La justicia, en cuadro

A la Junta no le preocupa la Administración de Justicia salvo cuando se le quema el monte en sus propias barbas. ¿Habrá que aguardar a otro caso desgraciado, será preciso que se produzca alguna otra barbaridad irreparable para que los políticos se dignen reparar en que la Justicia funciona “en cuadro”, no solamente bajo sus mínimos habituales, sino sin alcanzar siquiera a ellos? Huelva está siendo castigada con especial dureza por la Junta en este servicio esencial, y decir que ello obedece a falta de presupuesto es una auténtica tomadura de pelo. Habrá que confiar en la buena suerte. Es la opción única que nos deja el centralismo político sevillano que la Junta ejerce con desdeñosa indiferencia.

Turismo espacial

Varias veces nos hemos detenido aquí ante las aportaciones de Étienne Klein, en especial a propósito de su espléndido libro “Las tácticas de Cronos”, gran éxito de la temporada anterior. Nos aturde y entusiasma su idea sobre el Tiempo, su diatriba contra la perspectiva convencional, las audaces incursiones en el concepto y símbolo de una noción, el Tiempo, que escapa siempre y en toda época a la inteligencia humana escondiendo su auténtico rostro, la paradoja de los viajes al futuro y al pasado, el disfraz espacial con que el Tiempo acepta insinuarse a la comprensión humana viajando impasible en la órbita o deslizándose cauto sobre la esfera del reloj. Ahora en pleno ferragosto, irrumpe de nuevo Klein asegurando que si es cierto que la llegada del hombre a la luna determinó un cambio esencial en nuestra visión –en nuestra “mirada”—cósmica y, en consecuencia, la alteración profunda de la ilusión extraterráquea, no lo es menos que, desde la nueva perspectiva astronómica, nuestro planeta ha dejado de ser una “banalidad astrofísica” para convertirse en “el nuestro”, desde la evidencia de que nuestro propio pensamiento ha de insertarse en su suelo y de la inevitabilidad del geocentrismo gnoseológico. No hay, pues escapatoria, se acabó la ilusión de una futura huída a algún exoplaneta, la idea novelera de que la especie podría colonizar otros espacios tras la destrucción definitiva del suyo genuino. Klein se basa en una vieja intuición de Husserl para recomendar a ese animal inevitablemente geocéntrico que es el hombre, aviárselas para salvar este mundo, por la sencilla razón de que no habría de encontrar otro. Se acabaron los sueños. El turismo espacial existe pero no pasará, probablemente, de navegaciones de cabotaje.

Salir de la Tierra y llegar a la Luna habría supuesto, pues, para la especie recobrar la perspectiva ancestral que, en las noches claras, miraba a través de sus propios ojos un orden maravilloso que parecía converger en nosotros mismos. Y llegar a la Luna, poder contemplar la escena en sentido inverso, no ha hecho más que confirmar la intuición primordial que hacía del infinito nuestro entorno y del firmamento nuestro alfoz. Klein no nos ve de mudanza por el universo, a cuestas la vieja civilización planetaria y en busca de algún paraíso propicio, turistas a la fuerza tras la destrucción del solar nativo. Más bien cree en la necesidad de salvar los viejos muebles para garantizarle a la vida su medio natural e imprescindible. La fantasía sideral empieza y acaba donde lo dejaron Luciano de Samósata o Cyrano de Bergerac, pero no va más allá. El hombre no es ‘Gulliver’ escapado al espacio. Lo que quiere decir que tendrá que cuidar el planeta en vez de enajenarse en ilusiones vanas. Klein, tan amante de las paradojas, da la impresión de que ahora viene hablando en serio.

No se lo cree nadie

Dicen que el domingo 9 puede haber varios actos, cuatro quizá, para conmemorar el asesinato de Blas Infante, el “Padre de la Patria” según el Estatuto. Muchos actos son esos para ser verdaderamente sentidos. La verdad es que esa figura –que nunca fue asumida oficialmente sino por razones oportunistas—va perdiendo fuste año tras año, que los Presidentes se ausentan o delegan en sus homenajes, que esa “paternidad” queda desmentida por la propia diversidad de criterios, por la incapacidad manifiesta de coincidir en ella demostrada por los partidos y fuerzas políticas. Reducido a una figura retórica, pocos creen en ella y menos aún la conocen. Blas Infante, en su desdicha y en su destino, no deja de ser un símbolo idóneo de esta autonomía de recuelo.

