Delitos exquisitos

No hay periódico europeo que no pregunte o se pregunte estos días sobre la cuestión de si Roman Polanski, el mítico cineasta polaco, debe pagar ahora –32 años después—por el delito por el que lo reclaman a las autoridades suizas los EEUU. Y hay, como es natural, gran diversidad de opiniones, desde las que ven ese plazo inconcebiblemente prolongado, hasta quienes opinan que si el famoso se ha librado de la Justicia durante tantos años no es más que porque se lo han permitido su fortuna y su fama. El tema de la prescripción es, desde luego, delicado –bien lo sabemos en España, donde cada dos por tres se aplica en beneficio de los grandes delincuentes–, pero no es la opinión pública la que ha de decidir sobre su vigencia y circunstancias, como es lógico, sino el legislador. En cuanto al delito en cuestión, confesado en su día por Polanski, no es otro que el de drogar y violar a una menor de 13 años, es decir, pura y llanamente, un delito de pederastia que, por cierto, el reconoce públicamente con el argumento de que su gusto por las menores es común a la mayoría de los varones. ¿Tiene sentido encarcelar a un violador 33 años después de cometido su delito, lo tiene echar pelillos a la mar y dejar impune algo que de imputarse a cualquier mindundi le acarrearía, sin duda posible, una condena masiva? Polanski ha pasado lo suyo en esta vida, desde la madre inmolada en el campo de concentración nazi hasta el crimen colosal en el que perdió la vida su mujer embarazada pasando por el largo exilio voluntario con el que ha logrado esquivar la Justicia americana. Pero ¿es suficiente todo eso para cerrar el caso y hacer tabla rasa con su grave responsabilidad en un caso criminal tan repugnante que a poca gente se le perdonaría? Jefes de Estado, ministros, cónsules y artistas se han movilizado para evitar que el gran cineasta pase un solo día entre barrotes, pero los blogs están rebosantes de voces que se preguntan porqué tan ardua defensa de un violador por muy ilustre que sea. Parece que el sentido común no se ha perdido del todo.

Claro que todo lo anterior puede decirse sin perjuicio de la admiración y el respeto profesional por un creador nada común, es decir, movido sólo por la consideración de que ningún trato de favor puede ser más contrajusticiero que el perpetrado en beneficio de una personalidad célebre. ¿O no sería desmoralizador ver cómo se exonera a Polanski de un delito abominable y confesado simplemente por ser Polanski? Se le puede desear lo mejor al artista sin dejar de exigir, caso de que proceda en derecho, que el violador pague su crimen. Es lo que se hace desde estas líneas, con la conciencia clara de marchar una vez a contrapié por la orilla de la horda bienpensante.

Marruecos manda

¿A qué han ido nuestras autoridades autonómicas a Marruecos si los temas de interés e incumbencia autonómica se han dejado de lado, incluyendo el sangrante de la inmigración ilegal? Ver al Presidente de la comunidad andaluza metiéndose en berenjenales de política exterior a propósito del conflicto del Sáhara es, encima, bastante desolador, en especial si le oímos calificar de interesante el plan marroquí para burlar las vigentes resoluciones de la ONU. Marruecos manda mucho y puede que sea porque los mandados se dejan sin oponer la menor resistencia. Cuando Griñán vuelva habrá que preguntarle en nombre de Andalucía, sencillamente, a qué ha ido a Marruecos.

Huelva se defiende

Dos iniciativas
Una, la del Ayuntamiento de la capital, de su alcalde, vamos, comprometiéndose a que “jamás” se recalificarán los terrenos de Astilleros para facilitar operaciones indeseables. Otra la unanimidad de la oposición provincial en pleno al exigirle a la Diputación que se plante frente al proyecto del oleoducto, un empeño del PSOE que apadrina el propio Zapatero en privado y en público. Ya se verá que sale de esta segunda que, por lo menos, obliga al partido en el poder a retratarse de frente y de perfil ante un modelo industrial y energético que demasiada gente considera peligroso para nuestro ya bastante maltratado medio ambiente.

