“Apocalypse Now”

Le dice el papa Francisco a un periodista que Dios ha encomendado a los hombres algo así como el “cuidado de la Creación”, es decir, la discreta gestión del entorno medioambiental y, en consecuencia, la conservación de la Creación que cuenta el mito del Génesis. Casi al mismo tiempo veo inquietísimo en la tele las imágenes grabadas por un testigo de la avalancha de nieve avanzando sobre un pueblo alpino, inmensa como una metáfora bíblica, bella como suele serlo el peligro que acecha sin pausa. ¡El mundo se cae, la Tierra amenaza seriamente con venirse abajo a causa del calentamiento global en el que muchos no nos creíamos –mea culpa–, los glaciares encogen sus alas como pájaros invernales y el nivel del mar –ése del que el propio Dios alardeaba de mantener a raya para convencer a Job– dicen que puede subir de manera que haya islas que desaparezcan como la Atlántida platónica, y playas que se vean superadas por la rebelión de las aguas! Tanta negatividad acabará convenciéndonos de que la Creación tiene, efectivamente, un plan, una hoja de ruta, como diría hoy cualquier concejal medio qué, un designio que, lo mismo que tuvo un principio, tiene un final previsto que nada tiene que ver con la astrofísica y menos aún con la ontología, y en el que la aventura humana, en consecuencia, encontrará el fielato implacable. Al final, se comprueba siempre que el origen de todo mal está en ese hombre entre prometeico y pragmático en el que el Dios olímpico resigna las faenas más sucias.

Dicen los etólogos –les ahorraré la nómina—que los animales no racionales, es decir, todos menos nosotros los humanos, tienen un preciso instinto que les permite huir del peligro antes de que la catástrofe se produzca. Bandadas de aves, apretados “pots-purris” de fieras y hasta bestias domesticadas, huyen en dirección contraria al peligro como llevadas en vilo por un instinto providencial hasta ponerse a salvo. Sólo sapiens sapiens, con todas sus epopeyas y summas a cuesta, no responde al reto de una Madre Naturaleza convertida súbitamente en madrastra. ¿Vendrá ese apocalipsis anunciado, seremos algún día tan sólo un pueblo sospechado como los “atlántidos” que el Critias le contó Platón en el Timeo y le confirmó en el Critias, meras sombras itinerantes en el cinemascope de la memoria colectiva? La avalancha de nieve de que hablo era inmensa y hermosa como una tragedia en la voz de un aedo. El Mal sabe disfrazarse, pero a nosotros más nos vale no con fiar en él.

Susana, al Parlamento

Al fin, a Ciudadanos, el “socio para todo” de doña Susana en la Junta, le ha dado no sé qué y ha abierto la caja de los truenos absteniéndose ante la petición clamorosa de que la Presidenta comparezca en la comisión parlamentaria que investiga el fraude de los fondos de Formación. Ya ven, con lo sencillo que hubiera sido para ella –si es cierto que no tiene nada que ocultar—comparecer al primer envite para despejar dudas. Lo malo es que ahora ya no podrá decir que los trapicheos eran cosa de sus antecesores, pues han salido a la luz, denunciados por la propia UGT, los tejemanejes de los alquileres de sedes del partido al sindicato. La transparencia bien ordenada comienza por uno mismo. Eso puede entenderlo incluso la sección de C’s en Andalucía.

Match-ball

Me quedo de piedra al leer en el periódico esta noticia estupefaciente: “La mafia italiana controla a varios tenistas españoles”. Junto a ella leo que los independentistas catalanes trincaron el famoso 3 por ciento, que la Audiencia investiga sobornos de un par de empresas a cambio de obras públicas, que los paraísos fiscales custodian ya 7’6 billones de dólares, que el director de Aguas del Mediterráneo va camino del trullo o que el PSOE alquila sus sedes para cursos de formación al “sindicato hermano” UGT. Luego he escuchado atentamente a Federer reclamar al organismo acusador que haga públicos sin dilación los nombres de los tenistas “controlados” y en un programa deportivo que los ropones andan por medio de un partido amañado del Levante, y me a cordado de lo que Beni de Cádiz le dijo al gran Jesús Quintero en una de sus entrevistas cuando éste le preguntó que cómo veía él a España. “¿A España…? –repreguntó Beni frunciendo el ceño–: “¡To el mundo mangando!”. Los partidos, grandes, chicos y medianos, los sindicatos, las Juntas, los Ayuntamiento y las Diputaciones, las lumbreras refulgentes de la ingeniería política, los clubs la propia UEFA, alguna ONG y hasta la Familia Real: Beni no hacía ninguna “generalización” impropia sino que pintaba de un brochazo goyesco este paisaje nacional, entre solanesco y valleinclaniano, que se está viniendo abajo a velocidad de vértigo. La corrupción es el virus que infecta nuestra vida pública. Lo demás –lo que está ocurriendo en las altas esferas—no es más que espectáculo y función de bululú.
Es posible que esto termine por corregirse y la cárcel deje de ser un aparcadero de pobres para convertirse en un club de ricos y hasta de magnates, pero eso es, en todo caso, muy difícil de imaginar hoy por hoy, aunque sólo sea porque la Justicia desafía con ventaja a la tortuga de Aquiles. ¡Mira que corromper a los tenistas y a los peloteros! ¡Para que nos digan los políticos que no debemos hablar de “generalización” de las corrupciones sino de lo que ellos llaman “casos puntuales”! Nuestra vida pública está a un paso de la UVI y la privada sumida en el inevitable escepticismo, a pesar de que ya estemos viendo entre rejas a no pocos intocables. Hace falta una “katársis” o una triaca bien cargada que devuelva a la voz “decencia” su significado genuino, y a la política, en la medida de lo posible, su alícuota de dignidad. ¡Lo que Beni se estará riendo allá arriba! Aquí abajo, a muchos no nos queda más que llorar.

