En casa del herrero

El Ayuntamiento de Punta Umbría acaba de batir un curioso récord de inopia al poner en circulación los dos autobuses eléctrico para uso turístico que, conveniados con los comerciantes, venían prestando servicio público, sin poseer matrícula ni haber pasado el trámite obligatorio de la ITV. El Ayuntamiento debe pensar que la ley no va con él o que, en última instancia, está en posesión de privilegios que no cuentan para los ciudadanos, y eso, además de una mala idea, constituye una pésima demostración de insolvencia administrativa. Esos dos autobuses “arrestados” en un garaje simbolizan el trapicheo municipal mejor que lo haría un tratado.

Vuelos rasantes

Informaciones que nos llegan desde el lugar de los hechos –la Bahía Bakari de las islas Comores—cuentan que los aviones que patrullan la zona del siniestro del avión  yemení han visto con horror como en torno a la macha de fuel que se presume provocada por aquel, nadan amenazantes los tiburones, probablemente atraídos por el fúnebre festín. Es la “struggle for life”, la lucha por la vida, después de todo, y para algo estamos en el aniversario de Darwin, comprobando a cencerros tapados el auge del darwinismo social en el panorama riente de nuestras sociedades solidarias. Algo parecido me habían contado ya (de buena fuente)  que ocurre en el Estrecho cuando las infames pateras que Marruecos deja fletar en su costa naufragan atestadas de criaturas, pero si traigo hoy la imagen de los tiburones yemeníes no es sólo por imperativo de la piedad perdida, sino porque es noticia el fracaso de la propuesta francesa de crear una lista de compañías aéreas que no ofrecen las debidas garantías de seguridad por emplear aviones con problemas e incluso algunos declarados oficialmente como inaceptables hasta el punto de negárseles autorización para volar en ciertos países. Nos enteramos, pues, de que, aparte de los tiburones marinos, que no hacen más que obedecer a la Madre Naturaleza, hay en tierra firme una seria organización de escualos dispuesta a lo que sea por defender su negocio, y que esa organización puede más que los propios Gobiernos. De hecho, la propuesta aludida ha sido inmediatamente rechazada por la organización de aviación civil internacional, la OACI, y desechada por la Comisión Europea, que ven en la medida algo mucho más inquietante que una mancha de tiburones rondando un naufragio. Las buenas iniciativas sirven muchas veces para desenmascarar, con su fracaso, las más bajas razones de la ferocidad.

 

El Airbus francés que se desplomó en aguas brasileras tampoco reunía, al parecer, todas las de la ley, lo cual revela que debe de haber mucho “low cost”, y quién sabe si mucho vuelo “regular”, volando sin reunir las mínimas garantías que impone la normativa. Aviones avejentados, aeronaves que no pasan el fielato de las revisiones obligatorias, son utilizadas a diario, por lo visto, aunque, probablemente, con preferencia, para cubrir servicios prestados a públicos pobres, y es tan fuerte el poder de los lobbies concernidos que ni siquiera las eventuales reacciones de los Gobiernos ante las catástrofes bastan para conseguir que se determine oficialmente quienes son esos carniceros que, por un puñado de dólares, trafican arriesgadamente con la vida ajena. Ya digo que ni siquiera esa imagen demoledora de los tiburones antropófagos ha bastado para cohibir a esa temeraria mafia de cuello blanco que cotiza en bolsa y trafica sin miramientos con la misma vida de las personas. ¿Por qué hay poderes por encima del Poder, cómo admitir que la propia vida cuente menos que la cuenta de resultados? Imagino el festín macabro y contrapongo el pavoroso cuadro al retrato de la taimada plutocracia. El mar es una inmensa tumba. La tierra un mar de injusticia.

Órganos maniqueos

Órganos maniqueos

El Consejo Audiovisual de Andalucía –que acaba de recomendar que se beneficie a Prisa devolviéndole la fianza que en casos anteriores se negó—es un órgano que no sirve más que para maquillar las decisiones de la Junta otorgándole una especie de legitimidad garantizada por su mayoría gubernamental. ¿Para qué mantener un carísimo organismo que vota por sistema y por mayoría a favor de la Junta con la consabida  oposición de la “oposición”? Estos órganos de extracción parlamentaria no son más que colocaderos dispuestos por el clientelismo de quien gobierna con la complicidad de quien se opone. Sería curioso conocer con exactitud cuánto se ahorraría la Junta suprimiendo de un plumazo esa prohibitiva comedia.

