Catetos onubenses

El cosmopolita y autodidacta secretario del PSOE de Huelva no se lo ha pensado dos veces para calificar de “catetos” –¡ni que el fuera de Nueva York!– a los empresarios onubenses que han criticado, con evidente lógica, los manejos de la Diputación y sus contrataciones. No ha querido decir ni pío, eso sí, sobre la mariscada y la presunta factura falsa de sus conmilitones del Ayuntamiento de Valverde, ya ven qué gran discreción. Pero en ambos casos le falta razón. En el primero, porque contratar fuera lo que se puede contratar en Huelva no tiene sentido en una Diputación Provincial. En el segundo, porque si de verdad no se ha enterado de esos festines y esa factura falsa, vaya papalón que está haciendo como secretario general. Catetos los hay a manojitos en Huelva y en París de Francia. Y es obvio que él no sería ‘Beau Brummel’ ni aquí ni allí.

El fracaso del cantón

La forma extrema del federalismo, justo la que acabó con su posibilidad real, ha sido en España el cantón. La del separatismo parece que también. Lo ocurrido en Arenys de Munt el pasado domingo no es, digan lo que digan nuestros comentaristas, un referédum sino todo lo más una “consulta popular” de esas que una ley específica autoriza celebrar en los pueblos cuando se trate de materias “de interés municipal” excepción hecha de las de índole fiscal. Y la independencia puede ser lo que los independentistas quieran pero no un asunto de interés municipal, por más que pueda acabar convertida en un motivo de pasiones lugareñas. Es muy grave que las dos ocasiones de que ha dispuesto nuestra historia contemporánea para abrir nuestra sociedad a un régimen de libertades hayan sido liquidadas bajo el peso asfixiante de un espíritu cantonal que se ahorcaba con su propia soga dialéctica al propiciar una perspectiva infinita de separaciones en cadena. Hoy, además, el proyecto de independencia no se basa en el espíritu solidario de la ‘Federación’ sino en el discriminatorio que implica la idea de ‘confederación’ de las regiones –y por lo que se ve, llegado el caso, hasta de los pueblos y aldeas—de vivir escindidos de la unidad que los tiempos fueron fraguando, con las inevitables y lógicas tensiones, entre las entidades geográficas y populares, hasta constituir un conjunto histórico estable. Esto de las consultas tiene sus problemas, como se descubrió en Andalucía cuando uno de sus pueblos celebró uno de esos “referenda” de la ‘Señorita Pepis” en torno al dilema “Humanismo o Capitalismo”. La sociología política ha sido siempre consciente, desde Tocqueville a Habermas, de que el papel de la “sociedad civil”, tan decisivo para la vitalidad democrática, tiene su linde clara allí donde comienza la acción de las instituciones sobre las que debe presionar pero a las que nunca puede pretender sustituir. Lo de Arenys de Munt revela una cofunsión pueblerina sumada a la inconcebible debilidad de un Estado cuyo Gobierno no es capaz de garantizar el respeto a su propia normativa. Todos han olvidado que la soberanía reside en el Pueblo, con mayúscula totalizante, pero no en la aldea ni en la región.

Aparte de lo cual, no se dejen engatusar por esos espejismos que de lo que tratan es de distraer al pueblo soberano de sus verdaderos problemas. Así se lo han dicho a gritos a los “nacionalistas institucionales”, en plena Diana, los parados que conceden más entidad política a la solución de la crisis que a estos juegos fantasmagóricos conservados desde el XIX en el formol de los agravios paisanos. Este Gobierno trata a la Constitución como papel mojado cuando es cuestión de convivir con sus socios imprescindibles. Y hay que decirle a ese Gobierno acollonado que, pase que unas tribus pretendan mear las lindes de su territorio, pero que a él, como responsable último de la sociedad organizada constitucionalmente no le está en absoluto permitida esa veleidad.

La prioritaria educación

Muchos de quienes lo recibimos con esperanza, seguimos esperando del presidente Griñán, sobre todo, un volantazo de la cuestión educativa que permita hacer frente a nuestra deplorable situación. No se puede declarar prioritaria la tarea educativa –como hizo él– y dejar luego que la política discurra por sus viejos cauces, demasiado estrechos para plantear el rescate de nuestra infancia y juventud del círculo de ignorancia en que se halla encerrada. Asumir el fracaso escolar pagando pluses a los docentes para que bajen el listón, contemplar mano sobre mano cómo se reproduce y aún aumenta el abandono escolar, no abordar el plan de becas con decisión y sin complejos…, todo ellos cuestiona la promesa del Presidente en su discurso de investidura.

