Bolsa cerrada

Habrá que cerrar la bolsa este año de penurias que se anuncia por tierra, mar y aire, peor de momento, hemos despedido al anterior con la crónica del despilfarro de la Diputación Provincial, dedicada a pagar todo lo pagable, incluida comidas que no son suyas y festorros de las asociaciones de vecinos “amigas”. No es posible que suis responsables no se percaten del escándalo que supone evidenciar que la crisis afecta a todo el mundo menos a los políticos, que se autorregulan sueldo y trabajo, además de disponer del dinero público para echarlo a perros donde mejor convenga. La Diputación, en especial, como órgano injustificable ya en un régimen autonómico, tendrá que cerrar la bolsa o asumir una crítica que pocas veces habrá estado tan justificada.

Memoria y novela

Una relevante editorial norteamericana ha decidido suspender la publicación de la novela de un superviviente del campo de concentración de Buchenwald en la que narraba sus amores con una niña que le ayudó a vivir desde el otro lado de la alambrada –“El niño del pijama amarillo”, como ven, hace estragos—y que, reencontrada luego en una romántica cita a ciegas, pudo finalmente ser su mujer. El idilio y odisea de Herman y Roma Rosanblat no sería más que una leyenda bien tramada desde la convicción de que entre la memoria y la realidad los límites son muy precarios y más en circunstancias tan extremadas, un caso similar al ocurrido aquí, en España, hace bien poco, cuando un anciano y presunto ex-presidiario de Mauthausen, Enric Marco, logró convencer de su aventura incluso a los antiguos prisioneros de un campo durante treinta años, a quienes llegó a presidir en su asociación y desarrollar una larga campaña que incluyó desde el Parlamento a las escuelas a pesar de no haber pasado jamás por aquel calvario. La historia de Rosamblat ha sido cuestionada por los expertos y la editorial le ha reclamado el dinero recibido en condición de adelanto, negándose en banda a editar esa historia que no por no ser cierta ha de ser mala. Me pregunto qué ocurriría si algún escudriñador descubriera que la conmovedora historia de Anna Frank no fue sino la invención de una joven imaginativa, pero enseguida me contesto a mí mismo que, al menos para muchos de sus lectores, su odisea seguiría siendo tan estimable y legítima como la historia de Arturo arrancando la espada ‘Excalibur’ de la roca o la del Cid jurando por tres veces en Santa Gadea. Todos conocemos a una patulea de héroes inventados, sin salir de nuestro país, que sostienen haber luchado en imaginarias clandestinidades y es raro que alguien levante su voz para desmentirlos, pero entiendo que, además, el caso de la creación literaria, es distinto al del autobombo y debe gozar de un estatuto más amplio y permisivo. Rosanblat no es un vulgar camelista sino un imaginativo y la prueba es que le iban a sacar su novela por la puerta grande.

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El grueso del cine épico es también, obvio es decirlo, imaginario en enorme medida, y sin embargo, nadie la ha puesto un pero durante décadas de éxito, como pocos se lo pusieron en su tiempo a la novela de caballería o a los relatos de santidad. Y lo mismo debe decirse de la novela, especialmente en una sociedad como la nuestra que ha convertido en un bestseller sin precedentes un engendro falaz como el “Código da Vinci” y el vasto patrañuelo que tras él ha invadido nuestras librerías. Me parece duro el expediente adoptado contra los Rosenblat, francamente, sobre todo si se tiene en cuenta la cantidad ingente de inventores y fantasiosos que pululan por este mundo, y el hecho de que nada se ha dicho sobre la calidad de la novela escrita, que es lo que debería primar por encima del testimonio, y no al revés. Nuestro Enric Marco daba increíbles detalles y describía circunstancias inverosímiles para quien no hubiera estado en el campo, hasta el punto de que, a veces, me he preguntado, si el hombre no llegaría a funcionar desde un desdoblamiento difícil de superar, es decir, en fin de cuentas, desde “su” verdad. La experiencia nos confirma sobre la falibilidad de la memoria y el ancho margen subjetivo con que la imaginación, no necesariamente dolosa, retuerce la realidad propiamente dicha hasta convertirla en otra distinta. Ahora se discute en Francia si el mítico ‘Jean Moulin’, cabeza de la Resistencia, acaso no fue trigo limpio como cree la mayoría de sus compatriotas, pero lo que nadie va a conseguir es borrar la leyenda del héroe del palimpsesto popular, porque si nos ponemos en ese plan no iba a quedar novela histórica en pie. Bajo una encina de Buchenwald se sentaba Goethe con Carlota. Quizá esto tampoco es verdad pero te lo cuentan en cuanto llegas a aquel infierno.

Guerras de Cajas

Guerra de Cajas en Madrid, zafarrancho pepero por controlar la pasta de la región, pelea a cara de perro por hacerse con el instrumento que de verdad sostiene al Poder. Guerra de Cajas sociata en Andalucía, donde Chaves no se conforma ya con controlar absolutamente esas entidades de una en una sino que sueña con controlarlas a todas pulsando un único botón. Mientras no se libere a las Cajas de la férula de los partidos, la democracia cojeará sensiblemente en este país donde a cualquiera se le embarga a las primeras de cambio mientras a los partidos se les condonan sus préstamos (¡incluyendo al propio Chaves!) y si te vi no me acuerdo. La pelea por las Cajas revela lo peor de la ambición política al tiempo que pone de relieve que todos están interesados en mantener la situación.

