Culpas y números

Poco tiempo le ha concedido la realidad a la portavoz sociata en el Ayuntamiento de la capital que acusaba al alcalde de Huelva de ser la causa del paro. No es que semejante dislate precise prueba en contrario, por supuesto, pero ahí están los números de la propia Junta y del Ministerio “amigos” para descubrir la verdad: que en nuestra provincia, durante el año pasado, el desempleo creció en más de un  36 por ciento alcanzando un total de más de 42.000 parados. Aquí como en el resto de la región, lo que ocurre es que no se ha enfrentado la crisis con medidas razonables, sino que se anda esperando a que algún milagroso efecto coyuntural la resuelva desde fuera. ¿Culpas del paro? Cualquier portavoz/a debería saber que, en todo caso, más razonable es hablar de responsabilidad por la falta de políticas contra él.

Keynes en tanga

Todo el mundo económico anda pidiendo ayudas al Estado –es decir, al contribuyente– para sobrevivir en la crisis. Alegan, sector por sector, que no tiene sentido salvar al sistema financiero dejando pudrirse con indiferencia a los demás sectores, sobre todo teniendo en cuenta que han sido los banqueros quienes –en su versión de especuladores—han organizado esta zapatiesta. ¿Por qué no subvencionar a la agricultura o a la pesquería si llueven millones sobre los bancos? En EEUU la cosa ha llegado al punto de que los líderes de la industria del porno acaban de reclamar al Congreso que les libre un pelotazo de 5.000 millones de dólares para sacar del congelador su encogida industria, jibarizada por los efectos criogénicos de la crisis, del mismo modo que la fomentó durante tantos años la cálida prosperidad. Alegan esos pornócratas que el personal se ‘enfría’ con la insolvencia, que la crisis, con sus espectaculares pérdidas y batacazos, ha acabado por relegar esa demanda afrodisíaca de vísceras hasta el punto de amenazar la supervivencia de tan ilustre actividad empresarial, e incluso estiman que corresponde al Congreso “rejuvenecer” el apetito sexual embargado o perdido por la jodida depresión. “La gente está demasiado deprimida para ser activa sexualmente”, sostienen esos próceres-mendigos, deslizando subliminalmente la especie de que la actividad sexual, tal vez hasta la reproductora, no es autónoma y responde a la naturaleza, sino que, al menos en buena medida, es producto del estímulo pornográfico. Esto es ya el saqueo del erario, el envés del sueño intervencionista que, bien mirado, está hoy en la mente de todo el planeta productivo. Lord Keynes advirtió en 1924, si no me falla la memoria, que tras la primera Gran Guerra, Occidente habría pasado una página decisiva de su historia: aquella que creyó a pie juntillas en la Mano Invisible y el “laissez faire” como el camino no solamente idóneo sino único hacia la prosperidad: el Estado debía intervenir ayudando, mal que pesara a los liberales. Se ha dicho con razón que aquel sabio no trataba de destruir el capitalismo sino de salvarlo. Esta temporada eso lo comprenden ya hasta los manijeros del porno.

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Los observadores señalan que, en efecto, actualmente los consejos de Keynes son seguidos, en régimen de estricta observancia, por la inmensa mayoría de los países. Marean las cifras de los planes de relanzamiento y el saliente Bush declara en exclusiva en este periódico que si él actuó con energía contra la libertad de ‘San Mercado’, no fue por capricho sino porque sus gurús le aconsejaron hacerlo anunciándole, en caso contrario, una segura recesión probablemente peor que la del 29. Sin ir más lejos, en España se ha decidido de un plumazo y sin pensarlo dos veces destinar un buen bocado del PIB a tapar los agujeros del sistema y engrasar los mecanismos de esa formidable fábrica de fraude y mangancias que suelen representar los humoristas con chistera y chaqué. Y que no se diga que eso es natural dada la condición izquierdista del Gobierno porque hasta antier por la mañana el Gobierno era más liberal que Smith y Hayes juntos y revueltos. A lo que aún no hemos llegado es a pedir dinero para animarnos la pajarilla, pero todo se andará, posiblemente, si a nuestra gobernancia no se le ocurre nada mejor para combatir el expolio y la sociedad desigual que repartir pasta por un tubo, precisamente a los que más pasta tienen en este país que ya va por los tres millones de parados y en busca de los cuatro. Es verdad que sobre la sexualidad de Keynes se ha hablado mucho, demasiado para mi gusto, pero dudo que, si volviera por estos lares con su ideal distinguido y su Bloomsbury sensato, estuviera de acuerdo con que para salir de la recesión hay que largarle dinero a los negociantes del putiferio. La crisis nos va a enseñar mucho. De momento, ha resucitado a Keynes para meterlo en una cama redonda.

El pleno empleo

Dicen desde la Junta que este no es el momento de dar el campanazo ultrakeynesiano de lograr el pleno empleo. Su portavoz especifica, incluso, que “la crisis económica no lo permite ahora mismo”, como si ese compromiso de Chaves no contara ya dos o tres legislaturas, casi tanto como los compromisos referentes a las habitaciones hospitalarias individuales o al olvidado salario social, entre tantas cosas prometidas.¿Pleno empleo con un millón de parados en lo alto? El problema de la Junta no es que no pueda maniobrar en esta coyuntura sino en prometer absurdamente lo que no podía con el descaro más demagógico. Chaves debería salir ahora a explicarle a los defraudados que él no tenía ni idea de la que se avecinaba, por más que se lo avisaran tantas voces. No iba a servir de mucho, pero como pedir excusas por habernos tomado por tontos durante tantos años.

