Precios públicos

Se puede estar de acuerdo relativo con que la cesión presuntamente gratuita del Hotel París al PSOE por parte del PSOE no tiene más importancia que la que quiera dársele. Ahora bien, hace falta tener la cara de cemento que tiene el autodidacta Jiménez para decir que él, ¡el secretario provincial del partido!, no tiene idea siquiera de si el partido le ha cobrado la partido por la cesión o no. En un tiempo récord, esta agresiva criatura se ha doctorado en las artes del cinismo más depurado. Si la aventura le llega a coger con estudios, miedo da pensar a dónde podría haber llagado.

Tomates secretos

Uno andaba por la veintena cuando nos bombardearon una larga temporada con la tórrida historia del ministro Profumo y sus amoríos secretos con el putoncillo aquel con cara de ángel que le sacaba información secreta para los soviéticos, de cuyo responsable militar creo recordar que era amante. Se trataba de una historia clásica, con todos los ingredientes literarios precisos, que acabaría no sólo con la dimisión y ruina de aquel romántico incauto, sino arrastrando en su caída a su propio Gobierno, y que vino a coincidir en nuestro horizonte imaginativo con la hazaña doble (en fin, Stalin llegó a creer que triple) del gran Philby, el más brillante de los “señoritos rojos” de Cambridge que espiaron en Occidente para la URSS. Desde Mata Hari –el arquetipo de las generaciones anteriores–, el espionaje había sido una novela de intriga trufada de ese relleno infalible que es la sentimentalidad y, por supuesto, calentada también por el tizón del sexo, o bien la epopeya de la soledad protagonizada por patriotas o logreros que convirtieron la simulación en un  arte, como el ‘Cicerón’ de Mankiewicz o el realísimo Eli Cohen por cuya vida imploró inútilmente Pablo VI antes de que fuera colgado en Damasco. Nada de eso, en todo caso, cuenta ya en los servicios actuales, al menos en los españoles, cuyos máximos gestores andan hoy más cerca de Ibáñez que de Le Carré, con sus cutrísimos mangazos y sus ridículas megalomanías, sus fotos trucadas por algún manazas y sus coqueteos con la máquina de la verdad. Va a tener que pasar mucho tiempo para que los espías españoles recobren ese privilegiado estatus que siempre les otorgó la imaginación pública, confundidos como van en esa imagen del jefe que pescaba tiburones de válvula y cultivaba tomates en el sótano. Esta que acaba de cerrarse en nuestro país es la página más infeliz del espionaje por más que esté a la altura de nuestra tradición reciente. No tienen más que recordar la hilarante patraña del ‘Capitán  Khan’ y el rapto de Roldán que la actual Vicepresidenta primera tiene que conocer como nadie.

 

Lo que uno no había visto nunca era este espectáculo de una organización secreta dirimiendo sus forcejeos en la prensa diaria, o de esos agentes escandalizados avisando anónimamente al Gobierno de las fechorías del jefe supremo, no obstante confirmado por aquel con todos los honores a escasas semanas de su cese obligado. Yo creo que el “caso Saiz” revela con transparencia la crisis moral y profesional de una sociedad incapaz de superar las corrupciones, así como la fatal tendencia del Poder para reclutar de saldo a estos grandes responsables. No hay nada en esta historia mezquina que pueda inspirar una obra de aquel género apasionante que contaba, en cualquier caso, con personajes de gran calado humano, sino todo lo más materiales chuscos y vergonzosas miserias insuficientes hasta para un vodevil. Quizá no haya muchos ejemplos tan elocuentes sobre el momento trivial que, desde hace unos años, atraviesa nuestra política que esta crisis de nuestros espías.

Doñana en peligro

No faltarán desacuerdos con el ‘Club Doñana’ y el doctor Javier Castroviejo por su valiente denuncia del incumplimiento por parte de nuestras Administraciones del compromiso de regenerar el Parque Nacional dañado por la catástrofe de Aznalcóllar, tras la cual a punto estuvo nuestro excepcional enclave de perder su condición de “Patrimonio de la Humanidad” para entrar a formar parte de una oprobiosa “lista negra” de lugares en peligro. Pero hay que reconocer que la gestión de esos pertinaces defensores se justifica por el sistemático abandono de los compromisos por parte sobre todo de la Junta. Si al final sancionan a Doñana no podrá decir ésta ni nadie que no se había avisado del riesgo.