Viejas epidemias

La tosferina de las generaciones anteriores parece que anda suelta de nuevo entre la chiquillería. En cuanto se anunciaron un par de muertes infantiles, la Junta se precipitó, en plan Juana de Arco, prometiendo que, antes que ninguna otra autonomía, nuestro sistema público de salud vacunaría no sólo a las madres gestantes sino a los niños de 6 años. Pero el compromiso ha durado justo lo imprescindible para dar marcha atrás y alegar ahora que no lo hará porque el mercado está desabastecido. ¿Ven lo que ocurre por andar trapicheando con subastas de medicamentos en India o China e ikmponer “genéricos” a quien no se pueda pagar de su bolsillo el genuino? No permita Dios que la contramedida provoque alguna desgracia más, porque si así fuera la responsabilidad de la Junta no sería ya tanto política como penal.

Vivir y escribir

Vuelvo sobre Manuel Alcántara, ese decano de poetas y articulistas que acaba de recibir un homenaje en Málaga al que se ha sumado la nueva generación de plumíferos. Por la radio escucho una voz que se lamenta algo perpleja sobre la realidad de que escribir en Andalucía –¡ah, las “provincias irredentas”!—merma drásticamente si no es que cercena por completo el eco de un escritor, preguntándose por la extraña razón que provoca en un país como el nuestro que incluso quien es conocido en toda España desde hace muchos años, apenas si repercute en la audiencia madrileña que es, por lo visto y oído, la que cuenta. Bueno, tampoco hay que extremar el treno, habida cuenta de que el propio ejemplo de Alcántara prueba la escasa importancia que tiene el silencio alrededor del que escribe. Un día de estos, el próximo viernes 22, por ejemplo, la Real Academia Sevillana de Buenas Letras tiene previsto incorporar a Manuel a su nómina de académicos, decisión avalada por unanimidad por una corporación en la que ni siquiera ha habido que hacer la preceptiva “laudatio” porque, a la hora de propuesta, todos sus miembros reconocieron el subido valor de su poesía y el ejemplo singularísimo de su articulismo. Bienvenido sea, pero mi amigo Rafael Porras –que ahora dirige este papel—y unos cuantos más tenemos en mente el propósito de hacer una edición completa de su poesía, de la que Pepe Hierro me dijo una vez que, por encima de cualquier consideración valorativa, era, sin duda, “la más inspirada e intensa” de esa generación que felizmente Alcántara prolonga sin dejar la pluma.

No se trata de premios ni honores, evidentemente, entre otras cosas porque Manolo los ha tenido todos, sino de levantar ese nombre azacán de manera que pueda vérsele desde todos los confines de esta cuestionada patria. No sería justo que la gente nueva no tuviera a la mano esa obra extensa e intensa, humana –quizá “demasiado humana”–, hasta quedar desparramada en el camaranchón del olvido, como van quedando ya las de Salinas, la de Claudio Rodríguez, la de Valente, la de Eladio Cabañero, la de Luis Rosales o la del propio Aleixandre si me apuran, porque la memoria colectiva es tan arbitraria como débil. Son más de sesenta años escribiendo día a día –para ganarse el pan y la ginebra, como dice él–, callado, fuera del foro, periférico voluntario, escribiendo versos como brasas y columnas como cariátides. ¡Larga vida a Alcántara! Pocos poetas pueden escuchar eso boca de viejos y nuevos.

Hermanos separados

El sindicato UGT lleva trazas de dejar ser el “sindicato hermano” del PSOE para convertirse en el de los “hermanos separados”. ¿La causa última? Pues el “maldito parné”, los trinque y contratrinques desde el partido/Junta al sindicato o al revés. Tanto es así que, como ayer informaba El Mundo, la UGT ha puesto en manos del juez García Vélez, que instruye la causa de las facturas falsas, las prueba de que el PSOE trincó a su través de los cursos de Formación, ese escándalo que cien días después de inaugurarse la comisión parlamentaria, mantiene tapado bajo llave el presidente de la misma, un tal Julio Díaz, el comodín de Ciudadanos que doña Susana mueve como un cristobita. ¡Dónde hemos llegado, Dios! Si se entera Nicolás Redondo (padre) se sube por las paredes.