Esclavos de sus palabras

Un grupo de postgraduados de la Universidad de Sevilla ha editado un libro con ese título, “Esclavos de sus palabras”, en el que se recogen, tengo entendido que sin acrimonia, las pifias y chorradas proferidas por sus profesores desde el estrado. Está muy bien la iniciativa, que supongo que podría incluir a todos cuantos alguna vez nos hemos dedicado a la enseñanza universitaria, sobre todo porque la propia antología parece apuntar a la idea de que lo normal en la enseñanza es el rigor más o menos aquilatado, algo que no suele ocurrir en otros ámbitos. Pondría por ejemplo las dos relaciones de juicios y profecías que sobre la crisis económica o la burbuja inmobiliaria han dicho estos años nuestros políticos, economistas y emprendedores, un ejercicio colectivo de inepcia que debería ser suficiente para mandarlos directamente a compartir el paro de los parias. Verían ustedes en ellas los rotundos desmentidos de la crisis enfatizados por nuestra dirigencia, desde presidente del Gobierno o el ministro Solbes hacia abajo, pero también los de otros ministros y altísimos cargos económicos, expertos de toda laya y tiburones de reconocido prestigio, y lo mismo respecto a la famosa ‘burbuja’ que entonces negaban todos a coro compitiendo a la hora de elevar el diapasón. No voy a desmenuzar esos disparates porque no quiero que se me aplique lo que Heine decía del historiador, a saber, que era un profeta que miraba hacia atrás, pero les aseguro que no se libra de ellos ningún partido, ninguna facultad ni ningún poder económico. ¿Cómo fiarnos en lo sucesivo de unos gobernantes que han negado la crisis hasta con pésimos modales, cómo de una clase empresarial que parece no haberse enterado de que el templo se venía abajo hasta que la han descalabrado los cascotes? ¿Y cómo de unos expertos que, salvo excepciones, que me constan, cabalgaron junto a la ruina negando que te niega su propia realidad?

No me imagino a un médico o a un escultor, a un taxista o a un labriego que, tras fracasos semejantes, continuaran gozando de nuestra confianza. Y ésa puede ser una de las grandes lecciones de la crisis: introducir un cierto relativismo en la fe con que la conciencia pública imita al carbonero a la hora de fiarse de lo que tiene arriba. No ha habido esta vez un Keynes, salvo que recordemos la dura denuncia de Paul Krugman, el Nobel en economía, que dejó a ZP mirando a las musarañas ya en marzo del 2009. Los profes se equivocan, pero reconozcan que en ellos se trata de fallos sin apenas incidencia en la vida real. Los mandas y magnates que he citado, en cambio, pueden arruinar al mundo simplemente no dando su brazo a torcer. ZP y Solbes no pagan, desde luego, porque sus mentiras se publiquen. Y mucho me temo que tampoco pagarán los que vengan tras ellos.

Fuera complejos

El mitin del PP en Dos Hermanas marca el principio del fin del histórico complejo de inferioridad que la derecha ha mostrado siempre ante la izquierda. Seguro que ni ellos se esperaban el éxito ni desde la acera de enfrente –Pizarro, desde el PSOE bromeaba con su fracaso hace poco—podrían esperar que, abarrotado el recinto de las 20.000 personas, otras 3.000 se quedaran fuera por falta de aforo. Y encima el disparate de la subida de impuestos que puede abrir para el PP un futuro despejado simplemente con la promesa de bajarlos. Hay cosas que están cambiando mucho en Andalucía. Ésta de entrar en la cueva del león y apropiarse de ella marcará, sin duda, un hito en esta crónica.

La costa va bien

Buen balance de los meses de julio y agosto en el turismo de costa onubense. A pesar de la crisis, Huelva alcanzó el primer puesto entre las provincias andaluzas y el segundo entre todas las españolas, creciendo en 9 puntos, muy por encima de la media nacional y elevando en 5 puntos el número de pernoctaciones. Un buen dato, menos mal, al que hay que prestar la atención debida, esto es, el apoyo institucional y sectorial que reclama una actividad básica de nuestra economía que, además, marcha bien en medio de tantas dificultades.