Divide y perderás

Fueron los griegos clásicos –los de Pericles, no los de Tsipras– quienes vieron en la división interna la garantía de la derrota. Pero pasan los siglos y casi nadie se aprende la lección. Ahí  tienen el bastinazo francés de los partidos tradicionales (el PSE va ya por un 6 por ciento…), aunque más cerca tenemos nuestro propio ejemplo en la noticia perplejizante de que el PP andaluz alcanza, ¡por fin!,un pacto banderizo y se dispone a elegir un jefe común. ¡Pero si no ganan juntos cómo iban a ganar separados! Qué verdad es que al “régimen” del PSOE le suele hacer el trabajo sucio su propio adversario. Si no fuera porque aquel tambén tiene sus Judas, estos conservadores duraban tres telediarios, ni uno más.

¡Perdonen, por Dios!

El portavoz de la Junta -¡la Andalucía imparable!- no conocía ayer, ay, la tremenda encuesta sobre la pobreza confeccionada por el Instituto Nacional de Estadística. ¡Mecachis! Si la hubiera conocido sabría que los pobres andaluces se multiplican a ritmo rápido y se agarran firmemente a la cola del país, lo que supone ya que un 35,4 por ciento de la población está en “riesgo de pobreza”. Somos el país alegre y confiado, alargamos nuestra Feria, dilapidamos el dinero público y crece la corrupción, mientras los ciudadanos recorren hacia abajo la escalilla de la movilidad social. ¡Ay, si no fuera por Cáritas y otros cuatro como Cáritas! Mientras, nuestros políticos cobran dietas de viaje y manutención incluso con la oficina cerrada. No seré yo quien saque conclusiones esta vez. Háganlo ustedes mismos.

La cabeza del pescado

Dice el refrán que el pescado comienza a pudrirse por la cabeza y, ciertamente, por desgracia, nuestro régimen político constitucional parece empeñado en confirmar el adagio. Fíjense -a propósito de la forzada huida de Esperanza Aguirre- cómo va el ranking del régimen de las autonomías: ha habido y hay en él que registrar, más allá de la absolución de Demetrio Madrid, cuatro casos de Presidentes autonómicos encarcelados (Navarra, Baleares, Madrid y Aragón) y sentados o por sentar en los banquillos todo el clan de Pujol, dos Presidentes andaluces (Chaves y Griñán), uno valenciano (Camps) y el reciente de Murcia. ¿No son demasiados Presidentes judiciables para diecisiete autonomías? Parece inaplazable plantear a fondo esta grave situación agiotista que, como se ve, no se sabe si empieza o termina por la cabeza.

 

Enfermar en Huelva

Guerra de cifras sobre el número de asistentes a la convocatoria por una sanidad pública digna. Ni siquiera la concurrencia de considerables contingentes solidarios de otras provincias evitó que antier se juntara en nuestras calles menos gente que en las tres convocatorias anteriores. Así es mi paisanaje, ígneo y complaciente: se incendia moralmente solo con la manguera en la otra mano. Y es raro, en todo caso, porque este mismo mes se ha publicado en la capital un informe que sitúa a Huelva sólo por detrás de Navarra en su recurso a la medicina privada, argumento inconcuso de que mal debe andar, en consecuencia, nuestro servicio público de salud. ¡Ni “Spiriman” nos basta para reclamar lo nuestro! ¿Quiere ello decir que nos conformamos con una sanidad pública indigna? Ojalá que no.

Economía herida

Ya es extraordinario que el auténtico atentado de la Madrugada no lesione la demanda de nuestro turismo. También lo fue la celeridad con que se reaccionó ante los anteriores meteoros por parte de las administraciones que, ante la proximidad de la Semana Santa,  arreglaron los destrozos playeros en un pis pas. Lo grave es que de nuevo andamos con las playas hechas polvo, y eso en una economía en la que el turismo aporta casi el treinta por ciento del PIB, exige un esfuerzo inversor y una diligencia administrativa muy especial. Claro que esto nos pasa porque más de treinta y tres años de “régimen” autonómico no han bastado para lograr la elemental diversidad productiva que requiere un imprescindible plan de desarrollo regional. Que Dios reparta suerte o aviados vamos.

 

Memoria de un desterrado

La vuelta del exilio de Manuel Andújar -él hablaba siempre de trasterrados, no de exiliados-, pilló a mi generación con un pie aquí y otro en París, enfrascados todos en la pugna imperceptible pero demoledora de la clandestinidad. Fueron los años en que volvieron de América muchos de aquellos “trasterrados”, algunos de la envergadura de Francisco Ayala o Rosa Chacel, nada menos, y en los que a pesar de nuestras obsesión por el boom americano todavía teníamos de libro de cabecera las obras de Barea y otras que, como éstas, trataban de reconstruir desde la otra orilla la memoria desgraciada de España.
Andújar había vivido ya de todo, una vida perra que, a partir de su enfermedad infantil, le había permitido conocer la intrahistoria hispana de cerca y sin paliativos, trabajando a salto de mata en los oficios más dispares mientras narraba su impresión de las “Vísperas” de la catástrofe, militando arriesgadamente en la clandestinidad y, a buen seguro, sin la menor aldaba a que agarrarse. Hombre sencillo y entrañable, Andújar vivía ordenadamente una existencia casi minutable, en especial desde que, creo recordar que favorecido por Javier Pradera, logró la dirección comercial de Alianza Editorial, aquel proyecto crucial de aquellos años que enmarcaban las portadas ideales de Daniel Gil. Por lo demás esa vida ordenada y puntual la compartía Manolo con su esposa Amanda en el acogedor e impecable piso de la madrileña calle Camino de Canillas con un pie ya dentro del barrio de la Prosperidad.
Renuncio a detallar la obra, bien conocida, de este escritor prolífico, la mayoría de la cual fue escrita en México a través del caleidoscopio de la memoria, pero no a decir que hay al menos tres obras memorables entre ellas como son las citadas “Vísperas”, “Los lugares vacíos” e “Historias de una historia”. Pero el poeta y narrador Andújar fue también un ensayista atinado como lo muestran sus ensayos desde el destierro, en especial el que escribió sobre el papel de mestizaje de la cultura andaluza. El Presidente Borbolla, al que yo le había procurado ya “La franja luminosa”, no dudó un instante ante mi propuesta de nombramiento de Hijo Predilecto de Andalucía en el año 1985, que él recibió con un agradecimiento entusiasta.
Andújar sigue siendo por desgracia un gran desconocido entre el gran público. Su obra espera sin duda un reconocimiento que sólo ha impedido hasta ahora su modestia y la sinrazón mediática.