La pinza triple

Interesante la “pinza” triple de Ayamonte, PP-IU-PA dejando al PSOE fuera de juego e imponiendo una auditoría fiable de cuanto ha ocurrido –que no debe de ser poco—en el urbanismo local de estos últimos años, aunque no entiendo por qué limitarlo a los dos últimos alcaldes cuando en Ayamonte ya hubo lo suyo antes de estos insignes. Los abusos y la prepotencia acaban pagándose en muchas ocasiones y ésta –como la anterior de Bollullos—parece una de ellas. Veremos que da de sí ese pacto circunstancial, pero lo suyo sería que, tanto para mantenerlo como para desactivarlo, lo que se tuviera en cuenta por parte de todos fuera el interés público y no los proyectos de partido.

El cerdito suizo

El fisco americano anda en pleitos con la banca suiza. Se trata de desenmascarar, una vez más, a los rentistas nacionales que evaden impuestos aprovechando las ventajas que les ofrece el hasta ahora intratable secreto bancario que ha hecho ricos a los suizos, y concretamente a 150 clientes del banco helvético UBS que habrían disimulado en sus cajas fuertes rentas y activos. Esta vez el caso es posible gracias a la “defección” de un alto responsable del banco en cuestión, Bradley Birkenfeld, que en busca de una eventual reducción de pena, habría proporcionado a la autoridad una lista de esos defraudadores, que es todo lo que la Administración americana ha podido obtener de su primitiva petición de datos sobre un total de 52.000 clientes cuyos depósitos se calculan en casi quince miliardos de dólares. Suiza comienza a aceptar la necesidad de negociar discretamente y caso a caso ese privilegiado e injusto sistema de silencios que ha proporcionado al país su indiscutible potencia financiera, convencida de que la generalización del fraude es tal que ni la creciente competencia de otros “paraísos fiscales” podría acabar ya, a estas alturas, con el que, sin duda es el mayor negocio del mundo. ¿Y en España, para cuando? En España ha habido intentos aislados, bien conocidos por implicar a personajes notorios de la vida social, como el emprendido por Anticorrupción hace años para averiguar lo posible sobre las fortunas depositadas en Liechtenstein por una veintena de ciudadanos, pero todo el mundo sabe, en todo caso, lo cerca que quedan de nuestros defraudadores las huchas secretas de Andorra o Gibraltar. Hace más de veinte años se calculaba que en Suiza había por lo menos dos billones de dólares españoles que habían burlado nuestro fielato. Hoy cualquier entendido se reiría ante una cifra semejante.

Por supuesto no ha faltado esta vez la alarma lanzada desde Suiza en el sentido de que meterse en esas honduras podría acabar provocando una crisis internacional de alcance difícilmente previsible. Habrá que pactar, posiblemente, por ejemplo, como en el caso presente, proponiendo entregar solamente los datos de 5.000 de los 52.000 solicitados, que obviamente no han de ser los correspondientes a los “clientes” más poderosos, pero no parece que los suizos estén por la labor de desmantelar el sistema secreto sin el que el país se hundiría y no sabemos siquiera qué consecuencias acarrearía sobre las finanzas mundiales. El sistema de capital reposa sobre estos cimientos ilegales en los que ni siquiera los apuros de la crisis han permitido sondear con auténtica libertad. Mientras nuestros cantantes y tenistas, promotores y hasta partidos en el poder, recurren a esas alcancías blindadas, el resto habrá de resignarse a una tiranía fiscal implacable que ahonda decisivamente el abismo entre ricos y pobres.

Revisión sindical

Algo se mueve en la UGT, el más que centenario “sindicato hermano”. Y si no, ahí tienen a ese candidato a la sucesión regional diciendo que, sin percatarse siquiera, la organización se ha quedado obsoleta en medio de un modelo sociopolítico caducado. “UGT nunca va a ser una empresa de servicios –ha dicho el candidato—ni nunca debió dejar de ser un sindicato de clase para intentar transformarse en una empresa de servicios”. Se puede decir más alto pero no más claro, sobre todo en este momento en que los síndicos han quedado a la altura del betún forzando su seguidismo del Gobierno ante el fracaso de los 400 euros famosos. A lo mejor éste es el principio de lo que tantos esperan desde hace mucho de ese sindicalismo verticalizado que no representa más que a un puñado de trabajadores.

