Los pobres viejos

Una vergüenza el caso de la residencia de ancianos de El Ejido ahora condenado por al Justicia a una multa –ciertamente benigna, insignificante dadas las circunstancias—por vejar a un pobre viejo enfermo de Alzheimer, atándolo con una sábana a una columna del comedor. Un solo caso de maltrato a nuestros mayores debería haber provocado una reacción disuasoria por parte de la Junta que nunca se produjo, pero tantos como llevamos mejor o peor conocidos no merecen otra cosa que la alarma de la sociedad ante este intolerable abuso. Quien controle administrativamente esos albergues ha de vigilar con eficacia. Esperar a que se descubran una por una semejantes iniquidades es una injusticia imperdonable.

Peligrosa prisión

La fuga abortada en Huelva confirma los riesgos que para el territorio onubense supone la presencia de etarras en nuestros centros penitenciarios. Pero crea además una desconcertante alarma al implicar como colaboradora, al menos inicialmente, a una ciudadana onubense bien conocida por su compromiso social, porque pone de relieve lo fácil que esas presencias indeseables aunque obligadas, acaben por confundir incluso a personas de probado civismo. El caso de Juana Orta debe aclararse con presteza, tanto por ella, en caso de inocencia, como por todos en el supuesto contrario.

El precio en oro

El fichaje de Cristiano Ronaldo por el ‘Real’ de Florentino Pérez está dando lugar a más de un comentario cuestionable. El publicado en este mismo periódico, en grandes titulares, que informaban de que ‘FP’ habría comprado al divo portugués en cincuenta y tantas veces su peso en oro, como si a estas alturas alguien supiera cual es la cotización del oro una vez pulverizado su patrón por las circunstancias. O el lanzado a toda portada por el ‘Wall Street Journal’, nada menos, que incluía una crítica más o menos subliminal a esa famosa operación, como si la crisis tuviera algo que ver con el negocio y la mamela futbolera. ¿Es un disparate, es incluso una ofensa a esa circunstancias precarias echarse al monte financiero y soltar 90 millones de euros por un sujeto al que habrá que pagarle, además, una millonada anual? Pues pueden opinar lo que gusten las ‘cabezas de huevo’ del “Journal’, pero a mí me parece que criticar la estrategia inversora de Florentino implica el error de confundir a un sociedad deportiva como el ‘Real’, sin caer en la cuenta que, “más que un club” –ahora sí que sí–, el ‘Real’ es una gran empresa mercantil que vende imagen por todo el mundo desde brasil a Japón pasando por el África hambrienta. ¿Se criticaría a una metalúrgica o a una cervecera por echar sobre el tapete, con la que está cayendo, esa millonada como inversión? A mí me parece que no, sobre todo, porque no es la primera vez que Florentino le acaba ganando dinero a sus grandes dispendios con la cosa del “marchandising”. Recuerden lo que ocurrió con Zidane y Beckam, por ejemplo, y esté atentos porque ya verán la que se va a organizar ahora, a golpe de camiseta, con esos nuevos divos que están haciendo saltar la banca y el mercado a golpe de talonario.

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El ‘Real’ es una gran empresa y eso es lo que explica la escandalosa lucha por el poder que se registra en su seno desde hace años. Lo que quiere decir, que el deporte, y no sólo el fútbol, ha mutado radicalmente al convertirse en masivo, debiendo adoptar para su éxito –incluso en los supuestos en que los clubs no adopten una estructura mercantil, como es el caso– las fórmulas propias del mercado, sus audacias y su riesgo connatural. No ha entendido nada el ‘Journal’, supongo, al ver en el fichaje de Ronaldo o en el de Kaká la expresión de una “hybris” o desmesura contraria ala crisis. Al contrario, yo creo que semejantes exhibiciones financieras son una muestra más de que el Sistema no es el que está en crisis sino sus usuarios, es decir, no los jefes sino los indios. El fútbol –bonito o práctico, eso es lo de menos–, como el baskett en América, son un sector económico sano en el seno de una sociedad económicamente comatosa. Por eso quizá Ronaldo se exhibe con Paris Milton, esa peligrosa ménade, sin que ‘FP’ se inmute. Todo por la propaganda. El deporte es hoy un auxiliar del negocio y no al revés.

