Errores críticos

Desde la guarida de Podemos, el líder y “conducator” Pablo Iglesias ha disparado contra Susana Díaz con una munición inapropiada: la de sus ideas políticas, según él, afines al PP. Grave error porque, por un lado, con ello puede provocar que le recuerden las propias, afines al caos bolivariano o al fracaso griego, y por otro, porque parece ignorar que doña Susana, más que ideas, lo que tiene son ambiciones políticas y una maña grandísima para satisfacerlas. ¡Un tío que propugna un “leninismo amable” acusa a una competidora de coincidir con un ideario liberal! Bueno, pues ese tío casi ha conseguido ya italianizar al PSOE o reducirlo a un partido marginal como el PASOC. Entre unos y otros han triturado la izquierda posible quién sabe si de modo irremediable.

Mal empezamos

Mal empieza el año con las cuarenta y tantas ejecuciones llevadas a cabo en Arabia Saudí. Horrorizan los videos que circulan por la Red. El de un verdugo vestido por completo de un blanco impoluto que cercena de un tajo hábil la cabeza de su víctima casi al tiempo que salta hacia atrás para evitar que la sangre vertida le salpique la chilaba. El que muestra a varios cuerpos colgados por el cuello en un cable mantenido en tensión por dos grúas. Mal empieza el año. Uno de los ultimados es un clérigo chií enemigo de los Saud que reinan en el país lo que ha provocado un huracán de protestas que llega desde Irán al lejano Oriente e incluso, admírense, por una vez, la enérgica protesta de la Unión Europea, consciente de que la ruptura del frágil equilibrio diplomático restaurado hace poco entre Arabia e Irán compromete gravemente la situación de conflicto en toda la región. Pero Arabia no se inmuta sabiendo como sabe que tras ella están los Estados Unidos y no pocos países atraillados por su petróleo. El mismo rey Juan Carlos paseaba no hace mucho de la mano –literalmente—del monarca saudí, el mismo que un día regaló a Bush hijo un enorme alfanje. ¿Cabe pensar que quienes han decidido esa atroz matanza no contemplaban las inevitables consecuencias que habría de tener sobre un conflicto que amenaza cada día de modo más próximo la propia paz mundial? ¡Qué salto atrás el del verdugo, qué indecente e inmunda la naturalidad con que, inmediata pero serenamente, limpia el arma con un paño prevenido! La escena retrata el demencial momento que vivimos. Ellos y nosotros.
Decapitaciones, ahorcamientos, degüellos, lapidaciones, públicas y crueles azotainas para alimentar el imaginario maligno, la frecuente cara oscura del hombre. ¿Y qué será ahora de Siria, o de Irak, o de Afganistán incluso, con los transjordanos asesinando en Israel y éste bombardeando inocentes, con Hizbulá –¡“el partido de Dios”!—campando por sus respetos en Líbano y los saudíes masacrando (2015 ya fue una carnicería en el país) mientras comercian con la flor y nata de Occidente e incluso –eso dicen—financian, junto con Irán, a alguno de nuestros partidos? ¿Será que la civilización ha encallado definitivamente, o acaso que la paz no es rentable para la mayoría de los mentados? Lo cierto es que el año empieza mal, ensangrentando este invierno que no acaba de llegar y cebando el explosivo bajo nuestros pies. La vida no vale un pito ya. Ni en Arabia ni en ninguna parte.

El zambombazo

Si existiera un premio al humor o a la idiocia habría que otorgárselo a la Junta de doña Susana por variadas razones pero, sobre todas ellas, por la de haber declarado Bien de Interés Cultural (BIC)…¡ a la zambomba! Mientras perdemos a chorro nuestro patrimonio artístico y cultural, el gobiernillo autonómico, guiado de cierto peronismo calé, ha decidido salvar de todo riesgo a ese instrumento pastoril y navideño que si algo tiene es su máxima elementalidad. No se equivocaban siempre los viajeros románticos cuando nos trataban como nos trataban, pero en pleno siglo XXI resulta inconcebible ese homenaje corralero. A este paso al rabel habrán de hacerlo teniente y a la guitarra, capitana general. ¡Viva la autonomía!

Carta a los Reyes

Me cuentan que hoy por hoy –quien me lo dice es un psicólogo afamado—los niños apenas creen en los Reyes Magos. Como el psicólogo es de Sevilla y hablamos un dialecto común añade: “Hoy ya no cree en ellos más que el Ateneo y El Corte Inglés”. No lo sé, para qué voy a decir otra cosa, pero he estado pendiente de mi nieto quien le ha escrito una misiva creo que a Melchor pidiendo una equipación de Pau Gasol, la criatura, aunque me ha parecido ver en sus ojos, mientras yo hacía como que me empapaba la carta, una sombra de duda cartesiana, o mejor quizá, de desconcierto spinoziano, reflejo, con toda seguridad, de su inocencia perturbada por la malicia escolar. A mí no se me ha olvidado la expectación y el pálpito que nos despertaba la espera de los regalos que, en el mejor de los casos, venían a ser una broma comparados con la ofrenda que hoy reciben nuestros pibes, y por eso mismo me parece que poco gana la puñetera secularización quitándoles de la cabeza la ilusión a los niños de buena voluntad que pronto habrán de enfrentarse, ya sin escudo ni adarga, a la dureza de la vida. ¿Creen o no creen nuestros zangolotinos y, en el segundo caso, cuál es la causa de su fingimiento? Tampoco tengo ni idea aunque no me parece arriesgado apostar a que esa inocencia más o menos fingida es una cosa tan seria como que viene a confirmarnos la convicción de Ernst Cassirer de que el hombre es un animal simbólico que no vive sólo de pan, abismado mientras mantiene fiel la inocencia a su maquinaria electrónica, dale que te pego a la Nintendo 3-Ds o a la Wii U Premium, esos desgalgaderos de neuronas.

