Presidente con antena

Algo habrá que decir sobre el encumbramiento a la cúpula del PSOE olontense del habilidoso que con su antena ilegal logró impedir que Gibraleón se enterara de lo que ocurría en el Ayuntamiento interfiriendo a la propia emisora local, hechos por los que está imputado que yo recuerde. ¿No tenían otro, tan baja va la autoestima y el respeto propio para premiar a los tramposos y poner el partido en bajo la presidencia de un sujeto capaz de sabotear la televisión del propio Ayuntamiento? Parece como si el PSOE onubense anduviera empeñado en culminar la sucia operación del “transfugazo” que arrebató la alcaldía al PP mimando a sus fautores y premiándolos a manos llenas. La elección del “antenista” a presidente local constituye un trágala no sólo a los ciudadanos atónitos sino a tanto militante honrado del PSOE como anda por ahí escondiendo su vergüenza.

El mono y el ratón

Un  fundamentalista islámico de nacionalidad turca acaba de ofrecer seis millones de euros a quien sea capaz de demostrar científicamente la teoría de la evolución expuesta por Darwin hace siglo y medio. Sostiene el hombre que se arriesga poco dado que tiene comprobada la identidad de los fósiles en todas las edades y asegura haber vendido en Turquía –un país donde, según las informaciones disponibles, solamente un cuarto de la población acepta el darwinismo—ocho millones de ejemplares y que su empeño se base en el convencimiento de que la teoría de la evolución es un “complot satánico” del que se habrían derivado, a un tiempo, el nazismo y el comunismo más extremo, así como el terrorismo contemporáneo. Por su parte diversas noticias se refieren a la actividad de los ulemas que con sus ‘fatwas’ se encargan de condenar sin contemplaciones toda conducta que no venga explícitamente determinada en el Corán, peligrosa y subjetiva forma de jurisprudencia de lo menos prudente que, en la cumbre del desvarío, acaba de condenar expeditivamente al ratón ‘Mickey Mouse’ al que considera un “soldado de Satán” que debería ser ejecutado aunque sólo sea porque el famoso dibujo exalta e incluso mima a una especie animal, los roedores, ya condenados por la ‘sharia’ islámica como reos de corrupción. Condenas contra escritores, alguna contra los dueños de televisiones de contenido inmoral (valga la redundancia) o dirigidas a eliminar la escultura en el mundo o contra la teoría de la evolución, ponen en evidencia a unas sociedades atrapadas entre el peso fatal de su arcaísmo y la relativa modernidad que intentan introducir sus propios Estados, pero sobre todo, demuestran la vanidad que supone cualquier proyecto de acordar con ellas alianzas que garanticen lo que en el mundo desarrollado se consideran derechos esenciales. Un clérigo del más alto comité del islam suní, Al Azhar, dictaminó que un varón y una hembra sin relación legítima podrían convivir en una oficina con la condición de que el varón fuera amamantado cinco veces al día por ella con objeto de crear un vínculo materno. ¿Le parece al lector compatible este estado de cosas con un proyecto unificador de civilizaciones?

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No hace mucho la prohibición le tocó a los perros, considerados malditos, como los cerdos, en el texto coránico –razón por la cual está prohibida su tenencia salvo para estrictos cometidos de guardia y vigilancia–, lo que obligó a la autoridad a disponer cerca de Teherán una cárcel para canes cuyos duelos fueron severamente advertidos de su trasgresión y castigados en consecuencia. Pero no se trata de multiplicar los ejemplos sino de poner en evidencia, una vez más, la inviabilidad práctica absoluta de acordar y unificar criterios entre regímenes teocráticos ensimismados en su propia lógica y sistemas sociales basados en la libertad del individuo y en la consiguiente defensa de sus derechos fundamentales. No hay nada serio que hablar con un sujeto que se cree con derecho a lanzar su condena contra alguien por el simple hecho de que su conducta discrepa de su criterio subjetivo, ni en la vida privada ni en la vida pública. Nada tenemos que discutir con quien cree maléfico al ratón ‘Mickey’ u ordena dar muerte a un ciudadano porque produce programas considerados inmorales por su código particular. Lo que no quiere decir que haya que plantear la relación con ese mundo en términos conflictivos ni excluyentes sino que es obligado encontrar fórmulas de respeto mutuo basadas en el reconocimiento de la libertad y no sujetas en ningún caso a la imaginación religiosa. Al mundo de la ‘sharia’ hay que hacerle entender que sus normas son particulares y que el concepto ‘ilustrado’ de convivencia excluye fatalmente la posibilidad de ese ‘derecho’ subjetivo. Con Turquía precisamente tiene el Gobierno español su principal y erróneo aliado en este proyecto. No le arriendo las ganancias al pobre mono.

Al pairo

No es que andemos mucho mejor como país, pero Andalucía navegad por la crisis al pairo y sin patrón siquiera. Invito al lector a que recuerde (si es que puede) el “paquete” de “medidas” improvisado por la Junta a rebufo de las ocurrencias del Gobierno de Madrid, cuando todavía no aceptaban, ni una ni otro, la gravedad de la catástrofe que está ocurriendo. Desde entonces, sin embargo, Andalucía cuenta con muchos miles de parados más y vive en un sinvivir pendiente del telediaro, pero la minerva chavesiana no ha tenido ninguna nueva idea salvadora. Lo cual, teniendo en cuenta, que ya íbamos a  la cola del país, resulta de lo más alarmante,  mientras el Presidente pasea por las Américas en busca de votos y su gobiernillo deja pasar el tiempo a ver si por ahí fuera alguien para este desastre. Si se cumplen las previsiones de paro para España, Andalucía se verá en la peor situación de su historia democrática.

