La foto

Foto de los políticos sosteniendo la bandera belga. ¡Todos unidos frente al enemigo común, ninguna diferencia entre nosotros, los cabales! Ya. Estupendo. Pero alguien mirará esas fotos y, reconociendo las caras, tal vez piense que los peligros que nos cercan no son sólo los terroristas, sino esos profesionales de la vida pública que posan juntos frente al Otro como si ellos no representaran un ejemplo supino de desunión y riesgo. Estos próceres no se muestran unánimes más que frente al enemigo obvio o a la hora de asegurar sus propios privilegios. Y hay que recordarles que no es sólo el terror exterior el que nos amenaza sino su laberíntica porfía. El minuto de silencio que más nos urge es el que todos y cada uno de los ciudadanos deberíamos guardar mirando de frente a los retratados.

La tragedia humana

El Gobierno español, presionado por la oposición, ha girado en redondo y decidido no aceptar el acuerdo europeo de expulsar masivamente al millón largo de criaturas que han llegado a este paraíso huyendo de nuestras propias bombas y de las ajenas, cuando no del hambre y de la miseria más absoluta. Por su parte, tanto la canciller Merkel como su aliado social-demócrata han sufrido en Alemania un severo correctivo en las recientes elecciones en las que las fuerzas xenófobas de la extrema derecha, pero también amplios sectores de la clases media y obrera, han logrado, de momento, imponer su criterio restrictivo. No hay que esperar demasiado, a mi juicio, del acuerdo –realmente leonino—logrado por Turquía aunque tal vez quede la esperanza de agarrarse a la gallarda postura mostrada hace poco por el papa Francisco en México pero, en cualquier caso, la cuestión de los “nuevos bárbaros”, como desaprensivamente los ha calificado alguien en la prensa británica, es el gran problema de esta hora difícil de la convivencia occidental. Merkel ha recordado incluso que los “padres” europeos apostaron, al concebir en Roma la unión continental, la superación de los egoísmos nacionales y el propósito de dotar al conjunto resultante de un destino común, y Francisco, aparte de descalificar sin palabras al extravagante Donald Trump, insistió en calificar de “tragedia” a esta crisis humanitaria sin precedentes. Parece que esos desgraciados no les quedan más paladines que la hija del pastor protestante y el pontífice católico.

El siglo XXI no pinta, desde luego, en solidario. En Padua vi yo mismo el muro del gueto en que se hacinan los emigrantes. En Ceuta, lo hemos visto todos, y ese loco que se postula para presidir el Imperio promete reforzar el que lo separa de México hasta convertirlo en infranqueable. Nos guste o disguste, la verdad es que sólo Merkel y Francisco apuestan arriesgadamente por tender puentes a ese Oriente Medio en llamas y por buscarle solución a este inesperado desafío de la Historia. Y no me expliquen que un millón de inmigrantes, y quién sabe si muchos más, resultaría un fardo demasiad pesado para esta abrumada Europa que tanto se ha beneficiado hasta ahora de las migraciones. Lo que es una carga bajo la línea de flotación de la Unión Europea es, precisamente, la demostrada incapacidad de sus miembros para esforzarse en una solución que casi todos ellos han tenido que mendigar alguna vez.

Rizo rizado

La Junta de Andalucía ha permitido sin escrúpulos el saqueo de los fondos públicos destinados a compensar a los parados, unos fondos que está perdiendo ya el erario común de los andaluces, no sólo porque los mangazos han prescrito gracias al gambeteo de las defensas, sino porque, como acaba de sentar una decisión judicial, la Junta no puede cobrarse a sí misma. ¿Es eso rizar el rizo o no lo es? El caso es que los 90.000 euros que la Junta concedió a la famosa Faffe –un ente “paralelo” que ahora es ya un órgano suyo—para financiar unos cursos que jamás se dieron, se perderán dado que ahora –y no me digan que el argumento no está bien traído—resulta que el deudor y el acreedor son la misma persona jurídica. ¡El Nobel tendrían que darle a estos incomprendidos aparte de una bola con cadena!

La tragedia humana

El Gobierno español, presionado por la oposición, ha girado en redondo y decidido no aceptar el acuerdo europeo de expulsar masivamente al millón largo de criaturas que han llegado a este paraíso huyendo de nuestras propias bombas y de las ajenas, cuando no del hambre y de la miseria más absoluta. Por su parte, tanto la canciller Merkel como su aliado social-demócrata han sufrido en Alemania un severo correctivo en las recientes elecciones en las que las fuerzas xenófobas de la extrema derecha, pero también amplios sectores de la clases media y obrera, han logrado, de momento, imponer su criterio restrictivo. No hay que esperar demasiado, a mi juicio, del acuerdo –realmente leonino—logrado por Turquía aunque tal vez quede la esperanza de agarrarse a la gallarda postura mostrada hace poco por el papa Francisco en México pero, en cualquier caso, la cuestión de los “nuevos bárbaros”, como desaprensivamente los ha calificado alguien en la prensa británica, es el gran problema de esta hora difícil de la convivencia occidental. Merkel ha recordado incluso que los “padres” europeos apostaron, al concebir en Roma la unión continental, la superación de los egoísmos nacionales y el propósito de dotar al conjunto resultante de un destino común, y Francisco, aparte de descalificar sin palabras al extravagante Donald Trump, insistió en calificar de “tragedia” a esta crisis humanitaria sin precedentes. Parece que esos desgraciados no les quedan más paladines que la hija del pastor protestante y el pontífice católico.

