Incómoda imputación

La imputación de la directora general de Formación para el Empleo de la Junta de Andalucía resulta particularmente incómoda no sólo por la razón política de que el PSOE tiene afirmado muchas veces aunque sólo para su aplicación en ajenos, la norma de que el cargo imputado debe dimitir o ser cesado, sino por la propia naturaleza de la trasgresión que se le imputa: facilitar a una opositora por el móvil las respuestas a un examen de cuyo tribunal formaba parte. La especial gravedad del asunto, tan feo como injusto, debería mover a ambas partes, la Junta y la imputada, a aguardar la solución judicial fuera de las responsabilidades políticas.

Decencia y buen sentido

Comprendo que la portavoz sociata en el Ayuntamiento de la capital crea que dar la tabarra es lo suyo, pero no lleva ni pizca de razón al reclamar a aquel que vaya a la juerga de FITUR. Y no sólo porque el consistorio se haya tomado en serio estudiar la pieza y proceder según  un a estrategia bien pensada, sino porque todo el mundo sabe que esa romería a Madrid no es más que un abuso anual que perpetran los políticos con cargo a los depauperados bolsillos ciudadanos. Que pregunte en la calle que opina el contribuyente de este tipo de saraos y verá lo que le contestan, aunque son los políticos quienes mejor conocen la desvergüenza que constituye esa gira anual. No están las cosas para tirar el dinero en Club del AVE, hoteles, jamón y gamba blanca. El que quiera todo eso, señora mía, que se lo pague.

La piedad patriótica

Me sorprende que no haya dado más que largar el pedazo de Padrenuestro que, sin la menor preocupación por la reacción  laicista, largó el clérigo de Obama en su solemne toma de posesión. No porque en USA eso quede raro, sino por el ambiente que se respira por aquí desde hace unos años. En USA, naturalmente, no ya una invocación sagrada sino una oración entera y plena se aceptan a título profundo o simplemente simbólico en la mejor tradición de un Tocqueville que supo ver con claridad el grave papel que la religión jugaba en aquella democracia y que, como pudimos comprobar, sigue jugando hoy más allá de los devastadores efectos de la secularización y del proverbial laicismo de fondo de las relaciones políticas en el país. A mí me ha hecho hojear su clásica obra  para confirmar su convencimiento de que la democracia no es posible allí donde se identifica la religión con la política, pero tampoco donde la política rechaza de plano la religión. Tiene que haber alguna razón que justifique las muchas persecuciones, cruentas o no tanto, sufridas por la religión, especialmente por la católica, a lo largo de la historia de Occidente, y tal vez no sea otra que la vocación política frecuente en muchas religiones. Pero también es verdad que ha habido más de un pogromo y más de un ‘Kulturkampf’ bismarckiano empeñado inútilmente en desterrar la religión de la vida pública.

Uno de ellos lo estamos viviendo nosotros desde que llegó Zapatero y, por cierto, bien parecido en formas y maneras al montado por el ‘Canciller de Hierro’ –y que, como es sabido, le salió pro la culata—en la medida en que repite sus esfuerzos legislativos por acorralar la religión no sólo como práctica política de la iglesia que sea, sino como sentimiento íntimo. Si quieren hablamos otro día de esta ‘Kulturkampf’ de bolsillo, pero notemos hoy la amplitud y la robustez de una democracia como la americana que es capaz de compatibilizar el secularismo más radical con manifestaciones, como la del Padrenuestro mencionado, que son, con toda evidencia, una manifestación soberana de respeto por la religión, en la que se ve, con razón, un factor decisivo de identidad y un vivo instrumento al servicio de la cohesión social. Ese pastor o lo que sea, desgranado el Padrenuestro ante la muchedumbre entusiasta, es para tomarlo aparte. La distancia que nos separa de ese milagro cívico debería dar que pensar a tanto Bismarck de pacotilla como anda enredando por ahí.

