El zambombazo

Si existiera un premio al humor o a la idiocia habría que otorgárselo a la Junta de doña Susana por variadas razones pero, sobre todas ellas, por la de haber declarado Bien de Interés Cultural (BIC)…¡ a la zambomba! Mientras perdemos a chorro nuestro patrimonio artístico y cultural, el gobiernillo autonómico, guiado de cierto peronismo calé, ha decidido salvar de todo riesgo a ese instrumento pastoril y navideño que si algo tiene es su máxima elementalidad. No se equivocaban siempre los viajeros románticos cuando nos trataban como nos trataban, pero en pleno siglo XXI resulta inconcebible ese homenaje corralero. A este paso al rabel habrán de hacerlo teniente y a la guitarra, capitana general. ¡Viva la autonomía!

A pie de página

Me reprocha un lector –¡albricias!—el uso inmoderado de citas de autoridad que suelo hacer, según él, en esta mi humilde columna. Lo siento, de verdad, y no lo digo retóricamente, sino afectado por cualquier cosa que pueda incomodar al lector. Eso sí, debo decirle que mi intención no es “épater” ni fardar sino calzar mis razonamientos con razones más autorizadas que las mías, que no es ni más ni menos que lo que hizo cualquier escritor de instinto ensayista –y yo, modestamente, lo soy—desde que hay memoria literaria. No todo el mundo sabe que la nota a pie de página –y no otra cosa es una cita en el papel de periódico—siempre se vio envuelta en polémica desde que la inventara Beda el Venerable –no es coña—allá entre los siglos VII y VIII, como instrumento para aclarar sus escritos, algo que sus adversarios interpretaron como una violación del canon de la razón escrita. Hay que tener siempre en cuenta que escribir es siempre un acto compuesto que contiene una parte original pero sin desprenderse nunca de la herencia que los que hemos de escribir recibimos en la infancia con el sacramento del abecedario. Lo demás, créanme, es retórica o es poesía –y ni siquiera estoy seguro en este último caso–, es decir algo de lo que debe huir aquel a quien le pagan por dar su opinión en favor del criterio de sus semejantes, no siempre impuestos en la materia de que se trate. Beda sabía lo que hacía cuando escandalizaba a sus colegas de escritorio entretenidos en ilustrar bellamente sus capitulares.

Escribir es casi siempre recordar, desde Hesíodo hasta nuestra época de hierro por la sencilla razón de que la cultura, en fin de cuentas, es un precipitado de muchas voces y muchas tintas que sería estúpido desdeñar teniéndolo a mano y, si es posible, en la cabeza. Ya verán como las futuras generaciones escriben sin tanta cita, me apuesto lo que sea, mermadas como van desde la más tierna infancia y adolescencia por la incuria galopante que nos aflige, y eso no ha de ser una prueba de originalidad sino una rotunda demostración de ignorancia. El hombre es su memoria, por muy insegura que ésta resulte, y fuera de ella no queda más que improvisación o barbarie, algo que parecen no haber entendido los responsables de educación de las postreras generaciones. ¡Pues no han propuesto el ajedrez como asignatura bachilleresca como hubo quien propuso hasta el parchís! Ya ven, no he citado casi a nadie hoy. Lo que no saben es que bajo esa apariencia hay mucha repetición.

Carta a los Reyes

Me cuentan que hoy por hoy –quien me lo dice es un psicólogo afamado—los niños apenas creen en los Reyes Magos. Como el psicólogo es de Sevilla y hablamos un dialecto común añade: “Hoy ya no cree en ellos más que el Ateneo y El Corte Inglés”. No lo sé, para qué voy a decir otra cosa, pero he estado pendiente de mi nieto quien le ha escrito una misiva creo que a Melchor pidiendo una equipación de Pau Gasol, la criatura, aunque me ha parecido ver en sus ojos, mientras yo hacía como que me empapaba la carta, una sombra de duda cartesiana, o mejor quizá, de desconcierto spinoziano, reflejo, con toda seguridad, de su inocencia perturbada por la malicia escolar. A mí no se me ha olvidado la expectación y el pálpito que nos despertaba la espera de los regalos que, en el mejor de los casos, venían a ser una broma comparados con la ofrenda que hoy reciben nuestros pibes, y por eso mismo me parece que poco gana la puñetera secularización quitándoles de la cabeza la ilusión a los niños de buena voluntad que pronto habrán de enfrentarse, ya sin escudo ni adarga, a la dureza de la vida. ¿Creen o no creen nuestros zangolotinos y, en el segundo caso, cuál es la causa de su fingimiento? Tampoco tengo ni idea aunque no me parece arriesgado apostar a que esa inocencia más o menos fingida es una cosa tan seria como que viene a confirmarnos la convicción de Ernst Cassirer de que el hombre es un animal simbólico que no vive sólo de pan, abismado mientras mantiene fiel la inocencia a su maquinaria electrónica, dale que te pego a la Nintendo 3-Ds o a la Wii U Premium, esos desgalgaderos de neuronas.