Me temo que en la sociedad post-industrial o “de servicios” ya no valdrán las componentes míticas que formaban parte de la socialización del niño por lo menos hasta que Sapiens Sapiens puso el pie en la Luna, entre ellas la expectativa ante la visita de unos Magos buenos cuya tarea era mantenerles en vilo la emoción, si acaso formando oligopolio con Papá Noël, ese invento protestante que bajó del frío. Y eso no me parece bueno ni mucho menos, ya que la inocencia es un bien escaso y, en consecuencia, deberíamos tratarla con prudencia económica. Mi nieto me observa mientras leo la carta: como los viejos filósofos quiere comprobar su secreta hipótesis consultando el oráculo del Otro, inseguro ante la vidriosidad de la razón propia. La estrella de Belén se eclipsa inundada por el reflejo de la supernova secularizadora. Nuestra galaxia es un pañuelo.

La prima de Ibex

Nada más conocerse el insensato resultado de las generales, a la prima de Ibex le ha dado un pasmo. Y de Ibex, para qué hablar: se ha caído por su escalera cuatro peldaños abajo. Cómo habrá sido el susto, que desde Arcadi Espada a Susana Díaz han sugerido, clamado más bien, por una “segunda vuelta” que no existe más que como repetición de los comicios y ésa sería una solución casi prohibitiva con tanto buitre marcándonos desde las alturas financieras y tanto inversor temeroso del poder del dios Dinero. Nos ha caído una buena, porque la realidad es que el hombre moderno –en rigor debería decir “el hombre y la mujer” modernos, pero me mantengo firme en la ortodoxia académica del “masculino genérico”–, no lo gobierna ya desde lo alto la providencia ni desde aquí abajo la Madre Naturaleza, sino esa prima misteriosa a la que nadie conoce y todos temen, que se rila en cuanto los políticos hacen alguna tontería de las suyas y hacen que se tambalee o, al menos, que se estremezca el bululú. A la prima, en efecto, le ha dado un síncope al escuchar al escuchar a los Podemos recuperar el lenguaje bolivariano –“¡Incáutese, carajo!—y al ver a los curanderos de Ciudadanos caer fulminados por su propia estrategia, mientras Sánchez intenta antes que nada taponar el salidero y Rajoy se retuerce como el gran Houdini conteniendo la respiración como un suicida heroico. ¡Esto no se lo merece ni España, oigan, por más que a cinco millones de celtíberos se le haya escapado la olla! Eso sí, se comprende la jindama de la prima ante el caos provocado por este previsible Big Bang.

A ver quién va a invertir ahora en este corral de cabras mientras la Colau siga siendo nuestro gran referente. A ver quién los tiene tan bien puestos como para no lanzarse a vender sus acciones o a esconder el calcetín en el tubo de la chimenea. ¿Se figuran a España con un tri, cuatri o pentapartido, la inmensas mayoría descorbatados y partidarios de la voladura, aunque sea incontrolada, del Sistema? Yo comprendo a la prima, la verdad, y así se lo he dicho a ella, como comprendo al pobre Ibex por muy trapacero que sea. ¡Vamos, cómo será la cosa que hasta coincido son doña Susana en lo de forzar una “segunda vuelta” y que caiga el que caiga…! Esos novatos creían que existen los duros a dos pesetas y han bastado veinticuatro horas para probar lo contrario. Nos han achuchado hasta meternos a todos en un autobús con el motor calado. Verán como ahora ese desastre no tiene padre que lo reclame.

Beguin the Beguine

Lleva razón doña Susana al sugerir un nuevo ensayo electoral. Que a ella lo que le duela es que por poco la pilla el PP en su persecución, no le quita sus buenas razones porque, la verdad, esto no hay quien lo baraje mientras el futuro Congreso se perfile como una jaula de grillos majaretas. Lleva razón doña Susana, ya digo, al margen de su intención oculta, a la que tiene derecho como cualquier peatón/a. Una parada en seco a estas alturas podría resultar catastrófica para España –¡e imagínense para nuestro vagón de cola!—sobre todo ahora que le han pinchado el globo a Ciudadanos y el acento borde de Maduro se ha apoderado de los efebos y las ninfas de Podemos. ¿Qué una “segunda vuelta” haría tambalearse a las finanzas? Ya, pero ¡anda que gobernar a tres o cuatro manos!