Interesante UNIA

Buen año de la UNIA, interesante programa el concertado por su director Juan Manuel Suárez Japón, con muchos intervinientes de prestigio y una relativa apertura política. Temas variados en extremo y elegidos con tacto demuestran que una universidad estival no tiene por qué ser un perdedero de tiempo ni un escaparate para las propagandas de partido. Y en ello hay que atribuirle un mérito incuestionable a Japón, que seguro que será el primero en reconocer que falta mucha tela que cortar en esa tarea pero que, seguro también, mantendrá alto el nivel de exigencia. La Rábida ha de volver a ser un referente como, a pesar de los pesares, lo fue en tiempos, y parece que vamos por buen camino.

La mano visible

Se da por sentado que de esta crisis hemos de salir con ciertas lecciones aprendidas, entre otras y sobre todo, la de que la libertad absoluta (¿quién solía decir aquello del “libertinaje”?) implica riesgos ciertos de perversión para el sistema de mercado. Es obvio que lo que en el mundo ha ocurrido no ha sido más que la consecuencia de un ejercicio insensato de esa libertad sin límites y, por supuesto, aunque se insista menos en ello, de la permisividad cómplice de unos poderes públicos a los que favorecía el crecimiento explosivo de todos estos años. Por eso se insiste en que no es cosa de cuestionar el mercado sino de respetarlo confiando en que la famosa “Mano invisible” haga su tarea ajustando como es debido oferta y demanda, y ése será, sin duda, el rumbo que consagraremos una vez que salgamos del dramático bache. Ahora bien, ¿se limitará previsoramente en adelante esa ferocidad financiera, habrá límites, en definitiva, a la sacrosanta voluntad de los poderosos, o volveremos a las andadas a pesar de tanto quebranto? Acabamos de conocer, por ejemplo, la sentencia que absuelve al presidente de la empresa más grande de España a pesar de reconocerle reo de un escandaloso delito –prescrito, como otros similares anteriormente—por haber utilizado su información privilegiada para enriquecerse por la vía rápida en una Bolsa que se supone ciega. ¿No es obvio que hechos probados como ése y tantos otros demuestran la falacia implícita en el fundamentalismo liberal que parte y termina en la absurda creencia de la rectitud de los gestores que intervienen en el mercado? Es poco probable que evidencias tan rotundas retuerzan la lógica manchesteriana, sin embargo, de manera que llegue a limitarse el albedrío absoluto de los poderosos. Saldremos de la crisis como hemos entrado en ella: fieles a un mito en el que quienes menos creen sus propios mitógrafos.

La mano que controla el Mercado es bien visible, blanca o negra, férrea o embutida en guante de seda, y casos como el célebre de los Albertos o ahora el de Alierta prolongan esa mano en un brazo ejecutor tras el cual –sigo la metáfora de Ortega—hay un cerebro en el que actúan las ideas de un sujeto concreto y producto de su época. El Mercado puede ser transparente en el limbo teórico pero la mano que lo agita pertenece plenamente a esta realidad feroz que ha hecho de la rapacidad un valor y de la ambición toda una ideología. Saldremos de la crisis, pues, tal como estábamos antes de su llegada, es decir, a merced de la audacia financiera protegida por el interés político. Alierta, como los Albertos, no tendrán que devolver siquiera lo que ilegalmente afanaron. Comprenderán que con estos antecedentes cuesta creer que en el futuro el lobo se limite a sí mismo frente al rebaño indefenso.

Banca y política

El sueño de la banca controlada por el Poder no es nuevo. Lo puso en marcha Mussolini, lo acariciaron las utopías de izquierda, lo probó Mitterrand, figuró en el programa fundacional del fascismo español. Todos querían lo mismo: un banco político, una caja fuerte en la que la segunda llave fuera del mandamás. El proyecto andaluz en marcha, la Gran Caja o Caja Única, pertenece a esa serie que nunca, que se sepa, tuvo buen fin, pero que promete arrimar a la política más pasta todavía de la que ha arrimado desde la fragmentación. Una sola Caja de Ahorros implicará el fin de la competencia, la reducción del empleo y lo que ustedes quieran, pero será una bicoca en manos del partido que la controle desde el machito. A eso vamos. La próxima vez que le condonen un crédito millonario a Chaves resultará más fácil todavía. Y a ver qué partido o sindicato puede tirar la primera piedra contra esa vidriera.

