La bronca electoral

Una rara unanimidad reina en la opinión pública y también en ésa que algunos llaman la “publicada”: ésta que ayer concluyó, ha sido la peor campaña electoral de la democracia española. Peor en España, si cabe, pero mala un poco por todas partes, con el denominador común de que en ninguna de ellas, Europa o los problemas planteados por la integración y el funcionamiento de la Unión, han sido el tema de una campaña en la que han primado en exclusiva las intenciones y objetivos partidistas. En Italia, Emma Boninno y 150 diputados y senadores han llegado a ocupar la TV declarándose en huelga de hambre y sed como protesta por la exclusión de los partidos minoritarios en las emisiones publicitarias, una denuncia idéntica a la formulada por Rosa Díez en España tras el debate plural en el que se impidió la presencia de su partido. En general, todas las previsiones indican que sería un milagro que mañana la participación superara el 40 por ciento, lo que constituye un grave fracaso del proyecto europeo que, sin embargo, tal vez convenga a ciertos designios partidistas. Y ello no es sino la consecuencia de una campaña indecente en la que las fuerzas políticas se han limitado a lastimar la imagen del adversario no importa a qué precio, como lo demuestra los propios insultos cruzados, que van desde los de “innoble”, “desgraciado”, “ignominioso”, “franquista” o ladrón con que se han obsequiado entre sí los líderes en campaña, hasta la acusación de pederastia o la sugerencia de homosexualidad, más o menos alambicadas, que en Francia ha lanzado Bayrou contra Cohn-Bendit o en España se han dirigido desde el PSOE contra el del PP. Realmente, si los políticos son los que ellos mismo dicen que son, lo raro sería que la participación ciudadana fuera entusiasta.

 

Resulta asombroso el desconocimiento general que existe en España sobre la realidad europea y, en especial, sobre el alcance y las consecuencias de nuestra inclusión en el proyecto continental. Pero una campaña como la que acabamos de soportar –con sus miserias dialécticas y su inania ideológica—explican sobradamente ese peligroso fenómeno que, en alguna ocasión, ha forzado a esconder los resultados de algún estudio oficial cuyas conclusiones resultaban prácticamente deslegitimadoras. Para la clase política –esa profesión de fortuna—Europa es poco más que la ampliación de una nómina en la que ajustar sus necesidades clientelares hasta le punto de que un histórico líder del PSOE no ha tenido reparo al reconocer nuestra representación comunitaria como un “cementerio de elefantes”. Mañana mismo hemos de ir a votar –quienes vayamos—no motivados por las buenas razones de los candidatos sino a pesar de su insidioso empeño recíproco en demostrar la indignidad de casi todos ellos. Por eso sería un milagro que se llegara a registrar una alta participación. Estos no se ganan el sueldo (fabuloso sueldo, por cierto), ni anunciando su propia mercancía.

El expediente secreto

Se debe cortar por lo sano la discusión sobre si la Junta le ha dado a la oposición el expediente de SATSE, la multinacional subvencionada del “caso Ch aves”, como defiende la institución y sus ‘medios’ satélites, o no se lo ha entregado. Y la mejor manera sería, en ambos supuestos, depositar el expediente en cuestión –que a estas alturas, vayan ustedes a saber…– en el Parlamento autónomo para que todos los representantes dispongan de información de primera mano. Los hechos, en todo caso, están a la vista y admiten poco margen para la discusión. Quién nada tuviera que temer no se explica por qué alarga este debate inútil.

Doñana maltratada

Resulta asombroso el descubrimiento: la Junta acaba de reconocer, como si la cosa no tuviera mayor importancia,  que desde años se están vertiendo aguas residuales en la marisma del Parque Nacional de Doñana. Un parque que nos cuesta lo que nos cuesta y que es una joya europea, que dispone de una dirigencia y una burocracia de no te menees, resulta que es objeto de semejante agresión con el conocimiento de la Administración responsable, la cual se contenta con decir que ha habido razones para ello y que el año que viene, posiblemente, se corrija el disparate. Que a estas alturas en Doñana se registren incendios o vertidos ilegales supone un fracaso injustificable de sus responsables y vividores.