Estadística e historia

Dice el responsable del hospital “de referencia” Juan Ramón Jiménez, que el caso del paciente infectado de ‘legionella’ en el propio hospital no deja de ser “normal”, estadísticamente hablando, dado que un porcentaje de enfermos hospitalizados contraen enfermedades nosocomiales, entre las que se encuentra la que otra vez nos aflige. Eso está muy bien, pero la historia del JRJ dice mucho más que eso, por ejemplo, que son muchos los casos registrados (y ocultados alguna vez) y que ya en una ocasión hubo que cerrar habitaciones y hasta plantas a cal y canto, aparte de proveer a internos y familiares de aguan mineral ante la razonable convicción de que ese mal circula por las conducciones de agua, probablemente inadecuadas, que posee el moderno hospital. En el JRJ algo no funciona en este aspecto. Mientras no se estudie ese problema habrá que seguir jugando con la estadística.

El lujo de la dulzura

Sostiene una encuesta francesa elaborada por el IFOP que nunca en la vida los abuelos se ocuparon más de sus nietos que hoy día. Esa asistencia familiar no es nueva pues fue la norma en la sociedad rural hasta fechas muy tardías en que la evolución demográfica, determinada en gran medida por el proceso de urbanización de las poblaciones, determinó el paso de la familia extensa a la nuclear, prescindiendo de la generación  anterior salvo en casos de absoluta necesidad. Los abuelos pasaron en la Historia de ser el ónfalo de la vida familiar a convertirse en un estorbo de difícil ubicación, pero nunca perdieron del todo, por lo visto, su significado ni sus viejos derechos a la presencia junto al nieto, últimamente reconocidos por interesantes sentencias que tienen su precedente más remoto, que yo sepa, en una decisión judicial francesa de 1867 –según consigna Michelle Perrot en la monumental obra sobre la vida privada que dirigieron G. Duby y Ph. Ariès. Que la ampliación de la esperanza de vida tiene mucho que ver con la nueva situación lo demuestra el hecho de que si en los 90 el niño al nacer solía tener cuatro abuelos vivos, en los felices sesenta esa circunstancia no se daba más que en un cinco por ciento de los nacidos. El doble empleo, por otra parte, el trabajo de ambos cónyuges fuera del hogar, ha revalorizado el rol de los abuelos, integrados con variable discreción en el servicio doméstico, no nos engañemos, aunque conservando siempre la tensión intergeneracional con los progenitores. Ese recuperado “lujo de la dulzura”, como dice Perrot, tiene, pues, un carácter, en buena medida, funcional y se basa en lo que los sociólogos de la familia han llamado la solidaridad entre las generaciones, una expresión quizá optimista en exceso pues la aceptación de los abuelos en el apoyo a la prole sigue siendo fuente de tensiones como lo fue toda la vida. A la fuerza ahorcan, pues.

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No hablemos de la imagen que nos dejó Galdós en su obra clásica sobre el personaje y el tema, pero los abuelos han sido siempre un elemento importante si no decisivo en la memoria personal, como atestiguan tantas biografías insignes, y casi siempre en íntima relación  con esa inefable percepción de la dulzura de que hablaba la autora citada. El abuelo (uso el masculino genérico, como debe ser) es en la nueva familia un extraño personaje en la medida que parece regirse por “un rol sin rol” –expresión que tomo de un estudio de la universidad valenciana–, es decir, un sujeto que funciona en el entramado doméstico como una autoridad sin mando, como una “auctoritas” sin “imperium”, que diría un romano, siempre supeditado al criterio ajeno y superior del padre –que es lo suyo, no lo discuto– y en consecuencia, no poco conflictivo. Se ha señalado que la acción de los abuelos sobre sus nietos funciona como una máquina de reproducción de los saberes y tradiciones y hasta se ha dicho que, dado el paso que la burra lleva desde hace un par de siglos, bien ha podido acabar constituyéndose como “una forma de privatización de la memoria”, cuyo valor en esta era desmemoriada no será preciso subrayar. Tiene mala fama, en todo caso, la figura del abuelo abnegado al que, desde la juventud paterna, suele reprochársele el criterio trasnochado y la tendencia permisiva, pero no parece cuestionable el éxito de esa maltratada institución con la propia prole para la que, en una notable mayoría de casos, acaba figurando casi en el plano mítico, como un referente especialísimo al que tantos grandes hombres han consagrado en sus evocaciones una significativa piedad y un recuerdo conmovedor. Hay pocos oficios tan ingratos y, a un tiempo, tan deliciosos como el de la dedicación al nieto que hace ese mistagogo rejuvenecido que seguramente no recuerda un amor tan grande en su vida.

 

Allá me las den todas

Le llueven a Chaves chuzos de punta con motivo de su trampa para disimular su culpa en la votación perdida por su ausencia en el Parlamento de Andalucía y también por haber puesto tierra (o mar) por medio entre su augusta persona y la comunidad en uno de los peores momentos de su historia. Claro que Chaves dirá que allá se las den todas, metido como nada entre autohomenajes y propagandas , alguna tan elocuente como ésa que invitaba a un flamenquito a los andaluces en Argentina  asistir al evento “pa’jartarte de bailá hasta la madrugá! El Presidente se muda de continente para ver con perspectiva la crisis la que está cayendo y, de paso, quitarse de todos los problemas del mundo. Ni él podrá llegar a más ni Andalucía a menos.