Callada por respuesta

Ante una denuncia como la efectuada por CCOO sobre el funcionamiento de las casas de acogida y, en concreto, sobre la situación de la de Ayamonte, no basta con la callada por respuesta y menos, claro está, con el comentario malicioso de que lo que pretende el sindicato es llamar la atención. Ahora bien, si tan demostrables son las irregularidades denunciadas, no se entiende por qué CCOO e IU no las trasladan a la Justicia en evitación de males mayores. Lo que no cabe es destapar que los acogidos viven en una situación límite de falta de atención y hasta de intolerables severidades, y cruzarse luego de brazos. Si la Diputación puede, debe salir al paso de la denuncia; si no lo hace, los denunciantes tendrían que llevarle el problema al juez.

Sangre y petróleo

Celebro las declaraciones de los Gadaffi, padre e hijo, en el sentido de que la liberación del terrorista implicado en la atrocidad del atentado de Lockerbie que costó 270 vidas ha obedecido más que nada a motivaciones económicas. Las cosas claras: “En todos los contratos comerciales de petróleo y gas con el Reino Unido, el terrorista Magrahi estuvo siempre sobre la mesa de negociaciones”, ha explicado el delfín y probable sucesor del gran terrorista rehabilitado. Se habla de piedad ante la circunstancias de un preso al que puede que le queden apenas tres meses de vida, pero los propios muñidores del negocio se han encargado de proclamar que no hay en éste razón más fuerte que el interés. ¿Y por qué habría de chocarnos, después de todo, sabiendo lo que sabemos de la implicación de Francia. Gran Bretaña o EEUU en las feroces razzias africanas motivadas por sus respectivos intereses en los diamantes, el coltán o el mismo petróleo? Mitterrand no persiguió a ETA en el “santuario” francés hasta que le compramos el AVE que le íbamos a encargar a Alemania, ¿o es que no se acuerdan ya? El duelo ha de ser asumido por el Poder, pero una vez que pasa el mal momento, el negocio se impone sobre cualquier otra realidad. ¿Qué son, por ejemplo, hoy por hoy, aquellos 270 cuerpos calcinados a cuyos deudos, en un flagrante reconocimiento de culpa, ha “indemnizado” el propio Gadaffi a cambio, además, de su “rehabilitación” internacional? Pues nada o casi nada. No tienen más que ver el recibimiento heroico dispensado al monstruo por sus cómplices de Estado. Y considerar que sólo los EEUU han dejado oír un hilo de voz protestando por la excarcelación mientras Europa no ha dicho esta boca es mía. Sangre o petróleo. Pasado el obligado momento del duelo, no cabe duda de que prima el segundo: no tiene color.

Inútil, absurdo debate el suscitado alrededor de esa liberación, porque lo que está en cuestión no es la circunstancia de un penado (la de De Juana era estupenda y ya ven cómo lo trataron) sino la crítica noción de pena en esta que alguien ha llamado agudamente “la era de lo facultativo”, crítica y lamentable parodia de la tolerancia. La pena de un monstruo no se agota ni en su función tuitiva ni en la ejemplarizante, sino que debe ser entendida también como la justa sanción que resarce, siquiera psíquicamente, a la parte ofendida. ¿Qué hubiera pasado si Magrahi acaba sus días entre rejas? Nada. En casos como el suyo, el Poder transparenta sus conchabeos, eso es todo. Gadaffi mismo, hasta ayer padre y protector del terrorismo internacional, anda comprándose fincas por la costa del Sol y tuteándose con la libre y culta Europa. Es ahora nuestro hijo de puta, como dicen que dijo Roosevelt, y eso vale más que todos los achicharrados del mundo.

Cuentas claras

Carece de sentido la oposición de la Junta a facilitar a la oposición –es decir, a la opinión pública—la relación de altos cargos que han percibido las pingües “cesantías” establecidas por la ley. ¿Por qué se niegan a darlas, acaso es que han recibido más de la cuenta o lo que no les correspondía, o será que hubo incompatibilidades que se pretenden ocultar? Echar por delante el seguro de la protección de datos no es más que un mal truco que lo más que puede lograr es que las preguntas anteriores se contesten solas en un momento en que cientos de miles de familias carecen de toda cobertura social.

