Menos que pobres

La autoridad debería averiguar en lo posible la amarga denuncia del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) sobre el estado de miseria en que viven los inmigrantes en los asentamientos de nuestra provincia, en especial en los de Palo de la Frontera, donde él mismo acaba de repartir comida y medicamentos a esos grupos que vivirían en la más absoluta degradación, ocultos y sin papeles, tal vez en espera de algún desaprensivo que quiera aprovecharse de su triste situación. ¿Por qué la delegación el Gobierno no interviene en el asunto, siquiera para que esos ‘primeros auxilios’ no tengan que llegar de la mano de nadie ajeno a la propia Administración? Esa presencia abandonada constituye una ofensa a la sociedad onubense además de una irresponsabilidad que hay que contenerse para no calificar con dureza.

El fin del mundo

Dicen que de nuevo volverán las auroras boreales, las noches iluminadas con la luz sangre y esmeralda del misterio solar. Justamente ahora que celebramos –vamos, que celebran—el cuarto centenario de Galileo, o mejor dicho, del invento de su telescopio, y andan revolucionados tanto los teólogos que insisten en la necesidad del diálogo entre Razón y Fe, como los científicos, que insisten en profetizar las aterradoras incidencias de la corona del astro a cuenta de esa manchas solares que descubrió precisamente el viejo maestro. No se ponen de acuerdo sobre el asunto, eso sí, ni la Nasa ni Nacional Center for Atmospheric Research, como ocurre siempre que los sabios han de afrontar el reto de la verificación inminente, pero parece irse abriendo paso el consenso de que en el año 2011 o, a más tardar, al siguiente, la actividad solar alcanzará un peligroso punto que podría ocasionar graves perturbaciones en el planeta Tierra como consecuencia del impacto en su ionosfera de los materiales de esos chorros de masa coronal que vienen siendo estudiados hace tanto tiempo, pero que parece que ya entendieron en su día tanto los mayas como los indios hopo, los cuales habrían  profetizado, en efecto, para estas próximas fechas, un gran cataclismo, quizá el fin de una era y el comienzo de otra. La autoridad anda preocupada con esos fenómenos, que podrían alterar decisivamente la producción y el suministro eléctrico, lo que equivale a decir a toda nuestra vida. Habrá que estar atentos al cielo, espiar la luz nocturna con ojo inquieto, como ya se hizo en la Europa que creyó ver en las auroras boreales el anuncio de guerras devastadoras, aunque con la esperanza de que, por esta vez, los sabios se equivoquen de parte a parte. Al fin y al cabo, hoy sabemos que la “pequeña Edad de Hielo” que permitió patinar sobre el Támesis no fue para tanto.

 

De nuevo, pues, la evidencia del gigante con pies de barro sobre cuyos hombros nos alzamos, otra vez la imagen de un mundo colapsado que nada podría hacer si de verdad llegara a caer la electricidad, se cortaran las comunicaciones y los satélites continuaran  recorriendo a ciegas su órbita inútil. Nunca la Humanidad fue más libre ni más dependiente a un tiempo, jamás pudo soñarse una vida más liberada ni se pudo pensar que tan maravillosa independencia podría consumirse como una pavesa abrasada por una llamarada solar, ni que el poder del hombre resultara tan imaginario en esta nueva Babel como en la mítica, pero dicen que volverá el espectáculo las auroras boreales con la luz sangre y esmeralda del misterio astronómico, como una exhibición de potencia sobre el imaginario imperio humano. Un apagón paralizó Nueva York y una tormenta solar podría apagar el mundo. Al supehombre nietzscheano no le queda más que la esperanza en que los sabios se equivoquen.

‘Plumbea dicta’

“Esta ha sido la campaña más sucia que se recuerda”, Jaime Mayor Oreja, candidato del PP. “No se puede dejar al zorro (refiriéndose al vicepresidente Chaves) de jefe del gallinero”, Esteban González Pons, vicesecretario de comunicación del PP. “Es ilegal pagar con suelo la ‘deuda histórica’ pendiente”, Javier Arenas, presidente regional del PP. “Dejen de politizar la Justicia”, José Antonio Griñán, presidente de la Junta de Andalucía. “Lo peor es la soberbia de los que llevan treinta años gobernando”, Javier Arenas. “El ‘caso Matsa’ (es decir, el ‘caso Chaves’) tendría que comparecer en el Parlamento andaluz pero no en el Congreso”, José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno. “Chaves no puede comparecer ante el Parlamento andaluz reglamentariamente”, Luis Pizarro, número 2 de Chaves en Andalucía.

