Vísceras pueblerinas

Que la concejala ‘pepera’ de Sierra de Yeguas, una vez fracasada de plano en el Juzgado su pretensión de echar al alcalde de un caderazo, busque otras vías para su obsesión y las encuentre en el concurso de la oposición, se comprende en base al odio cerril, a la ambición política o a las frustraciones. Ahora bien, que PSOE y PA acepten ese trato tránsfuga y se rebajen a entrar en la pelea visceral disfrazada políticamente, no es admisible. ¿Por qué apoya ahora esa moción de censura una tránsfuga que hace un mes la rechazaba como contraria a los intereses del pueblo? He ahí una cuestión que deben plantearse los socios de esa ménade enrabietada a la que el juez rechaza como acusadora sin la menor prueba. Lo último sería convertir el pleno en un plató de telebasura, pero parece que en ello están.

‘Muy pronto’, ¿cuándo es?

Nada se sabe de los puentes sobre el Odiel comprometidos en falso por Chaves hace dos años. Ni están ni se les espera, pero la consejera de Medio Ambiente ha dicho que se sabrá de ellos “muy pronto”. ¿Y cuándo es ‘muy pronto’, cuando le venga bien al PSOE, cuando se acerquen otras municipales y de nuevo haya que prometer el oro y el moro con tal de cargarse al hasta ahora imbatible Pedro Rodríguez, durante cuyo mandato parece inverosímil que sus frustrados rivales se avengan a dotar a Huelva de esa infraestructura imprescindible? Hay que repetirlo: la estrategia del PSOE castiga a la capital porque no digiere sus cuatro fracasos en la alcaldía. No busquen más explicaciones si no quieren perder el tiempo.

El maestro armero

Todos hemos podido ver la imagen: un hombre fornido en medio del público que asistía en Phoenix al mitin de Obama, el rifle AK-47 (600 disparos por minuto, munición a prueba de blindajes) terciado en bandolera ante la mirada indiferente. En Phoenix no se precisa permiso siquiera para acceder a un mitin armado hasta los dientes, ni siquiera en caso de inquietante exhibicionismo. Hay demasiadas armas en EEUU y demasiada carga mítica acumulada sobre el derecho a poseerlas y portarlas, como para hilar fino en su control. No hace mucho una veinteañera era detenida en un control cuando llevaba una ametralladora antiaérea del calibre 50 mm. y a otras dos jóvenes las pillaba la policía transportando en su furgoneta trece armas largas, entre las cuales había varios ejemplares del mítico rifle exhibido por el hombre del mitin. Poco o nada tienen que ver estos pertrechos con la licencia que los propios padres de la Constitución americana decidieron otorgar a todo ciudadano como garantía de autodefensa en aquella insegura época fundacional, pero la realidad es que hay millones de armas en manos particulares en un país donde adquirirlas no requiere más requisito que los que serían necesarios para comprar un coche usado. Ni la aterradora estadística de muertes por armas de fuego que cada año se registran en aquella gran potencia resulta suficiente para oponerse a un disparate que cuenta con poderosos lobbies en su defensa y que hasta logró alguna vez que la propia esposa del Presidente se sumara a sus campañas de propaganda. El espíritu de la caravana, el psiquismo del pionero, siguen vivos en medio de la gran sociedad moderna que impera sobre el planeta, a pesar de que no puede decirse que le falten motivos para el escarmiento.

Aquí mismo, en España, hay demasiadas armas, comenzando por los varios millones de escopetas cazadoras pero sin olvidar nuestro participación activa en su mercadeo. Había armas españolas en los embargos realizados en Yugoeslavia en los días de las matanzas, las ha habido en Gaza o en Líbano y las hubo siempre en Marruecos así como en otros países africanos que han padecido razzias atroces estos últimos años. El mismo jefe del Gobierno acaba de sorprendernos con la insigne chorrada de que las armas vendidas por nuestro país a Israel no tenían un destino bélico, pero aún más grotesco resulta que mantengamos el negocio redondo de la fabricación de minas unipersonales por cuya erradicación dice luchar un comité presidido por la Reina. Un hombre con un AK-47 en bandolera, una familia armada hasta los dientes o un “niño de la guerra” posando para la posteridad, no constituyen un escarnio mayor ni menor sino una demostración pura y dura de anomia suicida. Al fin y al cabo, nosotros tenemos una pacifista que ejerce encantada como ministra de la guerra.