Cinismo político

La portavoz municipal del PSOE onubense llama al alcalde Pedro Rodríguez el “alcalde del paro” y funda su bobada en el despido de  quince jardineros de una empresa auxiliar. Supongo que con más razón llamará a Chaves “el presidente del paro” por mantener Andalucía a la cola del empleo, y ZP el azote del país por haberlo metido en esta crisis devoradora, pero seguro que no lo hace. ¿Culpar a un alcalde del paro? Hay que ver la facilidad con que se ganan el sueldo y la visa oro estos personajes sobrevenidos que, sin encomendarse a Dios ni al diablo, se limitan a lanzar trallazos al rival para congraciarse con la dirigencia. ¿Y en la provincia, quién tiene la culpa del paro galopante en la provincia, también Rodríguez? A Tobar le queda mucho que aprender antes de fracasar como sus antecesores. Sería mucho más digno para ella recorrer esa vía dolorosa con dignidad y decoro.

Los huevos de oro

Cuando pasen las rebajas y haya perspectiva para mirar atrás y hacer un balance adecuado, es posible que comprobemos que la crisis económica es más extensa y profunda de lo que se dice. No porque los consumidores –esas víctimas propiciatorias—gasten más o menos empujados por el sentimiento de ahorro, sino porque la actitud del propio comercio revela una inquietud por no matar a ese consumidor, la gallina de los huevos de oro, que deja poco espacio para la duda. Para empezar el pequeño comercio ha logrado que se le permita saltarse la ley de Rebajas para abrir en los días anteriores a Reyes y una difundida leyenda habla de que en ese terreno se librará una batalla de precios que algunos consideran suicida. Pero no es sólo en España donde va a notarse la crisis. En Inglaterra, al margen de la caída de la libra, se habla de fenomenales ofertas en las supertiendas y marcas principales, algunas de las cuales, sobre todo en Londres, se propone rebajar el 90 por ciento, lo que no deja de ser una decisión que habla por sí sola. En Nueva York se anuncian caídas de precios de un 70 por ciento y, de hecho, uno de esos ‘supers’ londinenses, ha vendido ya, por anticipado, un millón de libras en un solo día, a pesar de que la previsión indica que, barato y todo, las ventas se reducirán este año lo mismo en esos países que en el nuestro, en Italia o en Francia. Es probable que el comercio oculte su auténtica intención hasta el último momento y proceda a aumentar las rebajas a medida que pase el tiempo y los balances no sean optimistas, pero todo indica que van a batirse récords desconocidos empujados por el miedo a los stocks. La crisis plantea, en todo caso, una interesante partida de ajedrez para la que ningún gambito parece seguro este año de apreturas y turbulencias.

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Lo que las rebajas revelan es el enorme margen del comercio, la artificialidad con que la oferta consigue plantarle delante a la demanda una muleta a la que ésta ha venido entrando desde tiempos inmemoriales, es decir, ese hecho notable que es la opacidad de un mercado en el que las plusvalías son tan abusivas que puede permitirse el lujo de rebajar los precios hasta esos niveles en apariencia ruinosos. Estamos en crisis, claro, y no se puede matar la gallina de los huevos de oro que son los clientes que, por muy compulsivos que sean, habrán de sucumbir a la exigencia incontestable de la situación. Hay quien dice, como es sabido, que el truco está en comprar “de rebaja” para vender luego “de rebaja”, pero ni esa maliciosa hipótesis bastaría para explicar cómo puede rebajarse una oferta hasta un 70 o 90 por ciento si no es porque de antemano ése fuera el margen de beneficio previsto y real. Otra cosa es que las rebajas se hayan convertido en parte de la liturgia anual y cuente con un parroquia segura impulsada por esa fe que ya sabemos que mueve montañas, hasta el punto de que, como le he oído alguna vez a un reputado economista, es probable que ni el negocio podría ya concebirse normalmente sin ellas, ni el consumo tendría fácil prescindir de su seductor señuelo. Sin contar con que la estrategia de gobierno cuenta ya con que las rebajas contribuyen en términos importantes al descenso del índice de precios (IPC) con las correspondientes consecuencias sobre el control de la inflación, una esperanza que comparten –dentro de este esquema progresivamente verticalista que vivimos—lo mismo empresarios que sindicatos. Habrá que ver en el “éxito” de estas ‘super rebajas’ un claro indicador de la profundidad de la crisis, más allá de que lo vendido rebaje el beneficio de unos y suponga para otros muchos poco más que un rito cumplido en tiempo y forma. Al final, la crisis va a servir de lupa que permitirá acercarnos cumplidamente el mecanismo siempre oculto que activa el comercio. En cualquier caso, las pérdidas siempre serán asumibles y la parroquia permanecerá fiel a ese culto bianual.

El dedo omnímodo

Tras el absurdo escándalo que supuso los dos solitarios aprobados en las oposiciones a Administradores Generales, estalla ahora en Córdoba el presunto golpe de mano ocurrido en la Diputación cuando una plaza sacada a concurso-oposición no la ganó la opositora que “debía” ganarla, provocando la arbitraria suspensión ‘sine die’ de la prueba en perjuicio de la ganadora real. Los abusos de la Junta en la recluta de personal están comprometiendo su propio funcionamiento pero, además, conspiran contra el buen nombre de los tribunales que intervienen en las pruebas, los cuales han de someterse a sus dictados o terminar como el rosario de la aurora. Suspender un proceso de selección porque no salió adelante la “favorita” constituye ese “más difícil todavía” que la Junta supera una y otra vez.