El beso del Papa

Un periódico italiano, ‘La Stampa’, acaba de revelar que el proceso de beatificación del Papa Wojtila puede sufrir un  retraso considerable al incorporarse a los materiales aportados hasta ahora una correspondencia excepcional, mantenida durante más de  medio siglo entre el difunto pontífice y una psiquiatra polaca, Wanda Poltawska. No se trata, por supuesto de que esa correspondencia pueda contener nada inconveniente, pero sí un material extenso y confidencial en el que, entre otras cosas, se cruzan comentarios y reservas sobre ciertos nombramientos de obispos de conducta cuestionable que, al parecer habrían intranquilizado la conciencia del Papa, y también la ocurrencia, no poco debatida, del beso al Corán con que Juan Pablo II honró a una delegación iraquí que lo visitó en 1999 y que su secretario Dziwisz sostiene que nunca se produjo. Los ocho miembros de la comisión vaticana encargada del asunto, tendrán ahora, en consecuencia, que revisar un material tan delicado como infrecuente entre un Papa y una mujer que, ciertamente, fue su amiga de juventud y tiene confesado que le leía poemas en polaco durante su convalecencia tras el atentado, pero no ha faltado algún experto que advirtiera de que semejante celo podría retrasar ‘sine die’ los trabajos dada la ingente cantidad de materiales acumulados, tanto relativos a su largo pontificado como a su vida anterior. La amiga Wanda conoció al papa casi de adolescente y mantuvo una intensa relación familiar con él, en la que incluía a todas su familia, como consecuencia de la ayuda recibida tras su liberación del campo nazi donde sufrió graves padecimientos y a su largo trato posterior. Cuesta imaginar ese lado íntimo del papa, esa imagen humanísima del pontífice y la vieja amiga, esa familiaridad confidencial que, según parece, afectaba incluso a asuntos de índole eclesiástica reservada, pero ahí está, ocupando a la curia, que debe utilizarla para despejar algunas dudas e incertidumbres. Es probable que de su análisis salga reforzada la recia silueta sentimental de ese hombre que llegó del frío, espiritual y mundano, como el preconizado literariamente por Morris West en “Las sandalias del Pescador”.

 

De lo que no cabe duda es de que Wojtila le ha dejado a Ratzinger tan alto el listón de su compleja humanidad que no le resultará fácil a éste romper esa suerte de hielo que conserva mitificada la memoria de su predecesor. Media entre ellos, diferenciándolos sin perjuicio de su unidad, una diferencia de estilo y actitud que, sin duda, viene determinada por sus respectivas experiencias, qué duda cabe que bien lejanas si se compara la del vapuleado polaco con la de un alemán académico cuyo elitismo resulta tan innegable como su distanciamiento de la vida ordinaria. Y eso es algo que inquieta hasta a los postuladores de la beatificación para los que las cartas de una mujer o el beso a un libro sagrado pueden resultar sospechosos. A uno, el hallazgo de esa fémina en la vida del papa le sugiere una cálida vertiente humana de la que quizá carecen los inquisidores que, probablemente, van a mirar con lupa esas cartas.

Primera defección

El Gobierno pagará la llamada “deuda histórica” finalmente “acordada” con la Junta pero no en dinero ni destinada a los fines estatutariamente previstos. Le dará, a cambio, suelo urbano para construir en Sevilla la ‘Ciudad de la Justicia’ con lo que resultará que la deuda con Andalucía, en caso de aceptarse como tal, ahí quedará como una vieja cicatriz olvidada. Es la primera defección del presidente Griñán, su primera sumisión visible, la demostración cabal de su dependencia de Madrid. Nuestra autonomía es tan poco autónoma que de cuatro presidentes que ha tenido, tres han sido defenestrados por las buenas o por las malas. El cuarto seguramente se lo ha pensado mejor antes de rechazar ese simulacro de pago con que el Gobierno ofende al sentido común.

Huelva pobre

Crece la pobreza en Huelva. La crisis se ensaña con ‘los de abajo’, que deben acogerse a la caridad de unas pocas, poquísimas, organizaciones religiosas. Por ejemplo a ‘Cáritas’, que ha visto como sus pobres se cuadruplicaban en un tiempo récord, desbordando sus previsiones y agotando sus posibilidades. Son gente con hambre, sin techo, sin servicios elementales, sin recursos para hacer frente a la coyuntura, familias enteras que hace nada y menos vivían sin grandes apuros pero que hoy están solas en medio de la tempestad económica. Es la Huelva pobre que no sale en las estadística y menos en los discursos políticos, la que no le quita el sueño a los vividores de la vida pública. Habrá que reconocerle, al menos, el mérito al samaritano tras reconocer el fracaso oficial.