Más sobre el hambre (3)

Nos quedamos cortos ayer al denunciar al hambre en nuestra provincia. No nos acordamos, en efecto, de esa otra situación extrema en que los hambrientos no tienen ni siquiera la opción de acudir con la mano tendida y han de esperar la suerte de que sean las organizaciones de caridad las que los encuentren. ¿Y las instituciones, el Gobierno, la Junta, los Ayuntamientos afectados? ¿No están ellos cabo al cabo de la calle de todas esas miserias? ¿Por qué no hacen nada, entonces? Los hambrientos de Lepe son solo un caso. Hay que exigir a la autoridad que averigüe cuantos desesperados más malviven entre nosotros y que le ponga un  remedio al menos en régimen de emergencia.

Con papel de fumar

El garantismo jurídico es tan necesario como puede resultar desconcertante. Un caso. Imaginen a un tipo que a los 17 años ya fue condenado por abusos deshonestos y un intento de violación, que más tarde aprovechó un permiso para violar a una niña de 14 años y otro para cometer tres robos y una nueva agresión sexual, que luego, durante un permiso de tres días, volvió a robar y a agredir sexualmente y que por fin (de momento), hace cinco años violó, asesinó y vejó los cadáveres de dos mujeres policías cuyo domicilio incendió después para borrar toda posible huella. Pues bien, ese tipo no sólo existe, sino que fue juzgado y condenado por esta última barbaridad a 83 años de cárcel en una sentencia que ahora acaba de ser anulada por el Tribunal Supremo (‘Supremo’ mientras no diga lo contrario el Constitucional, ya sobreordenado de hecho) al considerar que la Audiencia quebrantó el procedimiento en la medida en que a los delitos de esa naturaleza les corresponde ser juzgado por un jurado y no por un tribunal profesional constituido por tres magistrados profesionales. Qué se le va a hacer, “le democrazia è bella ma troppo incómoda”, dicen los italianos, y en nuestro sistema ultragarantista no cabe descantillarse lo más mínimo en materia de procedimiento aunque el crimen juzgado clame al cielo. Es lo suyo, no lo discuto, al menos mientras no se reforme la normativa y se mantenga en equilibrio inestable esa institución popular que tanto quebradero de cabeza está dando a la Justicia y tanto está contribuyendo a desprestigiarla.  Recuerden el caso del vasco que reventó a tiros a dos guardias civiles o el del asesinato de Rocío Waninkoff, por citar sólo un par de sucesos archiconocidos, y comprenderán que a esa torta del jurado le faltan sus buenas mareas.

 

Dicho sea todo con el respeto que un lego le debe al oficio, pero dicho sea también –seguro—en nombre de infinidad de ciudadanos que ven con inquietud creciente esta inmadura réplica de sistemas ajenos. Porque, además, resulta que, por lo visto, de haber dictado un jurado un veredicto idéntico, el TS habría considerado válida la sentencia, lo cual resulta tan impecable visto desde el ángulo procesal como resulta perfectamente incomprensible, desde la perspectiva del sentido común, que en un caso como el de ese prenda, inevitablemente mediático y pasional, un jurado lego en derecho no garantiza ni de lejos una mayor ni mejor justicia que un tribunal de expertos. El jurado se impuso desde la perspectiva de un democratismo ansioso de reforzar la presencia del pueblo en la vida, pero hoy sabemos lo que puede dar de sí cuando se juzga a una lesbiana acusada de asesinar a una chica o cuando se ve forzado a pronunciarse frente a un escopetero terrorista en el País Vasco. Un jurista de criterio bien grave me decía una vez que, en caso de verse alguna vez en el brete de ser juzgado, prefería sin condiciones serlo por un  tribunal profesional. Como una inmensa mayoría, yo hago mío ahora aquel criterio.

Colocar a la niña

Justo cuando el PP escenificaba el paso extrañísimo de la retirada de la querella contra Chaves, en el Parlamento de Andalucía tenía lugar uno de los debates más degradados que se recuerdan, en el curso del cual un autodidacta del PSOE rivalizó con el portavoz del PP cruzando argumentos sobre la “colocación de la niña” como contrapartida de la famosa subvención. Y todo para cerrar al Parlamento la posibilidad de investigar lo que, por otra parte, es ya una obviedad, a saber, que Chaves se saltó a piola la ley de Incompatibilidades. Pocas veces se ha escuchado debate más obsceno y tramposo en esa Cámara inútil. Ahora que Chaves es ya un político amortizado, el episodio resulta todavía más grotesco.

