El festín caníbal

Los arqueólogos de Atapuerca acaban de hacer público el hallazgo de un hueso, concretamente un fragmento de húmero humano que, por las huellas de descarnación que presenta, en todo similares a las que ofrecen otros huesos animales del yacimiento, evidencian o, al menos, permiten la hipótesis, de que la antropofagia fue una práctica inmemorial en aquella región. No ya 800.000, como se creyó en su momento, sino un millón trescientos mil años tendría esa práctica entre nuestros antecesores, y los investigadores comienzan a pensar en ella como en una estrategia más de la lucha por la vida, en nada diferente a las otras, es decir, al resto de los dispositivos que el clan primordial activaba para garantizar su alimentación omnívora. Tenemos una noción idealizada de nuestra estirpe –la de esos vegetarianos recolectores que enseñamos a nuestros nenes recogiendo espigas por los trigales silvestres– que parece ser que en absoluto corresponde con lo que hoy saben, a ciencia más o menos cierta, los estudiosos de aquellas oscuras eras en que la Humanidad vagaba nómada por el paisaje helado tras sus rebaños predilectos, y mantenemos esa ilusión a pesar de la evidencia propuesta por los agujeros occipitales que Theilhard y otros estudiosos encontraron en Chu Ku Tien o de las hipótesis no tan desdeñable que los antropólogos franceses, tipo Soustelle, montaron en México para explicar ciertos misterios de la religión y la cultura azteca. Allá en China, hábiles agujeros occipitales evidenciaban el festín caníbal como en los templos mexicanos lo dejaban entrever los propios rituales, pero el prurito “civilizado” ha sido más fuerte que los hechos hasta el punto de echar abajo las hipótesis para sustituirlas por otras ideológicamente más correctas. Un trozo de hueso está a punto, sin embargo, de echar abajo tanta mandanga humanista y enfrentarnos a la evidencia de que Plauto (no Hobbes, ojo) no se equivocaba en su “Asinaria” cuando proclamaba que el hombre es un lobo para el hombre. Las huellas de sus dientes han acabado certificándolo.

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Suelo pensar en que ese fenómeno de la antropofagia, que reencarna en los extremos de algunos seres antisociales, es tan antiguo como ‘Homo’ al menos hasta que ‘Homo’ tuvo en sus manos la posibilidad de nutrirse con garantías sin necesidad de devorar al semejante. En la literatura de Atapuerca tengo entrevisto ese paisaje helado por el que deambulaba hambrienta la horda (¿pre?)humana tras las huellas del bisonte pero que, de vez en cuando, acuciada por el hambre, caía a plomo sobre ese otro manjar fraterno pertrechada de sus cuchillos de cuarcita y silex, y de su expeditiva dentadura. La evolución (o el plan de Dios, según se mire) nos han llevado desde el rebaño depredador hasta el grupo refinado ya por la enérgica acción de los tabúes. Aunque hoy nos sigan llegando fotos antropofágicas de las guerras lejanas como un eco para nada nuevo sino repetidor de lo que siempre fuimos. El festín caníbal tiene infinitas formas y el hombre las conoce todas.

UGT cierra los ojos

A juzgar por las palabras de su mandamás andaluz, Manuel Pastrana, la UGT debe de tomarnos por tontos a los andaluces. Hombre, se comprende que la pingüe “concertación” está pendiente y aplazada hasta el otoño, y que eso no tiene más remedio que traer de los nervios a los responsables de la nómina, pero predicar la equidad de este “acuerdo” de financiación autonómica y sostener que beneficia a Andalucía no es más que un despropósito en el que el sindicato va a quedarse solo (CCOO ya se ha desmarcado con prudencia), incluso entre muchos de los suyos. No se muerde la mano que te da el pan, se admite, pero una cosa es el apoyo discreto al administrador y otra diferente su defensa numantina. Pastrana sabe bien que todo eso que dice es un cuento que no se sostiene, pero parece creer, por la cuenta que le tiene, que los demás somos ciegos. O tontos.

Pintar como querer

El director de no sé qué cosa de la consejería de Innovación de la Junta se ha tirado el rentoy de afirmar, en sede de la UNIA, que en Huelva, desde que se declaró la recesión, se han creado nada menos que 398 empresas que, por lo que ha añadido, vienen a ser los chiringuitos que se han montado para sobrevivir los propios parados: “El modelo actual necesitaba un cambio y desde la Junta hemos pretendido adelantarnos a los nuevos tiempos”, ¿qué les perece? Total, que la crisis le ha venido a Huelva de perlas, que no tiene tanta importancia la estrechez, incluso el hambre o que el Polo esté en el alero y miles de trabajadores en sus casas o esperando la cartita de despido. Esa criatura debe haberse tomado al pie de la letra la imbecilidad ésa de que “la economía es un estado de ánimo” que hemos oído por ahí. Lo consigamos para que se sepa en manos de quienes estamos.

