Chaves habla claro

Ayer reproducía El Mundo las palabras entrecomilladas que acreditan la ojeriza cainita con que el ex–presidente Chaves ve y juzga a su antiguo protector, Alfonso Guerra. La dureza de sus palabras, su distanciamiento subrayado respecto del “marrón” del “caso Guerra”, incluso su acusación directa –“Guerra no consintió pero sí hizo la vista gorda y miró para otro lado”—de connivencia y corrupción en su antiguo mentor: nunca brilló más claro lo de la paja y la viga. En la vida de estos partidos mediocres y encanallados, estas cosas ya no son siquiera noticia, pero conviene recordarla para que se compruebe el poco valor que tienen por parte de estos ganapanes las descalificaciones a la crítica ajena a la hora defender los intereses propios.

El Dioni en la Antilla

Retrato al natural, “vera faz” de nuestras actualidades, hegelianas ironías de la Historia: el Dioni, el gran Dioni de nuestro cutre atraco del siglo, anda por La Antilla de agente y comisionista de un promotor al que trata de colocarle las viviendas hoy invendibles. ¡El gran Dioni, genio y figura, celebrando el aniversario del golpe con una tarta en forma de furgón, como un Espartaco contumaz, pero integrado en nuestra vida económica como un  agente más! Desde luego, no es el peor delincuente económico de nuestra vida pública, eso es seguro, ni siquiera sin salir de nuestra provincia donde tanto ‘furgonazo’ impune llevamos visto. ¡Larga vida al Dioni, ese hermano feo del ex-presidente Kirchner! Al menos él va por la vida con la verdad por delante.

Espejo del alma

No va a acabar así como así la polémica europea sobre el enmascaramiento del cuerpo, sobre todo del rostro, que está provocando la revolución migratoria. Un poco por todas partes se multiplican las prohibiciones legales de ocultarlo, bien en nombre del progreso moral, bien por razones de seguridad. En Holanda, un país que se adelantó a todos a la hora de legalizar materias tan espinosas como la droga, la prostitución o la eutanasia, andan pensándose proscribir el uso del burka a las mujeres musulmanas, y hoy mismo parece que se pronunciará al fin sobre el mismo asunto en la Asamblea el propio Sarkozy, sin perjuicio de que siga funcionando la comisión parlamentaria abierta en el seno de ésta para estudiar la cuestión, y mientras no cesa, siquiera residualmente, el debate sobre la prohibición del velo en las escuelas que fue establecida en 2003. Pero el sábado pasado aparecía en el boletín oficial del Estado vecino una disposición prohibiendo también el uso de capuchas en las manifestaciones callejeras en espera de que una ley actualmente en preparación califique al enmascaramiento como un delito “de participación en banda violenta”. Las imágenes que nos llegan del polvorín iraní, por otra parte, están repletas de rostros disimilados tras máscaras quirúrgicas, y leo no sólo que en México acaba de prohibirse por los árbitros de fútbol la celebración de los goles utilizando máscaras de luchadores, sino que en Florida sigue en vigor una vieja ley contra el KKK que se aplica de vez en cuando contra los portadores de disfraces que impidan reconocer el rostro. Al margen de muy respetables motivos morales, lo cierto es que el Poder se inquieta si no nos ve abiertamente la cara quizá por aquello tan clásico de que la cara es el espejo del alma.

 

La morfopsicología dirá lo que quiera a este respecto, pero personalmente me inclino hacia la razón simbólica que ve en el rostro humano una especie de resumen y sustituto de la persona en su conjunto. De ahí que su ocultación, o bien pueda sugerir cierta idea de peligro, o bien suponer, en el caso de que sea forzada, una violencia contra la más elemental humanidad. No quiere el Poder enmascarados y lleva no poca razón, por más que se invoque una libertad multicultural que, en modo alguno, puede acabar justificando ni el riesgo de la inseguridad ni el oprobio de un tapado forzoso que, por otra parte, nada en absoluto tiene que ver con la autoridad coránica. Bastante tenemos ya con el enigma, tantas veces indescifrable, del rostro mismo, como para celarlo bajo el celemín del capricho o de la impunidad.

