Sin quitar ni poner

Hay una cosa que no se comprende en el laberinto dialéctico de los fosfoyesos, la sentencia incumplida, lasa discrepancias sobre el riesgo sanitario de las balsas o el acuerdo, según Chaves, ya firme, para el cierre de Fertiberia, y es que un solo eurodiputado ‘verde’, uno sólo, Mr. Hammerstein, traiga en jaque la Junta, al Ayuntamiento, a la propia empresa y al ‘sursum corda’. Antier nadie sabía nada del expediente abierto por la UE fuera de lo comunicado por el solitario y hasta Chaves echaba la pelota fuera diciendo que ya está acordado el cierre de Fertiberia. ¿Cómo es posible que toda la máquina de un Estado no sea capaz de presentarse en Bruselas y aclarar el asunto, al margen del Mr. Hammerstein y sus amigos onubenses? Teniendo en cuenta la cantidad de familias que penden de ese hilo merecería la pena movilizarse y aclarar de una vez –bueno, malo o regular—lo que haya de cierto en este enredo.

Cambios de sexo

Hace mucho que los sabios vienen estudiando la influencia de determinados productos sobre la morfología y la fisiología animal, pero parece que, en los últimos tiempos, ese interés se ha disparado ante la evidencia de que sustancias derivadas de la industria o la vida cotidiana están produciendo sobre algunos seres efectos tan espectaculares como el cambio de sexo. La pintura antiincrustante con que las navieras tratan de evitar la indeseable carga de moluscos y otras especie polizonas, por ejemplo, es considerada como un auténtico disruptor endocrino capaz de lograr el cambio orgánico de sexo de variadas especies, junto con otras sustancia como derivados de detergentes, cosméticos y hormonas sintéticas que, en realidad son contaminantes que actúan como verdaderas hormonas. La universidad del País Vasco, sin ir más lejos, ha descubierto que en ciertas zonas de su litoral es ya un fenómeno fácilmente constatable la presencia de peces bisexuales y mejillones hermafrotidas, y en zonas próximas a loe vertederos de aguas residuales de Guernica resulta que un tercio de los corcones machos son portadores de gametos femeninos y utilizan algunas proteínas específicas de las hembras, un fenómeno, en todo caso, prácticamente universal, por lo que sabemos, como lo demuestra el hallazgo  -lo mismo en Connecticut que en Arcachon– de hembras de caracoles carnívoros dotadas de pene. En Chile hay escritas experiencias más detalladas como ésa que revela el proceso de masculinización de hembras de moluscos acuáticos en las que se ha observado que primero desarrollan un tentáculo/pene, luego un vaso deferente, posteriormente el cierre de su orificio genital y, en fin, la pérdida de función de su ovario. La feminización afecta ya lo mismo peces que a tortugas, aves e incluso mamíferos, toda una revolución genética como para volver loco al pobre Noé.

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Hoy que se habla con la debida con naturalidad de los transexuales es evidente que el sexo, como concepto natural, ha perdido en enorme medida su trascendencia decisiva. La ley española no exige para pasar de un sexo a otro –algo que habría sigo considerado “prodigio” hasta antier como quien dice—más que la constatación forense de que el sujeto que aspira al cambio sufre “disforia” ante su estado presente, es decir, lo contrario de la “euforia” que inspira a otros la circunstancia contraria, y es harto sabido y no poco cuestionado que semejante disconformidad con la propia naturaleza justifique que los gastos de la fantástica transformación requerida vayan a cargo del maestro armero, es decir, de todos y cada uno de los contribuyentes. La linde o divisoria entre los sexos (que no entre los “géneros”, que eso es otra cosa) es cada día más leve, pero la Madre Naturaleza, siempre atenta y providente, se está encargando de quitarle hierro a la cuestión poniendo de relieve la, en definitiva, relatividad de una diferencia que la mera lixiviación del óxido de estaño es capaz de producir en un molusco o en un gasterópodo. Macho y hembra no son ya o cada vez son menos hechos cerrados e incontrovertibles, sino meras situaciones originales sujetas a cambios lo mismo que tantas otras condiciones del cuerpo. Quizá André Suarès sabía lo que se decía cuando

propuso que el sexo es el cerebro del instinto, aunque no se me oculta que con esas tres palabras –sexo, cerebro e instinto—las combinaciones que pudiéramos hacer no habrían de ser pocas. La “inteligencia laica” a la que Salvatore Quasimodo atribuía los colosales progreso de la Humanidad, ha de reconocer, por su parte, que la propia lógica de esta vida perra, con sus abusos y violaciones, ha sido capaz de alterar el plan creacional atribuyendo el sexo por la simple acción de una sustancia capaz de actuar como una hormona. A Noé le hubiera sobrado la mitad del Arca, al paso que vamos. Lo que no sé es en que peña vamos a encallar con el nuestro el día menos pensado.

Relevo en Canal Sur

Hay que ser muy ingenuo para imaginar siquiera que el PSOE –al que la normativa de la elección del director de la RTVA garantiza hacer lo que le dé la gana—va a arriesgar lo más mínimo el principal instrumento de influenciación de masas de que dispone en Andalucía. Canal Sur ha sido desde su creación el gran montaje propagandístico del “régimen” y lo seguirá siendo mande quien mande (aparentemente) en él pues es obvio que, sea quien sea, empezará y acabará como títere de la Presidencia. El director de Cala Sur es una cara interpuesta, un buco expiatorio, un frontón para devolver los pelotazos, pero poco más, aparte de los manejos. En Canal Sur no manda nadie a más de dos metros de Chaves. En ese senti, a uno ( a mí mismo) le da igual que cambien de director o dejen al mismo para los restos.

