¡Que la echen!

Una funeraria gaditana ha denunciado ante la Junta el estado lamentable en que se encontraban los cadáveres de náufragos que debían ser trasladados a Marruecos, y la delegada de la consejería de Justicia en Cádiz ha contestado en plan bestia: “¡Peor podían estar si en vez de en el Instituto Anatómico-Forense permanecieran aún en la playa de Barbate!”. Brutal expresión, talante ignominioso, carencia absoluta de sensibilidad. Para esta tropa un cadáver en una playa es un mero incidente burocrático. ¿Será posible que dejen a esa bárbara sin piedad en su poltrona? Griñán debería salvar la dignidad de la autonomía ordenando siquiera un repaso a la desaprensiva.

Ahora, si

La voz del secretario de Organización del PSOE, Ignacio Caraballo, inmerso él mismo en el lío de las Mancomunidades y sus chanchullos partidistas, clama ahora para descalificar a los concejales que en Bollullos rompieron el pacto PSOE-IU en su pretensión de romper relaciones entre el Ayuntamiento y la Mancomunidad. Ahora sí vale lo de “tránsfuga” como baldón, al contrario de lo que sucedió cuando los tránsfugas de Gibraleón (¡a los que el propio PSOE tuvo que expulsar en principio!) o cuando el transfugazo de El Cerro y tantos otros arrebataron el poder a los rivales del PSOE. Ningún partido ha hecho honor, llegado el caso, al compromiso de excluir rectamente a los tránsfugas que comercian con su acta, pero el PSOE onubense encabeza hasta ahora esa ominosa clasificación.

El árbol seco

Mal debe de andar el PS francés cuando se movilizan frenéticamente los ‘fieles’ del partido frente a la ola de críticas que lleva camino de convertirse en tsunami. El siempre mediático Jack Lang, ya con un pie en el proyecto sarkozista, acaba de describir al viejo partido referente de la socialdemocracia europea como un árbol seco y ya sabemos cual es el destino previsible de todo árbol seco. Otro activista que no para esta temporada, Manuel Valls, habla sin tentarse la ropa de riesgo de muerte y desaparición del partido tras acuñar el lema “Cambiar o morir” que está haciendo furor entre la masa crítica. En el ‘Financial Times’ puede leerse la filípica de Julián Dray tratando de incompetente a la actual responsable de la organización, Martine Aubri, mientras la rival de la jefa, la correosa ‘zapatera’ Ségolène Royal, anda desaparecida en combate y el prestigioso dirigente de la nueva izquierda socialista que reclama la refundación, Arnaud Montebourg, anuncia que el partido está en peligro de muerte y que no es posible mantenerlo conservado en formol. Es evidente que algo falla en la base de la socialdemocracia tradicional europea cuando se toma a Obama por un socialdemócrata, como se hace aquí en España, y cuando la realidad es que se han volatilizado tanto los contenidos clásicos como los modernos de esa izquierda moderada o, como decía André Gorz mientras duró la ilusión de los años 60, “reformista no reformista”. Nadie le encuentra su lugar adecuado a la izquierda y menos al batiburrillo socialdemócrata, sobre todo una vez que la crisis ha puesto en almoneda la esperanza galbraithiana en el ‘Welfare State’ como panacea universal. No era sólo el “socialismo real” el que se vino abajo con el muro; también se derrumbó con él su contrahechura liberal y moderada. Una lástima, pero hay que reconocer que resuena cada día más el ominoso término radical que tanta murga dio en tiempo con los “socialtraidores”.

Y lo malo (o lo bueno, eso ya se verá) es que desde enfrente, los liberal-conservadores, es decir, los sarkozistas, ensayan sin prisa ni pausa una suerte de alianza libre a la que están incorporando estrellas fulgurantes del paisaje de la izquierda, desde Strauss-Kahn a Michel Rocard pasando por Lang y el nieto de Mitterrand. Quizá la propuesta cínica de que, en el fondo, hoy no existe diferencia sustancial entre derecha e izquierda está imponiéndose en la práctica política, algo que podría explicar el caos sin perspectivas en que anda sumido este último sector lo mismo en Francia que en Alemania, en Italia o Inglaterra. ‘Sarko’ ha apostado por la eficacia, por no mirarle a nadie el carné y por practicar una especie de “política de concentración” incondicional a la que se han apresurado a alistarse grandes líderes del socialismo histórico como los mencionados. Igual se impone con retraso la idea del crepúsculo de las ideologías que inventó Daniel Bell y copió aquí Fernández de la Mora. Lo cierto es que estamos en un momento crucial del modelo político habitual en nuestras democracias, por más que en España ni se hayan enterado los capataces del cortijo.