El reparto

En Baena, como en Punta Umbría, como antes en Marbella y siempre en tantos lugares, los políticos corruptos han dado con la piedra filosofal que garantiza el beneficio y la impunidad de una sola tacada: el reparto. Se tapan bocas, se destruyen pruebas, se arruinan democracias, a base de premiar con adjudicaciones o pelotazos a los empresarios conniventes, o bien se castiga con el ostracismo municipal a los que resisten a entregar la “mordida” o a falsificar facturas. Nepotismo, favoritismo o puro y simple mangazo se han convertido en moneda común en nuestra vida pública. A ver cómo pedirle probidad a una ciudadanía que contempla estupefacta ese espectáculo y, lo que es peor, su impunidad.

Feliz cumpleaños

Es una proeza cultural lo que han hecho en Niebla (Juan José Oña y otros) desde hace un cuarto de siglo: un Festival de Teatro que se ha convertido en una de las citas anuales más prestigiosas y no sólo para la provincia, luchando contra mil obstáculo, como suele ser preceptivo en nuestra tierra, y sin hacer concesiones en ningún momento. Niebla ha ido a mejor, creciendo año tras años, luchando con dificultades mil, y no se ha plegado nunca a fórmulas decadentes. Hoy hemos de celebrar ese hito y considerar una simple nadería el quite malicioso de Serrato al tratar de politizar un evento que no es más que un éxito de Huelva, es decir, de todos los onubenses.

El hombre en la historia

Una viva reacción ha acogido en casi toda África las palabras del ex–presidente Chirac afirmando que el hombre africano no sólo habría entrado en la Historia sino que fue el primero en entrar, afirmación dirigida como un  torpedo dialéctico bajo la línea flotación de Sarkozy, quien habría expuesto en Chad, al principio de su mandato, que la situación lamentable del continente se debía justo al hecho contrario, a saber, a que el hombre africano no había ingresado suficientemente en la Historia. Es lo que pasa por confundir, quizá deliberadamente, Historia con Prehistoria, que es una de las fórmulas más acreditadas de que el neocolonialismo ha dispuesto en su abarrotada panoplia. He recordado a este propósito un artículo que Frobenius (el etnólogo, no el matemático) publicó, allá a finales de los años 30 del siglo pasado, bajo los auspicios de Ortega, y en el que revelaba testimonios bien concretos de viajeros que habían atestiguado la existencia de una vasta y rica civilización urbana en el luego asolado continente, porque sospecho que ni Chirac ni Sarko estaban pensando en esa fabulosa leyenda inexplicablemente olvidada en nuestra historias de la civilización. También nosotros los españoles del sur tuvimos nuestra “historia antes de la Historia” como atestiguan sin género de dudas los viajeros clásicos y, sin embargo, igual que los africanos, hubimos de aguardar largos siglos para entrar de nuevo en ese orden de la memoria que funciona como el gran legitimador cultural de la especie. Una simple ojeada a la crónica de la aventura humana nos deja bien claro que el progreso de los hombres y el auge de los grupos no ha sido en absoluto lineal sino, muy al contrario, quebrado o zigzagueante. De Atapuerca a esta nueva Babilonia el Hombre ha vagado hacia su futuro atenido a condicionantes que escapaban a su conciencia. Nuestra propia experiencia actual demuestra que, de hecho, a estas alturas, sigue sin saber a dónde va.

 

A los colonialistas –que venimos a ser todos los occidentales—nos costaría asumir el cuadro que pintaban los testigos de Leo Frobenius: todavía monsieur D’Elbé, visitando el reino de Dahomey, hubo de ver, “desde la costa hasta muy dentro del país”, terrenos cultivados, jardines deleitosos, grandes aldeas, ciudades con miles de habitantes trazadas a cordel y bordeadas de altas palmeras, ricos vestuarios, mujeres enjoyadas y casas “construidas con mucho gusto”. Es Europa la que “descubre” el negocio de África y la que, en consecuencia, hace retroceder al indígena hacia una prehistoria sustituida bruscamente por la realidad colonial. El resto bien lo conocemos sin necesidad de que los políticos medien con sus interpretaciones. Ésta tan reciente sobre la historicidad del africano, sin ir más lejos, no es más que la expresión de un complejo de superioridad que no entiende el presente probablemente porque nunca entendió el pasado.