El nuevo higienismo

El higienismo decimonónico surgió como una respuesta a los problemas suscitados en las aglomeraciones urbanas y lo hizo bajo la impronta ética del progresismo entonces naciente. Pedro Felipe Monlau y tantos otros lucharon a brazo partido dispuestos a enseñar los códigos imprescindibles a unas poblaciones rurales recién trasplantadas a un territorio en el que ya no era posible ni conveniente la vieja familiaridad con la Madre Naturaleza, encabezando un espíritu a cuya difusión contribuyó no poco la conciencia de rebeldía entonces en formación, en especial desde al lado anarquista. La cuestión es hoy radicalmente distinta como corresponde a una civilización urbana –la población rural es ya testimonial en el mundo desarrollado—en la que la propia presión de las disfunciones generadas por la masa han provocado una proporcionada reacción correctora que, sin solución de continuidad, va desde la sugestión propagandística a la sanción. Una organización japonesa, los “Green birds”, reconocible por su hábito verde y sus guantes amarillos, anda promoviendo campañas de higiene en la vía pública en Londres, París, Berlín o Londres, en paralelo a la acción correctora de esos municipios que, como en París, han creado incluso brigadas especiales para luchar en directo contra los bárbaros que utilizan la calle como si de un estercolero se tratara, prohibiendo mingitar, escupir, dejar recuerdos del perro o arrojar desperdicios de cualquier naturaleza, so pena de multas crecientes. Lo de la meada callejera –“l’urine sauvage” parisina—parece ser la plaga más resistente, como se ha puesto de relieve en algún lugar de Cataluña donde, en solidaridad con dos meones multados, un activo movimiento ciudadano llegó incluso a convocar el mes pasado una incívica “meada popular” por fortuna apenas sin eco. En Francia proyectan ahora prohibir el escupitajo en los campos de fútbol (en la calle ya está prohibido) con motivo de la gripe A y a título de ejemplo. He recordado el eslogan expuesto en las papeleras que cubren en Río las playas de Ipanema y Copacabana: “Cidade limpa e a que nunca se suja”. Hay verdades como puños que no sirven para nada.

No me parece una cuestión menor el galopante deterioro de la convivencia que viven nuestras ciudades ni lógico que la única respuesta municipal a los excesos consista en multiplicar las brigadas de limpieza como asumiendo o dando por inevitable la violación salvaje de la convivencia a que asistimos perplejos. Un suceso brutal como el ocurrido en Pozuelo, por ejemplo, no surge de la nada sino que responde a la banalización progresiva del orden cívico que es visto desde ciertos ámbitos juveniles como instrumento de una imaginaria represión que, ciertamente, la lenidad judicial parece que confirma. El higienismo postmoderno poco tiene que ver ya con aquella “medicina social” con que nuestros trasabuelos trataron de proteger la salud pública de unos males que no tenían que ver, como los actuales, con el conflicto de una educación fracasada o en vías de caducar.

Otra prueba del algodón

¿Es necesario apear de su cargo al imputado por un juez, como predican todos los partidos, o no lo es? El caso del vicepresidente de la Diputación malagueña, imputado por prevaricación, como el del alcalde (y senador) de Baeza y tantos otros ponen al PSOE entre la pared y la espada que él mismo esgrime cuando se trata de acorralar al competidor, sobre todo tras el llamativo caso que afecta al alcalde “popular” de Sorbas, cuyo procesamiento fue dado a conocer a bombo y platillo por el partido en el poder, evidenciando una intolerable connivencia con sus topos en la Administración de Justicia. Claro que pedir juego limpio a esta tropa es perder el tiempo. La Justicia es para los políticos un simple instrumento a utilizar cuando la ventaja lo permita.

Alcalde para rato

Anuncia Pedro Rodríguez, el alcalde de la capital, que se presentará de nuevo como candidato –¡y van cinco!—en las municipales del 2011. Una larga gestión, con logros innegables a pesar del boicot más que visible de las Administraciones (Junta y Gobierno), justifican de sobra el propósito, mientras en la acera de enfrente, da la impresión de que no tienen ni idea de cómo meterle mano a ese toro tras cuatro fracasos sonados. Rodríguez no tiene rival como la gente hoy por hoy. Pero si hay alguien que cree lo contrario no tiene más que decirlo. Verán como nadie dice ni pío.