El veraneo del SAS

De nuevo la polémica sobre el plan del Servicio Andaluz de Salud para garantizar la atención médica durante el verano. Otra vez el secretismo, la vaguedad, la cicatería y el riesgo de que se repitan situaciones intolerables que deberían estar desterradas hace mucho. La aglomeración poblacional del verano, sobre todo en la costa, coincide con el periodo vacacional de los facultativos. ¿Tan difícil es prever eso de una vez por todas, desde el supuesto de que la atención sanitaria no sufrir recortes presupuestarios? Cada verano, la Junta repite el espectáculo confiada en la paciencia de los usuarios. No se debería esperar a que ocurra algún incidente irremediable para poner fin a este estado de cosas.

La bronca electoral

Una rara unanimidad reina en la opinión pública y también en ésa que algunos llaman la “publicada”: ésta que ayer concluyó, ha sido la peor campaña electoral de la democracia española. Peor en España, si cabe, pero mala un poco por todas partes, con el denominador común de que en ninguna de ellas, Europa o los problemas planteados por la integración y el funcionamiento de la Unión, han sido el tema de una campaña en la que han primado en exclusiva las intenciones y objetivos partidistas. En Italia, Emma Boninno y 150 diputados y senadores han llegado a ocupar la TV declarándose en huelga de hambre y sed como protesta por la exclusión de los partidos minoritarios en las emisiones publicitarias, una denuncia idéntica a la formulada por Rosa Díez en España tras el debate plural en el que se impidió la presencia de su partido. En general, todas las previsiones indican que sería un milagro que mañana la participación superara el 40 por ciento, lo que constituye un grave fracaso del proyecto europeo que, sin embargo, tal vez convenga a ciertos designios partidistas. Y ello no es sino la consecuencia de una campaña indecente en la que las fuerzas políticas se han limitado a lastimar la imagen del adversario no importa a qué precio, como lo demuestra los propios insultos cruzados, que van desde los de “innoble”, “desgraciado”, “ignominioso”, “franquista” o ladrón con que se han obsequiado entre sí los líderes en campaña, hasta la acusación de pederastia o la sugerencia de homosexualidad, más o menos alambicadas, que en Francia ha lanzado Bayrou contra Cohn-Bendit o en España se han dirigido desde el PSOE contra el del PP. Realmente, si los políticos son los que ellos mismo dicen que son, lo raro sería que la participación ciudadana fuera entusiasta.

 

Resulta asombroso el desconocimiento general que existe en España sobre la realidad europea y, en especial, sobre el alcance y las consecuencias de nuestra inclusión en el proyecto continental. Pero una campaña como la que acabamos de soportar –con sus miserias dialécticas y su inania ideológica—explican sobradamente ese peligroso fenómeno que, en alguna ocasión, ha forzado a esconder los resultados de algún estudio oficial cuyas conclusiones resultaban prácticamente deslegitimadoras. Para la clase política –esa profesión de fortuna—Europa es poco más que la ampliación de una nómina en la que ajustar sus necesidades clientelares hasta le punto de que un histórico líder del PSOE no ha tenido reparo al reconocer nuestra representación comunitaria como un “cementerio de elefantes”. Mañana mismo hemos de ir a votar –quienes vayamos—no motivados por las buenas razones de los candidatos sino a pesar de su insidioso empeño recíproco en demostrar la indignidad de casi todos ellos. Por eso sería un milagro que se llegara a registrar una alta participación. Estos no se ganan el sueldo (fabuloso sueldo, por cierto), ni anunciando su propia mercancía.

El expediente secreto

Se debe cortar por lo sano la discusión sobre si la Junta le ha dado a la oposición el expediente de SATSE, la multinacional subvencionada del “caso Ch aves”, como defiende la institución y sus ‘medios’ satélites, o no se lo ha entregado. Y la mejor manera sería, en ambos supuestos, depositar el expediente en cuestión –que a estas alturas, vayan ustedes a saber…– en el Parlamento autónomo para que todos los representantes dispongan de información de primera mano. Los hechos, en todo caso, están a la vista y admiten poco margen para la discusión. Quién nada tuviera que temer no se explica por qué alarga este debate inútil.