Me temo que en la sociedad post-industrial o “de servicios” ya no valdrán las componentes míticas que formaban parte de la socialización del niño por lo menos hasta que Sapiens Sapiens puso el pie en la Luna, entre ellas la expectativa ante la visita de unos Magos buenos cuya tarea era mantenerles en vilo la emoción, si acaso formando oligopolio con Papá Noël, ese invento protestante que bajó del frío. Y eso no me parece bueno ni mucho menos, ya que la inocencia es un bien escaso y, en consecuencia, deberíamos tratarla con prudencia económica. Mi nieto me observa mientras leo la carta: como los viejos filósofos quiere comprobar su secreta hipótesis consultando el oráculo del Otro, inseguro ante la vidriosidad de la razón propia. La estrella de Belén se eclipsa inundada por el reflejo de la supernova secularizadora. Nuestra galaxia es un pañuelo.

Las cosas, claras

Eso pide la presidenta de la Junta y nueva estrella del PSOE, Susana Díaz, que no quiere “ni oportunismos ni aventuras”, sino que aspira a poner las cosas, claras, en busca de recuperar la confianza perdida de muchos de sus votantes. Mientras, desde Madrid, Pedro Sánchez le sale al paso anunciando un Congreso y hasta unas “primarias”, pero lo cierto es que ni ella ni él pueden hablar muy alto a la vista de unos resultados electorales que no tienen parangón en la crónica de su partido. Habrá mucha política –más bien politiqueo—el próximo trimestre y, en consecuencia, probablemente, poca administración, ya veremos con qué resultados socioeconómicos. La política es ante todo ambición. Lo de “servicio” no era cierto ni ahora ni antes.

La prima de Ibex

Nada más conocerse el insensato resultado de las generales, a la prima de Ibex le ha dado un pasmo. Y de Ibex, para qué hablar: se ha caído por su escalera cuatro peldaños abajo. Cómo habrá sido el susto, que desde Arcadi Espada a Susana Díaz han sugerido, clamado más bien, por una “segunda vuelta” que no existe más que como repetición de los comicios y ésa sería una solución casi prohibitiva con tanto buitre marcándonos desde las alturas financieras y tanto inversor temeroso del poder del dios Dinero. Nos ha caído una buena, porque la realidad es que el hombre moderno –en rigor debería decir “el hombre y la mujer” modernos, pero me mantengo firme en la ortodoxia académica del “masculino genérico”–, no lo gobierna ya desde lo alto la providencia ni desde aquí abajo la Madre Naturaleza, sino esa prima misteriosa a la que nadie conoce y todos temen, que se rila en cuanto los políticos hacen alguna tontería de las suyas y hacen que se tambalee o, al menos, que se estremezca el bululú. A la prima, en efecto, le ha dado un síncope al escuchar al escuchar a los Podemos recuperar el lenguaje bolivariano –“¡Incáutese, carajo!—y al ver a los curanderos de Ciudadanos caer fulminados por su propia estrategia, mientras Sánchez intenta antes que nada taponar el salidero y Rajoy se retuerce como el gran Houdini conteniendo la respiración como un suicida heroico. ¡Esto no se lo merece ni España, oigan, por más que a cinco millones de celtíberos se le haya escapado la olla! Eso sí, se comprende la jindama de la prima ante el caos provocado por este previsible Big Bang.

A ver quién va a invertir ahora en este corral de cabras mientras la Colau siga siendo nuestro gran referente. A ver quién los tiene tan bien puestos como para no lanzarse a vender sus acciones o a esconder el calcetín en el tubo de la chimenea. ¿Se figuran a España con un tri, cuatri o pentapartido, la inmensas mayoría descorbatados y partidarios de la voladura, aunque sea incontrolada, del Sistema? Yo comprendo a la prima, la verdad, y así se lo he dicho a ella, como comprendo al pobre Ibex por muy trapacero que sea. ¡Vamos, cómo será la cosa que hasta coincido son doña Susana en lo de forzar una “segunda vuelta” y que caiga el que caiga…! Esos novatos creían que existen los duros a dos pesetas y han bastado veinticuatro horas para probar lo contrario. Nos han achuchado hasta meternos a todos en un autobús con el motor calado. Verán como ahora ese desastre no tiene padre que lo reclame.

Beguin the Beguine

Lleva razón doña Susana al sugerir un nuevo ensayo electoral. Que a ella lo que le duela es que por poco la pilla el PP en su persecución, no le quita sus buenas razones porque, la verdad, esto no hay quien lo baraje mientras el futuro Congreso se perfile como una jaula de grillos majaretas. Lleva razón doña Susana, ya digo, al margen de su intención oculta, a la que tiene derecho como cualquier peatón/a. Una parada en seco a estas alturas podría resultar catastrófica para España –¡e imagínense para nuestro vagón de cola!—sobre todo ahora que le han pinchado el globo a Ciudadanos y el acento borde de Maduro se ha apoderado de los efebos y las ninfas de Podemos. ¿Qué una “segunda vuelta” haría tambalearse a las finanzas? Ya, pero ¡anda que gobernar a tres o cuatro manos!