Lo demostrado

Poco dura el farol político, más o menos lo que la pompa de jabón. A la deshogada proclamación de igualdad de trato de la Junta a los Ayuntamientos formulada por el presidente accidental de la Junta, Antonio Ávila, la han pulverizado los datos sobre el reparto de fondos para vivienda repartidos por esa Junta de todos en proporción de 7 a 3 a favor de los concejos gobernados por su partido. Más de dos millones de euros para Ayuntamientos del PSOE, cero patatero para los del PP. ¿Ve el Presidente interino como no era “indemostrable” la discriminación?

Unos y otros

Muy bien la reacción del PSOE onubense exigiendo al concejal de Palos imputado por falsificación documental su acta y renuncia. Lo que no se entiende es por qué se hace una cosa en Palos y la contraria en Bollullos, por qué tanta estrechura en aquel pueblo y tanta manga ancha en Beas o en las Mancomunidades en apuros y en tantos otros sitios. Y menos se entiende todavía la audacia del “aparato” al decir que el defenestrado no “militaba” en el PSOE puesto que era ‘independiente’, obviando que ha sido portavoz del grupo del partido hasta la semana pasada. La ética de partido no tiene arreglo. Cada caso que surge viene a confirmarlo una vez más.

Historias puritanas

La historia de Wendy Whitaker, una joven de 29 años ciudadana del estado de Georgia, está sirviendo esta temporada para cuestionar los excesos clamorosos de algunos sistemas de previsión policial indiscutiblemente movidos por el hondo complejo puritano que anida en la sociedad americana pero que, lamentablemente, va extendiéndose –de modo paradójicamente paralelo a la permisividad—en tierras europeas. Wendy fue condenada cuando tenía 17 por haber sido sorprendida practicando una felación a un compañero de clase al amparo de un oportuno apagón y, por ello, inscrita en un fichero público de delincuentes sexuales que en EEUU es público (puede consultarse en Internet a través de cualquier buscador) y vitalicio. Para el puritanismo de Georgia, la felación constituye un delito de ‘sodomía’ (¡) que hasta el año 2006 incluía los “perpetrados” en la intimidad conyugal y que desde entonces –¡aunque sin efectos retroactivos!—ya ha dejado de ser delito. Y como incluso los amantes que contraigan matrimonio legítimo tras haber “delinquido” o que hayan “rehecho” sus vidas tras el episodio siguen siendo considerados nefastos, Wendy, ya casada, ha visto como la echaban de su casa matrimonial simplemente porque en una escuela cercana funcionaba una guardería y los 674.000 “convictos” como ella que figuran en ese Registro, tienen prohibido acercarse a menos de 300 metros de cualquier concentración de niños. No se lo van a creer pero en aquella gran y extraña democracia lo fichan a uno de por vida en ese escaparate público lo mismo por una escapada al prostíbulo que por mingitar en la vía pública o mantener relaciones sexuales adolescentes. Buscarle su lógica al puritanismo es perder el tiempo.

A esos viejos ficheros americanos (fueron creados a mediados de los 90) van a sumársele ahora algunos europeos. En Gran Bretaña se ficha ya hasta a los menores de 11 años reos de algún delito considerado socialmente peligroso, en Francia ha salido adelante la ley Prevén creadora de un fichero judicial automatizado que cuenta ya con más de 40.000 censados y en el que se forcejea para incluir a menores, aunque de momento, todo debe decirse, ni la felación se prohíbe ni se le ponen puertas al campo de los casados. Wendy puede sentirse segura en un país que organiza una batalla para rescatar a un soldado en manos del enemigo o envía a Corea un ex-presidente para rescatar a una ciudadana en apuros, pero seguro que siente como se le eriza el pelo cada vez que se apaga la luz y el colega de al lado le roza el codo con el suyo. Su marido, que ahogado por la hipoteca y el desahucio, ha perdido hasta su trabajo, seguro que, en cambio, se siente víctima irreparable de ese integrismo que hunde su psiquismo en el miedo a la libertad.

