Pesebres exclusivos

En Aljaraque el alcalde sociata está haciendo lo mismo que su colega tránsfuga de Gibraleón: echar a la calle a los trabajadores contratados en su día por el PP. El pesebre para el que lo controla, en definitiva, aunque los costes de esa injusta actitud hayan de soportarlos los trabajadores injustamente despedidos y pagarlos de su bolsillo los contribuyentes. Carecen de la más mínima idea de la continuidad administrativa, profesan un concepto patrimonial del poder que los priva moralmente de toda autoridad. Y les da igual que los tribunales los condenen, como los están condenando, primero porque de lo que se trata es de estabular a los clientes propios y, segundo, porque, como va dicho, ellos no pagan las indemnizaciones. La política se ha convertido en una profesión que no requiere otro mérito profesional que tener el carné oportuno.

El tebeo nacional

Las medidas contra la crisis que van adoptando los países europeos van, chispa más o menos, en la misma dirección. No hay muchos comodines en esa baraja liberal y las cartas son las que son, pero lo que sí hay, salvadas las lógicas diferencias nacionales, es una coherencia notable entre las decisiones que van adoptándose. Manuel Lagares las resumía hace poco en nuestras “Charlas” onubenses cifrándolas en una triada muy en consonancia con la referida filosofía continental: hace falta, uno, proteger al sistema financiero (“A mí los accionistas me dan igual, pero los depositarios, no…”, decía, “porque si la Banca se desploma, nos vamos todos a hacer puñetas”); dos, acometer cambios estructurales en los sectores productivos (pasar de la construcción a la obra civil, apostar por el salto en la red eléctrica, en la hidrográfica, volvernos a la revalorizada agricultura); y tres, apoyar el consumo (bajar el IRPF a los sectores más bajos si es preciso cargando sobre los mejor situados, llevar a la gente al mercado). Medidas como la gente, a la vista está, medidas no fáciles, si quieren, pero nimbadas de esa lógica que pregona por adelantado su razón. Claro está que esas medidas no han podido ser aplicadas aquí a tiempo por la razón elemental de que el Gobierno había decidido que aquí no había crisis salvo en la intención de los ‘antipatriotas’, pero otra cosa es el cariz que las cosas van tomando desde que, admitida la aplastante realidad, las minervas que nos pastorean no saben si decidirse, para salvar los muebles, por comprar suelo para beneficiar una nueva especulación, fomentar el turismo de la tercera edad europea en España o improvisar un nuevo plan Prever, esta vez para los vehículos con más de quince años. Hay que comprender que no es fácil revolverse 180 grados de un día para otro, sobre todo si anda uno mal de cintura.

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Es probable que tengamos que ver aún muchas tonterías, pero dudo que superen la maravilla hilarante de ese plan de ahorro energético propuesto por el ministro de Industria: quitarse la corbata para combatir el calor, fijar en 26 grados la temperatura en los centros oficiales sin descartar un decretazo para obligar a los establecimientos públicos, forzar el frenazo a la entrada de las ciudades para ahorrar carburante y, en fin, repartir nada menos que 40 millones de bombillas ecológicas al año entre los hogares españoles. ¿Nos estará tomando el pelo esta cuadrilla, serán así de simplones o solamente harán el papel, en plan listo, imbuidos de un raro espíritu ‘ilustrado’ pero con mucho sifón? Habrá opiniones para todos los gustos, seguro, entre otras cosas porque una buena parte del trabajo nacional anda estabulado en nóminas oficiales, pero estarán de acuerdo conmigo en que esta sarta de sandeces no resisten ni la más ligera comparación con lo que están haciendo por ahí fuera, una diferencia que explica, en parte, nuestra desventaja relativa con la crisis general europea y la española en particular. ¿Cómo se va a controlar ese frenazo ahorrador, quién va a vigilar tantos millones de termostatos, qué será de los corbatistas y, sobre todo, no se habrán dado cuenta de que las bombillas regaladas por el Gobierno, en realidad habremos de pagarlas nosotros con nuestros impuestos? Esta cuadrilla nos toma el pelo, tengo esa sensación cada instante más arraigada, con independencia de que en sus decisiones pueda pesar también el bastinazo de la rotunda negativa inicial o, simplemente, no den para más. Hay un abismo entre don Enrique Fuentes Quintana, el de los Pactos de la Moncloa, y estos prestidigitadores más o menos arbitristas que se sostienen con un pie en la abstención neoliberal y el otro apoyado en una tentación intervencionista de no te menees. ZP ha eliminado con sus purgas incruentas (es un decir) a la anterior generación. Nos vamos a divertir (es otro decir) contemplando como se las avía ahora con sus Sebastianes.

Tránsfugas recuperables

El PSOE acaba de pedirle al PP que eche de sus filas a los alcaldes de Chiclana y de El Puerto, declarados ‘tránsfugas’ por la Mesa Nacional contra el Transfuguismo. Lleva toda la razón, que coños, por aquello de que los pactos están para cumplirse, aunque sea en un primer momento y con el as guardado en la manga. Y lo digo, porque el PP podría hace ahora lo que hizo el PSOE cuando la misma Mesa declaró ‘tránsfugas’ a todos sus ediles de Gibraleón, a saber, expulsarlos del partido y luego reponerlos de nuevo en la lista electoral que los devolvió al gobierno. Quien hizo la ley hizo la trampa, pero en esto del filibusterismo político más que en ningún otro terreno. Nada pesa tanto como el interés de partido que, en los ayuntamientos, además es interés en más de un sentido. La perjudicada es la democracia, sin duda, y la democracia es lo que menos le importa a estos profesionales.

