Ir de cobayas

Hay que volver sobre la gripe A, no hay más remedio. Por muchos motivos, dado que la confusión o desconcierto es cada día mayor, pero sobre todo por la noticia de que si la vacuna llega antes de lo anunciado por la OMS a España (hacia diciembre) será porque la autoridad acabe tragando con el proyecto de los laboratorios de “experimentar” el fármaco entre nosotros. Eso se hacía tradicionalmente con voluntarios del presidio o pobres desesperados y, en ese sentido, no deja de ser un progreso, algo así como un gesto demótico, el proponerle al pueblo beneficiario que se preste él mismo en plan cobaya para que el resto, y él mismo, puedan tener garantías de que le remedio es viable y no nocivo. Ahora bien, conociendo el paño, lo primero que se le viene a uno a la cabeza es por dónde se empezará el experimento, no sea que se nos dé como caso cerrado un plan de vacunación que comience por abajo y vaya ascendiendo luego. Por ejemplo, una pregunta: ¿se vacunarán en plan “experimento” la ministra del ramo y sus deudos más cercanos, lo harán el presidente del Gobierno y sus ministros para dar ejemplo cívico, veremos a los próceres de las finanzas y el gran mundo extender el brazo al sanitario para que le inyecte la vacuna de efectos aún desconocidos? Sí, me hago cargo de que enseguida se me objetará que esta pregunta es demagógica, aunque si les digo la verdad no sé por qué coños iba a serlo. Si yo tuviera la grave responsabilidad de disponer que se vacune a los hijos y nietos de los demás, palabra que consentiría en que los míos fueran también por delante. Pero aunque no la tenga, ¿no les parece consecuente mi inquietud ante esta incierta aventura sanitaria que se guarda muy bien de especificar por dónde comenzaría la experiencia?

Un paso al frente. Lo que tendría que pedir el Poder –pedirse a sí mismo– es un paso al frente, un gesto voluntario para ofrecerse como cobaya junto a las gentecillas del común. De otro modo, ¿cómo fiarnos de una ministra que, además, nada tiene que ver con la sanidad aunque la gobierne? Y no creo que lo haga, ya lo verán. Por eso me temo que en otoño, cuando se a anuncie la necesidad de vacunar poco menos que a ciegas, muchas voces habrán de levantarse reclamando ver a nuestros próceres encabezando la cola. Será una reacción muy natural, incluso si nos olvidamos del escaso crédito que conservan los poderes públicos. Alguien tendrá que ser el primero, ya lo creo. El toque estará en ver quién es ese alguien, y si no es quien debiera, o habrá desbandada o tragaremos aplastados por el complejo de cobayas. Que se vacune la ministra, la consejera, el Presidente y los secretarios de Estado. Porque aquí es que no nos fiamos ya ni del apuntador.

Trece años no es nada

Acaba de salir de la cárcel, tras cumplir 13 años de reclusión, un ciudadano de Cádiz erróneamente condenado por violación. El hombre está contento, su abogado estudia pedir su urgente indemnización por parte del Estado, pero no cabe duda de que el mal hecho, hecho está, y que ese paréntesis negro de su biografía pinta imborrable. Los jueces se han dado cuenta de su inocencia recurriendo a unos análisis del ADN que han demostrado la culpabilidad de otros. Y la pregunta que se viene a la boca es por qué no recurrieron antes a esa prueba o, más en general, si para rectificar un error judicial son precisos 13 años de la vida de un inocente. Conteste quien pueda, pero esto, en cualquier caso, no es Justicia.

Interesante UNIA

Buen año de la UNIA, interesante programa el concertado por su director Juan Manuel Suárez Japón, con muchos intervinientes de prestigio y una relativa apertura política. Temas variados en extremo y elegidos con tacto demuestran que una universidad estival no tiene por qué ser un perdedero de tiempo ni un escaparate para las propagandas de partido. Y en ello hay que atribuirle un mérito incuestionable a Japón, que seguro que será el primero en reconocer que falta mucha tela que cortar en esa tarea pero que, seguro también, mantendrá alto el nivel de exigencia. La Rábida ha de volver a ser un referente como, a pesar de los pesares, lo fue en tiempos, y parece que vamos por buen camino.

