Cinco años, ‘Nunca mais’

Cinco años han pasado desde que ardieron nuestros montes. Cinco años que no han bastado para que el Gobierno y la Junta cumplan sus compromisos para la galería. Cinco años en que hemos visto a los diputados sociatas de la provincia votar en el Congreso ‘en contra’ de ésta al oponerse a la declaración de “zona catastrófica” para los quemados, mientras votaban a favor en el caso de Guadalajara. Cinco años de “yo por ti/ tú por mí”, y los campos siguen sin limpiar, el conflicto económico sin abordar y mucho por hacer” en todos los sentidos, incluso en el de la determinación de responsabilidades penales. Huelva no tiene peso político, a la vista está. Cuando se tiene el voto seguro, el Poder se desentiende de todo.

Caín se echa al monte

Hace unos años recorrí durante toda una mañana un paisaje del Algarbe devastado por el fuego. Lo mismo pude hacer luego en los montes de Huelva y Sevilla, que ardieron durante días mientras Chaves veraneaba sin interrupción por tierras gallegas, muchas miles de hectáreas perdidas –muchas más de las que la Junta se empeñó en cifrar, como sabemos ahora por la propia Fiscalía—, arrasando lo mismo monte que dehesa, un año antes de que en Guadalajara se repitiera el infierno, en esta ocasión con tantos muertos que hasta hoy sigue la Justicia meneando el asunto de las responsabilidades. Estos días arde el campo en Cataluña, en Teruel o en Andalucía, pero el foco se lo lleva el siniestro que mantiene sobrecogida a Córcega con las llamas lamiendo las murallas de las ciudades. Demasiados incendios, y la mayoría provocados, pocos detenidos y menos condenados (sólo tres por cada cien, al parecer), a pesar de las víctimas. Manuel Alcántara, que cumple ahora medio siglo de columnismo, recuerda la dura imagen de Cernuda, la del español con la piedra en la mano, y dice que lo malo es que en la otra lleva la tea, pero, mientras los ecologistas se desgañitan, recuerdo a mi padre diciendo que los incendios del verano se apagan en invierno: hay dos clases de incendiarios, los del hachón en la mano y los que, una sobre otra contemplan desde sus despachos, sin mover un dedo, cómo crece el pasto bajo el encinar o como se colmatan los cortafuegos, de qué imprudente manera se maciza el valle o la serranía con esas colmenas apretadas que disputan insensatamente el terreno a la vegetación, o cómo el urbanita se le sube a las barbas a la Madre Naturaleza cada domingo y fiesta de guardar, armado con su repertorio incendiario. Nos dicen que la responsabilidad es siempre del que mete el fuego pero eso no es enteramente cierto. Hay mucho pirómano que nunca ha tocado una cerilla.

Preferimos esconder la cabeza bajo el ala, no echar números sobre las pérdidas ni calcular las hectáreas perdidas, en muchos casos para siempre. Como si el desafío de Caín fuera ineluctable, como si no se pudiera hacer mucho más previniendo que mandando helicópteros y bomberos casi suicidas a enfrentarse con las llamas. Hace poco se pedía la dimisión de la consejera andaluza del “medio” por haber dicho que el matorral quemado carecía de valor ecológico. ¡Cráneo privilegiado! Quizá por ahí radique el problema: por la improvisación de la política, por el indecente criterio de que “to er mundo vale pa to”, como tiene dicho una autoridad andaluza. Yo he visto apagar fuegos con ramas y a la Guardia Civil reclutando levas de paisanos en las plazas de los pueblos para apagar incendios. ¿Qué pasa hoy para que con tantos medios y tantos millones, cada día se lo pongamos más fácil a Caín? Esa pregunta no espera una respuesta. Si acaso esperaría unos cuantos ceses.

¡Que la echen!

Una funeraria gaditana ha denunciado ante la Junta el estado lamentable en que se encontraban los cadáveres de náufragos que debían ser trasladados a Marruecos, y la delegada de la consejería de Justicia en Cádiz ha contestado en plan bestia: “¡Peor podían estar si en vez de en el Instituto Anatómico-Forense permanecieran aún en la playa de Barbate!”. Brutal expresión, talante ignominioso, carencia absoluta de sensibilidad. Para esta tropa un cadáver en una playa es un mero incidente burocrático. ¿Será posible que dejen a esa bárbara sin piedad en su poltrona? Griñán debería salvar la dignidad de la autonomía ordenando siquiera un repaso a la desaprensiva.

