La vuelta de Mr. Witt

No cabe duda de que la célebre novela sobre el cantonalismo que popularizó Sender no era tanto un ejercicio arquelógico como una reflexión sobre la actualidad, es decir, sobre los problemas de la Segunda República. El cantón de ‘Mister Witt’, con sus ilusiones y fracasos, con sus dramas y tensiones, permitían a Sender avisar a sus contemporáneos rigurosos sobre los riesgos ciertos que encerraba un proyecto político nuevamente atentatorio contra la unidad histórica y natural de la nación. Mitos aparte, venía a traslucir la odisea, el plan de disolver España en mil taifas, como proponía ingenuamente el modelo federal, implicaba un trágico derrumbamiento del edificio nacional entero, con perjuicio de todos y beneficio de nadie. Sender escribía temeroso de ver reproducidos tanto tiempo después aquel “déjà vu” que sólo el empecinamiento y la ignorancia permitían mantener vivo en la memoria y el deseo de algunos y, ciertamente, la Historia se encargó de demostrar que no le faltaba razón. De esa novela se habló no poco mientras duró la Transición y flotaban todavía en el aire dudas sobre el modelo constitucional que habríamos de seguir, y volverá a hablarse tal vez ahora que desde la taifa catalana ya no se disimula el desafío ultraconfederal y hasta hay quien habla, oficialmente, de ganarle por la mano al Estado en la negociación de las autonomías. En esas estamos –“Hemos plantado cara al Estado y hemos ganado”, han dicho—como si esa afirmación fuera posible y tolerable en un Estado medianamente sólido. En USA o en Francia semejante jactancia hubiera provocado un seísmo capaz de echar abajo diez Gobiernos. En España no va a ocurrir nada porque es el Gobierno precisamente quien se ha ocupado de dar la razón al jactancioso con su temerario entreguismo.

En legislatura y media han puesto en almoneda el valor esencial del Estado, han dejado a los pies de los caballos un proyecto de convivencia basado en la solidaridad y respaldado por la autoridad legítima. Pero nunca habíamos vivido un reto tan insultante como el que acabamos de ver, con un régulo proclamando su victoria sobre el reino, más allá de todo derecho y por encima de toda lógica. La compra por parte del Gobierno de su continuidad al precio de la fractura de hecho del Estado no puede ser una anécdota, sino que será el principio de una fase nueva en que la única razón válida frente al Estado será la capacidad de chantaje de cada autonomía. ZP es rehén desde ahora de un sistema de taifas mal avenido. Los españoles no seremos más que figurantes en este drama en el que nada pinta el bien común comparado con la conveniencia de Zapatero. “Nos hemos enfrentado al Estado y hemos ganado”. Una declaración de esa naturaleza resulta incompatible con cualquier democracia por poco que se cotice.

Andalucía se rinde

Servidumbre y disimulos tras el injustísimo “acuerdo” de financiación autonómica en que el Gobierno ha roto la solidaridad forzada por el reto catalán. Cobrarán más los más ricos a costa de los más pobres con tal de que ZP siga siendo presidente de Gobierno, con la blanda oposición del PP y el aplauso de una autonomía andaluza que ha desempeñado con rigor su papel del palmero en esa juerga. La España de las Autonomías será progresivamente desigual y Andalucía mantendrá su puesto de colista con la sumisa anuencia de sus responsables junteros. Lo que acaba de ocurrir es lo más grave que ha sucedido en la historia de nuestro modelo democrático. Andalucía se ha rendido con armas y bagajes ante la presión de una fuerza mucho menor.

Tardío pero cierto

Luz verde para el proyecto del Ensanche Sur, joya de la corona municipal del Ayuntamiento que preside Pedro Rodríguez, y que ha debido superar una carrera de obstáculos partidistas y maliciosos antes de cerrarse. La Junta ha conseguido retrasarlo durante unos años en perjuicio de Huelva, pero no va a poder impedir que este Ayuntamiento modifique radicalmente el mapa de la capital que se planta en la Ría y va a dotarse de una monumentalidad nueva y necesaria. A Huelva no va a haber quien la reconozca cuando este boicoteado y ambicioso plan termine. Eso es lo que probablemente trataba de evitar el PSOE municipal, ahora en triste evidencia y vapuleado por los tribunales.

