La verdad peligrosa

El argumento de que requerir la intervención del Parlamento Europeo en la interminable saga de los fosfoyesos constituye un atentado contra Huelva, provincia a la que PP e IU pretenden hundir mediante “un pacto de sangre”, es una calamidad dialéctica. Los fosfoyesos llevan ahí demasiado tiempo, la sentencia que ordena su retirada no se cumple, la Junta dice ahora sí y luego no desde hace años en ese pleito y, en definitiva, recurrir al Parlamento de todos no es más que un paso legítimo. Hablar de “pinzas” desesperadas y conjuras contra Huelva es algo que sólo se le ocurre a una mente conspiratoria. Todo el mundo puede entender que si el PSOE hubiera querido el problema de los fosfoyesos hace años que no existiría ya.

Habas para todos

La pulsión por controlar la Justicia, rompiendo con el esquema de separación de poderes, no es en absoluto privativa de ninguna tendencia política. Todos, los de izquierda y los de derechas, una vez llegados al Poder se plantean la posibilidad de someter los jueces a su autoridad privándolos de esa libertad que es garantía imprescindible de toda Justicia. Hoy martes recibirá Sarkozy el informa preparado por el “comité Léger” que, en el marco de una muy discutida reforma penal, va a proponer por las bravas la supresión del juez instructor para confiar esas funciones a los fiscales dependientes del ministerio de Justicia, es decir, chispa más o menos el proyecto que el ministro Bermejo traía entre manos cuando se le disparó la escopeta por la culata y con el que pretendía blindar el círculo cerrado de una Justicia politizada tan cómoda para el Poder como demoledora para el sistema de libertades que llamamos democracia. No sólo en Francia (el debate ha alcanzado a otros países europeos que han puesto sus barbas en remojo) se ha defendido la medida con el argumento de que ese clásico juez de instrucción acumula las funciones del juez a las del instructor con el resultado de que, como consecuencia, “ni es del todo juez ni del todo instructor”, pero la verdad es que valdría cualquier otro instrumento habida cuenta que de lo que se trata es de atraillar al juez de manera que el poder político quede, llegado el caso, fuera del ámbito judicial. Casos como el de las fragatas taiwanesas que costó la carrera al presidente Dumas, el feo asunto Urba o el famoso Clearstream ramificado hasta la presidencia de la República, parecen haber sido excesivos para una clase política que, entre otras cosas, ya se autoamnistió en un par de ocasiones con motivo de sus escándalos de corrupción. Pero sin olvidar que la Ley del Menor, obra del PP, ya fue una especie de ensayo de esta función en la medida en que deja la instrucción en manos de una fiscalía tan dependiente como la que disfrutamos. Cuesta jugar limpio cuando se tiene la trampa al alcance de la mano.

Las críticas de los sociólogos a esta mutación de la democracia tampoco son nuevas, conformes la mayoría en que tras esa panoplia de medidas contra la independencia del juez se agazapa la peor amenaza para la vida democrática y, en concreto, para la vigencia de las libertades públicas. No se trata de añorar el “gobierno de los jueces” pero siempre recuerdo a este propósito una encendida y retórica arenga de Robespierre en la que recordaba al pueblo que cuando en la República la Justicia no reina con un imperio absoluto, la Libertad es apenas una palabra vacía. No hay distinción en ello entre izquierdas y derechas. Hoy mismo van a ofrecerle a Sarkozy en bandeja de plata la misma cabeza cercenada que Bermejo preparaba aquí para ZP.

Ideas artesanas

La vieja chuscada atribuida a Schlageter, a Goering, a Millán Astray y a otros por el estilo –“Cuando oigo la palabra “cultura” echo mano a la pistola”–, el prurito antiintelectual políticamente ambidextro, sigue vigente en el PSOE, al menos en el andaluz, a la hora de crear una “fábrica de ideas” que no sea, en cualquier caso, un foro para “sesudos intelectuales”. El partido debe aviárselas solo, sin sabedores ni especialistas, esa competencia incomoda para los mediocres, algo que choca con la tradición ‘ilustrada’ que los obreros fundadores supieron apreciar pero que inquieta a los autodidactas en nómina. Mejor “ideologías” que “ideas”. Nunca el nivel de la autopostulada izquierda estuvo más bajo.

