Mentiras y gordas

La ministra de Cultura podría prestarle este título de uno de sus guiones a los estrategas de su partido que prometen lo que se tercie sin el menor ánimo de cumplirlo. Ahí tienen el cuento chino de los tres puentes a Punta Umbría que, dos años más tarde, no han conseguido siquiera que se decida un trazado definitivo entre las cinco opciones que barajó la Junta. Como el AVE y su estación, como el aeropuerto, como la Ciudad de la Justicia, como… Antier Díaz Trillo, muy venido a menos, decía imperturbable que el ritmo de ese proyecto de los puentes era “razonablemente satisfactorio”. Son unos mentirosos, en resumen. Unos mentirosos que saben que, dada la inopia ciudadana, entre elección y elección no hay compromisos que valga.

La pareja humana

Cuando pasen unos años es posible que la sociedad haya cambiado tanto que cueste reconocer su perfil milenario. Sobre todo en el terreno de la pareja humana, la institución fáctica y legal sobre la que los rayos de la postmodernidad achicharran el sentido común con mayor energía. Hace unas décadas, fracasados los efímeros ensayos ácratas de las uniones libres, todavía no se reconocía ni admitía socialmente más unión que la heterosexual y monogámica, es decir, la formada por el hombre y la mujer “para tener hijos”, como decían los códigos, e incluso se daba la aberración jurídica –auténtica reliquia medieval– de que el matrimonio canónico producía efectos civiles. Pero cuando hemos querido darnos cuenta, esa institución inmemorial se ha visto privada de su hegemonía y en su lugar andan proliferando nuevos modelos de la unión humana a los que, de momento, no se les ve el final. Hemos vivido siglos en la convicción de que el progreso humano consistía, en esta materia, en respetar aquel modelo único reservando su consagración al Estado y, en su defecto, al Poder cualquiera que fuera su forma, pero en muy pocos años estamos viendo que en el mundo el personal puede casarse de muy distintas maneras y bajo autoridades de toda laya. Casa en plan masivo la secta Moon, consagran los raelianos y ahora, por lo visto, también, en pleno centro de Madrid, algún que otro ‘ministro’ del “rito Elvis” que proclama solemne la unión estable de parejas y tríos con una frase psicodélica: “Que lo que el ‘rock and roll’ ha unido no lo separe ni Dios”. Los profetas de la secularización jamás habrían podido soñar semejante desenlace.

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Es posible que el fracaso de esta revolución ritual estribe en la trivialización del matrimonio y, en consecuencia, de la familia humana, tal como uno y otra han sido concebidos desde siempre en Occidente, consideración que para nada concierne al derecho de las personas a vivir si vida como quieran y con quien deseen, pero que pone un acento trascendental sobre los riesgos que implica tomar por banales las instituciones básicas en que se funda la convivencia. Entre otras cosas porque, del mismo modo que en nada y menos se han afirmado a estos efectos las reivindicaciones de la igualdad entre los sexos, en cualquier momento podemos ver y escuchar a los elvisianos reclamar su reconocimiento y equiparación en base a su bibianesco derecho a la igualdad. De momento el ‘reverendo’ Tolki, cuarentón y madrileño, anda uniendo a quien se lo pide en su discoteca “con permiso de la Iglesia de Oregón”. Mañana sólo Dios sabe cómo será la coyunda y quién administrará el sacramento incivil en esta sociedad en almoneda.

El enroque de Chaves

El presidente Chaves se va en verano al Norte desde que huyó del pavoroso incendio de hace unos años. Este verano también, y ha aprovechado su estancia para enrocarse en “El Diario Montañés” con unas declaraciones estupefacientes. ¡Imaginen a quien era ministro cuando el “caso Filesa” o el “caso Guerra”, o a quien bien conoce el “caso Montaner” diciendo que lo del tesorero del PP no le hubiera ocurrido nunca a su partido! ¡Escuchen al “Vicepresidente Espectador” agitar la matraca de la catalanofobia y de la Andalucíafobia justo cuanto se conoce, de boca de la propia ERC, el chuleo/chantaje al que los separatistas han sometido al Gobierno! ¡Pues no que dice otra vez que su hija no tuvo arte ni parte en el expediente de los 10 millones que, sin embargo, está probado que firmó junto a su padre! Goebbels llevaba razón cuando dijo que la mentira muy repetida se convierte en verdad. Incluso cuando quien la repite esté literalmente contra las cuerdas.