Payasos políticos

Allá por las boqueadas de los felices 60, en plena efervescencia parisina, llegó a constituir un rito obligado de la progresía militante la visita al “Café de la Gare” para ver de cerca las extrañas parodias provocativas de aquel grupo de pirados simpáticos que encabezaban, entre otros, Coluche y la loca de atar de Miou Miou, empecinados detractores del sistema social y político. Francia puede permitirse licencias tan estupendas como encumbrar a un detractor como aquel Coluche que decía cosas tan divertidas como que si la política es la explotación del hombre por el hombre, el sindicalismo no es más que todo lo contrario, o que si él había fracasado en los estudios primarios al menos no había tenido que intentarlo tres veces como Mitterrand. Coluche inventó el improperio, la grosería (jamás la “vulgarité”, insistía él siempre), la impertinencia llevada a su extremo más hiriente y debelador, y fue tan bien comprendido por su país que en las presidenciales de los 80 llegó a presentarse candidato apoyado por un desconcertante grupo de intelectuales de primer orden entre los que descollaba Gilles Deleuze. Nada mejor que un payaso para dirigir una actividad de payasos como la política, era el argumento que convenció hasta a un sociólogo tan fino como Guattari y, en efecto, para general consternación de los elefantes sagrados del momento (nada menos que Giscard, Chirac, Mitterrand y Marchais) pronto alcanzó en las encuestas una considerable intención de voto. Nunca he olvidado aquella experiencia rompedora que revelaba el profundo hastío de los ciudadanos por la política y que estos días anda reproduciendo en Italia un tal Beppe Grillo, un majareta con mucho menos carisma que Coluche, a mi juicio, pero que también inquieta ya a las planas mayores del negocio público con su anuncio de que probará suerte como candidato del PD. Cosas más raras se han visto Italia desde luego, sin necesidad de remontarnos a los desórdenes claudios.

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No dudo que los bienpensantes de la política cerrarán filas como siempre ante esta provocación, pero la realidad es que la fuerza de un payaso metido a político –si llega a conseguirla—no es mérito suyo tanto como efecto del disgusto y desencanto ciudadano ante el festín político. Ayer mismo nos enterábamos de que la pareja presidencial argentina, los Kirchner, han triplicado su patrimonio en un año mientras combatían a la sombra de Evita el “capitalismo depredador”, lo que me ha hecho recordar la propuesta política que un grupo señero de personalidades de Buenos Aires le hacían en los 90 al hilarante Enrique Pinti, el gran debelador de la tragicomedia de las Malvinas. El propio Bourdeau recordó más de una vez a Coluche al filo de sus anubarrados análisis de la crisis democrática. Los italianos podrían tener ahora la ocasión de votar a un payaso profesional y no a un aficionado como el que están padeciendo.

Un tribunal de la Junta

Una cosa es un “tribunal autonómico” (así se acaba de anunciar el proyecto de la Junta) y otra un tribunal creado, nombrado y controlado por la Junta. Es una buena idea despejar el trabajo de los jueces desviando a ese nuevo estrado los miles de casos, contencioso-administrativos, en su mayoría generados por la propia insolvencia de la Administración autónoma. No lo es que ese nuevo tribunal se cree por decreto, sea nombrado por la Junta a su gusto y, en consecuencia, permanezca bajo su control efectivo. Habría muchos menos casos de esa índole si la Junta funcionara normalmente (si los recursos de reposición, por ejemplo, no fueran denegados por sistema o si los casos similares se atuvieran a un criterio único). Pero imponer un tribunal por decreto es dejar el gallinero en manos de la zorra.

El K.O. de Bollullos

Nuevas irregularidades detectadas en Bollullos, esta vez por la comisión municipal. Nuevo brete para los alcaldes precedentes, ambos del PSOE, y sobre todo para el actual, Carlos Sánchez, que ya está imputado por prevaricación, malversación de caudales, fraude y falsedad documental, así como la para la diputada provincial Rosario Rosado, protegida de Petronila Guerrero en la Dipu, pero evidentemente colocada en serio apuro por su mala cabeza. Los mismos que reclaman mano de hierro al adversario protegen a sus presuntos corruptos. Pocas cosas logran con tanto rigor los políticos como su propio descrédito.