Dos PSOEs

Desde el PSOE sanchista resuena la rancia concepción de “Galeusca”, esto es, la insolidaria sandez de que naciones lo que se dice naciones, no hay más que tres en España, a saber, Galicia, Eukadi y Catauña, la imaginaria “Galeusca” republicana que nos salío por un pico no sólo a los sandios, sino a todos los españoles. Hay que elogiar a la presidenta Díaz –que baila el chotis en un ladrillo– tanto como a la jefa de los podemitas andaluces, su rechazo de esta idea caduca, injusta e ahistórica, y resulta extraño, en cambio, el silencio “conservarta” del PP ante este jaque a la patria común. El “régimen” se pare en dos, por lo visto, y ya veremos cómo se pegan luego esas mitades, pero Andalucía –“la Frontera” medieval– vive a ser de nuevo el bastión de la España común.

Disputada tarta

Véase cómo el subconsciente nos traiciona y descubre lo oculto: tras la reunión de los partidos con la Presidenta para tratar sobre la financiación, la jefa de Podemos ha dicho que doña Susana la ha convencido a ella y a la tambaleante dirección de IU-CA, de que “se trata de ampliar la tarta y no de pelearse por los pedazos”. ¿Lo ven? ¡La tarta y el reparto! Desde siempre, pero más que nunca desde que apareció la autonomía, los políticos ven en la gestión de la vida pública, antes que nada y sobre cualquier otra imagen, un obrador en el que montar y repartirse luego entre ellos la suculenta tarta. Para el contribuyente siempre quedarán las migajas. Todo confirma el dicho –tan insolidario— de que la caridad bien ordenada empieza por uno mismo.

A la fuerza ahorcan

Parece que, al fin, doña Susana se verá obligada por su “socio para todo”, Ciudadanos (C’s), a renunciar a la absurda singularidad andaluza que supone nuestro carísimo impuesto de sucesiones, pues traga o el socio se vería en un compromiso grave al ser ésta su exigencia más divulgada, viéndose forzado a no apoyar la aprobación de los nuevos Presupuestos. Con retranca de lince viejo, el Director de este diario, dejaba ayer en el aire la posibilidad de que este giro estuviera pactado, pero lo esté o no, ignoro si los “ricos” saldrán perdiendo mucho –como afirma la demagogia juntera— tanto como estoy seguro de que, a estas alturas, un buen montón de andaluces peatonales se habrán arruinado ya. Mejor tarde que nunca, en todo caso, en esta Andalucía Cenicienta.

Que vuelva Salomón

Mañana debería comparecer Juana Rivas –la mediática madre de Maracena que ha protagonizado la actualidad este verano– ante un Juzgado granadino para valorar su posible responsabilidad penal por los presuntos delitos de desobediencia judicial y sustracción de menores, pero ya tenemos por ahí otro “caso”, el de una madre de Archidona que, al parecer, ha hecho lo propio: desaparecer con su prole ignorando a la Justicia, única instancia legítima a la hora de resolver contenciosos entre los ciudadanos. ¿Ven como no hay atajos secretos ni salidas particulares? Sin despreciar en absoluto la ansiedad parental ni las circunstancias personales, urge que esa Justicia unifique criterios y que estos sean lo más alejados posible de las ideologías. Los hijos no pueden convertirse en arma de los cónyuges ni en víctimas inocentes en manos de nadie.

Informe para ciegos

No creo exagerar si digo que Ernesto Sábato es uno de los personajes más fascinantes que he tenido el privilegio de conocer y tratar. Ya avanzado los años 70 recibí su aviso desde Santos Lugares citándome en un hotel madrileño cercano a la Ciudad Universitaria. Acudí y allí estaba él, con su seriedad solemne y su oralidad torrencial, junto a su mujer, Matilde, que ya mostraba síntomas de la que luego sería su enfermedad senil. Sábato hablaba y hablaba, iba y venía por el apartamento, contemplaba el panorama guadarrameño sin dejar de hilvanar teorías y razonamientos. El viejo físico de los años 30 y el apasionado surrealista posterior se fundían en aquel hombre lúcido y confuso a un tiempo, inmerso en una oscura subjetividad, que tocó techo, a mi entender, significativamente, en el “Informe sobre ciegos” y en “El túnel”, dos exponentes cumbres de la pasión humanista y ese pavesiano “oficio de vivir” que –me decía—“resulta tan difícil que cuando se aprende ya apenas nos queda tiempo”…

El viejo comunista –que hasta hubo de rendir cuentas en el Moscú stalinianio—era ahora un intelectual severo y atormentado que buceaba incesantemente en el misterio del Hombre –“una manera de conocerse a sí mismo”—desde una postura postcientífica que él definía como “transracional” en la medida en que sintetizaba la lógica y la imaginación, superando “esa alienación del hombre moderno que es el racionalismo”, en busca de un producto asimilable a lo que en lo antiguo fue “la narración y la epopeya, el mito y la novela, las confesiones y el ensayo”. El Sábato maduro de aquellos años se postulaba seguidor de Emmanuel Mounier y su personalismo, no menos que admirador de un cristianismo evangélico propiciador de un mundo alternativo, de una “sociedad de hombres libres y solidarios”: exactamente la misma propuesta que ofrecen algunos teólogos actuales.

Andando el tiempo caería sobre este razonante implacable, que hacía mucho que denunció las dictaduras de cualquier signo político, una dura tormenta política con motivo de la tragedia argentina, pero entonces, como digo, decía perseguir “el fundamento filosófico para la constitución de “un socialismo que resacralice al hombre”, el ser humano en su radical concreción y como resultado de su circunstancia. Venía de vueltas ya de las viejas utopías aunque todavía proclamase su admirativo respeto por la acracia, una vieja “poesía”. Casi sin completar el resuello añadía que “la Historia ha demostrado que no se pueden lograr fines nobles con medios innobles”. La aparición de una Matilde vacilante interrumpió sus confidencias. Me dio generosamente una edición de “Sobre héroes y tumbas”, sin duda –junto a “El túnel” y la tardía “Abbadón”—su logro más completo.

Cerrar los ojos

No se quiere ver la realidad. Incluso cuando la mala noticia salta a la opinión no resiste más que unos días, luego se olvida. El cáncer de la pobreza andaluza, por ejemplo. Aireado con frecuencia, ahí sigue, cada día más grave. El Defensor del Pueblo acaba de informar a nuestros políticos de que la situación familiar de nuestros menores es tan tremenda que uno de cada cuatro anda en riesgo de pobreza, dentro de una tasa superior, además, a la del resto de la población. Pero verán cómo pasado mañana nadie se acuerda ya de ese crimen. La política, como la sociedad, entorna los ojos para no ver la luna más que por su cara brillante. ¡Y ello tras casi cuarenta años de autonomía y de un sedicente gobierno “socialista” aferrado a su consigna: “ya escampará”!