Mal futuro

Huelva no va bien. La provincia se va consolidando a la cola de Andalucía, digan lo que digan los dicharacheros de la política. La propia Unicaja –cuya proximidad a la Junta no es dudosa—acaba de anunciarlo al pronosticar que nuestro PIB se encogerá casi en un 5 por ciento mientras que nuestros parados aumentarán en un 10 por ciento, a pesar de que la tasa interanual iba ya por el 41. Malas noticias mientras la propaganda partidista continúa, crónica de catástrofe anunciada mientras nuestros políticos derrochan en sedes suntuarias o mienten con descaro sobre un progreso que los expertos no ven. Huelva no tiene quién la defienda, siquiera al nivel de otras provincias. La crisis va a demostrarlo sobre las costillas de los onubenses.

Paces romanas

Vuelve la política vaticana de las rehabilitaciones históricas, en esta ocasión para rescatar nada menos que a Juan Calvino, el complejo disidente de tan enorme influencia en la cultura y en la civilización occidental como mostró lúcidamente Max Weber. Habrá polémica, seguro, no sólo por cuanto sabemos de aquel tremendo que instauró la teocracia en Ginebra y trajo derechos como velas a los ginebrinos con sus ordenanzas disciplinarias, erradicó con rigor toda manifestación de divertimento y solaz, legitimó la violencia fanática, legalizó la tortura y apiló la leña en muchas hogueras para quemar vivos a quienes discrepaban de sus creencias. A Miguel Servet mismo, no por su trascendental hallazgo de la circulación periférica de la sangre, sino por un quítame allá esas pajas en torno al misterio insondable de la Trinidad. A lo mejor han pensado en Roma –y no les faltaría razón—que esa figura histórica de primerísimo nivel viene siendo deformada y mal conocida generación tras generación, tal vez porque la propia hegemonía doctrinal del catolicismo ha aprovechado esos extremos de su conducta para desacreditar a quien fue un complejo e interesante pensador y de quien se ha dicho, por si fuera poco (lo dijo Richard Stauffer, pero también otros historiadores) que además de un intolerante fue un precursor del ecumenismo. Echen una ojeada a sus polémicas (con Bolsec, con Castellion, con el cardenal Sandolet), a su testamento, a su denuncia del ‘nicodemismo’ o ambigüedad en la fe, pero sin perder de vista nunca su ámbito histórico, su contexto. ¿Se puede rehabilitar a un espiritual sentado sobre una pira? Ése va a ser un problema, me parece a mí, mucho más complicado de resolver que el simple reconocimiento de Galileo o ciertas peticiones de perdón prodigadas en los últimos tiempos. Hay cosas difíciles de superar en Calvino, como su fe en la predestinación que, sin quererlo, dio su mejor fundamento a la sociedad desigual en la Europa próspera. Pero hay imágenes, como las del potro o la hoguera, que deberían ser inolvidables.

 

Se explica el deseo eclesiástico por restañar las viejas fracturas que sólo la circunstancia histórica puede explicar. Pero esa actitud irreprochable choca con la rigidez con que se mantienen en el presente sanciones y anatemas. Quien haya leído un libro tan electrizante como el que al Jesús histórico ha dedicado Juan Antonio Pagola se echará las manos a la cabeza si se entera de que los mismos que le han impuesto severas correcciones a su texto concelebren, como quien no quiere la cosa, la rehabilitación de un espíritu tan elevado pero fanático como el de Calvino. No creo que sea justo poner en la misma peana a Calvino y a Servet, su víctima, por ejemplo. La simpleza de los argumentos que se vienen dando para justificar tamaño disparate (humanismo militante, fidelidad a los orígenes, pasión por la Biblia) sólo es comparable a la que se ha usado tantas veces para condenar a los disidentes actuales.

El mal ejemplo

Más noticias cobre el gigantesco latrocinio de Marbella, en esta ocasión en concreto sobre el “caso minutas”, que afecta, además de al inevitable Julián Muñoz, a algún personaje destacado de la vida andaluza. En cierto modo, este lento devanar la madeja de las corrupciones está provocando el pésimo efecto de difundir una imagen generalizada de la corrupción, la idea de que el saqueo de lo público se ha perpetrado y sigue perpetrándose a manos de personajes notorios cuya impunidad escandaliza tanto como sus fechorías. Es lo malo de una Justicia tan lenta y prolija, que permite que la mala imagen madure y se afiance en las conciencias. El final de esta lamentable historia debería ser, al menos, ejemplar.