Debajo de un olivo

La consejera de Agricultura se ha sentado bajo un olivo y ha desgranado un elucidario de órdago. Dice que el Mercado necesita del Estado una vez probado su fracaso (¡), que la PAC es necesaria pero que deberá ser debatida (¡) en otoño por los andaluces, que Sánchez Gordillo lleva 30 años viviendo de lo suyo (¿no habrá mirado en inmediato derredor?) pero que no representa a nuestra agricultura, que no se fía de la calidad de las “marcas blancas”, que hay que resolver de una vez el bodrio de la Reforma Agraria (¡) y que hay que dar ejemplo, verbi gratia apagando la climatización y luz del despacho al salir. Me pregunto por qué expertos y agricultores están que echan las muelas con esta responsable del ramo.

Nunca acabar

Un secretario de Estado de Fomento ha estado en Huelva para confirmar, entre otras cosas, que le ministerio (el Gobierno) no tiene pensada siquiera la fecha en que el AVE llegará a Huelva. Tanto es así que por no haber, no habrá ni nueva estación, de momento, sin o una “provisional”, para ir dando el avío tampoco sabemos muy bien de qué. Nada, que o quieren contribuir al decisivo proyecto urbanístico del Ensanche Sur, que han decidido que a la Huelva de Pedro Rodríguez, ni agua, en la medida de lo posible, que aquí se carece de un partido del poder con fuerza para exigir si es que no es él mismo el que boicotea el desarrollo de la ciudad. Huelva será la última provincia en recibir el AVE, ya lo verán. Dando por descontada la probable reelección del alcalde, así hace tiempo que lo decidieron.

Ir de cobayas

Hay que volver sobre la gripe A, no hay más remedio. Por muchos motivos, dado que la confusión o desconcierto es cada día mayor, pero sobre todo por la noticia de que si la vacuna llega antes de lo anunciado por la OMS a España (hacia diciembre) será porque la autoridad acabe tragando con el proyecto de los laboratorios de “experimentar” el fármaco entre nosotros. Eso se hacía tradicionalmente con voluntarios del presidio o pobres desesperados y, en ese sentido, no deja de ser un progreso, algo así como un gesto demótico, el proponerle al pueblo beneficiario que se preste él mismo en plan cobaya para que el resto, y él mismo, puedan tener garantías de que le remedio es viable y no nocivo. Ahora bien, conociendo el paño, lo primero que se le viene a uno a la cabeza es por dónde se empezará el experimento, no sea que se nos dé como caso cerrado un plan de vacunación que comience por abajo y vaya ascendiendo luego. Por ejemplo, una pregunta: ¿se vacunarán en plan “experimento” la ministra del ramo y sus deudos más cercanos, lo harán el presidente del Gobierno y sus ministros para dar ejemplo cívico, veremos a los próceres de las finanzas y el gran mundo extender el brazo al sanitario para que le inyecte la vacuna de efectos aún desconocidos? Sí, me hago cargo de que enseguida se me objetará que esta pregunta es demagógica, aunque si les digo la verdad no sé por qué coños iba a serlo. Si yo tuviera la grave responsabilidad de disponer que se vacune a los hijos y nietos de los demás, palabra que consentiría en que los míos fueran también por delante. Pero aunque no la tenga, ¿no les parece consecuente mi inquietud ante esta incierta aventura sanitaria que se guarda muy bien de especificar por dónde comenzaría la experiencia?

Un paso al frente. Lo que tendría que pedir el Poder –pedirse a sí mismo– es un paso al frente, un gesto voluntario para ofrecerse como cobaya junto a las gentecillas del común. De otro modo, ¿cómo fiarnos de una ministra que, además, nada tiene que ver con la sanidad aunque la gobierne? Y no creo que lo haga, ya lo verán. Por eso me temo que en otoño, cuando se a anuncie la necesidad de vacunar poco menos que a ciegas, muchas voces habrán de levantarse reclamando ver a nuestros próceres encabezando la cola. Será una reacción muy natural, incluso si nos olvidamos del escaso crédito que conservan los poderes públicos. Alguien tendrá que ser el primero, ya lo creo. El toque estará en ver quién es ese alguien, y si no es quien debiera, o habrá desbandada o tragaremos aplastados por el complejo de cobayas. Que se vacune la ministra, la consejera, el Presidente y los secretarios de Estado. Porque aquí es que no nos fiamos ya ni del apuntador.