Huelva discriminada

La provincia de Huelva recibirá menos dinero que ninguna otra de las andaluzas en función de su menor población. Un criterio simplista y rígido, en este caso, porque ello la condena a agrandar la diferencia que la separan de las demás, y que no se explica más que por el hecho de que el PSOE da por consolidada su hegemonía suficiente en la circunscripción y no ve, por tanto, necesidad de favorecerla como sería menester. Un ciudadano paga en Huelva los mismos impuestos que sus paisanos del resto de Andalucía, tal vez aporta más al IRPF en conjunto, pero recibe menos que ellos del Estado y de su propia autonomía. He ahí unan injusticia de la que los electores onubenses deberían tomar nota.

Meterse en Honduras

El cardenal Madariaga, viejo amigo de los pobres de su región y gran conocedor del paño hispanoamericano, está a favor de lo que ha sucedido en Honduras, es decir, a la deposición del presidente Zelaya por orden judicial tras la aprobación casi unánime (a falta de cuatro votos) del Congreso. Dice que Zelaya no es más que un peón de Hugo Chávez y que lo que ocurre en Honduras es consecuencia de un insoportable estado de pobreza y desigualdad que favorece los proyectos demagógicos, bien conocidos en un país de tan lamentable tradición dictatorial. Un golpe de Estado hubiera sido la ocupación del poder por el ejército pero no la reacción de los poderes civiles legítimos ante una sistemática violación de las leyes y un proyecto de perpetuación en el poder similar al que ya han implantado en sus feudos el propio Chávez, Hugo Morales, Correa u Ortega. Y un golpe de Estado hubiera sido el cambiazo constitucional que pretendía perpetrar un Zelaya a punto de consumir su legislatura. Madariaga sabe que el Vaticano calla y otorga frente a la reacción generalizada de las democracias de Occidente que, cosa curiosa, parecen ignorar los anteriores extremos, en especial la diplomacia española que dirige Moratinos de modo tan celoso contra incidentes como el hondureño mientras celebra, apoya y promociona a un golpista tirano como Obiang. Un asunto difícil, sin duda (la forma en que se perpetró la expulsión del Presidente, condenada por Madariaga sin ambages, fue un craso error y una barbaridad), de esos que parecen no tener salida al menos en un plano teórico. Aún recuerdo el seísmo provocado por el apoyo intelectual y político generalizado al auténtico golpe antiislamista que tuvo lugar en Argelia una vez que los ganadores de los comicios anunciaron la supresión de toda legalidad ajena la ‘sharia’. Puede que este proceso reproduzca aquel otro, hoy olvidado por completo.

La tesis de Madariaga va ganando terreno sin perjuicio de que el conflicto interior se agrave en Honduras –un país entrenado por el “bolivarismo” en el odio de clases, según el cardenal y muchos observadores—sin que se advierta la menor disposición de algunas democracias discrepantes por reconsiderar los hechos. “Nunca estuvo el país más dividido”, nunca le pobreza extremada se vio involucrada en un embarque como el que le tiende Chávez en su afán de consolidar su proyecto de ese “hemisferio rojo” en el que las leyes son palimpsestos en manos de los dictadores populistas, golpistas muchos de ellos. Y España alineada con éstos como si populismo y dictadura fueran una novedad para nosotros. Puede que se acabe lamentando esa actitud cuando sea tarde pero entonces serán enormes las dificultades para justificar un prurito democrático que no justifica en absoluto cerrar los ojos ante la realidad.

Chaves se va

Chaves escenifica estos días su retirada “voluntaria” del primer plano político. ¡Como sino estuviera a la vista su destino en manos de ZP! Y pretende reeditar la “monocefalia” andaluza (partido y Junta en las mismas manos) postulando a Griñán como jefe de un partido tradicionalmente conflictivo y en el que él carece de toda preeminencia. La realidad es que Chaves –apeado de su podium andaluz—es un político amortizado al que ZP ha puesto fecha de caducidad y al que las circunstancias han llevado a una tesitura difícil de eludir. El toque estará en ver si se logra ir de rositas o se va chamuscado. Pero irse, es obvio que se irá más pronto que tarde. Que Griñán sea capaz o no de sucederle a la cabeza del “régimen” es ya harina de otro costal.