La mano visible

Se da por sentado que de esta crisis hemos de salir con ciertas lecciones aprendidas, entre otras y sobre todo, la de que la libertad absoluta (¿quién solía decir aquello del “libertinaje”?) implica riesgos ciertos de perversión para el sistema de mercado. Es obvio que lo que en el mundo ha ocurrido no ha sido más que la consecuencia de un ejercicio insensato de esa libertad sin límites y, por supuesto, aunque se insista menos en ello, de la permisividad cómplice de unos poderes públicos a los que favorecía el crecimiento explosivo de todos estos años. Por eso se insiste en que no es cosa de cuestionar el mercado sino de respetarlo confiando en que la famosa “Mano invisible” haga su tarea ajustando como es debido oferta y demanda, y ése será, sin duda, el rumbo que consagraremos una vez que salgamos del dramático bache. Ahora bien, ¿se limitará previsoramente en adelante esa ferocidad financiera, habrá límites, en definitiva, a la sacrosanta voluntad de los poderosos, o volveremos a las andadas a pesar de tanto quebranto? Acabamos de conocer, por ejemplo, la sentencia que absuelve al presidente de la empresa más grande de España a pesar de reconocerle reo de un escandaloso delito –prescrito, como otros similares anteriormente—por haber utilizado su información privilegiada para enriquecerse por la vía rápida en una Bolsa que se supone ciega. ¿No es obvio que hechos probados como ése y tantos otros demuestran la falacia implícita en el fundamentalismo liberal que parte y termina en la absurda creencia de la rectitud de los gestores que intervienen en el mercado? Es poco probable que evidencias tan rotundas retuerzan la lógica manchesteriana, sin embargo, de manera que llegue a limitarse el albedrío absoluto de los poderosos. Saldremos de la crisis como hemos entrado en ella: fieles a un mito en el que quienes menos creen sus propios mitógrafos.

La mano que controla el Mercado es bien visible, blanca o negra, férrea o embutida en guante de seda, y casos como el célebre de los Albertos o ahora el de Alierta prolongan esa mano en un brazo ejecutor tras el cual –sigo la metáfora de Ortega—hay un cerebro en el que actúan las ideas de un sujeto concreto y producto de su época. El Mercado puede ser transparente en el limbo teórico pero la mano que lo agita pertenece plenamente a esta realidad feroz que ha hecho de la rapacidad un valor y de la ambición toda una ideología. Saldremos de la crisis, pues, tal como estábamos antes de su llegada, es decir, a merced de la audacia financiera protegida por el interés político. Alierta, como los Albertos, no tendrán que devolver siquiera lo que ilegalmente afanaron. Comprenderán que con estos antecedentes cuesta creer que en el futuro el lobo se limite a sí mismo frente al rebaño indefenso.

Banca y política

El sueño de la banca controlada por el Poder no es nuevo. Lo puso en marcha Mussolini, lo acariciaron las utopías de izquierda, lo probó Mitterrand, figuró en el programa fundacional del fascismo español. Todos querían lo mismo: un banco político, una caja fuerte en la que la segunda llave fuera del mandamás. El proyecto andaluz en marcha, la Gran Caja o Caja Única, pertenece a esa serie que nunca, que se sepa, tuvo buen fin, pero que promete arrimar a la política más pasta todavía de la que ha arrimado desde la fragmentación. Una sola Caja de Ahorros implicará el fin de la competencia, la reducción del empleo y lo que ustedes quieran, pero será una bicoca en manos del partido que la controle desde el machito. A eso vamos. La próxima vez que le condonen un crédito millonario a Chaves resultará más fácil todavía. Y a ver qué partido o sindicato puede tirar la primera piedra contra esa vidriera.

Lo de Punta Umbría

No será, desde luego, si es que se confirma, lo peor que aquí se ha hecho, pero pinta como candidato firme en el ránking de ‘casos’ con jeta de cemento y moral nula. Esa cinta mafiosa grabada y aportada al juez, ese mirar para otro lado del partido (uno de cuyos responsables de la Ejecutiva está implicado en el lío), y lo que es ya pésimo como síntoma de podredumbre, esa actitud indiferente generalizada ante hechos de esa gravedad, proclaman una situación sociopolítica deplorable. Beas, Bollullos, las Mancomunidades sociatas, Punta Umbría…: el PSOE debería poner pie en pared para que el edificio moral no acabe de vernirse abajo. El problema es qué pie poner si es raro el que no está dentro.