Bronca interna

No está conforme el PSOE onubense con la providencia del Gobierno sobre el ERE de Ercrós, que le parece incluso, y no le falta razón, obra de “un burócrata” sin alma. El problema es que ese burócrata desalmado lo tiene el PSOE onubense dentro de casa, circunstancia que, por un lado acredita el valor del gesto pero, por otro, ay, nos sume en la perplejidad en la medida en que cuesta creer que en Madrid el partido tome decisiones que ignoren sus conmilitones de Huelva. Sin contar con que nada le reprocha el PSOE onubense a esos sindicatos que han firmado con el Gobierno ese acuerdo discriminatorio para nuestra provincia. No cabe duda de que la indignada protesta del PSOE onubense es meritoria aunque le queden graves extremos por explicar para que todo no parezca una simple bronca interna o un simulacro circunstancial.

Tres cervezas

Ayer, madrugada en España, acudieron a la Casa Blanca para tomar una cervecita con el Presidente el profesor negro y el sargento blanco que protagonizaron el incidente de Cambridge, todo un gesto de la presidencia, acuciada, también es cierto, por una reacción no poco histérica de la opinión pública, que ha entrevisto en un simple comentario de Obama –calificar de ‘estúpida’ la actitud del policía—el viejo fantasma del racismo. Por parte del Presidente, no cabe duda de que su agilidad al autocensurarse y dar marcha atrás sin complejos acredita una buena salud política y un excelente sentido de la oportunidad que ya querrían para sí muchos barandas, pero no deja de resultar un poco forzada toda esta tramoya del frenazo, las explicaciones y la cervecita, dada la relativa insignificancia del desliz presidencial. ¿Se hubiera movido una hoja de haber sido un presidente blanco el que calificara de ‘estúpido’ a un sargento negro? Pues, francamente, me parece más que improbable, lo que quiere decir que, en el fondo, ese rescoldo nunca apagado del racismo yanqui está en el propio criterio público, adherido como una lapa al inconsciente colectivo, más que subyacente en el vocabulario de un presidente en el color de cuya piel parece que se ha querido ver, a la primera de cambio, la sombra del viejo pleito. En USA hemos visto moler a palos a un negro y hasta abrasar viva a una familia de negros sin que el ruido y la furia pasaran de la letra impresa y, desde luego, sin que la Casa Blanca viera en la precisión de referirse al suceso. Algo ha cambiado, pues, en la gran democracia americana, y algo tan sutil que se manifiesta con estruendo sólo porque al presidente se le escapa un adjetivo inadecuado a la hora de referirse a un poli blanco por haber detenido a un profe negro.

Desde el entorno de Obama los consejeros se han movilizado para animar el cotarro con el mensaje de que, como no hay mal que por bien no venga, en fin de cuentas el término despectivo del Presidente va a servir no sólo para dar una soberana lección de humildad a tirios y a troyanos, sino para mejorar unas relaciones (sic) entre la policía y la población que, por lo que se ve, no resultan idóneas, hoy por hoy, ni para blancos ni para negros. Los negros que necesitaron dejarse matar en Normandía o en Vietnam para ver medio reconocidos sus derechos elementales, son recibidos hoy en la Casa Blanca en pie de igualdad con los caucasianos para compartir una amigable cerveza con el mismísimo Presidente. Desde luego, si todo esto no es un habilidoso montaje de su gabinete, merecía serlo. Pocas veces un Presidente americano ha hecho más con menos por superar el racismo, que Obama con esas tres cervecitas que valen por media campaña.

Idea de la decencia

Hace unos días el consejero de Empleo, personaje inefable, exigía “decencia” a los mineros de Boliden que protestan por el incumplimiento del compromiso de recolocación de la Junta. Ahora sabemos que de los 1.900 parados que dejó en la cuneta la otra multinacional, Delphi, y a los que la Junta prometió colocar antes de tal día como ayer, sólo 90 han conseguido lo comprometido. ¿A quién hay que exigir decencia, consejero, a los trabajadores maltratados o a quienes, en cada caso, los trastean por bajo desde los despachos para salir del paso? La próxima vez que se produzca un conflicto similar la Junta va a pintar poco. Quedará solo el conflicto con todas sus consecuencias.

