La soledad de Astilleros

Es un consuelo que el pleno municipal haya cerrado filas con los trabajadores de Astilleros, haciendo caso omiso del reproche que hace poco le lanzaba por ese motivo una responsable del PSOE, cuyos compañeros, por cierto, no han discrepado de ese voto unánime. Por lo demás, tiene guasa que diga el consejero de Empresa que la Junta “no financia empresas en pérdidas”, cuando no ha hecho otra cosa en su vida, sobre todo si le iba algún interés electoral en el envite. Y más guasa todavía que ese agitador de pacotilla que es Mario Jiménez –el mismo que figuró tiempo atrás como garante y salvador de la empresa—diga ahora que no recibe a los trabajadores porque no tiene tiempo. Aquí lo que no tiene mucha gente es vergüenza. Pero eso no es ninguna novedad.

La extraña justicia

Una confidencia más de alguno de los implicados en el caso ha permitido que la autoridad ordene buscar de nuevo el cuerpo de Marta del Castillo. Tras despilfarrar una fortuna en búsquedas anteriores –se dragó el Guadalquivir y se escurcó a conciencia un enorme vertedero— siguiendo las pistas proporcionadas por los implicados, ahora se trata de explorar una zanja en otro emplazamiento siguiendo las indicaciones que ha tenido a bien dar la ex-novia del malhechor con la que convivía tras el crimen, a pesar de su minoridad, en le domicilio de la suegra. Se comprende que la aplicación de la ley, no suele coincidir –habría que decir que por fortuna—con el sentimiento común de las gentes, y por supuesto, que el garantismo asiste a cualquiera por muy despreciable que sea su actitud y por más que lo acusen los hechos. Pero en ocasiones como la que comentamos, el ejercicio estricto del formalismo a que obliga la técnica jurídica no entra en cabeza humana por más que se extreme la buena disposición, y el personal se pregunta, asombrado ante la evidente burla de que los implicados hacen objeto a la Justicia, si acaso ésta no tiene recursos, si no para evitar, al menos para sancionar debidamente semejante cachondeo. ¿Nada efectivo puede hacer el juez cuando comprueba que por primera, segunda o quizá por tercera vez los investigados lo engañan paladinamente, despistando la investigación, pocas dudas caben de que de manera calculada y, seguramente, asistidos por experiencias jurídicas ajenas? Alguien dijo alguna vez que son los hombres de buena voluntad quienes, extremando el respeto a la ley, se convierten en agentes de la injusticia y, ciertamente, sólo con gran esfuerzo resulta posible sustraerse a esa lógica.

No se comprende que las falsas pistas no conlleven severos castigos ni que las contradicciones visiblemente calculadas se acepten sin mayores consecuencias. Tampoco que salga gratis a unos malandrines arruinar el erario buscando sólo la confusión del caso. Y menos que nada, que una pandilla delincuente traiga de cabeza a un tribunal y a las policías sin que les caiga encima la del tigre. Una sociedad que todavía recela del sistema de jurado porque presume –a mi entender, con razón–el perjuicio pasional que esa institución puede ocasionar a los reos, no se merece asistir boquiabierta a esta colosal tomadura de pelo. Se está jugando en este trance bastante más que el destino de unos presuntos malhechores, a saber, la confianza en la Justicia. Es verdad que el derecho no está fundado en la opinión, como Cicerón sostuvo, pero también que ignorarla supone la vía más corta hacia el colapso de la confianza democrática.

El guión previsto

No había que ir a Delphos para imaginar el desarrollo de las acciones judiciales emprendidas contra Chaves por haber cambiado la ley “ad hoc” y concedido luego una subvención millonaria a la empresa apoderada por su hija. Era obvio que una Fiscalía dependiente del Gobierno difícilmente la emprendería contra un Vicepresidente del mismo. Pero una cosa ha dejado clara el archivo ordenado en el TS y es que la ley de Incompatibilidades andaluza es puro papel mojado puesto que la Junta acaba de ser erigida en juez y parte para decidir incluso cuando sean sus mandamases quienes presuntamente la incumplan. Ancha es Castilla. Desde ahora la famosa ley “regeneradora” no cuenta para ‘Juan Palomo’ ni para sus “amigos políticos”.

