Triste sofisma

Todo el mundo es consciente de que el “apoyo” familiar e institucional a los terroristas etarras presos en nuestras cárceles no es sólo una acción humanitaria sino una estrategia directa o indirectamente diseñada por la banda. Por eso no es admisible el argumento dado por la activista onubense detenida en relación con la frustrada evasión planeada para la prisión de Huelva, en el sentido de que su colaboración humanitaria es ciega y prescinde de ideologías, pues el terror no es una idea ni sus irreparables efectos pueden ser considerados políticos en sentido legítimo. Ayudar a los fines del terrorismo, en cualquier circunstancia, nada tiene que ver con la solidaridad y menos, por supuesto, con el sentimiento democrático.

Gato por liebre

Está muy bien el tren ALVIA –tres cuartos de hora ahorrados en el viaje a Madrid—pero quede claro que el tren ALVIA no es el AVE y que el compromiso adquirido, como no podría ser de otra manera, con la sociedad onubense, es traer el AVE a Huelva y no un  sucedáneo. Otra cosa sería dejara Huelva retrasada respecto a las provincias hermanas y, una vez más, retrasar el reloj de nuestra estación media hora respecto a las demás. Y aparte de todo, una cosa es un servicio completo de ese sucedáneo y otra un solo viaje casi testimonial, que no resuelve nuestro aislamiento relativo. El Gobierno y la Junta tienen que cumplir con Huelva sin trampas. Y esta solución (¿) del ALVIA no deja de ser eso, una trampa para justificar un incumplimiento.

La alarma pública

El decano de los abogados de Sevilla, José Joaquín Gallardo, acaba de cuestionar en público algo que cuestiona desde hace mucho la opinión pública: la eficacia de ciertas actuaciones policiales en asuntos de especial trascendencia social, como puede ser el llamado “caso Marta”, investigación abierta y nunca cerrada tras la muerte y desaparición de la ya tristemente célebre menor sevillana. Hace sólo unos días el Juzgado que instruye en Huelva el “caso Mari Luz” –otro que tal baila– dio por cerrada la primera fase procesal abriendo paso al procesamiento y juicio del presunto aunque confeso asesino para finales de año, pero igualmente sin haber logrado establecer unas imprescindibles pruebas capaces de cerrar esta otra pesadilla. Tampoco se ha resuelto el caso singularísimo de la desaparición de la droga intervenida que fue robada de las mismísimas instalaciones policiales, culminando así una serie de fracasos patentes que justifican la intranquilidad perceptible en amplios sectores de la sociedad. Conozco a ese Decano y mucho me sorprendería en él una ligereza, razón por la que doy por hecho que su grave petición de que unidades especializadas de la Guardia Civil suplan la probable falta de competencia técnica de los servicios policiales, llega asentada sobre una seria y larga reflexión, que bienvenida sea en la medida en que pueda suponer el aliento (no la intromisión) de la sociedad civil en la vida de las instituciones. Lo que es innegable es que en esta rondalla fallan demasiadas notas y que la sombra inquietante de la incompetencia planea y se confunde con unas dificultades que, sin duda, en todos los casos mencionados han debido de ser más que considerables. El propio Decano protesta que no insinúa siquiera que otras policías sean inferiores en capacidad o celo, pero da la impresión de que ha comprendido –en un caso que, por lo demás, afecta de lleno a su gremio—que desdeñar la exigencia de la opinión pública ni es razonable ni puede contribuir a nada bueno.

 

Si hoy es más verdad que nunca el ‘dictum’ romano de que la Justicia tardía no es Justicia, tanto o más lo es la idea de que pocas cosas puede haber tan dañinas para una sociedad ordenada como la existencia en su seno de misterios por resolver, sobre todo si afectan a aspectos tan sensibles de la conciencia pública. Urge, en efecto, que el Estado –todas las policías son o deben ser un mismo instrumento del poder legítimo—se decida a no dejar pudrirse las situaciones ni a permitir que lo que no deben ser más que problemas a resolver por la autoridad se reconviertan en leyendas capaces de erosionar hasta un punto irreversible la confianza ciudadana. Si el Decano dice lo que ha dicho es juicioso pensar que por algo será, y ninguna consideración de índole corporativista debe oponerse a una reclamación como ésa. No podemos exigir al peatón que viva confiado en la virtud de sus instituciones naturales si los resultados son tan escandalosamente dudosos. Gallardo no ha dicho tanto pero, en cierto modo, ha dicho mucho más.