En el peor momento

Tremendo el accidente de la mancha de petróleo frente a las playas de Mazagón y Matalascañas, esos dos buques-insignia de nuestro hoy apurado turismo, no sólo por el efecto negativo que pudiera tener sobre la demanda si no se controla a tiempo y adecuadamente, sino por la posibilidad de que el viento y las mareas desplacen la mancha hacia Doñana, una eventualidad que debería estar prevista a la hora de planear este tipo de actividades en nuestra costa. Habrá que confiar en la Providencia ya que de los despachos cabe esperar cada día menos.

Alianza imposible

Una crónica espeluznante de Javier Espinosa, nuestro corresponsal volante que recorre en estos momentos Irak, nos ponía hace poco delante el horroroso cuadro de la tiranía fundamentalista islámica que representa Al Qaeda aunque, desgraciadamente, no en solitario. Prohibiciones del maquillaje femenino o de la música, imposición del velo en la mujer, cabezas cercenadas exhibidas como trofeos de guerra y, en fin, niños suicidas –los “pájaros del paraíso”—adiestrados para inmolarse en actos terroristas. Al mismo tiempo llegan desde Somalia la noticia de que siete personas han sido decapitadas en público por las juventudes extremistas de Al Shabaad, acusadas de ser espías por el hecho de ser haberse convertido al cristianismo. La furia de esos radicales se ha cobrado también víctimas en Yemen, donde han sido sacrificadas dos cooperantes evangélicas alemanas y una coreana, o en Indonesia, la gran potencia islamista de Oriente, en la que hace poco un pastor protestante y su esposa fueron asesinados a machetazos. En Somalia, por otra parte, un padre y dos hijos –de 11 y 12 años de edad—han sido igualmente decapitados, junto a otra veintena de personas, por no delatar el paradero de un líder cristiano, al tiempo que se reafirma la vigencia de la ‘sharia’ que impone el uso del velo y establece la amputación de miembros como pena del ladrón, en un intento de establecer el control teocrático de todo el país bajo un régimen integrista cuyo objetivo número uno, por cierto, no es otro que Javier Solana. La “alianza de civilizaciones” es hoy por hoy el sueño de la gallina que corre sin rumbo y libre de su cabeza cercenada.

Se reafirma la idea lanzada por Huntington del “conflicto de civilizaciones” sobre esa milhoja retórica de la “alianza” que propuso Jatami y sostienen –ni que decir tiene que a título retórico—esa desconcertante y ocasional pareja de Estados que son España y Turquía, aunque sólo sea como recurso para entretener a sus respectivas opiniones. El rumbo que van tomando las cosas en Afganistán, las perspectivas iraquíes tras la próxima retirada americana, la presencia incontrolada del terrorismo internacional y el salvajismo patente allí donde el islamismo consigue el poder, conducen a la evidencia de que cualquier acercamiento amistoso a esa realidad fanatizada resulta de todo punto imposible. Obama puede elogiar la convivencia las “tres culturas” sólo porque sus asesores no conocen ni de oídas la crónica de la barbarie almohade, pero carece de sentido, además, retrotraernos al siglo XI cuando en el periódico del día nos llega la imagen tremenda de esos siete cristianos decapitados en Baidoa o esa otra, definitiva seguramente, de las cabezas infantiles rodando por la plaza pública.

Insolvencia y clientelismo

No sé qué se funda la oposición, la verdad, para exigir al consejero de Empleo que dé cuentas del nombramiento para dirigir nada menos que el Servicio Andaluz de Salud en Cádiz a un sujeto sin la capacitación debida. Que sea funcionario del grupo B en lugar de serlo, como es preceptivo, del grupo A, no me parece, a estas alturas, ninguna excepción ni dadas las circunstancias, mayor motivo de escándalo. Peor sería –de ser cierto– el rumor oficinesco de que algún prominente consejero ha hecho jefe de gabinete a su coger, y me temo que si se acercara la lupa a los plantillas habríamos de encontrarnos con otras sorpresas igualmente raras o más. Pero ¿por qué hablar de segundos niveles estando ahí el despiporre de los primeros?