Ahora, si

La voz del secretario de Organización del PSOE, Ignacio Caraballo, inmerso él mismo en el lío de las Mancomunidades y sus chanchullos partidistas, clama ahora para descalificar a los concejales que en Bollullos rompieron el pacto PSOE-IU en su pretensión de romper relaciones entre el Ayuntamiento y la Mancomunidad. Ahora sí vale lo de “tránsfuga” como baldón, al contrario de lo que sucedió cuando los tránsfugas de Gibraleón (¡a los que el propio PSOE tuvo que expulsar en principio!) o cuando el transfugazo de El Cerro y tantos otros arrebataron el poder a los rivales del PSOE. Ningún partido ha hecho honor, llegado el caso, al compromiso de excluir rectamente a los tránsfugas que comercian con su acta, pero el PSOE onubense encabeza hasta ahora esa ominosa clasificación.

El árbol seco

Mal debe de andar el PS francés cuando se movilizan frenéticamente los ‘fieles’ del partido frente a la ola de críticas que lleva camino de convertirse en tsunami. El siempre mediático Jack Lang, ya con un pie en el proyecto sarkozista, acaba de describir al viejo partido referente de la socialdemocracia europea como un árbol seco y ya sabemos cual es el destino previsible de todo árbol seco. Otro activista que no para esta temporada, Manuel Valls, habla sin tentarse la ropa de riesgo de muerte y desaparición del partido tras acuñar el lema “Cambiar o morir” que está haciendo furor entre la masa crítica. En el ‘Financial Times’ puede leerse la filípica de Julián Dray tratando de incompetente a la actual responsable de la organización, Martine Aubri, mientras la rival de la jefa, la correosa ‘zapatera’ Ségolène Royal, anda desaparecida en combate y el prestigioso dirigente de la nueva izquierda socialista que reclama la refundación, Arnaud Montebourg, anuncia que el partido está en peligro de muerte y que no es posible mantenerlo conservado en formol. Es evidente que algo falla en la base de la socialdemocracia tradicional europea cuando se toma a Obama por un socialdemócrata, como se hace aquí en España, y cuando la realidad es que se han volatilizado tanto los contenidos clásicos como los modernos de esa izquierda moderada o, como decía André Gorz mientras duró la ilusión de los años 60, “reformista no reformista”. Nadie le encuentra su lugar adecuado a la izquierda y menos al batiburrillo socialdemócrata, sobre todo una vez que la crisis ha puesto en almoneda la esperanza galbraithiana en el ‘Welfare State’ como panacea universal. No era sólo el “socialismo real” el que se vino abajo con el muro; también se derrumbó con él su contrahechura liberal y moderada. Una lástima, pero hay que reconocer que resuena cada día más el ominoso término radical que tanta murga dio en tiempo con los “socialtraidores”.

Y lo malo (o lo bueno, eso ya se verá) es que desde enfrente, los liberal-conservadores, es decir, los sarkozistas, ensayan sin prisa ni pausa una suerte de alianza libre a la que están incorporando estrellas fulgurantes del paisaje de la izquierda, desde Strauss-Kahn a Michel Rocard pasando por Lang y el nieto de Mitterrand. Quizá la propuesta cínica de que, en el fondo, hoy no existe diferencia sustancial entre derecha e izquierda está imponiéndose en la práctica política, algo que podría explicar el caos sin perspectivas en que anda sumido este último sector lo mismo en Francia que en Alemania, en Italia o Inglaterra. ‘Sarko’ ha apostado por la eficacia, por no mirarle a nadie el carné y por practicar una especie de “política de concentración” incondicional a la que se han apresurado a alistarse grandes líderes del socialismo histórico como los mencionados. Igual se impone con retraso la idea del crepúsculo de las ideologías que inventó Daniel Bell y copió aquí Fernández de la Mora. Lo cierto es que estamos en un momento crucial del modelo político habitual en nuestras democracias, por más que en España ni se hayan enterado los capataces del cortijo.

Debajo de un olivo

La consejera de Agricultura se ha sentado bajo un olivo y ha desgranado un elucidario de órdago. Dice que el Mercado necesita del Estado una vez probado su fracaso (¡), que la PAC es necesaria pero que deberá ser debatida (¡) en otoño por los andaluces, que Sánchez Gordillo lleva 30 años viviendo de lo suyo (¿no habrá mirado en inmediato derredor?) pero que no representa a nuestra agricultura, que no se fía de la calidad de las “marcas blancas”, que hay que resolver de una vez el bodrio de la Reforma Agraria (¡) y que hay que dar ejemplo, verbi gratia apagando la climatización y luz del despacho al salir. Me pregunto por qué expertos y agricultores están que echan las muelas con esta responsable del ramo.