Insolidaridad sindical

Los sindicatos (los verticalizados de la “concertación” y los otros) no luchan hoy por un trabajo digno y unas condiciones laborales acordes con la condición humana. Luchan por la subvención, por el subsidio generalizado, por el trinque y la mamela imprescindibles cuando lo son pero desmoralizadores cuando de ellos se abusa. Las peticiones del sindicalismo agrario, por ejemplo, resultarían escandalosas incluso si no atravesáramos el desierto minado de la crisis universal, pero en plena travesía resultan intolerables. A no ser que aspiren definitivamente a instaurar una imaginaria sociedad subsidiada universal. De ser así deberían decirlo sin reservas pero, sobre todo, tendrían que justificar su derecho y explicar su gestión.

La pinza triple

Interesante la “pinza” triple de Ayamonte, PP-IU-PA dejando al PSOE fuera de juego e imponiendo una auditoría fiable de cuanto ha ocurrido –que no debe de ser poco—en el urbanismo local de estos últimos años, aunque no entiendo por qué limitarlo a los dos últimos alcaldes cuando en Ayamonte ya hubo lo suyo antes de estos insignes. Los abusos y la prepotencia acaban pagándose en muchas ocasiones y ésta –como la anterior de Bollullos—parece una de ellas. Veremos que da de sí ese pacto circunstancial, pero lo suyo sería que, tanto para mantenerlo como para desactivarlo, lo que se tuviera en cuenta por parte de todos fuera el interés público y no los proyectos de partido.

El cerdito suizo

El fisco americano anda en pleitos con la banca suiza. Se trata de desenmascarar, una vez más, a los rentistas nacionales que evaden impuestos aprovechando las ventajas que les ofrece el hasta ahora intratable secreto bancario que ha hecho ricos a los suizos, y concretamente a 150 clientes del banco helvético UBS que habrían disimulado en sus cajas fuertes rentas y activos. Esta vez el caso es posible gracias a la “defección” de un alto responsable del banco en cuestión, Bradley Birkenfeld, que en busca de una eventual reducción de pena, habría proporcionado a la autoridad una lista de esos defraudadores, que es todo lo que la Administración americana ha podido obtener de su primitiva petición de datos sobre un total de 52.000 clientes cuyos depósitos se calculan en casi quince miliardos de dólares. Suiza comienza a aceptar la necesidad de negociar discretamente y caso a caso ese privilegiado e injusto sistema de silencios que ha proporcionado al país su indiscutible potencia financiera, convencida de que la generalización del fraude es tal que ni la creciente competencia de otros “paraísos fiscales” podría acabar ya, a estas alturas, con el que, sin duda es el mayor negocio del mundo. ¿Y en España, para cuando? En España ha habido intentos aislados, bien conocidos por implicar a personajes notorios de la vida social, como el emprendido por Anticorrupción hace años para averiguar lo posible sobre las fortunas depositadas en Liechtenstein por una veintena de ciudadanos, pero todo el mundo sabe, en todo caso, lo cerca que quedan de nuestros defraudadores las huchas secretas de Andorra o Gibraltar. Hace más de veinte años se calculaba que en Suiza había por lo menos dos billones de dólares españoles que habían burlado nuestro fielato. Hoy cualquier entendido se reiría ante una cifra semejante.

Por supuesto no ha faltado esta vez la alarma lanzada desde Suiza en el sentido de que meterse en esas honduras podría acabar provocando una crisis internacional de alcance difícilmente previsible. Habrá que pactar, posiblemente, por ejemplo, como en el caso presente, proponiendo entregar solamente los datos de 5.000 de los 52.000 solicitados, que obviamente no han de ser los correspondientes a los “clientes” más poderosos, pero no parece que los suizos estén por la labor de desmantelar el sistema secreto sin el que el país se hundiría y no sabemos siquiera qué consecuencias acarrearía sobre las finanzas mundiales. El sistema de capital reposa sobre estos cimientos ilegales en los que ni siquiera los apuros de la crisis han permitido sondear con auténtica libertad. Mientras nuestros cantantes y tenistas, promotores y hasta partidos en el poder, recurren a esas alcancías blindadas, el resto habrá de resignarse a una tiranía fiscal implacable que ahonda decisivamente el abismo entre ricos y pobres.