No somos Cataluña

Mal suerte. El Gobierno considera que las autopistas andaluzas, en concreto la que une Sevilla con Cádiz, no será liberada del peaje aunque lo sean las catalanas, que para eso lo habían incluido astutamente en su Estatuto. Tantos años después se pone de manifiesto el cinismo que suponía exigir al Gobierno del PP por parte del PSOE andaluz la inmediata solución de ese viejo problema y se vienen a la memoria las imágenes de sus dirigentes manifestándose para exigir respeto a Andalucía. Ahora, no. Ahora nadie en el partido del Gobierno se acuerda ya de aquellos clamores sino que se remite el tema a la letra chica de los Estatutos que se les escapó a nuestros mandamases. No somos Cataluña, ni mucho menos. Pero quien comete el agravio ahora es el PSOE, no el PP.

Ganar tiempo

Temo que lo que está haciendo la Junta y su partido en Huelva, a propósito del proyecto de oleoducto Huelva-Badajoz, no es otra cosa que ganar tiempo. ¿Cómo fiarse de una vaga promesa de reconsiderar la cuestión “de forma sosegada y profunda” que ha hecho la consejera Castillo contra lo que ZP prometió en un mitin extremeño, es decir, que habría oleoducto sí o sí? Los ‘ecos’ de WWF llevan razón cuando dicen no fiarse en este negocio ni de Huelva, ni de Sevilla ni de Madrid, tres instancias de partido que hoy se reparten los papeles para excusar el vertido de Doñana. Habrá oleoducto, ya lo verán, y lo de la bahía de Algeciras será una broma con la que puede armarse en nuestras costas. El PSOE onubense está obligado a ganar tiempo, a sabiendas de que no hace más que actuar de comparsa en este caso cerrado.

Páginas interiores

La alcaldía de Nueva York ha puesto en marcha curioso un programa de “ayuda” a los “sin techo”: ofrecerles un billete de avión para que se vayan gratis a donde quieran, pero que se vayan. No se trata sólo de liberar el paisaje urbano de tan incómoda presencia sino de aliviar le presupuesto de los hogares públicos que todavía funcionan con cargo al presupuesto, en los que el mantenimiento de una familia le sale al erario por más de 35.000 dólares al año. El programa dispone de un presupuesto de medio millón de dólares y exige una sola condición para conceder la ayuda: que el desgraciado garantice que cuenta con alguna ayuda segura en destino. La medida es obviamente expeditiva, por no decir brutal, pero hay que considerarla en el contexto, ciertamente terrible de la marginalidad americana, dentro del cual –según, por ejemplo, la National Coalition for de Homeless—se cifra hoy en una muerte cada quince días el balance de las agresiones a los habitantes de la calle. Un considerable aumento de esa población que vive obligadamente al relente, causado por la crisis inmobiliaria sobre todo, ha extremado la inquietud social despertando al mismo tiempo una insólita agresividad entre grupos salvajes que causan ya más de cien muertes al año frente a las 50 que se producían a comienzos de la década, aunque haya que reconocer que esa estadística es seguramente corta teniendo en cuenta que la indefensión y soledad de los agredidos no garantiza, sino todo lo contrario, el adecuado registro de los crímenes. Estados como Maryland y, próximamente, otros como Carolina del Sur, California o Florida, han decidido aplicar a esas agresiones la normativa específica vigente que sanciona los crímenes racistas. Un país que tiene un millón de ciudadanos viviendo en la calle, como es el caso de los EEUU, es lo menos que puede hacer.

Naturalmente el fenómeno tiene un eco menor debido a que noticias de esa índole no suelen ocupar precisamente titulares de primera sino aparecer en páginas interiores, allá donde la gravedad de los sucesos se amortigua hasta casi anularse, algo que no ocurriría, paradójicamente, si las barbaries reseñadas se dirigieran contra grupos étnicos o religiosos, pongo por caso. Un pobre en la calle es poco menos que nada, y lo es hasta el extremo de que las ONGs señalan el escándalo que suponen las razones miserables –el hastío, la diversión y demás—que arguyen los, por lo general, jóvenes agresores como haciendo buena la teoría de Hanna Arendt sobre la “banalización del Mal”. Cuesta aceptar que un millón de americanos se halle en estos momentos expuesto en esa coyuntura. Y ya es significativo que Nueva York no haya encontrado mejor providencia que pasaportarlos gratis lo más lejos posible.