El día después

Diversas reacciones ante el acto bárbaro perpetrado por los menores en Isla Cristina como podían haberlo perpetrado en cualquier otro de nuestros pueblos. La jueza encargada del caso reclama para la provincia, un poco en plan de aviso para futuros bárbaros, ese centro de menores tan tenazmente negado por la Junta. La familia destrozada pide el internamiento de todos los violadores, cosa que la ley actual no consiente, mientras los deudos de aquellos apedrean a la prensa, faltaría más, y el autodidacta que dirige el PSOE provincial a la sombra de Barrero (ni un curso de estudio, ni un día de paro), aprovecha para darle un palito… ¡al PP! Por su parte, los partidos se enfrentan como siempre y mientras el PP reclama una revisión de las leyes, desde los grupúsculos de IU y ERC se repite el tópico de que no conviene “legislar en caliente”. Parece ser que harán falta más tragedias para lograr un acuerdo elemental que la ciudadanía tomó hace ya tiempo desde su impotencia.

Al margen de la ley

Nos hemos referido ya en otra ocasión al plan de Bush, dirigido por vicepresidente Dick Cheney, que incluía la autorización de la tortura y de los asesinatos secretos de líderes de Al Qaeda tras los sucesos del 11-S y que ahora investigan las Cámaras estadounidenses. Cheney es un canalla, no cabe duda, alguien que se ha aprovechado de la guerra, como es bien sabido, a través de sus propias empresas, un sujeto capaz de disponer ilegalmente de la vida de los rivales en nombre de una Justicia autónoma, es decir, ni más ni menos que al margen de la ley. Un escándalo, nadie lo discutirá, la actuación de ese político, felizmente retirado a una segunda línea política en su país pero, ay, impune de sus atroces tropelías. En eso estamos se acuerdo, pero siempre que no olvidemos que el caso de Cheney no es ni nuevo ni más grave que otros ya conocidos, para cada uno de los cuales disponemos, por supuestos, de una batería de argumentos en cada caso basados en razones diferentes. ¿No se acuerdan del asesinato ordenado por Mitterrand que se saldó con la voladura del barco ecologista y a cuyos sicarios condecoró él mismo en la biblioteca de su palacio oficial? ¿Y de los terroristas cazados por la Thatcher en Gibraltar con expresa asunción de la responsabilidad por su parte? ¿Y del Gal, se acuerdan de las decenas de asesinatos selectivos del GAL (niños incluidos), coordinados como sabemos desde el mismísimo ministerio de Interior por sus máximos responsables, como bien estableció en su día la Justicia? ¿Y de los también “selectivos” asesinatos de Israel en la franja de Gaza y otros lugares, tampoco nos acordamos ya? Verán, no se trata de defender un ápice a ese personaje brutal y venal, pero sí de llamar la atención sobre la injusta relatividad de nuestros criterios presuntamente humanistas en función de las circunstancias de los crímenes producidos por los diversos terrorismos de Estado. El terror ha provocado esta perversión del Poder que va a costar Dios y ayuda erradicar si es que alguna vez se intenta.

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Lo mismo ocurre con la pena de muerte, Medio mundo se conmueve ante la imagen de una víctima iraní colgando de una grúa o de la cabeza de de un decapitado rondando bajo el sable del verdugo en Somalia o Arabia Saudí, mientras que el impacto que producen las atroces ejecuciones americanas es incomparablemente menor a pesar de su difusión. Y quien pierde es la Justicia objetivamente considerada y, por supuesto, la ímproba causa de la defensa de los derechos del hombre que se ve chasqueada por sus propios Gobiernos. Ahí anda Kissinger envejeciendo en paz con su sangriento historial a cuesta y el Nobel de la Paz en la vitrina. Cheney me temo que acabará igual, pero admitamos que ello no es ninguna novedad entre nosotros los justicieros.

El avión del moro

El rey de Marruecos ha enviado un avión para recoger los restos del desdichado Rayan, el bebé muerto por error en un hospital madrileño. No lo envió para recoger a la madre, hace bien poco, ni parece que le preocupen demasiado los ahogaditos de las pateras que su descuidada autoridad, contando con la vista gorda de la nuestra, permite salir cada día al mar en busca de la vida o de la muerte, pero le ha parecido oportuno montar el numerito ahora que la ocasión tiene sus vagas implicaciones políticas. El cadáver del pobre Rayan habrá volado sobre las aguas de ese Estrecho en las que muchos compatriotas suyos suelen ser pastos de los tiburones y de las gaviotas, sin que nadie en Marruecos parezca enterarse. La política tiene sus razones propias incluso cuando se disfraza de caridad.