A cencerros tapados

Tan conveniente es la iniciativa de la Junta de motivar a Ercros con un fuerte incentivo económico para que conserve el empleo, como absurdo que tanto ella como el PSOE se nieguen a publicar los términos de la propuesta. El dinero público que la Junta ofrece no es suyo y menos de su partido, sino de todos los ciudadanos y nada justifica que pueda manejarlo a cencerros tapados, en plan ‘Juan Palomo’, como si la sociedad fuera menor de edad o incapaz de hacer valoraciones, pero sobre todo, como si la oposición no pintara nada en la vida política. Debe saberse cuánto se le ofrece a Ercrós y a cambio de qué. Reservárselo para uso interno del partido constituye una apropiación indebida.

Los muertos verdes

No pasa día sin que los esforzados e imaginativos ecologistas nos proporcionen, junto a sus incuestionables méritos, motivos de estupor e incluso de indignación. Van a acabar, como el pastor de la fábula, clamando en el desierto del descrédito más merecido como consecuencia de una destemplanza que convierte su imaginación de activistas en un ejemplo, seguramente narcisista, de irresponsable atrevimiento. La penúltima de esas noticias estupefacientes ha sido el proyecto expuesto, entre bromas y veras, por uno de esos líderes que parecen empeñados en convertir en simple distopía lo que fue, en principio y sigue siendo en muchas circunstancias, un empeño tan digno, quien no se ha cortado un pelo a la hora de proponer, como alternativa a los crematorios, el empleo de los cadáveres como alimento animal, es decir, ni más ni menos que el regreso a ciertos ritos funerarios primitivos que veían en la exposición de los cuerpos a la voracidad de aves y fieras una suerte de oblación purificadora, cuya impronta panteísta se percibe a la legua. He leído esas irónicas pero no por ello menos impías declaraciones del interfecto, reparando en la idea de que se trataría de plantear la polémica y “abrir las mentes de la gente (“la gente” somos todos, claro, menos los ecologistas radicales) al ecologismo” de manera que fuera capaz de asumir los usos salvajes como remedio contra la acción contaminante que, por lo visto, provocan las incineradoras. “No te dejes cremar, déjate devorar”, dice el absurdo y estremecedor eslogan de esa campaña que tiene un pie en el surrealismo y el otro en la infamia de la deshumanización. Nunca lograrán que se les tome en serio mientras sigan aferrados a ese ingenuo primitivismo y obsesionados con la cabra del campanario.

La postmodernidad nos devuelve, como ven, al pretérito imperfecto. ¿Recuerdan el intercambio de amenazas (Samuel, I, 44) cruzado entre Goliat y David? “Ven hacia mí y daré tu carne a las aves del cielo y a las fieras del campo…”, decía el gigante para que el héroe le replicara: “Hoy mismo echaré tu cadáver a las aves del cielo y a las fieras de la tierra”. Hoy apenas se discute ya sobre el enterramiento neandertal ni el amerindio abandona sus difuntos en los árboles, es cierto, pero también es verdad que no hace tanto que se denunció con espanto la utilización de los cuerpos de los ejecutados en China para fabricar productos de belleza. Y ahora nuestro ecologismo radical apostaría por el uso del cadáver como carnaza en beneficio del pariente rapaz o del hermano lobo pero, sobre todo, en defensa del medio amenazado. “Resulta más digno para el ‘animal humano’ servir de alimento a otras criaturas que ser quemado en una caldera contaminante”. Llega un momento en que uno no sabe ya quien es más bruto, si Goliat o David.

La gripe que viene

Ha de conservarse la serenidad contra viento y marea de cara a la pandemia de gripe, por descontado, pero para ello sería de lo más efectivo que la autoridad sanitaria –la consejería de la Junta, en este caso—fuera con pies de plomo y sin hacer pronósticos gratuitos como los optimistas con los que, tristemente, fracasó el pasado miércoles al descartar las últimas muertes. Parece lógico que no haya más que una voz en el país, aunque haya que oírsela a esa ministra lega tan pendiente de recolocar su melena. La amenaza es grave y cierta, y ello exige, al menos, una actitud seria y tranquilizadora para evitar el pánico.