Los pobres viejos

Una vergüenza el caso de la residencia de ancianos de El Ejido ahora condenado por al Justicia a una multa –ciertamente benigna, insignificante dadas las circunstancias—por vejar a un pobre viejo enfermo de Alzheimer, atándolo con una sábana a una columna del comedor. Un solo caso de maltrato a nuestros mayores debería haber provocado una reacción disuasoria por parte de la Junta que nunca se produjo, pero tantos como llevamos mejor o peor conocidos no merecen otra cosa que la alarma de la sociedad ante este intolerable abuso. Quien controle administrativamente esos albergues ha de vigilar con eficacia. Esperar a que se descubran una por una semejantes iniquidades es una injusticia imperdonable.

Peligrosa prisión

La fuga abortada en Huelva confirma los riesgos que para el territorio onubense supone la presencia de etarras en nuestros centros penitenciarios. Pero crea además una desconcertante alarma al implicar como colaboradora, al menos inicialmente, a una ciudadana onubense bien conocida por su compromiso social, porque pone de relieve lo fácil que esas presencias indeseables aunque obligadas, acaben por confundir incluso a personas de probado civismo. El caso de Juana Orta debe aclararse con presteza, tanto por ella, en caso de inocencia, como por todos en el supuesto contrario.

El precio en oro

El fichaje de Cristiano Ronaldo por el ‘Real’ de Florentino Pérez está dando lugar a más de un comentario cuestionable. El publicado en este mismo periódico, en grandes titulares, que informaban de que ‘FP’ habría comprado al divo portugués en cincuenta y tantas veces su peso en oro, como si a estas alturas alguien supiera cual es la cotización del oro una vez pulverizado su patrón por las circunstancias. O el lanzado a toda portada por el ‘Wall Street Journal’, nada menos, que incluía una crítica más o menos subliminal a esa famosa operación, como si la crisis tuviera algo que ver con el negocio y la mamela futbolera. ¿Es un disparate, es incluso una ofensa a esa circunstancias precarias echarse al monte financiero y soltar 90 millones de euros por un sujeto al que habrá que pagarle, además, una millonada anual? Pues pueden opinar lo que gusten las ‘cabezas de huevo’ del “Journal’, pero a mí me parece que criticar la estrategia inversora de Florentino implica el error de confundir a un sociedad deportiva como el ‘Real’, sin caer en la cuenta que, “más que un club” –ahora sí que sí–, el ‘Real’ es una gran empresa mercantil que vende imagen por todo el mundo desde brasil a Japón pasando por el África hambrienta. ¿Se criticaría a una metalúrgica o a una cervecera por echar sobre el tapete, con la que está cayendo, esa millonada como inversión? A mí me parece que no, sobre todo, porque no es la primera vez que Florentino le acaba ganando dinero a sus grandes dispendios con la cosa del “marchandising”. Recuerden lo que ocurrió con Zidane y Beckam, por ejemplo, y esté atentos porque ya verán la que se va a organizar ahora, a golpe de camiseta, con esos nuevos divos que están haciendo saltar la banca y el mercado a golpe de talonario.

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El ‘Real’ es una gran empresa y eso es lo que explica la escandalosa lucha por el poder que se registra en su seno desde hace años. Lo que quiere decir, que el deporte, y no sólo el fútbol, ha mutado radicalmente al convertirse en masivo, debiendo adoptar para su éxito –incluso en los supuestos en que los clubs no adopten una estructura mercantil, como es el caso– las fórmulas propias del mercado, sus audacias y su riesgo connatural. No ha entendido nada el ‘Journal’, supongo, al ver en el fichaje de Ronaldo o en el de Kaká la expresión de una “hybris” o desmesura contraria ala crisis. Al contrario, yo creo que semejantes exhibiciones financieras son una muestra más de que el Sistema no es el que está en crisis sino sus usuarios, es decir, no los jefes sino los indios. El fútbol –bonito o práctico, eso es lo de menos–, como el baskett en América, son un sector económico sano en el seno de una sociedad económicamente comatosa. Por eso quizá Ronaldo se exhibe con Paris Milton, esa peligrosa ménade, sin que ‘FP’ se inmute. Todo por la propaganda. El deporte es hoy un auxiliar del negocio y no al revés.