Las colombinas

No se puede negar que las Colombinas no son lo que eran. De un declive manifiesto, de un casi absoluto abandono, las Colombinas vuelven a ser lo que fueron en la Huelva anterior, es decir, una cita anual de la ciudad, un hito de todos, sólo que ahora proporcionado a las nuevas dimensiones de la Capital. La noche del alumbrado, las Colombinas ardían ya con el trajín feriante de tanta gente ansiosa quizá de espantar las sombras de cada día y aliviarse en la fiesta, como si se tratara de un día de feria oficial y no sólo de un ensayo. No cabe duda: Huelva vuelve a tener una Feria por la que nadie daba un duro no hace más que unos años y los sucesivos gobiernos municipales han entendido que eso es importante para la ciudad. Que el tiempo acompañe, que por el gentío no va a quedar.

Alianzas y culturas

Un notable esfuerzo periodístico trata esta temporada de publicitar la posibilidad de una “alianza de civilizaciones” sobre la base de la “modernización” religiosa en el área islamista. Se pone el acento, sobre todo, en la actitud de Arabia Saudí, protagonista de un visible cambio social que trata de integrar tradición y modernidad, pero sin dejar de lado a los presuntos proyectos ‘pacíficos’ de otros países hasta hace poco considerados como peligrosos por sus relaciones con el terror y, en algún conocido caso, actualmente en búsqueda de un acuerdo que les permita incluso convertirse en potencia atómica. Se insiste en la nobleza coránica, en la capacidad del islamismo para asimilar los valores universalmente aceptados para integrarlos en su universo ideológico, aunque, ciertamente, no se explica, ni bien ni mal, cómo llevara a cabo esa dudosa tarea. Estos mismos días la prensa occidental ha enlutado sus páginas con la imagen desoladora de las ejecuciones masivas perpetradas en Irán, la última de las cuales –en la prisión de Evin y a puerta cerrada—mostraría a una treintena mal contada de reos colgando de sus respectivas sogas bajo la acusación de “agresores sexuales”, invertidos o bebedores de alcohol, junto a la de narcotraficantes. Y a ese propósito se ha hecho notar que el Gobierno de Irán ejecutó en el pasado 2007 nada menos que 317 personas –o sea, descontados los festivos, prácticamente una diaria– mientras que no se conoce con seguridad el número de víctimas degolladas a sable bajo la  monarquía saudí o lapidadas por adulterio en  diversos países del ámbito musulmán. Se enfatiza, no obstante, la mejora de nuestras relaciones, fundadas en un intenso intercambio comercial y en nuestra dependencia petrolífera y se pone, de paso, el acento en ese humanismo coránico que, todo hay que decirlo, tiene sus diferencias esenciales con el humanismo de raíz cristiana hoy secularizado en Occidente. Toda paz debe intentarse, no hay duda. Lo malo es compaginar ese postulado con la gravedad moral que aleja a estos dos mundos.

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Ni que decir tiene que el dilema de semejante acercamiento axiológico no se plantearía siquiera de ser los países islámicos estados pobres o, al menos, carentes de recursos estratégicos tan decisivos como el petróleo. No tendría sentido otra cosa, sabiendo como sabemos que en esa misma Arabia Saudí, como en otras muchas naciones, se persigue a los fieles de otras religiones y se castiga con la muerte la apostasía, aparte de que la seguridad jurídica está tan poco garantizada como puede estarlo bajo el sistema de la “sharia”. Todos los discursos se estrellan, en definitiva, contra esas imágenes atroces de la presunta adúltera enterrada hasta el cuello para recibir inerme los cantazos de sus verdugos o del homosexual balanceándose en el extremo de una tansa para acrecentar el suplicio, porque, al menos en ese plano moral, ninguna razón económica puede conciliarse con un sistema anclado en la brutalidad y el primitivismo, sean éstos de la naturaleza que sean. Es verdad también que ya no se oye tanto ruido político en torno a una propuesta que no resiste el análisis más elemental, lo que no es óbice para que Occidente haya cerrado los ojos a la olímpica China que es el país que supera con mucho la barbarie de las ejecuciones, más o menos sumarias, o salte apresurado sobre el problema ético y moral que le plantea la tragedia de los “corredores de la muerte” en los mismos EEUU. Una alianza entre esas dos culturas exigiría homogeneizar primero las bases de la convivencia, pero en esa tarea, las democracias occidentales no pueden permitirse concesiones que irían contra sus principios más entrañados. No puede haber alianza con quien ejecuta a sable y en público a un beodo, cuelga de una grúa a “pecador”, persigue a los diferentes o considera inferior a la mitad femenina de la sociedad. Nunca hubo “tres culturas”, como dice, ni es probable que las vaya a haber ahora.

Cuando llegue Septiembre

Cuando llegue septiembre no todo será maravilloso, como decía la vieja canción, ni mucho menos, al paso que va la burra de la crisis que no existía pero que vaya si existe. Habrán subido las hipotecas, eso es seguro, habrá más parado (a razón de más de quinientos al día, más precarios en la cuerda floja o amenazados por la rebaja sustancial de emolumentos, más empresas fuera de juego y más con el agua al cuello. Y quietos donde estábamos, marchando sobre el propio terreno, sin que el gobiernillo regional –desde ahora en la tumbona y bajo la sombrilla—se moleste en cavilar hasta dar con alguna medida razonable, en lugar de esperar de brazos cruzados a que alguien nos resuelva desde lejos el zambombazo que tenemos encima. Todas las crisis son malas, pero, las hay mejores y peores en función de lo que hagan sus gestores.