Armas tomar

Acaba de conocerse que Brasil se convertirá enseguida en la primera potencia militar del subcontinente americano. El régimen de Lula, crecido en su popularidad a pesar de los deplorables escándalos financieros, ha decidido armarse hasta los dientes para asegurar su hegemonía en una región actualmente inmersa en un complejo marco político dentro del que las demagogias juegan un papel preponderante y, para empezar, va a encargar a Francia un submarino nuclear, cincuenta helicópteros y 36 cazas de combate por un importe total de casi 12,500 millones de dólares. No es fácil deducir para qué necesita Brasil ese arsenal y, sobre todo, un supersubmarino de esa clase hasta ahora reservada, no poco paradójicamente, a las cinco potencias que poseen la condición de miembros natos del Consejo de Seguridad de la ONU, y menos en un momento tan difícil de la vida del país que, a pesar de prever para el año próximo un giro radical en su crítica economía (crecerá, según parece, al 3 por ciento en lugar de decrecer, como en 2009, en un 6’8 por ciento), ha debido crear un impuesto específico para “combatir la pobreza” en vista de la dramática situación de amplias capas de su población. Por si fuera poco, en círculos próximos al propio Gobierno se afirma que el país posee la tecnología precisa para producir armas atómicas, una pésima noticia, seguramente, en cualquier caso pero, sobre todo, habida cuenta del agitado panorama que ofrece el hemisferio, un área cada día más inquietante en la que Venezuela –cliente también de España– acaba de encargar en Rusia 3 submarinos, vehículos blindados, tanque T-72 y helicópteros militares, mientras Bolivia se empeñar con un crédito millonario concedido por Rusia para financiar su “reequipamiento” militar. El presupuesto militar en el conjunto de esos países (Unasul) ha crecido más de un 90 ppr ciento en cinco años. No faltan voces avisando de que un nuevo modelo inspirado por Chávez se impone en la región, en el que las fuerzas armadas pasan a tomar parte en el proyecto político estatal.

Curiosa pulsión castrense la de esa nueva izquierda que gobierna sobre mares de miseria al tiempo que se aclimata con sorprendente facilidad a los corruptos modelos de la administración tradicional. Pero no menos desoladora resulta la disposición de las potencias productoras de armas a ofrecérselas (incluso financiando las operaciones) a países sumidos en el subdesarrollo y, en la mayoría de los casos, hundidos en la pobreza. El Brasil de las favelas, la cachaza y el candomblé quiere convertirse en gendarme de la región como en los perores tiempos de la timocracia. Y de la mano de una izquierda populista y corrompida, por si fuera poco. Las grandes democracias vendedoras de armas serán responsables en el futuro de las eventuales catástrofes que pudieran producirse cuando quizá nadie se acuerde ya de su insensato negocio.

A la cola y jugando

Los estudios señalan a Andalucía como farolillo rojo en el ránking educativo europeo. El enorme fracaso escolar, el abandono masivo del estudio, están ahí ante la pasividad de una Junta que o no sabe o careced de interés por mediar en la situación. Ahora sin embargo –propaganda que no falte—se va a gastar una millonada en regalar a los escolares ordenadores personales con los que, evidentemente, no van a salir del bache aunque puede que agraven ciertos riesgos probados implícitos en el uso de ese importante instrumento. Un buen negocio –para la industria, no sean mal pensados—que no corregirá un lamentable estado de cosas. Ser lo últimos de la fila europea es una emergencia que no se arregla regalándole ordanatas a la peña.

Más sobre correas

Mientras el secretario regional, Manuel Pastrana, amaga con echar la gente a la calle ante la pasividad de la Junta y del Gobierno en la crisis industrial onubense, la “correa” onubense sigue haciendo su papel. Pero por más que Luciano Gómez insista en la responsabilidad del Ayuntamiento de la capital en esa crisis, a pocos trabajadores va a engañar a estas alturas en todos saben qué ha hecho cada cual y también que ha dejado de hacer. No se debe politizar este asunto, conformes, pero a la vista está que en Huelva no hay talante ni talento para unirse en un frente cerrado a favor del trabajo. Pesan demasiado los compromisos políticos, en uno y otro bando. Y esa es una pésima noticia para los trabajadores amenazados.