Alcalde para rato

Anuncia Pedro Rodríguez, el alcalde de la capital, que se presentará de nuevo como candidato –¡y van cinco!—en las municipales del 2011. Una larga gestión, con logros innegables a pesar del boicot más que visible de las Administraciones (Junta y Gobierno), justifican de sobra el propósito, mientras en la acera de enfrente, da la impresión de que no tienen ni idea de cómo meterle mano a ese toro tras cuatro fracasos sonados. Rodríguez no tiene rival como la gente hoy por hoy. Pero si hay alguien que cree lo contrario no tiene más que decirlo. Verán como nadie dice ni pío.

Armas tomar

Acaba de conocerse que Brasil se convertirá enseguida en la primera potencia militar del subcontinente americano. El régimen de Lula, crecido en su popularidad a pesar de los deplorables escándalos financieros, ha decidido armarse hasta los dientes para asegurar su hegemonía en una región actualmente inmersa en un complejo marco político dentro del que las demagogias juegan un papel preponderante y, para empezar, va a encargar a Francia un submarino nuclear, cincuenta helicópteros y 36 cazas de combate por un importe total de casi 12,500 millones de dólares. No es fácil deducir para qué necesita Brasil ese arsenal y, sobre todo, un supersubmarino de esa clase hasta ahora reservada, no poco paradójicamente, a las cinco potencias que poseen la condición de miembros natos del Consejo de Seguridad de la ONU, y menos en un momento tan difícil de la vida del país que, a pesar de prever para el año próximo un giro radical en su crítica economía (crecerá, según parece, al 3 por ciento en lugar de decrecer, como en 2009, en un 6’8 por ciento), ha debido crear un impuesto específico para “combatir la pobreza” en vista de la dramática situación de amplias capas de su población. Por si fuera poco, en círculos próximos al propio Gobierno se afirma que el país posee la tecnología precisa para producir armas atómicas, una pésima noticia, seguramente, en cualquier caso pero, sobre todo, habida cuenta del agitado panorama que ofrece el hemisferio, un área cada día más inquietante en la que Venezuela –cliente también de España– acaba de encargar en Rusia 3 submarinos, vehículos blindados, tanque T-72 y helicópteros militares, mientras Bolivia se empeñar con un crédito millonario concedido por Rusia para financiar su “reequipamiento” militar. El presupuesto militar en el conjunto de esos países (Unasul) ha crecido más de un 90 ppr ciento en cinco años. No faltan voces avisando de que un nuevo modelo inspirado por Chávez se impone en la región, en el que las fuerzas armadas pasan a tomar parte en el proyecto político estatal.

Curiosa pulsión castrense la de esa nueva izquierda que gobierna sobre mares de miseria al tiempo que se aclimata con sorprendente facilidad a los corruptos modelos de la administración tradicional. Pero no menos desoladora resulta la disposición de las potencias productoras de armas a ofrecérselas (incluso financiando las operaciones) a países sumidos en el subdesarrollo y, en la mayoría de los casos, hundidos en la pobreza. El Brasil de las favelas, la cachaza y el candomblé quiere convertirse en gendarme de la región como en los perores tiempos de la timocracia. Y de la mano de una izquierda populista y corrompida, por si fuera poco. Las grandes democracias vendedoras de armas serán responsables en el futuro de las eventuales catástrofes que pudieran producirse cuando quizá nadie se acuerde ya de su insensato negocio.

A la cola y jugando

Los estudios señalan a Andalucía como farolillo rojo en el ránking educativo europeo. El enorme fracaso escolar, el abandono masivo del estudio, están ahí ante la pasividad de una Junta que o no sabe o careced de interés por mediar en la situación. Ahora sin embargo –propaganda que no falte—se va a gastar una millonada en regalar a los escolares ordenadores personales con los que, evidentemente, no van a salir del bache aunque puede que agraven ciertos riesgos probados implícitos en el uso de ese importante instrumento. Un buen negocio –para la industria, no sean mal pensados—que no corregirá un lamentable estado de cosas. Ser lo últimos de la fila europea es una emergencia que no se arregla regalándole ordanatas a la peña.