Lo de Punta Umbría

No será, desde luego, si es que se confirma, lo peor que aquí se ha hecho, pero pinta como candidato firme en el ránking de ‘casos’ con jeta de cemento y moral nula. Esa cinta mafiosa grabada y aportada al juez, ese mirar para otro lado del partido (uno de cuyos responsables de la Ejecutiva está implicado en el lío), y lo que es ya pésimo como síntoma de podredumbre, esa actitud indiferente generalizada ante hechos de esa gravedad, proclaman una situación sociopolítica deplorable. Beas, Bollullos, las Mancomunidades sociatas, Punta Umbría…: el PSOE debería poner pie en pared para que el edificio moral no acabe de vernirse abajo. El problema es qué pie poner si es raro el que no está dentro.

El paraíso perdido

Desde luego es evidente que, en vísperas de la presidencia española de la UE (que nos ha salido por un riñón, según las cuentas y el testimonio de ERC), la diplomacia patria debe de tener bien poco que hacer por el mundo. De otro modo no se prodigaría en ignominiosas visitas como la reciente a la dictadura de Obiang o la que el ministro en persona acaba de girar a la vieja colonia británica que, para qué vamos a darle más vueltas, es hoy por hoy, ante todo y sobre todo, un paraíso fiscal de esos que la propia UE dice que va a extirpar, y les ruego que disculpen la estridencia de mis carcajadas. En el fragor del debatillo estival escucho argumentar a favor y en contra de este nuevo disparate e incluso invocar aquel Tratado de Sevilla en el que un Felipe V neurótico –que enredaba su melancolía pescando bogas en el estanque del Alcázar sevillano– cedió ante Gran Bretaña incluso el monopolio de la trata de esclavos con tal de aliviar aquellos abrumadores momentos, y de paso la plaza de Gibraltar (y Menorca, ojo, no se olvide) al tiempo que obtenía (¿) Piacenza y Parma como prendas futuras para su hijo Carlos. Lo que no oigo mencionar siquiera es el derecho que a España asiste (¿) a tenor de las resoluciones de la ONU que ordenaron en vano en su día la “descolonización” del Peñón ni, por descontado, el hasta ahora indiscutido derecho español a recuperar un territorio a cuya soberanía nunca renunció nadie en esta que el rey don Amadeo llamaba “gabbia di pacci”, jaula de locos. Acabamos de romper con una línea trisecular no me cabe la menor duda de que estimulados por la intención de distraer la atención patria de los gravísimos problemas que tiene planteados nuestra sociedad. Franco también explotaba ese contencioso cuando había moros en la costa pero, al menos, lo hacía cargando la suerte a la manera tradicional y no entregando la cuchara.

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Todos los Gobierno de la democracia han reclamado Gibraltar y a punto estuvo alguno de conseguir un resultado digno. Pero ahora se trata, ya digo, de pagar lo que sea con tal de distraer al personal de los efectos de la crisis, del entreguismo gubernamental a los separatistas, del fantasma de la gripe sobre la que la ministra ignora casi todo o de un proyecto de banalización del aborto con el que el Gobierno se propone explotar aún más la estrategia de la polarización entre españoles. Por lo demás, Gibraltar sigue siendo una colonia, lo quiera o no el Gobierno (porque lo dice la ONU), pero sobre todo es una banca secreta sin la que muchas golferías de esta negra etapa –empezando por el expolio consentido de Marbella– no hubieran sido lo mismo. Para ZP la integridad de España no es problema. El futuro de ese paraíso fiscal parece que sí.

‘Primum vivere’

IU ha estado tan indignada con la “traición” del PSOE en el Ayuntamiento del pueblo sevillano de La Algaba que se comprometió a romper los demás pactos, incluyendo el de Sevilla, si el golpe del PSOE se consumaba. Pero ca. El golpe se ha consumado e IU ha dado marcha atrás, dejando tirados a sus votantes, pero aferrada a la presencia y, sobre todo, a la pasta considerable que pactos como el de la capital le proporcionan. No se sabe cual será la reacción de sus electores, claro está, pero queda claro como el agua que para esa tropa mercenaria lo primero es, por decirlo con voz cervantina, “el buen gobierno de las tripas”. La utopía cabe hoy sobradamente en una nómina.