Los nuevos esclavos

UGT ha denunciado la existencia, según el sindicato, de lugares “perfectamente delimitados y localizados” donde ciertos empresarios contratan ilegalmente a trabajadores. Lo ha denunciado ante la Subdelegación del Gobierno, pero ni ésta sumisa oficina, ni la Inspección de Trabajo ni los servicios de la Junta han movido un dedo por evitar semejante e inhumano abuso. Son los nuevos esclavos, los trabajadores sin derechos, la mano de obra de ese famélico “ejército de reserva” que es maltratado sin piedad a la sombra de nuestro sistema de libertades. El Parlamento, si tuviera vergüenza, debería exigirle a esas instituciones una explicación. Si no se la exige será porque no la tiene.

La vuelta de Mr. Witt

No cabe duda de que la célebre novela sobre el cantonalismo que popularizó Sender no era tanto un ejercicio arquelógico como una reflexión sobre la actualidad, es decir, sobre los problemas de la Segunda República. El cantón de ‘Mister Witt’, con sus ilusiones y fracasos, con sus dramas y tensiones, permitían a Sender avisar a sus contemporáneos rigurosos sobre los riesgos ciertos que encerraba un proyecto político nuevamente atentatorio contra la unidad histórica y natural de la nación. Mitos aparte, venía a traslucir la odisea, el plan de disolver España en mil taifas, como proponía ingenuamente el modelo federal, implicaba un trágico derrumbamiento del edificio nacional entero, con perjuicio de todos y beneficio de nadie. Sender escribía temeroso de ver reproducidos tanto tiempo después aquel “déjà vu” que sólo el empecinamiento y la ignorancia permitían mantener vivo en la memoria y el deseo de algunos y, ciertamente, la Historia se encargó de demostrar que no le faltaba razón. De esa novela se habló no poco mientras duró la Transición y flotaban todavía en el aire dudas sobre el modelo constitucional que habríamos de seguir, y volverá a hablarse tal vez ahora que desde la taifa catalana ya no se disimula el desafío ultraconfederal y hasta hay quien habla, oficialmente, de ganarle por la mano al Estado en la negociación de las autonomías. En esas estamos –“Hemos plantado cara al Estado y hemos ganado”, han dicho—como si esa afirmación fuera posible y tolerable en un Estado medianamente sólido. En USA o en Francia semejante jactancia hubiera provocado un seísmo capaz de echar abajo diez Gobiernos. En España no va a ocurrir nada porque es el Gobierno precisamente quien se ha ocupado de dar la razón al jactancioso con su temerario entreguismo.

En legislatura y media han puesto en almoneda el valor esencial del Estado, han dejado a los pies de los caballos un proyecto de convivencia basado en la solidaridad y respaldado por la autoridad legítima. Pero nunca habíamos vivido un reto tan insultante como el que acabamos de ver, con un régulo proclamando su victoria sobre el reino, más allá de todo derecho y por encima de toda lógica. La compra por parte del Gobierno de su continuidad al precio de la fractura de hecho del Estado no puede ser una anécdota, sino que será el principio de una fase nueva en que la única razón válida frente al Estado será la capacidad de chantaje de cada autonomía. ZP es rehén desde ahora de un sistema de taifas mal avenido. Los españoles no seremos más que figurantes en este drama en el que nada pinta el bien común comparado con la conveniencia de Zapatero. “Nos hemos enfrentado al Estado y hemos ganado”. Una declaración de esa naturaleza resulta incompatible con cualquier democracia por poco que se cotice.

Andalucía se rinde

Servidumbre y disimulos tras el injustísimo “acuerdo” de financiación autonómica en que el Gobierno ha roto la solidaridad forzada por el reto catalán. Cobrarán más los más ricos a costa de los más pobres con tal de que ZP siga siendo presidente de Gobierno, con la blanda oposición del PP y el aplauso de una autonomía andaluza que ha desempeñado con rigor su papel del palmero en esa juerga. La España de las Autonomías será progresivamente desigual y Andalucía mantendrá su puesto de colista con la sumisa anuencia de sus responsables junteros. Lo que acaba de ocurrir es lo más grave que ha sucedido en la historia de nuestro modelo democrático. Andalucía se ha rendido con armas y bagajes ante la presión de una fuerza mucho menor.