Sopa y calcetín

La crisis tiene una cara mediática, brillante dentro de lo que cabe, jetas de barandas prometiendo todo lo prometible y expertos opinando a placer, pero también tiene una cara oscura en la que malviven, cada día peor, los auténticos afectados de la crisis, que no son los potentados que ven riesgo en su fortuna, sino los medianos y más chicos que en cuanto baja un poco el listón se ven aplastados sin remedio. Están volviendo, por ejemplo, los comedores públicos, las colas en ‘Cáritas’ para agenciarse una ayuda doméstica, la parroquia de desdichados que acude una vez al día a reparar fuerzas con la sopa boba de toda la vida o a recoger unas prendas con que vestir a su hijos. Pobres de solemnidad, inmigrantes en paro, pequeñoburgueses abrumados por el peso de la hipoteca galopante y tal vez por el fantasma del desempleo, recurren, como siempre, a la caridad pública e institucional de la Iglesia para poder salir adelante. He ahí un lado de la crisis que no sale en el telediario, del que no hablan las portadas de los periódicos y menos aún opinan los gurús que discuten sobre la coyuntura, un lado conmovedor y en ocasiones vergonzante en el que se mezclan los desposeídos sin distinción de clase ni estatus, homologados todos por la necesidad acuciante. Por otro lado, el ahorrador está que no vive pensando en las imágenes del “corralito” argentino que no hace tanto vio por la tele a medida que crece la opinión negativa que ve en la crisis una hecatombe sin remedio que pone en el alero el ahorro particular, pero que sobre todo se desmanda cuando oye decir a ZP o a Solbes que aquí no ocurre ni va a ocurrir nada con la misma cara pétrea con que, hace seis meses, aseguraban que hablar de crisis era cosa de antipatriotas. En un pueblo de Huelva –lo ha contado Javier Caraballo—la gente se ha arremolinado en las puertas de una entidad financiera para retirar sus ahorros, convencidas –quién sabe si por el efecto contrario de la postura oficial—de la quiebra del sistema. ¡El calcetín! No es la primera vez que la pobre gente pierde los ahorrillos de toda la vida en este país. Si encima el Gobierno mendaz le reclama tranquilidad y garantiza sus derechos, ya me dirán.

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Se entiende que lo suyo, lo discreto, sería no perder los estribos y confiar en las garantías que los propios Estados prometen a los ahorradores, pero está claro que las noticias diarias que nos llegan de los centros de decisión económica contribuyen a aumentar el pesimismo más que otra cosa. Es la otra imagen, sin embargo, la más preocupante, la más enternecedora, aunque sea la que apenas conmueve a una sociedad ensimismada en el egoísmo, una sociedad que ha cerrado los ojos a la locura de la expansión ilimitada o abusado del trabajo inmigrante ante la indiferencia del Gobierno, y que ahora confía, en última instancia, en que sean los remotos tesoros ajenos los que nos saquen del pozo. Hay una España que vive la crisis, entre inquieta y desvelada por conservar lo suyo, y otra que muerde silenciosamente el polvo y paga el pato de una gigantesca estafa financiera que casi todo el mundo ha bendecido mientras funcionó. Media España, pues, recuperando la alcancía y otra media acogida a sagrado bajo la denostada caridad que le da de comer, la viste y le paga los descubiertos, como si de golpe hubiéramos retornado a la cucharada y paso atrás con que la dictadura contuvo la hambruna de postguerra de paso que luchaba por desarraigar el piojo verde. Una foto de ZP con (parte) de los banqueros ha servido apenas para aumentar la escama del ahorrador que anda dividiendo sus ahorros en depósitos garantizados, pero ni le habrá llegado a esa muchedumbre silenciosa que ha roto la estadística de la pobreza justo cuando el país presumía de ser el más propicio para hacer fortuna. La hucha y la sopa boba, un drama y una tragedia. La política, mientras tanto, no sale del sainete.

Trágala y sambenito

La Inquisición castigaba al hereje –el disidente—con una pena pero, además, como sambenito, símbolo de exclusión y degradación. Algo parecido a lo que hace la Junta de Andalucía al publicar en el BOJA los datos personales –protegidos por la ley, por cierto—de los ciudadanos que, en uso de su fundamental derecho a la libertad de ideas y a la libertad religiosa, han optado por publicar en aquel boletín la relación de objetores de la asignatura Educación para la Ciudadanía, respaldados por no pocas sentencias, entre otras cosas. El “régimen” no admite discrepancias y menos desafíos legales por lo que expone en su picota particular a quienes osan llevarle la contraria. Vamos a ver, por lo menos, para qué sirve la traída y llevada ley de Protección de Datos.

Esta vez, con tiempo

No parece que el PSOE esté dispuesto a jugar con el calendario de la manera que tan mal resultado le dio en las últimas municipales, y ya he sugerido aquí que el relevo de Manuela Parralo está en marcha o va a estarlo enseguida. A ver si no qué hace Manuel Alfonso Jiménez haciéndose campaña para la secretaría local de la capital, actual y discutido feudo de la candidata frustrada, es decir, para la secretaría local del partido en Huelva. No querrán que los pille el tiempo como les ocurrió cuando se entretuvieron hasta última hora discutiendo de galgos y podencos sobre la suerte de Trillo, sino despejar el camino con tiempo e ir preparando sin prisas el relevo de una opción sin grandes posibilidades por otra más sugestiva. Porque si gana Jiménez eso por lo que públicamente trabaja, Parralo quedaría, como Trillo en su día, en situación de “disponible” y a la espera del premio de consolación. Pedro Rodríguez dedicado ‘full time’ a la alcaldía no es cualquier cosa.