Ruina municipal

Después de Valverde, Cartaya: los Ayuntamientos están en crisis hasta el punto de no pagar las nóminas de sus empleados. No se deberían tomar por incidentes aislados lo que no son sino el signo elocuente de una crisis profunda provocada no sólo por la mala coyuntura económica general sino por la ruina efectiva de nuestros concejos. ¿Para cuando una enérgica reforma que les transfiera sus competencias lógicas y los correspondientes recursos? ¿Por qué han de seguir unas y otros en manos de la Junta y las Diputaciones en lugar de atribuirse a sus legítimos titulares? El municipalismo de boquilla al que todos se apuntan está viendo impertérrito como se debaten los arruinados Ayuntamientos que no tienen ya ni para cobrar a fin de mes.

La nueva familia

A los sociólogos de mi generación, educados en lo que a demografía se refiere en la coordenadas del natalismo de Alfred Sauvy, les resultó especialmente difícil aceptar las razones del rígido control de la natalidad establecido en China desde hace años, que establecía de hecho la pareja con un solo hijo como nuevo y obligatorio modelo de familia. China ha sido muy expeditiva siempre en materia demográfica, incluso sin necesidad de recordar la costumbre –practicada también por ciertos pueblos esquimales– de enterrar vivas a las niñas en busca de un equilibrio más funcional de las estructuras productivas. La revolución maoísta impuso finalmente el modelo de hijo único, penando con fuertes sanciones a los infractores de una norma que sigue hoy en vigor en pleno florecimiento del extraño híbrido de un modelo mixto cuyo PIB, tras un leve ‘impasse’, vuelve a crecer, en plena crisis, a un 8 por ciento. En medio de un inmenso país asolado por el hambre y las desigualdades, sólo los nuevos sistemas de explotación –los famosos talleres que trabajan para el comercio globalizado—han supuesto un respiro para la misoginia que ve en la hembra un ser más gravoso que productivo, pero en los nuevos centros urbanos, y singularmente en Shangai, la lógica de la demografía sexista se ha roto ante la evidencia de que el envejecimiento de la población estaba poniendo en apuros a una Seguridad Social y aumentando la presión sobre las jóvenes generaciones. En Shangai, esa “república independiente” para observadores como el “China Daily”, acaba de romperse el molde para abrir paso a una familia ampliada, al menos, a un segundo vástago, en contraste con la exitosa fórmula de impronta occidental “Double income no kids” (dos sueldos, ningún hijo) que fomentaba hasta ahora la propaganda. No sé qué diría Sauvy hoy, sinceramente, pero no hay duda de que el modelo de crecimiento poblacional sigue sujeto a grandes contradicciones teóricas y prácticas. Entre nosotros, sin necesidad del eslogan citado, hace tiempos que se adoptó un criterio restrictivo impuesto a un tiempo por el hedonismo y por el sentido común.

No es probable que el hormiguero chino altere su dura limitación de la natalidad, pero la excepción de esa ciudad, que simboliza el futuro nacional mejor que ninguna otra, no deja de dar que pensar, supongo que incluso a los neomalthusianos de estricta observancia, con independencia de que ya no funcione la lógica de aquellos ‘arbitristas’ nuestros que veían en la población una fuente principal de riqueza. Lo que sí sigue ahí es la contradicción que el sistema tiene que resolver por vía excepcional dando paso a una suerte de modelo dual impensable hasta hace bien poco, seguramente forzado por las inquietantes previsiones de futuro. Aunque es posible que donde el control, voluntario o no, acabe cediendo más pronto que tarde, sea en el Occidente que vio en esa nueva familia jibarizada una fórmula de futuro que el presente está demostrando más que cuestionable.

El próximo curso

No se habla ya del adelanto del curso escolar que se le antojó a la Junta, pero de lo que habría que hablar es del más que posible retraso de esa inauguración en el caso de que la pandemia de gripe se mantenga, como hasta ahora, amenazante y desconocida. Varias autonomías ya se lo están pensando, a pesar del voluntarismo del Gobierno, sobre todo tras la protesta de la OMS de que no sería bueno precipitar las vacunaciones en el caso más que dudoso de que haya vacunas disponibles para entonces, porque tampoco se trata de experimentar con nuestros escolares y docentes. La Junta cierra va boca por si acaso y a muchos padres no les llega la camisa al cuerpo. Sin pedirle peras al olmo, hay que exigirle a Educación y a Salud que aclaren cómo se prevé ese amenazado curso. El resto, aunque grave, puede esperar.