En casa del herrero

El Ayuntamiento de Punta Umbría acaba de batir un curioso récord de inopia al poner en circulación los dos autobuses eléctrico para uso turístico que, conveniados con los comerciantes, venían prestando servicio público, sin poseer matrícula ni haber pasado el trámite obligatorio de la ITV. El Ayuntamiento debe pensar que la ley no va con él o que, en última instancia, está en posesión de privilegios que no cuentan para los ciudadanos, y eso, además de una mala idea, constituye una pésima demostración de insolvencia administrativa. Esos dos autobuses “arrestados” en un garaje simbolizan el trapicheo municipal mejor que lo haría un tratado.

Vuelos rasantes

Informaciones que nos llegan desde el lugar de los hechos –la Bahía Bakari de las islas Comores—cuentan que los aviones que patrullan la zona del siniestro del avión  yemení han visto con horror como en torno a la macha de fuel que se presume provocada por aquel, nadan amenazantes los tiburones, probablemente atraídos por el fúnebre festín. Es la “struggle for life”, la lucha por la vida, después de todo, y para algo estamos en el aniversario de Darwin, comprobando a cencerros tapados el auge del darwinismo social en el panorama riente de nuestras sociedades solidarias. Algo parecido me habían contado ya (de buena fuente)  que ocurre en el Estrecho cuando las infames pateras que Marruecos deja fletar en su costa naufragan atestadas de criaturas, pero si traigo hoy la imagen de los tiburones yemeníes no es sólo por imperativo de la piedad perdida, sino porque es noticia el fracaso de la propuesta francesa de crear una lista de compañías aéreas que no ofrecen las debidas garantías de seguridad por emplear aviones con problemas e incluso algunos declarados oficialmente como inaceptables hasta el punto de negárseles autorización para volar en ciertos países. Nos enteramos, pues, de que, aparte de los tiburones marinos, que no hacen más que obedecer a la Madre Naturaleza, hay en tierra firme una seria organización de escualos dispuesta a lo que sea por defender su negocio, y que esa organización puede más que los propios Gobiernos. De hecho, la propuesta aludida ha sido inmediatamente rechazada por la organización de aviación civil internacional, la OACI, y desechada por la Comisión Europea, que ven en la medida algo mucho más inquietante que una mancha de tiburones rondando un naufragio. Las buenas iniciativas sirven muchas veces para desenmascarar, con su fracaso, las más bajas razones de la ferocidad.

 

El Airbus francés que se desplomó en aguas brasileras tampoco reunía, al parecer, todas las de la ley, lo cual revela que debe de haber mucho “low cost”, y quién sabe si mucho vuelo “regular”, volando sin reunir las mínimas garantías que impone la normativa. Aviones avejentados, aeronaves que no pasan el fielato de las revisiones obligatorias, son utilizadas a diario, por lo visto, aunque, probablemente, con preferencia, para cubrir servicios prestados a públicos pobres, y es tan fuerte el poder de los lobbies concernidos que ni siquiera las eventuales reacciones de los Gobiernos ante las catástrofes bastan para conseguir que se determine oficialmente quienes son esos carniceros que, por un puñado de dólares, trafican arriesgadamente con la vida ajena. Ya digo que ni siquiera esa imagen demoledora de los tiburones antropófagos ha bastado para cohibir a esa temeraria mafia de cuello blanco que cotiza en bolsa y trafica sin miramientos con la misma vida de las personas. ¿Por qué hay poderes por encima del Poder, cómo admitir que la propia vida cuente menos que la cuenta de resultados? Imagino el festín macabro y contrapongo el pavoroso cuadro al retrato de la taimada plutocracia. El mar es una inmensa tumba. La tierra un mar de injusticia.

Órganos maniqueos

Órganos maniqueos

El Consejo Audiovisual de Andalucía –que acaba de recomendar que se beneficie a Prisa devolviéndole la fianza que en casos anteriores se negó—es un órgano que no sirve más que para maquillar las decisiones de la Junta otorgándole una especie de legitimidad garantizada por su mayoría gubernamental. ¿Para qué mantener un carísimo organismo que vota por sistema y por mayoría a favor de la Junta con la consabida  oposición de la “oposición”? Estos órganos de extracción parlamentaria no son más que colocaderos dispuestos por el clientelismo de quien gobierna con la complicidad de quien se opone. Sería curioso conocer con exactitud cuánto se ahorraría la Junta suprimiendo de un plumazo esa prohibitiva comedia.