Coge el dinero y corre

Ahora Isofotón, la empresa malagueña, la misma que ha recibido de la Junta 25 millones de euros 25, sin contar lo trincado de otras Administraciones. De vez en cuando nos enteramos de estos coladeros de pasta, normalmente porque deciden hacer el petate y largarse con subvenciones y todo a sus lugares de origen, dejando tirados a los trabajadores que se suponen la razón de la ayuda juntera. Y la Junta, viéndolas venir, o mejor, viéndolas ir, contemplando el saqueo y si decidirse a implantar criterios severos para que los dineros públicos otorgados como estímulo o ayuda dejen de estar atados con longaniza. Ése de crear empresas subvencionadas y luego largarse, es uno de los mejores inventos de la ingeniería financiera. Y de la Junta, que lo consiente.

La que menos

Huelva es la provincia que menos se beneficiaría de los millones librados pro el Gobierno a la Administración Local para tratar de paliar la crisis a base de obras públicas, se supone que necesarias. Quedamos muy por debajo de todas las demás provincias, con bastante menos de la mitad que Granada, Córdoba, Málaga o Sevilla, a la cola, en fin, como de costumbre, y ni siquiera oímos voces de protesta ante un hecho tan contundente, ni por parte de tirios ni por el lado troyano. A la cola de la cola: ¡vaya sitio! Es de esperar que alguien, al menos una voz, desde el poder o desde la oposición, se levante y diga lo que hasta ahora todos callan aún sabiendo de sobra de qué va.

Leche y colza

No ha habido que esperar demasiado para conocer las consecuencias legales del escándalo de la leche contaminada con melamina, una sustancia para usos industriales empleada por el emporio chino Sanlu para ‘fabricar’ su leche infantil. Nada de contemplaciones: graves condenas de cárcel, una de ellas a perpetuidad, y tres penas de muerte, saldarán, según  los tribunales chinos, las numerosas muertes y 300.000 casos de grave intoxicación registrados antes de que se decidiera poner fuera de juego el pernicioso producto. Ni su condición de miembro destacado del PC chino ha librado a madame Tian Wenhua de una condena de prisión vitalicia, dicen ahora desde el Poder que por haber ocultado el hecho hasta que fue demasiado tarde para evitar la tragedia, pero la verdad parece ser que las autoridades estuvieron prontamente informadas y prefirieron callar durante el periodo olímpico. Un mes ha durado el expeditivo proceso que, salvadas las temerosas circunstancias y el rigor brutal de las sanciones, nos trae a la cabeza el recuero de la colza, aquella infamia nunca aclarada del todo y en la que el Estado –el Gobierno y los tribunales—han jugado descaradamente el papel de la obstrucción contra los derechos legítimos de los damnificados, en pleito inútil o casi desde 1981. Los chinos no quieren bajo ningún concepto que su reputación comercial quede en entredicho y han tenido que hacer uso del chantaje a los EEUU esgrimiendo su peso en la deuda nacional, para parar el presumible boicot. Esta escenificación brutal de la justicia es el complemento de aquella comedia.

Volviendo a lo nuestro, 27 años más tarde muchos son los afectados que han desaparecido, sin contar la inmensa mayoría de ellos que ha debido padecer de por vida los efectos de aquel crimen. Y no se trata de suspirar por un estado de cosas en el que las culpas se liquidan sumariamente con rejas perpetuas o tiros en la nuca, pero sí, quizá, de echar de menos un  término medio entre el leguleyismo que aquí ha arrebatado sus derechos a esos miles de desdichados y la barbarie comentada. Hasta el 2014 andarán rodando por los juzgados los expedientes no resueltos aún. Echen cuenta de los años transcurridos y háganse cargo como estarán, con aquellos devastadores cuadros clínicos, los envenenados de entonces, esto es, los supervivientes. Los chinos han  resuelto en unos meses un caso similar sin encomendarse a Dios ni al diablo. Con un primitivismo salvaje que hay que rechazar sin matices, pero con una eficacia que no deja de darnos que pensar a nosotros, los civilizados.