Hambre en Huelva (2)

Hay que insistir en esa realidad lacerante: en Huelva crece el número de personas que carecen de los alimentos imprescindibles. Lo viene evidenciando la asistencia denodada de ‘Cáritas’ y ahora lo explica Cruz Roja, que por primera vez se ocupará de distribuir comida entre los necesitados que se acercan  a su puerta en busca de ayuda, gente con un perfil nuevo –según la organización—pues a los necesitados tradicionales  se suman ahora las víctimas de la crisis económica. Minimizar esta realidad es tan inútil como inhumano, pero es evidente, en todo caso, que la obligación de afrontar la grave situación es del Gobierno y de la Junta antes que de los grupos caritativos.

La sopa boba

De nuevo la pobreza está de actualidad. Es un tema clásico entre nosotros que ofrece una importante literatura de la que, por escribir nómada y no disponer de las fuentes, citaré de memoria los trabajos memorables de Robles, de Soto, del protomédico Pérez de Herrera, aparte de la innumerable lista de escritos arbitristas que clamaron contra la injusticia explicando que mantener esa lacra lastraba decisivamente el destino español. España ha sido desde siempre un paisaje con figuras en las que la pobreza ocupaba un llamativo segundo plano tras el relumbrón, una nación desigualada hasta el extremo en la que la impiedad asumida delegó la asistencia en manos de la religión. Pueden decir lo que quieran quienes ignoran el pasado pero la verdad es que estos reinos de mendigos y pícaros, tullidos y zascandiles, sobrevivieron malamente a fuerza de sopa boba, arracimado a las puertas del convento con la escudilla en la mano y besando el mendrugo. Ayer como hoy. El informe que acaba de hacer público ‘Cáritas’ –el benemérito salvavidas que trató de hundir Matilde Fernández cuando era ministra por el solo hecho de revelar esa foto secreta—nos informa de que, en efecto, la crisis que anda quitando el sueño a los ricos mantiene a los pobres y a sus proles en un puro retortijón. Cientos de miles de españoles o de residentes, legales o indocumentados, sobreviven este verano arrimados al perol de una denostada Iglesia que, más allá de sus vejeces y contradicciones, sigue jugando en nuestro país un papel decisivo para que el imponente sombrajo de la desigualdad no se desplome  con estrépito sobre nuestras cabezas. El Estado no dispone de medios, por lo visto, para atender a esas víctimas. Después de todo lo insólito sería que hubiera previsto ese renglón presupuestario mientras dijo creer que la crisis era una monserga antipatriótica.

 

A diferencia de tiempos pasados hoy no se discute en torno a la autenticidad o falsía de la pobreza –la distinción entre “falsos” y “verdaderos” pobres que duró siglos—sino que nos entretienen con el perfil de los cuitados, un poco perplejos e inquietos por el hecho de que quienes aparecen en la foto con la mano tendida no son ya los viejos mendigos sino una alarmante representación de las clases medias descolocadas por el seísmo, jóvenes sin recursos, flamantes parados o autónomos en quiebra, una fauna que inquieta más, por insólita, que la conocida de toda la vida. Y el Estado, el Gobierno vamos, no sabe qué hacer con eso –un tercio de las familias en paro absoluto carece de cualquier tipo de ayuda oficial—y se ve en la precisión de remitirlo a la denostada Iglesia confiando en la sopa boba que tanto irritaba al colectivismo previsor de la primera hora. No sabemos que podría ocurrir en la España neoverticalista de la concertación social sin la asistencia de esas manos generosas, pero es más que probable que estuviéramos ya, hoy mismo, a dos pasos del conflicto abierto.

Últimos y primeros

Por fin se permite a El Mundo ver el expediente del “caso Chaves”, aunque a estas alturas cualquiera sabe ya de qué va la vaina. Se comprobará lo sabido, simplemente, veremos las firmas comprometedoras que se tratan de ocultar, quedará clara la infracción de la ley de Incompatibilidades pero, francamente, no creo que llegue la sangre al río. Se ha demostrado, eso sí, que de poco sirve negar lo que salta a la vista y confiar la defensa injusta al pregonero amigo. Y no creo, como digo, que vaya a hundirse el planeta por ello. Si acaso va a precipitarse la evidencia de que Chaves es un político amortizado por su mala cabeza.