Un registro de guasa

A la portavoz parlamentaria del PP le han pedido que aclare su declaración de patrimonio para justificar el estado de sus bienes. ¡Pues ya son ganas! Porque aunque ese registro vale para bien poco dadas las circunstancias, si se revisara la evolución del patrimonio de sus Señorías iba a costar Dios y ayuda comprender tanta y tan propicia mudanza como revelarían sus datos. Nadie se toma en serio ese registro, de todas formas, porque hasta el más pardillo sabe que existen uno y mil recursos para disimular el patrimonio. Mejor no meneallo, me parece a mí, si quieren tener la fiesta en paz.

IU a lo suyo

Tras el intento de compra de un concejal del PP ha fracasado el proyecto de coalición tripartita en Ayamonte. IU prefiere que el propio partido comprometido en la miserable acción –el PSOE local—gobierne apoyado en ella, como tantas veces, aunque esta vez teatralizando la fórmula minoritaria. Nada nuevo, en fin de cuentas, sino el sempiterno prurito frentista para “cerrar el camino a la derecha”, incluso si se trata de permitir que gobierne una fuerza a la que, al parecer, han sorprendido en una práctica tan indecente. Lejos queda la IU marcada por Anguita con su sello ético. Esta IU en decadencia no se molesta siquiera en disimular su papel ancilar junto a la mesa del PSOE.

Triste record

Así ha titulado el informe anual de la FAO la situación del hambre en el mundo. Triste récord. Nunca hubo más hambrientos y desnutridos en el planeta, jamás había ocurrido que una de cada seis personas vivas sobre al faz de la Tierra pasara hambre a diario, hasta alcanzar una cifra global de 1.020 millones de afectados, un 11 por ciento más que el año pasado, según prevén los organismos internacionales. ¿No se había firmado un  acuerdo para reducir drásticamente el hambre en el mundo? Sí, desde luego, pero no se contaba con el azote la crisis de los ricos que, como era de esperar, ha rebotado con estrépito en casa de los pobres. ¿Y cómo es eso posible si los alimentos han bajado hasta le punto de inspirar tan grave inquietud en los países desarrollados que ven en esa caída el camino más corto hacia la deflación? Pues siendo, que es como las cosas ocurren en el misterioso ámbito de la economía. Fíjense en el dato: un pan, un vaso de leche, un almud de grano cuesta hoy en los países pobres casi un 25 por ciento más que en el 2006, a pesar de valer mucho menos en los países productores. Un 11 por ciento, es decir, cien millones de criaturas más han de ingresar este año en el ejército de los pobres de ese mundo, sin contar, naturalmente, con los pobres hambrientos que también hay en éste. Desde la FAO se advierte que esta “crisis silenciosa del hambre” supone un riesgo cierto de para la estabilidad y la seguridad del mundo entero aunque es obvio que nadie en los países ricos se toma demasiado en serio una amenaza que la geografía se encarga de paliar. Una gigantesca crisis humanitaria, en resumen, pero muna crisis previsible tal vez porque no hay desdicha en el mundo feliz que no recaiga como un boomerang sobre los pueblos desheredados. He repasado la prensa, he estado atento a las noticias de otros medios y nada: no encuentro ninguna reacción fuera del obligado comentario al informe. La realidad se sublima en la estadística. No es fácil vivir la angustia de un hambriento lejano.

 

Teorías es lo que sobra. Desde el tratado de Rousseau a los informes de Owen o las aceradas soflamas de Marx, disponemos de un arsenal de teorías inútiles y hasta de algunas curiosas como la de Du Bos (cito de memoria) que veía en la desigualdad de hecho el requisito de una imperiosa fraternidad. Palabras. En África se mueren a chorro, sin nada que llevarse a la boca, más de trescientos millones, en Asia y Oceanía más de seiscientos. Y la FAO ha dado la voz de alarma como es obligado, casi litúrgico, en un mundo que cuida las formas tanto como se inhibe del fondo en estas cuestiones. Un cierto fatalismo ajusta las piezas del rompecabezas moral y todos contentos. Pero mientras escribo estas líneas, como ustedes saben, un niño muere famélico cada tres segundos. En el 2009 serán más las víctimas aunque no tantas como en el año siguiente.