Una de fantasmas

Lo que está ocurriendo en Nilefós con ese dueño fugado que no da señales de vida a pesar de que la plantilla permanece encerrada desde hace dos semanas en la fábrica pidiendo lo que se les debe y exigiendo a la Junta que se deje de paños calientes y localice al desaparecido para obligarle a cumplir sus obligaciones, no tiene nombre. Pase que los obreros acreedores desconozcan el destino –seguro que feliz—de ese deudor que ha levantado el vuelo llevándose hasta las ayudas oficiales, pero lo que no se cree nadie es que la Junta y el Gobierno no tengan a su alcance información y capacidad suficiente para resolver el enigma. Si ni una ni otro quieren que se las acabe viendo como cómplices del indio fugado, no deben demorar siquiera un gesto de cara a su localización.

Cultura de masas

El argumento del presentador resonó contundente y equívoco en el plató de la telebasura tras la consabida descalificación ‘preventiva’ de los “sesudos intelectuales”: “Amanecimos esta mañana hablando de Belén Esteban y son (consultó escrupuloso su reloj) las once y media de la noche cuando continuamos hablando de ella”. Realmente se quedó corto porque aún quedaban horas de memiloquio sobre el asunto, con toda evidencia fabricado, en torno a la vida privada de esa persona, y debatido de manera simultánea, por si fuera poco, en otras emisoras de la competencia. Debió ser una noche cara, ya que en proporción a la emotividad real o fingida, giran los “cachés” que perciben tanto los despellejados como los despellejadores en esas programaciones, pero además de que la audiencia debió ser también más que rentable, hace mucho que la sociología de la cultura (Merton, Dwight Macdonald, Paul Lazarfeld y demás) explicó que la “mass cult” o cultura de masas, ese puré adictivo sólo posible en la sociedades masificadas, era el producto más barato y el más demandado de la “industria de la cultura”. La “muchedumbre solitaria” de que hablaba Riesman, aislada en el globo pneumático de la inopia voluntaria, rellena su vacío vital con ese mortero espeso que amasa la habladuría con el rodillo de la curiosidad alcahueta. ¿Qué puede interesarle, no digo a millones de personas, sino a una sola, la insignificante vida de alguien que –como se encargó de explicar cínicamente un contertulio—nada es por sí misma sino por su condición de producto de la propia industria? Pues nada, a ver, pero échenle un vistazo a las audiencias y verán lo que pueden en una sociedad descerebrada los cuentos y las lágrimas de una friqui famosa que, por descontado, cobra bastante más por su pellejo y sus lágrimas negras que un par de ministros juntos. El Sistema sabe lo que se hace, qué duda cabe, y ‘medios’ y Gobiernos le sirven solícitos en esa misa negra de la infamia que es la cultura de la difamación.

Curiosamente, creo que fue esa misma mañana cuando conocimos por el sólido informe de le OCDE el estado calamitoso en que se encuentra nuestra educación, colista inveterada del tren europeo de la infelicidad. Pero la realidad es que si dirigen la sociedad en sus más altos niveles, incluyendo el Gobierno, personas sin estudios o con más que precaria formación, y no se ofrece a la juventud otro modelo de éxito social que el que pueda proporcionar un concurso televisivo, mal cabe esperar que el fracaso escolar ceda y se detenga la sangría del absentismo, antes de proponernos elevar el nivel cultural de la población. La industria de la telebasura funciona hoy como un sector ‘sensible’ desde el punto de vista del proyecto “integrador” con que el Poder tiende a anular la personalidad colectiva. La Esteban, como tantos otros, juegan en esta sociedad con su papel alienante, una función decisiva sin la que otro gallo le cantaría a ese Poder.

Nuestro paradigma

Desde luego no se trata, como están haciendo el PSOE y el PP, de comparar cual de las dos formaciones viola más el Pacto Antitransfuguismo sino de aceptar que todos, sin excepción, lo practican desde el Poder cuando les llega la ocasión. Pero en Andalucía tenemos esta vez al paradigma perfecto del “caso Pajín” ocurrido en Benidorm, porque repite ce por be lo ocurrido en Gibraleón y, muy probablemente si no es con toda seguridad, repetirá también, cuando el momento llegue, su miserable desenlace: el PSOE fingirá la expulsión de los ediles rebeldes fugados en masa, pero consentirá encantado que se hagan con el ayuntamiento para, finalmente, recuperarlos con alfombra roja en las listas de las próximas municipales. Prueba del 9: verán como ni Pajín ni nadie se compromete negando esta última posibilidad. Hay demasiados intereses en juego para que pudiera ocurrir de otra forma.