La Cámara de cuentos

A la Cámara de Cuentas deberían cambiarle el nombre como indica el título, no tanto por causas propias sino por la absoluta indefensión en que se mueve. Su último aviso versa sobre el “incumplimiento generalizado” de los municipios menores, que se pasan por el arco la obligación legal de someterle sus números presupuestarios y los de la cuenta general, algo sin demasiada trascendencia comparado con el pitorreo, también generalizado, de las facturas falsas y otras maniobras delictivas en los Ayuntamientos mayores, entre los que destaca el de la propia capital de la región. La sistemática indiferencia mostrada por el Parlamento y la Junta frente a esa indefensión de la Cámara demuestra el nulo interés que tienen nuestros partidos en que de verdad se controle esa huerta sin vallar.

Caso raro

El nuevo delegata de Empleo resulta que es el alcalde que ha dejado en su pueblo, Nerva, el 26 por ciento de parados. ¡Vaya tarjeta de visita! Y encima comparece en rueda de prensa con la mordaza puesta, extravagancia que justifica por el hecho de que no ha tomado posesión todavía. ¿Y entonces para qué convoca rueda de prensa? En serio, este sistema de “recolocación de cargos políticos fracasados en puestos todavía mayores es intrínsecamente perverso y no sólo porque se haga a cargo del dinero de todos sino porque deja ver hasta qué punto la razón de partido prima sobre cualquier otra en ese mundo cerrado en que la partitocracia ha secuestrado al régimen de libertades.

La madre Rusia

Aunque ya pasó la era de los kremlinólogos, aquellos especialistas del secreto soviético en régimen de monopolio, cuanto sucede en Rusia sigue perteneciendo a un ámbito penumbroso en el que cuesta orientarse con garantías. Creemos, sin ir más lejos, que la maniobra de Putin de colocar a Medvédev en su lugar para poder recuperar al mando años después, es así de simple, cuando ocurre –a poco que uno se aproxime a la información rusa de primera mano—que las cosas no parecen serlo tanto. A través de la agencia Novosti tropiezo con un artículo del presidente ruso aparecido en el periódico digital ‘Gazeta.Ru’, que contiene una crítica demoledora del sistema establecido por su antecesor y, en concreto, del modelo productivo impuesto tras la liberalización (con sus dos columnas: el negocio de las materias primas y la corrupción como sostén de la economía), del fracaso de la reforma judicial propuesta por Putin y, en fin, de la insolvencia generalizada de las instituciones democráticas. ¿Por qué Medvédev desafía en ese tono a Putin sin que haya trascendido ningún cambio en la relación de fuerza que propició su ascenso y la retirada voluntaria de este último? Hay observadores que hablan de la oportunidad que una eventual salida de la crisis ofrece a un sistema ciertamente improvisado desde un pragmatismo más que próximo a la autocracia, pero casi todos ellos coinciden en que, en cualquier caso (y el recurso a Internet parece sugerirlo con elocuencia) una reacción de semejante naturaleza lo tiene difícil en un país en el que, previsoramente, el régimen impuesto por Putin se ha encargado de arrasar, incluso a tiro limpio, todo vestigio de sociedad civil. Llama la atención el tono del artículo comentado, desde luego, y casi tanto o más el silencio con que ha sido acogido en el círculo íntimo, tan poderoso aún, del nuevo ‘padrecito’. Sólo el tiempo podrá decirnos si Medvédev ha calculado mal sus fuerzas o si Putin, realmente, tiene los días contados, como en su día los tuvo Yeltsin. ¿Donde las dan las toman? Pues puede.

Habrá que estar atentos hasta ver en qué para tan sorprendente intentona reformista, sobre todo teniendo en cuenta la situación real de la información en Rusia y los métodos mafiosos con que la crítica se viene controlando. Y sin perder de vista la posibilidad de que el “suplente” ruso haya sintonizado con Obama (la retirada del escudo antimisiles habla por sí sola) hasta el punto de fantasear con la posibilidad de ajustarle una vuelta de tuerca al postsovietismo. Me fijo en el título del artículo presidencial: “¡Arriba Rusia!”. ¿Les suena? Bromas aparte, de lo que no hay duda es de que un imprevisto cambio en la otra gran potencia tendría consecuencias trascendentales para Europa en particular y para Occidente en su conjunto.