Huelva, feudo seguro

Huelva es feudo seguro del PSOE. Por eso los sucesivos Gobiernos de ese partido la vienen castigando sin temor, negándole año tras año los proyectos más reclamados y prometidos. En el nuevo Presupuesto no van tampoco esta vez, como se sabe, ni la Estación del AVE ni el desdoble de la N-435, la misma en la que, mientras gobernaba al PP, se apostaban los dirigentes del PSOE –semáforo de Beas—repartiendo vehementes pasquines. No se invierte en lo que está asegurado y la hegemonía, fundamentalmente rural, del PSOE le permite olvidarse de nuestra provincia en los Presupuestos. Si eso lo hace Aznar en su día, los ‘mariojiménez’ de guardia se queman a lo bonzo.

Delitos exquisitos

No hay periódico europeo que no pregunte o se pregunte estos días sobre la cuestión de si Roman Polanski, el mítico cineasta polaco, debe pagar ahora –32 años después—por el delito por el que lo reclaman a las autoridades suizas los EEUU. Y hay, como es natural, gran diversidad de opiniones, desde las que ven ese plazo inconcebiblemente prolongado, hasta quienes opinan que si el famoso se ha librado de la Justicia durante tantos años no es más que porque se lo han permitido su fortuna y su fama. El tema de la prescripción es, desde luego, delicado –bien lo sabemos en España, donde cada dos por tres se aplica en beneficio de los grandes delincuentes–, pero no es la opinión pública la que ha de decidir sobre su vigencia y circunstancias, como es lógico, sino el legislador. En cuanto al delito en cuestión, confesado en su día por Polanski, no es otro que el de drogar y violar a una menor de 13 años, es decir, pura y llanamente, un delito de pederastia que, por cierto, el reconoce públicamente con el argumento de que su gusto por las menores es común a la mayoría de los varones. ¿Tiene sentido encarcelar a un violador 33 años después de cometido su delito, lo tiene echar pelillos a la mar y dejar impune algo que de imputarse a cualquier mindundi le acarrearía, sin duda posible, una condena masiva? Polanski ha pasado lo suyo en esta vida, desde la madre inmolada en el campo de concentración nazi hasta el crimen colosal en el que perdió la vida su mujer embarazada pasando por el largo exilio voluntario con el que ha logrado esquivar la Justicia americana. Pero ¿es suficiente todo eso para cerrar el caso y hacer tabla rasa con su grave responsabilidad en un caso criminal tan repugnante que a poca gente se le perdonaría? Jefes de Estado, ministros, cónsules y artistas se han movilizado para evitar que el gran cineasta pase un solo día entre barrotes, pero los blogs están rebosantes de voces que se preguntan porqué tan ardua defensa de un violador por muy ilustre que sea. Parece que el sentido común no se ha perdido del todo.

Claro que todo lo anterior puede decirse sin perjuicio de la admiración y el respeto profesional por un creador nada común, es decir, movido sólo por la consideración de que ningún trato de favor puede ser más contrajusticiero que el perpetrado en beneficio de una personalidad célebre. ¿O no sería desmoralizador ver cómo se exonera a Polanski de un delito abominable y confesado simplemente por ser Polanski? Se le puede desear lo mejor al artista sin dejar de exigir, caso de que proceda en derecho, que el violador pague su crimen. Es lo que se hace desde estas líneas, con la conciencia clara de marchar una vez a contrapié por la orilla de la horda bienpensante.

Marruecos manda

¿A qué han ido nuestras autoridades autonómicas a Marruecos si los temas de interés e incumbencia autonómica se han dejado de lado, incluyendo el sangrante de la inmigración ilegal? Ver al Presidente de la comunidad andaluza metiéndose en berenjenales de política exterior a propósito del conflicto del Sáhara es, encima, bastante desolador, en especial si le oímos calificar de interesante el plan marroquí para burlar las vigentes resoluciones de la ONU. Marruecos manda mucho y puede que sea porque los mandados se dejan sin oponer la menor resistencia. Cuando Griñán vuelva habrá que preguntarle en nombre de Andalucía, sencillamente, a qué ha ido a Marruecos.