De espaldas

La Junta ve cómo se le viene abajo el Consorcio proyectado para desarrollar el área de transporte provincial en vista de la negativa del Ayuntamiento capitalino y de algún otro de desentenderse de él. El propio Jiménez, ese autodidacta excluyente, reconoce ahora que sin la capital el proyecto carece de sentido, algo que debió pensar durante todo este tiempo en que ha ignorado olímpicamente al gobierno municipal por razones, no hará falta decirlo, estrictamente partidistas. Este vivir de espaldas unos a otros, como si la representación del pueblo fuera fragmentable, le está saliendo por un pico a los onubenses, que son  los paganos de los odios públicos y de esa forma supina de incompetencia que es la rivalidad por la rivalidad.

‘Mysterium fascinans’

Stephen Hawking anda por España recogiendo merecidos premios y pontificando sobre lo humano y lo divino. Ha ido, para empezar, a Santiago de Compostela, como cualquier peregrino, para admirar el botafumeiro e invocar al Apóstol pidiéndole “esperanza, justicia y paz en los corazones”, pero luego, en la presentación de un libro escrito al alimón con su hija, ha opinado que puesto que “el universo está gobernado por leyes científicas y que éstas, para ser leyes, deben cumplirse sin excepción”, la realidad es que en la teoría “no queda mucho espacio para Dios o para milagros”. Hawking es teórico arriesgado y no se tienta la ropa para avisar que, en cosa de un siglo, el hombre habrá arruinado el planeta Tierra, lo que supone que nuestro futuro, es decir, el de la Humanidad doliente, está en el espacio, liberada ya de este “provincianismo terrícola”, o bien de que en un plazo por determinar pero seguro, la Ciencia será capaz de descifrar enteramente el genoma humano y, en consecuencia, de modificar a placer el tamaño de la inteligencia, los instintos o la duración de la vida, originando unos seres ‘superhumanos’ con los que serán incapaces de competir los no favorecidos por esos cambios. Es fantástica la aventura intelectual de Hawking, casi hipnóticas muchas de sus hipótesis, pero desconcertantes en no pocas ocasiones como ésta en la que peregrina e invoca al Apóstol al tiempo que niega la divinidad. Eterna cuestión, en definitiva, que no va a resolver él ni nadie, probablemente, quizá porque el viejo dilema “razón vs. fe” no convence a fondo a nadie que no esté previamente dispuesto a ser convencido. Hay ‘razonantes’ que creen y ‘espirituales’ que descreen, qué duda cabe, en esta historia entre atormentada y conformista de la que venimos todos. El problema quizá resida en la clásica manía de enfrentar esos dos planos de conocimiento como si eso fuera posible, que creo que no lo es. El Dios de Agustín no es el de Spinoza, pero ni a uno ni a otro lo desborda el misterio final –“fascinans o “tremendum”, por seguir la terminología de Otto—que, con ‘Big Bang’ o sin él, deja las cosas como estaban. Decía Cassirer que el hombre es un animal mítico y la verdad es que esa propuesta sigue ahí.

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Es jodida la manía de los cosmólogos de meterse en teologías como lo es la de los teólogos de entrar a saco en el saber científico que, salvo en cuestiones hermenéuticas, tiene más bien poco que ver con el suyo. La propia Roma ha coqueteado con la teoría del “Universo estable” de Fred Hoyle y algún otro pero sin escatimar arrumacos a la hipótesis del ‘Bing Bang’, otra incongruencia más bien gratuita puesto que insisto, modestísimamente, en que cualquier solución que se le dé al origen del espacio-tiempo y al surgimiento posterior de la materia nos deja en el mismo sitio en que estábamos cuando nos planteábamos la duda genesíaca de la Creación. Hoy esas teologías discurren por senderos bien alejados de los que, por poner un caso, planteaba en su prosa laica Merleau-Ponty cuando escribió su fabulosa “Cosmología”, acaso por el discreto convencimiento de que ni la función de la Ciencia es debelar a Dios ni la de la Religión competir con la Ciencia. No sé, puede que razón y fe sean senderos que se bifurcan, como diría Borges, paralelas sin asíntota posible, ojos que corren el riesgo de abrasarse mirando cada cual al sol que no le corresponde. Ahí tienen a Hawking invocando al Apóstol pero echando a Dios del templo, peregrino en sus visiones pero impedido de contemplar el Pórtico de la Gloria. Pocas bobadas como esta porfía inmemorial, ninguna tan insustancial como la pretensión recíproca de lanzarse el anatema. Ni Dios se demuestra ni el teorema se cree. Quizá nuestro genio ha querido estar en misa y repicando, no lo sé. Lo que sí digo es que no hay nada como la discreción para garantizar la coherencia.

IU se enroca

Frente a la corrupción. IU ha propuesto al PSOE en el Ayuntamiento de Sevilla –donde uno de sus más destacados ediles ha debido irse abrumado por la evidencia de sus irregularidades—un pacto frente a quienes osen denunciar corrupción en el consistorio, no dice si con razón o sin ella, sino simplemente denunciar. ¡Vaya enroque en la posibilidad de corrupción, vaya dislate en plena vorágine de denuncias que hablan de facturas falsas (que está publicadas), de obras públicas fingidas, de nepotismo disparado entre los mandamases y sus familiares. ¡La fuerza que hizo bandera de la lucha contra el agio, protegiendo una situación insostenible, los “incorruptibles” inventándose el maniqueo y la conspiración para permitir lo que sea bajo la manta. Con Julio Anguita habría ido a la calle el de la propuesta. O más fácil, nunca hubiera osado sugerirla siquiera.