Lo de Palos

Se habla de escandalosa doble vara de medir, de connivencia entre el partido en el poder y las instituciones, de persecución a los opositores frente a autoprotección. Y a ver quién puede llevar la contraria a eso tras el espectáculo dado en Palos con motivo de la mimosa detención del portavoz municipal del PSOE al que se acusa de falsedad documental. Desde luego, ni la Guardia Civil, que se limita a cumplir órdenes, ni delegado o subdelegado del Gobierno, que carecen de peso político para tomar esa decisión, tienen en el asunto más culpa que la de tragar lo intragable. Lo que el “caso Palos” ha probado es que el partido en el poder, al más alto nivel, está utilizando a las instituciones en la batalla política para destruir al rival que comenzó en el Pacto del Tinell.

El hermano hombre

Desde Austria a Estados Unidos se extiende esta temporada peligrosamente un activo movimiento ‘ecoterrorista’, decidido a acabar con la experimentación animal en los laboratorios al precio que sea necesario. Su última hazaña ha sido el incendio de la residencia del dueño del laboratorio Novartis, Daniel Vasella, a quien acusan con insistencia de mantener prácticas de laboratorio consideradas crueles por la organización, en comandita con otros centros de investigación farmacológica, varios de cuyos empleados han sufrido ya con anterioridad atentados menores contra sus vehículos, sin hablar del incendio intencionado del gimnasio o la violación de la tumba de los padres del jefe de laboratorio de la que incluso habrían desaparecido los restos de su madre. Los ecoterroristas no se esconden sino que hablan bien claro: “Entiéndalo bien –avisan, por ejemplo, a Vasella–, esta campaña va a continuar hasta que rompa todos sus lazos con la Huntington Life Science (acusada de las mismas prácticas), atacaremos su vida privada por donde sea posible, vamos a destruir su vida”. Y en la web de la North American Animal Liberation no se cortan al dar otra vuelta de tuerca moral al criminal propósito: “Lo único que lamentamos es que Vasella no estuviera dentro de la casa cuando ardió”. Todo sea por el hermano bruto, incluso el atentado contra el hombre. El “franciscanismo verde” se inscribe decidido en la lista de los terrorismos que parecen ser la seña de identidad más generalizada y grave del nuevo siglo.

En plena batalla tecnológica por evaluar la vacuna contra una pandemia de alcance imprevisible como la que nos aflige, la polémica sobre la experimentación con animales resuena con un eco distinto y no poco alarmante, especialmente si noticias como las reseñadas nos salen al paso para poner relieve el extremismo alcanzado en los últimos tiempos por ciertas reivindicaciones animalistas. Pero en cualquier caso, ningún tipo de reivindicación desaforada podrá aspirar nunca a la aceptación de una opinión pública que, probablemente al contrario, acabará radicalizándose contra sus respetables objetivos iniciales hasta acabar en un simple rechazo. Alzar la mano contra el Hombre para defender al animal de unas prácticas por lo menos discutibles, constituye un disparate sin atenuante posible aunque sólo sea porque toda obcecación que tiende a pasar por encima de la vida humana y sus derechos pierde cualquier legitimidad y se convierte en una actitud criminal. Es verdad que el debate sobre la cuestión del experimentalismo se eterniza en el piélago de la bioética, pero no lo es menos que zanjar la cuestión profanando tumbas o quemando mansiones no parece una vía tolerable, antes bien exige una respuesta contundente por parte de la autoridad. No se puede defender a todos los animales menos al hombre. Eso, que se dijo hace mucho tiempo, se está convirtiendo en una dolorosa verdad.

No meneallo

Chaves no acaba de aceptar que, como el adagio cervantino advierte, mejor es no menear ciertas cosas. La de su decisión de modificar la ley para poder subvencionar a la empresa apoderada por su hija, la de autorizar con su firma esa ayuda, contra lo que prohíbe la ley, por ejemplo. Insiste en el sofisma de que la empresa beneficiada –una multinacional como tantas—tiene el mismo derecho que otras muchas a recibir ayuda pública, como si el personal se chupara el dedo o fuera a dejar de ver la rotunda luna distraída por el suyo. Hay cosas que no tienen vuelta de hoja, Y este pelotazo de Chaves es una de ellas.