Abandonados de todos

Pone los pelos de punta el tremendo comentario del responsable de Cáritas onubense, Julio González, sobre la situación infame de los inmigrantes que sobreviven en la provincia. González afirma que “hay hambre en Huelva y gente que recorre muchos kilómetros para conseguir un poco de comida”, que los políticos se han preocupado más de la imagen exterior que de este drama y que Huelva es “un lugar donde la trata de blancas es un hecho” ante la ceguera voluntaria de los responsables. Toda la retórica sobre la solidaridad se derrumba ante denuncias como ésta que pone en primer plano la indiferencia masiva de toda una sociedad.

El adiós interminable

Si algo podrá definir a esta sociedad en un retrato futuro es posible que sea su desmesura. No tiene medida este tiempo confuso, ni para el Bien ni para el Mal, pero sobre todo no la tiene para las banalidades y para ese lamentable rasgo subcultural que es la ambigüedad. El interminable duelo por Jackson –duelo con fiesta, como corresponde al primitivismo que lo inspira—constituye una espléndida demostración de una y otra, sobre todo desde que se ha disparado la fiebre del “flasmob” o concentración espontánea (¿) y masiva para festejar públicamente su memoria reproduciendo sus famosas coreografías. Justo coincidiendo con el anuncio de su homicidio y con su cumpleaños, millares de danzantes concelebran en Barcelona o en México, un poco por todo el mundo, esas convulsas exequias que recrean “Thriller” o “Beat It” convocadas a través de Facebook en un escenario planetario que alcanza desde Beijin a Río y desde Estocolmo a Canarias. La fascinación, sin duda mediatizada, por el extravagante personaje debe de tener, sin duda, motivaciones más profunda, como el signo negroide de un estilo que, en definitiva, se apoya sobre la larga tradición que discurre desde los viejos ritmos como el gospel o el blues, tal vez más lejanamente del propio jazz, y que ha desembocado con éxito, como se ha señalado, en la fenomenal experiencia de una música negra injertada enérgicamente en la cultura popular blanca. También se ha dicho que sin nuevas tecnologías no habría sido posible ese milagro, pero es posible que la consecuencia más razonable haya que buscarla en la brillante superficialidad de una imagen que ha sabido obtener de la ambigüedad su contundente concreción. Un negro teñido de blanco, un adulto instalado en la infancia, un varón confundido en la feminidad, una suerte de Blanca Nieves deslustrada” (Claude Imbert): sin duda esta rara idolatría traza un desconcertante retrato de su parroquia universal.

No resulta tranquilizador advertir que el poder de los medios tiene tan larga mano. Con dificultad se hubiera podido reunir ni la tercera parte de esas multitudes para enfrentar la realidad de la crisis o el fantasma de la pandemia que viene, pero ha resultado sumamente fácil hacerlo en nombre de esa deplorable figura que, sin embargo, representa con fidelidad el espíritu de nuestras sociedades postmodernas, sometidas irresistiblemente por la hipermediatización, ese zombi trasgresor ante el que probablemente se compadece y entusiasma la muchedumbre desarmada que ha minimizado la asamblea en el “flashmob” en un gesto supremo de dimisión cívica. Los mitos imperan y sobreviven ajenos por completo a la razón. El espectáculo póstumo de Jackson no es una excepción ni mucho menos.

Vacunas distintas

Debe aclararse a toda prisa la noticia de que la vacuna contra el cáncer de cérvix administrada en Andalucía no protege más que frente a dos males mientras que la usada por la sanidad catalana protege frente a cuatro. Si es verdad que cuestan igual una que otra, peor lo ponen todavía, porque la pregunta es por qué criterios se rige el sistema sanitario andaluz a la hora de invertir en fármacos y cual es la solvencia real de los encargados de elegir. Pero en cualquier caso, ¿es verdad lo que dice esa noticia? Porque si lo es sería como para despedir sin contemplaciones a los responsables. Con el fantasma de la gripe a la vuelta de la esquina, lo que faltaba es no podernos fiar de la autoridad responsable de la salud.