumento de expansión demográfica y de acumulación de capital. En Inglaterra no hay mafias, ni en Suecia, ni en Alemania. En España, de momento, no hay sitio, al parecer, más que para las extranjeras, que juegan un importante papel, aún por determinar con precisión, en la inmensa sentina de nuestra especulación.

Mitos y realidades

Creo que el PSOE andaluz ha retirado de sus ponencias la propuesta de centrar en la doctrina de Blas Infante como “principal referente del andalucismo”, o séase, de basar en ellas el sentido y las estrategias de la autonomía andaluza. También  Javier Arenas, tal vez para no perder comba, reclama un pleno del Parlamento para honrar al “padre de la patria” estatutario. Y uno se pregunta para cuando el honesto reconocimiento de que en aquellos sueños entre georgistas y priscoagrarios no hay materia que sirva para montar un ideario actual y menos, por supuesto, para basar en el presente una acción de gobierno. Nada tiene que ver el respeto hacia esa figura ejemplar, con la constatación, al alcance de cualquier lector, de que sobre Infantes se ha construido un mito al que, por lo demás, todos exhiben pero al que ninguno respeta. El presidente de la Junta no asiste siquiera al homenaje anual, no les digo más. Es de sentido común que un referente al que todos reclaman  poco debe tener que ver con la política real.

Tras el Congreso

Huelva, digan lo que digan, ha salido del Congreso del PSOE-A, igual que entró en él, ni mejor, ni pero, ni todo lo contrario. Las cuotas han funcionado, eso es todo. Y han distinguido a la organización provincial con la Presidencia del partido, órgano por tradición pasivo di no decorativo, al que Petronila Guerrero dice que tratará de encontrarle un contenido político, el que no tuvo con ninguno de sus predecesores en el cargo. Prueba del 9: a ver cuántos Presidentes del PSOE anteriores recuerda el lector, incluyendo a los considerados en algún momento pesos pesados del partido. Un presidente en el PSOE ha sido siempre un florón y, en el mejor de los casos, un jarrón chino. Vacío se sobreentiende. Lleno se llama Secretario General.

La edad de la loba

Los mitos funcionan a veces como las muñecas rusas, esto es, encerrando en su interior otros mitos que, a su vez, albergan a otros menores. El de la creación de Roma, con la leyenda de los sacrílegos amores de Rea y Marte, el nacimiento de Rómulo y Remo, su condena mosaica a ser abandonados a las aguas, la loba providente que los amamantó y el pastor caritativo, es uno de los más hermosos y reconocidos con independencia de que cada uno de esos mitemas etiológicos – la paternidad heroica, el episodio del abandono, la actuación de la loba y hasta la intervención caritativa del pastor—hayan debido bregar a lo largo de la historia con no pocas  teorías rivales. En los últimos tiempos se ha venido denunciando la inverosimilitud del origen etrusco de la estatuilla, datada por unos en el siglo V a.C. y por otros nada menos que en el VIII, de la misma manera que no ha faltado quien emparente el mito mismo de esos fundadores con el de Moisés y aún con el de Edipo. En cuanto a benéfica la loba, ya Livio proponía considerarla una digna metáfora de cierta prostituta (‘lupa’ en latín, de donde ‘lupanar’) de carne y hueso que se habría apiadado de las criaturas, hipótesis reproducida luego, con visible complacencia, por varios Padres de la Iglesia. Pero ahora, y tras varios intentos críticos que fracasaron bajo el peso de la leyenda, arqueólogos de la universidad de Salento han probado, basados en pruebas de radiocarbono y termoluminiscencia, que la estatua en cuestión ni es etrusca ni antigua, sino pieza medieval fundida en Orvieto con técnicas características medievales, como la de “cera perdida”, desconocidas por completo en los tiempos remotos en lo que hasta ahora se pensaba. Ni que decir tiene que el Ayuntamiento romano ha escondido bajo siete llaves el dictamen, incluso después de que en la universidad romana de la Sapienza –como revelan ahora ‘La Repubblica’ y otras fuentes–  alguna voz experta denunciara con vehemencia la realidad de la falsificación. La leyenda es más fuerte que la Historia, ‘Mithos’ cuenta frente a ‘Logos’ con la consabida novelería del ser humano.

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Y lo que te rondaré, morena, porque no hay duda de que los avances espectaculares de la tecnología acabarán proporcionando a la Historia un instrumento debelador de primera magnitud, que habrá de echar abajo muchos de esos inmemoriales lugares comunes reduciendo el pasado a una dimensión, seguramente no completa ni mucho menos, pero sí bastante objetiva. No sin resistencias, por descontado. Ahí tienen la inacabable polémica de la Sábana Santa, capaz de encontrar una nueva explicación a cada revés que la leyenda recibe de la ciencia y de averiar el prestigioso recurso de la falsación con propuestas cada vez más ingeniosas, pero incluso negocios tan acreditados terminarán por recibir en su día la puntilla fatal de la evidencia científica: es cuestión de tiempo. ¡Historia y novela! En alguna parte dice Duhamel que así como el novelista es el historiador del presente, el historiador no es más que el novelista del pasado, el memorioso al que le está permitido el recurso de mentir, como admitía el rigurosísimo Renán, pues se trataría, para el talento del cronista, de conseguir una historia verdadera con datos que no lo son más que a medias. O que no lo son en absoluto, claro está. A ver quién nos iba a decir que la loba famosa era un fraude elaborado sobre una leyenda que hizo que ya Augusto se desviviera por ella y que nos hemos tragado como cierta, entera y plena, qué sé yo cuántas generaciones. En eso precisamente consiste la maravilla del mito, lo admirable de su poder sobre una mente que, como bien sabemos, funciona asistida en un hemisferio por la racionalidad y en el otro por la fantasía. Igual se nos venía abajo el tinglado si renunciáramos de pleno algún día a rechazar esa cera blanda de las imaginaciones para quedarnos sólo con la dura certeza de las verdades del barquero.