El empleo precario

Cada vez que el paro baja, los loros del sanedrín de la Junta, así como los tan desprestigiados sindicalistas, salen a la palestra diciendo que, bueno, que sí, que es una buena noticia pero falsa en el fondo, ya que el se trata de “empleo precario”. Y lo es, y hasta quizá –me malicio– va a seguir siéndolo durante un tiempo más bien largo. Pero ¿cómo utilizan ese argumento quienes lo practican o consienten en la Administración pública? Miren, en el hospital onubense Juan Ramón Jiménez hay sanitarios a manojitos que trabajan agarrados a la brocha de un contrato temporal, y en muchos casos –sobre todo en Urgencias—hay médicos que suman ya hasta 30 contratos eventuales encadenados. La paja y la viga, ya saben. Quizá nadie haya hecho tantos encajes de bolillos con el empleo público como la Junta de Andalucía.

Opio y paciencia

Aunque se veía venir desde hace tiempo, al fin se ha consumado la tragedia: nos hemos quedado sin el “agon” de la Liga de Fútbol. Queda opio en la pipa, por supuesto, pero un opio pasado e incapaz de despertar las alucinaciones colectivas, una vez que ya sabemos quién va a ganar ese campeonato y, desde luego, quién no lo va a ganar, lo cual tenía mucho más morbo, como dice la plebe, mientras el protagonista se postulaba independiente, el antagonista español de una pieza y el deuteroagonista iba por libre aunque fuera con el cerrojo echado, el patalón bronco y su escarapela popular. ¿Qué hará ahora la inmensa parroquia de aquí al verano, sin esos aliviaderos del carácter, con la política bajo mínimos, en plan belga casi, y los arúspice escudriñando en las vísceras el perfil de un futuro más incierto que nunca? Ni Franco hubiera sobrevivido en un país sin fútbol ni expectativas, tieso como una mojama y sin saber, encima, a quién o de qué quejarse ya que, al fin y al cabo, la culpa de tanta incertidumbre es del elector novelero. Otra cosa es el palo que el hecho va a suponer para los mercaderes de audiencias, ahora que los espectadores saben de antemano que los resultados de los partidos no van a alterar ya gran cosa lo decidido. La paciencia habrá de sustituir al opio de aquí al verano, sobre todo en los fines de semana.
Al rebaño hay que mantenerlo apriscado llueve o ventee, de todas formas, de manera que el daimon misterioso que inspira nuestro subconsciente colectivo tendrá que echar horas extra ingeniándose interrogantes y admiraciones, prodigando las cuerdas de presos ilustres o repartiendo fantasías sobre ese futuro imperfecto que nos aguarda para cuando decline ya la primavera y aprieten las calores estivales. Rajoy y Cristiano se han suicidado por más que ambos sepan que, para entonces, puede que estén ya de cuerpo (civil) presente tanto Florentino como Sánchez. Vale, pero ¿cómo llegaremos hasta esas lejanas fechas sin los “¡huuuy!” futboleros ni las ilusiones políticas, cómo defenderemos que España es una unidad de destino en medio de este aburrido guirigay? Y eso no es lo malo, porque uno cree que tampoco en otras elecciones aclararemos mucho el panorama sino que todo quedará más o menos como está, salvo la paciencia de Europa. Estas cosas se las puede permitir Inglaterra, que siempre fue por libre. Me lo estaba temiendo desde que el Real empató en Gijón y Rajoy se dejó insultar por Sánchez en la tele.

Pleitos tengas

Pleitos tengas y los ganes, creo que dicen los gitanos. El jugado alrededor del hotel irregular del Algarrobico, por ejemplo: ¿cuánto nos llevará costado a los contribuyentes ese inacabable pleito, cuánto nos costará ahora el derribo? ¿Y cuánto habrá que pagarle a la promotora en compensación ya que la construcción se hizo con el visto bueno de la autoridad? ¿Pagará algo de esas minutas la Junta, tan complaciente durante años, lo pagará el Ayuntamiento si es que resulta responsable de algún permiso indebido, o quizá el Estado que vigila tan malamente los Parques Nacionales? Pues no: lo pagará usted, lo pagaré yo, lo pagará él, como siempre. Los políticos no responden casi nunca por sus errores. Y menos por sus intereses.