El siglo XXI no pinta, desde luego, en solidario. En Padua vi yo mismo el muro del gueto en que se hacinan los emigrantes. En Ceuta, lo hemos visto todos, y ese loco que se postula para presidir el Imperio promete reforzar el que lo separa de México hasta convertirlo en infranqueable. Nos guste o disguste, la verdad es que sólo Merkel y Francisco apuestan arriesgadamente por tender puentes a ese Oriente Medio en llamas y por buscarle solución a este inesperado desafío de la Historia. Y no me expliquen que un millón de inmigrantes, y quién sabe si muchos más, resultaría un fardo demasiad pesado para esta abrumada Europa que tanto se ha beneficiado hasta ahora de las migraciones. Lo que es una carga bajo la línea de flotación de la Unión Europea es, precisamente, la demostrada incapacidad de sus miembros para esforzarse en una solución que casi todos ellos han tenido que mendigar alguna vez.

Rizo rizado

La Junta de Andalucía ha permitido sin escrúpulos el saqueo de los fondos públicos destinados a compensar a los parados, unos fondos que está perdiendo ya el erario común de los andaluces, no sólo porque los mangazos han prescrito gracias al gambeteo de las defensas, sino porque, como acaba de sentar una decisión judicial, la Junta no puede cobrarse a sí misma. ¿Es eso rizar el rizo o no lo es? El caso es que los 90.000 euros que la Junta concedió a la famosa Faffe –un ente “paralelo” que ahora es ya un órgano suyo—para financiar unos cursos que jamás se dieron, se perderán dado que ahora –y no me digan que el argumento no está bien traído—resulta que el deudor y el acreedor son la misma persona jurídica. ¡El Nobel tendrían que darle a estos incomprendidos aparte de una bola con cadena!

Martes Santo

Una antigua destilería instalada en los altos de la Sierra Morena onubense con el nombre de Martes Santo presentará hoy al respetable un producto nuevo en el que sus laboriosos dueños tienen depositadas graves esperanza. La empresa se montó en 1870, o sea, recién expulsada de España por primera vez la dinastía Borbón y con un pie ya en la I República española, aquella que acabó como el rosario de la aurora cantonal. El producto nuevo es “la primera ginebra ecológica” que se fabrica, según ellos, que explican detenidamente el proceso de elaboración, insistiendo en el ecologismo de sus ingredientes, desde el enebro a las cortezas de mandarina, la canela o los pétalos de jazmín, todo ello sometido al triple destilado de un viejo pero esencial alambique de cobre alimentado con carbón de encina. Martes Santo, que debe su nombre a aquel día lejano en que se destiló su licor por vez primera, alardea con razón de su artesanía y del secreto de su fórmula, y la verdad es que ha adquirido ya un prestigio inmenso en toda esa zona de Sierra Morena convertida hoy en Parque Nacional Sierra de Aracena y Picos de Aroche que ahora tratará de aumentar con su propósito de hacer “transversal” su novedad en el arriscado territorio que sube desde el, piedemonte andevalino hasta Tharsis y Riotinto, ese territorio minero empeñado en llamar “aguardiente” a un anís seco que llaman puchero en Valverde, manguara en Rio Tinto y palomita en las antiguas cantinas ferroviarias. Llega una ginebra ligera y suave de aromas: la reina Victoria hubiera lanzado tres hurras.

En toda España está de moda la ginebra, o más propiamente el gin-tonic, que cuenta hoy, en toda ciudad que se precie, con bares especializados y un creciente público “in” al que, seguramente, la nota ecologista y, sobre todo, el concepto de transversalidad, habrá de complacer, esperemos que no hasta el grave punto de la ebriedad, acogido a sagrado bajo esa marca, Martes Santo, que pregona deliciosas indulgencias. Lo de la transversalidad está tan de moda que un diputado podemita acaba de proponer aplicarla a la Semana Santa sevillana, pero los amigos de Higuera de la Sierra, mucho más realistas, creo yo que han echado mano de ese término sólo para redondear el prospecto. El público siempre tiene razón, ya lo sabemos, y hoy el público parece consolidar una visión horizontal del mundo que no excluye a la ginebra, aunque Manolo Alcántara, ya ven, paladea su gin, entre verso y verso, sin premuras y de arriba abajo.