Sentido común

Se pregunta con razón un lector que nos escribía ayer si de verdad un mastodonte burocrático tan costoso como la Diputación es imprescindible en un Estado autonómico, y alega a favor del no el caso de otras comunidades autónomas, alguna tan relevante como Madrid, que carecen de Diputación porque sus servicios dejaron de ser necesarios al contar con una Administración autónoma. Mucho sentido común hay en su planteamiento, aunque también no poca ingenuidad, dado que no es imaginable la hegemonía del PSOE y su auténtico “régimen” sin ese refugio sin fondo que lo mismo paga propagandas que coloca “arrecogíos” para garantizar la unidad del partido. Ése es un debate pendiente, desde luego, que nunca se producirá porque n unos ni otros –vaya por delante—estarían por la labor.

Los despojos del genio

El cráneo de Descartes está expuesto en el Museo del Hombre de París y allí seguirá en tanto no se resuelvan los problemas jurídicos planteados por la pretensión de recuperarlo del Pritaneo de la Sarthe, donde el genio trabajó durante años, pretensión que apoya, al parecer, el ‘premier’ François Fillon, que es paisano. No se han reclamado que yo sepa el resto de sus despojos, si es que perduran, depositados en la iglesia de Saint Germain-des-Prés, ni es probable que se reclamen, porque lo habitual en estos casos de fetichismo del genio es tratar de hacerse con el cerebro y no con su envase, considerado mera carcasa neurológicamente poco o nada significativa. A Descartes, el pobre, lo han colocado entre el despojo de Cro-Magnon y un molde o réplica del futbolista caribeño Lilian Thuram, y allí anda en su vitrina soportando pacientemente la curiosidad del personal, mudo en esa síntesis ascética que es la calavera. Ha habido muchos trajines con eso de los despojos del genio, pero, por lo general al menos, los científicos, neurofisiólogos sobre todo, lo que han perseguido han sido los cerebros en cuya naturaleza y disposición se ha pretendido tantas veces hallar la clave de ese gran secreto. El de Einstein ha danzado lo suyo de mano en mano hasta ser reducido a puro material de laboratorio, y es, que yo sepa, el único legado voluntariamente por su dueño a la investigación científica, pero hay otros casos más o menos famosos como el del panteón de genios montado por los sabios soviéticos cuando se empeñaron en determinar el patrón de la genialidad, cuya última adquisición fue la víscera de Sakharov, pero en el que lograron reunir las de políticos, músicos, poetas o matemáticos célebres, ignoro con qué resultados. Se cuenta que a la muerte de Rubén Darío el forense se hizo con el cerebro del vate pero, sorprendido por un cuñado vigilante, todo acabó en comisaría del modo más rastrero. Es que no se respeta nada, oigan. Hasta el de Lenin fue entregado por los materialistas a un laboratorio que le dedicó años de atento estudio sin sacar nada en claro, claro.

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No cabe duda de que el futuro en este terreno es del materialismo pero tampoco hay que olvidar las viejas intuiciones filosóficas que, como a través de un complejo zigzag, han acabado trayéndonos a nuestra actual perspectiva. El profesor de Francisco J. Rubia (de quién les recomiendo vivamente su obra “La conexión divina”) recuerda el proceso que va desde Platón a Kant pasando por el movimiento innatista y, en especial, precisamente por Descartes –que es, como se sabe, quien lo recupera de Locke–, y defiende que, en realidad, todo indica que el hombre al nacer carece de toda determinación genética respecto de la memoria o la inteligencia, lo que quiere decir que debe aprenderlo todo durante su vida, o lo que es lo mismo, “socializarse”, como dicen los sociólogos. Hay, por supuesto, intentos continuos de orden materialista que tratan de descifrar el enigma mental y hasta ha habido quien, estudiando la vida y obra de los genios, ha tenido la osadía de proponer cuales serían los coeficientes intelectuales de Napoleón, Schiller, Dante o Byron, o bien en que región cerebral radica ese ansiado secreto de la genialidad, pero la verdad es que en la inmensa mayoría de las ocasiones los resultados son fútiles y las conclusiones problemáticas. No parece discutible la muy actual propuesta kantiana de los “juicios sintéticos a priori”, pero seguimos sin saber ni bien ni mal dónde y cómo se generaría en el cerebro esa especia de taxia congénita, con lo cual estamos donde estábamos. Pero el ser humano es animal fetichista y seguirá coleccionando cráneos y cerebros, como antiguamente coleccionaba muelas o metatarsos de mártires y doctores. Nuestra credulidad es casi tan grande como nuestra ignorancia. Y mucho me temo que lo siga siendo.

La Junta no cumple

Tampoco en la delicada materia de la Dependencia, la joya de la corona de la legislatura anterior, la excelente ley sobre el papel que mereció el voto unánime del Congreso. El problema es que no basta con hacer leyes sino que hay que cumplirlas, y la Junta de Andalucía –aparte de haber siso señalada como presunta maquilladora de sus aplicaciones—no ha sido capaz en todo este tiempo de resolver más que el 37 por ciento de las solicitudes, algo tremendo si se tiene en cuenta la mayoría de demandantes de edades avanzadas o incluso avanzadísimas. Y no sabemos cómo afectará la crisis a ese compromiso económico. De momento, una simplificación de los requisitos y papeleos parece la más urgente providencia que debe tomar esta Junta dormida.