El crimen en casa

En Inglaterra acaban de descubrir la pólvora denunciando que la Costa del Sol se ha convertido en un refugio seguro para sus delincuentes más peligrosos, cosa que aquí sabemos desde los ominosos tiempos del “caso Wanninkof”. ¿Sólo los ingleses o la flor y la nata de todas las mafias europeas? Lean el libro (se lee en un sorbo) de Antonio Romero y Miguel Díaz, “Costa Nostra”, y verán hasta qué punto es grave la implantación en Andalucía del crimen organizado y hasta dónde es responsable y hasta eventualmente cómplice la propia autoridad. Produce escalofrío leer ese libro que tantas cosas explica. Léanlo y después hablamos.

La señorita Pepis

A la consejera Castillo, la de Medio Ambiente, le cae ancho el cargo. Acaba de demostrarlo con su incontinencia al endilgarle a la Conferencia Contra el Cambio Climático un ingenuo ‘speech’ en el que se trataba de vender la gestión andaluza –¡imagínense!—poco menos que como modelo a seguir por los Al Gores de este mundo. Es lo malo que tiene esta política de recluta de altos cargos: que luego, cuando se enfrentan a la realidad, o pasan desapercibidos o hacen el ridículo. ¿Andalucía faro de una buena política medioambiental? Eso, sobre todo proclamado en Huelva, suena casi más a simplicidad que a osadía. Castillo está ahí para defender el oleoducto por más que, como suele ocurrir, intente volar por su cuenta.

Cuento con princesa

Los jardineros de Hayd Park han reformado la traza del parque a su entrada por Kensington con el fin de dedicar un delicioso paseo –rodeado de parterres con anémonas y violetas por el compiten indiferentes los grajos y las ardillas– a la Princess of Wales, este es, a Lady Di, no lejos del palacio de sus duelos y quebrantos, pero también, al parecer, de sus aventuras. Llaman la atención los letreros, las placas memoriosas, las fuentes votivas con que la memoria sentimental de ese pueblo flemático pretende mantener vivo el recuerdo de de aquella víctima que logró ser amiga de Teresa de Calcuta sin dejar de lado sus explicables amoríos adulterinos, pero es que los pueblos no construyen su imaginario apoyándose en la razón sino empinados sobre esa forma superior de la fantasía que es la invención del héroe. Por eso quizá ha conmocionado tanto la anunciada novela en la que el ex -presidente Giscard d’Estaing cuenta la historia, prácticamente virtual, de una pasión vivida entre un mandatario francés y una princesa británica que, por los adelantos conocidos, no puede ser otra que la desdichada Princesa de Gales, en la novela, Princesa de Cardiff, es decir de la capital de Gales. Giscard ha sufrido tres bastinazos de mayor cuantía en su vida de prócer: el lío ratero de los diamantes de Bokassa, el fracaso de su Estatuto europeo y el ridículo literario que supuso su novela “Le Passage”, de la que la crítica hizo añicos. Y ahora se propone dar –Dios nos libre de una mala vejez—el mayor de todos, tal vez, incorporándose al indecente plató de las salsas rosas con el cuento del envergue de unos amores secretos entre él y la divina, ahora que ni ella está aquí para desmentirlo ni es probable que nadie se la juegue saliendo en su defensa. Lo de Lady Di es ante todo, sin duda, un mito contemporáneo, de esos que no erosiona ni la propia evidencia. Lo de Giscard una simple osadía presenil. No sé qué será peor entre las dos cosas.

Y ya están ahí los efectos que, en forma de preguntas, trasluce la crítica. “Y si fuera verdad” –se pregunta la gran prensa europea—, para plantear enseguida hasta dónde es legítimo que un autor juegue con el artificio que mezcla fantasía y realidad. Desde luego que no leeré ese decameroncillo cursi cuando salga al mercado. Me basta su resumen y las perlas de él extraídas para escupir por el colmillo sobre esa ocurrencia tan impropia de un prócer que acaso acabe interesando a las porteras. ¡El autor de la Constitución Europea placeando como un alcahuete más en el corro comadrón! No me extraña el fracaso de aquel bodrio escrito con la misma pluma que ahora donjuanea, no poco inverosímilmente, sobre esta versión revisada del mito de Susana y los viejos.