Más sobre correas

Mientras el secretario regional, Manuel Pastrana, amaga con echar la gente a la calle ante la pasividad de la Junta y del Gobierno en la crisis industrial onubense, la “correa” onubense sigue haciendo su papel. Pero por más que Luciano Gómez insista en la responsabilidad del Ayuntamiento de la capital en esa crisis, a pocos trabajadores va a engañar a estas alturas en todos saben qué ha hecho cada cual y también que ha dejado de hacer. No se debe politizar este asunto, conformes, pero a la vista está que en Huelva no hay talante ni talento para unirse en un frente cerrado a favor del trabajo. Pesan demasiado los compromisos políticos, en uno y otro bando. Y esa es una pésima noticia para los trabajadores amenazados.

La gran camada

Son muchos los datos que apuntan a que tal vez el peligro de extinción de las especies –sin duda cierto en principio—no es tan grave como lo pintan. Ahí tienen al zoo de Córdoba ofreciendo intercambio de los linces que le sobran como consecuencia de la proliferación de los suyos que, en este momento, parece ser que no les caben ya en las jaulas. ¿Cómo es posible –se preguntará un lego—que resulte tan fácil reproducir a esa especia famosa por los cuidados y presupuestos que ha logrado concitar? Por ahí corre el rumor, de procedencia ecologista por si fuera poco, que el actual sistema de protección animal, concretamente el que beneficia al lince de Doñana, no es más que un despilfarro inútil explicable sólo por ciertas tramas de intereses que convergen en el negocio y una experta en la materia acaba de sostener en una universidad de verano andaluza que destinar fondos a pocas especies que, además, se encuentran críticamente amenazadas no es más que “tirar el dinero, puesto que esos recursos se podrían dedicar a otras especies con menor índice de amenaza, posibilitando abarcar una mayor variedad de especies”. No se entiende nada. En Provenza, hace unos días solamente, los ganaderos han clamado al cielo tras las hazañas de un lobo feroz que habría liquidado de una sentada a ochenta ovejas, una escena más que conocida en España donde se han hecho tantas campañas de protección del lobo como maniobras de descaste. El ministro francés de Ecología, Jean-Louis Borloo, ha llamado a una movilización general que consiga diezmar la inmensa piara de jabalíes que la protección ha acabado por provocar, dado que el número de cochinos aumenta anualmente el doble de los cazados por los monteros: han pasado en poco tiempo de temer la crisis del jabalí a asustarse por ese medio millón de ejemplares que aumenta cada año las reservas. Es posible que al animalismo le falten algunas mareas pero, en todo caso, la Madre Naturaleza parece que se las sabe todas.

Todo indica que seguiremos, no obstante, dispensando el mismo trato de privilegio a esas tareas conservacionistas que dividen a los propios expertos en bandos irreconciliables y que no dejan de provocar cierta perplejidad entre los ciudadanos que advierten cómo la noticia del atropello del lince recibe en los medios, por lo general, una atención notablemente superior a la que recibiría el de un peatón. Y mientras, los linces multiplicándose en camadas ante las que el zoo no da abasto, o el hermano lobo creciendo sobre las previsiones, como dicen que está ocurriendo también con el oso nórdico en algunas regiones. Aquí hacemos siembras de conejos o construimos pasos subterráneos para el lince ibérico mientras no sabemos que hacer durante años con manadas de chabolistas sin techo. Algo no encaja, evidentemente, en este humanismo animalista cuando estas cosas ocurren y ni siquiera llaman la atención.

Costa amenazada

Informa la mismísima Dirección General de la Marina Mercante que ninguna región española aventaja a Andalucía en el número de accidentes petroleros con vertidos al mar. De hecho, es cosa asumida que la Bahía de Algeciras sobrevive de milagro (hay algún barco hundido y sin rescatar hace años a pesar de su peligrosa carga) y son muchas las voces que nos alertan de que algo similar o peor puede acabar ocurriendo en la costa onubense si prospera el proyecto, avalado por Zapatero en persona, de construir un oleoducto Badajoz-Huelva. Toda la costa occidental andaluza, que depende para vivir del turismo, se vería así amenazada sin remedio. Queda por ver si el compromiso con los “amigos políticos” supera a esta obvia consideración que concierne al bien común.