Otros canibales

El hombre no tuvo nunca reparos a la hora de comerse al prójimo. En la china remota –creo que era en Chu-Ku-Tien– los paleontólogos descubrieron cráneos perforados que probaban que la antropofagia fue un hábito. Lo mismo sostuvieron los antropólogos que estudiaron la cultura azteca y han atestiguado no pocos etnólogos en tierras africanas. Hobbes se llevó el gato al agua haciendo suyo el famoso “Homo homini lupus”, el hombre es un lobo para el hombre que, evidentemente, había copiado a Plauto de la Asinaria en la que el mercader le niega a un pedigüeño el dinero, con el argumento de que “Lupus est homo homini non homo”, es decir, que quien te es desconocido “es para ti como un lobo, no un hombre”. Muy cierto. Recuerdo unas fotos de Camboya en la que unos soldados exhibían el hígado de un enemigo que se disponían a comerse encebollado, lo mismo que Bokassa se comía a las estudiantes rebeldes. La última modalidad del canibalismo es el tráfico de órganos, denunciado muchas veces en Hispanoamérica, donde una veces se negocia con el donante y otras, simplemente, se rapta a los niños de la calle.

Lo que no conocíamos era la práctica hospitalaria de extraer a los condenados a muerte sus órganos vitales, autorizada por una fatwa que ve justificado el sacrificio de un apóstata cuando es en beneficio de un musulmán. La “religión de paz” ha tocado fondo, no cabe duda. Sé de una madre que, ante el cuerpo de su hijo en coma a causa de un balazo fortuito, autorizó heroicamente a los médicos a disponer de sus órganos como hacen, por desgracia, día tras día, los deudos de las víctimas del tráfico, una legión ajena a los lobunos, que más merece el lema “antropos antropou daimonion” (el hombre es un dios para el hombre) con que los paremiógrafos griegos solemnizaron el optimismo. Los lobos del terrorismo islámico han llegado a los quirófanos dispuestos a celebrar en ellos su bacanal cainita.

Triste foto

Pasó el 28-F, pasaron sus fastos y entusiasmos exclusivamente oficiales. No creo que ni dos docenas de andaluces se tomen en serio eso del “día de la Patria” ni comulguen con ciertos mitos que han sobrevivido al olvido. En la foto oficial de este año posaban dos ex-presidentes pero, ay, faltaban, otros dos, Chaves y Griñán, empapelados, de momento, por los ropones que entienden en los saqueos del último decenio: dos de cuatro (el quinto, quizá el más eminente, sólo lo fue pre–autonómico): no está nada mal. Pero, claro, esa foto elocuente le habrá sugerido a mucho peatón el retrato que podría haberse hecho con los cientos de imputados que en este momento embarran la autonomía. El festival político no puede ocultar la realidad: un 28-F más a la cola de Europa y la Justicia mordiéndonos los talones.

La balanza y la espada

No me sorprende, desde luego, la benigna condena de dos añitos cabales de esos que no se cumplen que le ha caído encima a ese antiguo inquisidor del PSOE –el que le dijo en el Congreso a Mariano Rubio aquello tan gracioso de “míreme usted a los ojos…”—y ex-presidente de la saqueada Caja de Castilla-La Mancha, el compañero Hernández Moltó. ¿Dos años por echar abajo a una entidad de crédito en medio de un aluvión de millones volanderos? Bueno, los jueces sabrán –y el legislador, por supuesto–, pero palabra que uno no entiende ya nada en este negocio de las corrupciones que la Justicia sobrelleva con guante de seda una veces, con mano de hierro otras. El alcalde jerezano Pacheco anda en el trullo y tiene un condenón de no te menees encima por haber contratado ilegalmente asesores, creo recordar, como lo está su sucesora, Pilar Sánchez por haberle dado trato de favor a una empresa, conceptos ambos que me parecen punibles, cómo no, pero que rechinan con la realidad judicial española. ¿Cómo explicar que ningún miembro de la familia Pujol haya estado aún en prisión o que Rodrigo Rato ande suelto después de saberse lo que ya se sabe de él mientras los Pacheco y las Sánchez pagan tan caro culpas indudablemente menores? Ya sé que el Derecho hay que entenderlo, que los legos no debemos juzgar sin conocer sus meandros pues los jueces hacen lo que creen justo de acuerdo con la ley. Y sin embargo, me pregunto –insisto—cómo explicar que por colocar a un tío en el Ayuntamiento o cosas por el estilo, le caiga a un alcalde monterilla un marrón mucho más grave que el que hubieron de padecer en su día un ministro y un secretario de Estado por un secuestro de Estado.
Quizá la causa de mayor desconcierto que experimenta el pueblo soberano sean estas sentencias tan legales, sin duda, pero tan escandalosamente contrarias al sentido común, en un país en el que se ha sancionado a un campurriano por arrancar una mata de poleo o por matar dos jilgueros mientras hay cientos de garduños, más del millar creo, que han arramblado con el erario público y –sin devolver un duro, por supuesto– siguen con su vida normal. ¡A que va a llevar razón el mismo Pacheco con su apotegma de que “la Justicia es un cachondeo”! ¿Correrá su misma suerte ese alcalde que ha dicho que, entre otras irregularidades, dio a dedo un contrato “porque le salió de la polla”? Hombre, si fuera del PP, no duden de que ya se le había caído el pelo.