Juego sucio

La candidata republicana a la vicepresidencia de los EEUU, Sarah Pali, ese “pittbull maquillado” según ella misma, ha tirado por la calle de enmedio para acusar al candidato Obama de haber mantenido relaciones con terroristas. Con tan poca base, al parecer, como que Obama habría coincidido alguna vez con Bill Ayers, un excombatiente de Vietnam que, en su día ya lejano, intentó una campaña de atentados en el país. Los demócratas no se han inmutado gran cosa con una acusación tan sensible en la actual circunstancia americana –repetido al menos tres veces por Palin—ni siquiera cuando han visto colgado en ‘Youtube’ un spot referido al tema, pero en cambio se han divertido lo suyo el enterarse de que el magnate del porno Larry Flint anda preparando a toda máquina una película del género protagonizada por una “doble” de Palin conseguida a través de un anuncio en Internet. Vale todo, pues, a partir de ahora en esa democracia de referencia para la que el sexo fue siempre, después de todo, un buen motivo y caballo de batalla desde la crónica de los míticos primeros padres del país hasta la historia de Clinton y la becaria, pasando por el libro publicado hace unos años por el propio Flint con el título “Sexo, mentiras y política”, de fácil acceso en la Red, y su ocurrencia de ofrecer un millón de dólares a quien pudiera probar que había mantenido una relación sexual con un miembro del Congreso. Ya saben que hubo un tiempo en que la muñeca inflable más demandada en el mercado ‘hard’ fue una copia, al parecer, poco afortunada, de la señora Nixon, lo que ya dice mucho de la proximidad emocional entre el poder y el sexo, al menos en aquella gran nación. Es probable que de aquí a las elecciones la lucha desagarrada nos proporcione tanto juego sucio como requieran las expectativas electorales, y eso es algo que, en definitiva, en un espectáculo político de esa envergadura, resulta desolador.

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Hay muchas razones para que el ciudadano americano se abstenga en los comicios dando lugar a esa paradoja que es un sistema representativo de extrema fortaleza basado en una participación real escandalosamente baja, pero quizá este indecente recurso a la degradación, incluso simbólica, del adversario no sea la menor de ellas. Una realidad que ha dado lugar alguna vez a hipótesis que parecen arrancadas del Montesquieu más determinista, como la de que los Estados que votan más son aquellos en que el clima es menos propicio mientras que la abstención se dispara en los que disfrutan de clima amable. O a la teoría de que el escepticismo que lleva a la abstención no es más que la respuesta a la pésima información política que el elector recibe lo mismo desde el entorno de los candidatos que desde una prensa poco escrupulosa a la hora de jugar con la verdad y la mentira. Que esa prensa diga un día que Kerry era un falsario y que sus medallas vietnamitas eran un invento, para al día siguiente sostener lo contrario, pongamos por caso, explicaría en buena medida la sensación sentida por el ciudadano medio de carecer del criterio fundado que legitimaría su voto. Como lo explica, sin duda, ver a la propia candidata agitar ante el rival el fantasma del terrorismo o contemplar en la cartelera su retrato pornográfico. Baltasar Porcel ha escrito que se puede convivir políticamente con la miseria siguiendo el modelo del Nápoles inundado de basura, es decir, tapándose la nariz y mirando para otro lado, pero eso no es garantía segura de nada tranquilizador. No vamos a inventar a Maquiavelo ahora, aunque no estaría de más preguntarse una vez más hasta qué punto el gran florentino estaba proponiendo un paradigma del poder o simplemente reflejando la realidad que tenía a su alrededor. Pocas cosas han quedado tan claras con esta crisis como la debilidad del ‘lidership’ americano. Con sucesos como los comentados, la verdad es que no hacen falta mayores explicaciones.

A partir el piñón

Oportuna y extraordinaria memoria la mostrada aquí, en este periódico, por Manuel Mª Becerro, rescatando del olvido, a propósito del premio “Jaén, paraíso interior” entregado por el vicepresidente Zarrías al juez Garzón, la opinión pública y publicada que el mismísimo Manuel Chaves tenía sobre el galardonado antes de su reciclaje. Recuerda Becerro el libro de María Antonia Iglesias, hecho con confidencias de altos dirigentes del PSOE, en el que Chaves el mismo Chaves que le otorfó hace un año la Medalla de Andalucía, dice del magistrado que “es una mala persona, lo era antes y lo es ahora” y que “es un gran simulador”, además de que “no parece que fuera trigo limpio”, que la operación de utilizarlo electoralmente fue “bastante negativa” y que “si hubiera sido ministro (como se le prometió) nos hubiéramos evitado algunos problemas”. Ahora el mudadizo juez es una malva y seguro que ya no es mala persona. De otro modo, ¿ premarían a porfía las instituciones del PSOE a quien llevó al partido mal despeñadero del GAL?

¡Ni que fuera Nueva York!

El alcalde de San Juan del Puerto se ha subido el sueldo 18.000 euritos, es decir, tres millones de las viejas pesetas, dejándoselo, finalmente, en 67.609 euros anuales, es decir, un millón mal contado al mes. Ésta es la austeridad mil veces prometida, la “congelación” de los salarios para combatir la crisis, la política entendida como vocación de servicio, un verdadero atentado al sentido común cuando en Europa entera, y por supuesto en España, la gente de la calle anda tentándose la ropa con tal de conservar el empleo, aguantar la rebaja salarial o, simplemente, mantener la garantía de sus ahorros en el banco. Algo le deberá el PSOE a estos ‘biempagaos’ (hay que incluir al ex-alcalde del Cerro y al de la Nava) cuando consiente este escándalo que, con toda seguridad, escandalizará en la provincia con peores perspectivas de paro de Andalucía.