Un verso de Horacio

Estimulado por las múltiples alusiones al caso, he releído estos días el viejo libro de Kapuscinski “La guerra del fútbol” (mi edición veracruzana de 1980 se titula “Las botas”, no sé por qué), aquel brillante reportaje, como todos los suyos, que el entonces corresponsal universal de la Polonia comunista, hizo sobre el conflicto armado entre El Salvador y Honduras que tuvo lugar en Julio del 69. No se le podía escapar a aquel observador que una contienda tan estúpida (100 horas, 6.000 muertos, 12.000 heridos, 50.000 personas sin hogar) poco tenía que ver con los incidentes originados en los partidos de fútbol que ambos países debieron celebrar en la fase previa del Mundial del 70, y tras el primero de los cuales, perdido por un solo gol en el último minuto, una muchacha hondureña casi adolescente, incapaz de resistir semejante afrenta patria, se descerrajó un tiro en el corazón con la pistola militar que su padre guardaba imprudentemente en una gaveta. Era la cuestión de la tierra, en efecto, la presencia de 300.000 colonos salvadoreños en las tierras fértiles de la empobrecida Honduras que señoreaba la famosa United Fruits Company, la causa real de aquella explosión que, sin embargo, es cierto que tomó el incidente del suicidio patriótico, hábilmente utilizado por el Gobierno títere, como causa inmediata. Otra vez la mujer en el origen de la guerra, siquiera sea a título falaz, como Horacio avisara en los expeditivos versos de su Sátira 13, “Nam fuit ante Helenam cunnus taeterrima belli causa”, que no traduzco por consideración al respetable, pero que convertían a la hembra en la razón de muchas guerras. Así se escribe la Historia: ni fútbol ni mujeres fueron causa de un conflicto que, como la inmensa mayoría, no tenía más razones que las económicas. Cuarenta años después, tengo entendido que la vieja herida futbolera se ha cerrado pero es la imagen de la desdichada heroína, como era de esperar, lo que se anda exhibiendo por ahí estos días. También se continúa exhibiendo a la pobre Helena a pesar de que hoy sabemos de sobra con qué poca base cuenta ese mito troyano.

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Poco necesitan los pueblos si no para desencadenar invasiones al menos para enardecerse como energúmenos contra el enemigo real o inventado, y eso es algo que saben bien los mercaderes del conflicto, que han utilizado desde siempre el recurso sentimental para disfrazar sus intereses. Claro que a veces la ocasión les cae del cielo bajo las diversas especies de la afrenta, para las que la imaginación no tiene límites. Una muchacha suicida vale por mil discursos en la mentalidad gregaria como lo demostró aquel miserable graffiti que hace ahora cuarenta años apareció en las paredes de Tegucigalpa: “Venguemos el 1 a 0”. No cabe más elementalidad que en esa necia convocatoria. Muchos de aquellos desgraciados seguro que lucharon y aún perdieron creyendo que combatían por le honor de una mujer.

Fúnebre festival

Sería bueno que la Justicia y la Junta liquiden pronto el contencioso, no poco instrumentalizado, de la fosa del poeta García Lorca y sus compañeros. Sin más tira y aflojas macabros, sin más interferencias ajenas a las familias, sin más profesionales de la “memoria histórica” justificando el sueldo. Otra cosa –enredar alrededor de una tumba y unos restos—no tiene el menor sentido en un ambiente civilizado en el que, por lo demás, la inmensa mayoría de sus ciudadanos ignora, como es natural, las consecuencias de una guerra tan lejana. Ni Lorca ni quienes con él fueron asesinados merecen ser por más tiempo exhibidos en un titular de prensa.

Huelva discriminada

La provincia de Huelva recibirá menos dinero que ninguna otra de las andaluzas en función de su menor población. Un criterio simplista y rígido, en este caso, porque ello la condena a agrandar la diferencia que la separan de las demás, y que no se explica más que por el hecho de que el PSOE da por consolidada su hegemonía suficiente en la circunscripción y no ve, por tanto, necesidad de favorecerla como sería menester. Un ciudadano paga en Huelva los mismos impuestos que sus paisanos del resto de Andalucía, tal vez aporta más al IRPF en conjunto, pero recibe menos que ellos del Estado y de su propia autonomía. He ahí unan injusticia de la que los electores onubenses deberían tomar nota.