Valverde en candelero

Justa pero no poco ingenuamente defiende nuestro editorial de ayer que el concejalillo de Valverde que llamó ‘hijoputa’ al fotógrafo de El Mundo debe dimitir. ¡Pero, hombre, si acaban de hacer alcalde, aunque sea provisional, a un tránsfuga que, como el insultador, participó en la mariscada feriante pagada con factura de escayola! ¿Qué es peor insultar a un periodista o gastarse el dinero del pueblo en cigalas para pagarlas luego con una factura presuntamente falsa? Peor es, sin duda, lo de ese alcalde provisional, el gran Donaire, que fue quien presidió el festín con todas sus consecuencias. Porque lo que habría que preguntarse es cuántas mariscadas y cuántas facturas de “Escayolas Antoñito” se habrán permitido estos rumbosos. Un ‘hijoputa’ más o menos, a la vista está, importa bien poco.

Suicidios laborales

Se ha repetido no poco que en esta crisis, a diferencia de la del año 29, no ha habido que lamentar imágenes de mánagers y financieros arrojándose por los altos ventanales del rascacielos, lo cual no es de extrañar, en fin de cuentas, toda vez que no parece que haya sido ese segmento social el más afectado a pesar de que sobre el se volcó la ayuda incondicional de todos los países. Están ocurriendo, en cambio cosas que sugieren que la crisis ha repercutido con gravedad en el ámbito laboral y no sólo por la drástica reducción de plantillas sino por el endurecimiento de la exigencia empresarial sobre las condiciones de trabajo. En France Telecom, el gigante francés de las telecomunicaciones, se llevan contabilizados, desde febrero del 2008, nada menos que 23 suicidios de empleados antes de que hace unos días un abrumado trabajador de hiciera el harakiri en plena reunión de trabajo, al día siguiente, una joven trabajadora se arrojara desde una ventana y, poco después un tercero fuera descubierto inconsciente tras ingerir una fuerte dosis de barbitúricos. El propio Gobierno no ha querido permanecer más tiempo al margen de lo que parece una epidemia de suicidios provocados por las circunstancias laborales y que obedecería a un “efecto contagio” tan imprevisible como difícil de explicar. Despidos, alargamientos de jornadas, traslados y otras prácticas empresariales habrían provocado un estado de ánimo colectivo sobre el que nadie se atreve a pronunciarse pero en torno al cual toma cuerpo la teoría de que semejante reacción sugiere un endurecimiento anormal de la vida del trabajador que podría explicar esta sorprendente y desconocida tasa de suicidios. Treinta suicidios en un año sin salir de una sola compañía, son muchos suicidios, al margen de lo que acaben explicando los ergonomistas a los que, sin duda, recurrirá la empresa. Parece que va a acabar siendo posible darle la vuelta a la vieja guasa para decir que si el comunismo es la explotación del hombre por el hombre, el capitalismo es justamente todo lo contrario.

Hay muchas formas de suicidio, de todas maneras. Ya cuando la desregulación del mercado de trabajo conocida como “reforma Griñán”, es fama que el consumo de ansiolíticos y antidepresivos se disparó entre los asalariados comprometiendo el gasto farmacéutico más de lo que siempre lo estuvo. Y hoy aseguran los expertos que ese consumo es mayor todavía, sin contar con que ahora hay que contemplar también la baja por depresión que se ha convertido si no en masiva, casi. Este será un efecto de la crisis que no conviene dejar de lado mientras llega la recuperación. Hay en el mundo un millón de suicidios al año determinados por causas laborales. Malraux dejó dicho finamente que uno no se suicida más que para existir. Empresas y Gobiernos tendrían que procurar entenderlo.

Médicos y médicos

El mismo SAS que hace años despachó sin contemplaciones a los médicos al cumplir 65 años en lugar de mantenerlos hasta los 70, como era la norma de siempre, autorizará ahora a los facultativos rurales a continuar ejerciendo durante ese periodo. ¿Para paliar el déficit y garantizar el servicio? Pues uno diría que más bien porque de lo que se trataba con aquel despido era renovar las jefaturas clínicas con profesionales adictos, mientras que en los pueblos, al no haber jerarquías, resulta innecesaria la medida. Son los médicos críticos desde sus cargos hospitalarios los que incomodan al SAS y por eso los echaron y los echan. Aquellos que no tienen voz o la tienen apenas audible, bien pueden seguir en el tajo resolviéndole al problema a la Junta.

Los malos modos

Menos mal que ‘hijoputa’ no constituye insulto, según acaba de sentenciar un tribunal, porque si no habría que hacer algo con ese concejalillo de Valverde que ‘hijoputa’ ha llamado al fotógrafo de El Mundo, convencido de que iba a “cazarlo por lo de la mariscada”. Se ponen ciegos a costa del erario, recurren presuntamente al uso de una factura falsa, y encima, quieren pasar desapercibidos y sin dar explicaciones, cosa no poco lógica porque en ese indecente asunto no hay nada que explicar como no sea al fiscal. Lo que de todas maneras debe averiguarse es qué hay de verdad en que el Ayuntamiento de Valverde haya pagado a una marisquería con una factura de “Escayolas Antoñito”. Se comprende que ni los gourmets ni sus jefes (de Huelva, de Sevilla) quieran decir ni pío sobre el asunto.

Pederastia legal

Una niña de 12 años, Fawzia Abadía Youseff, menor de un familia numerosa en un pequeño pueblo yemení, ha muerto desangrada como consecuencia del parto que en su casa natal se le fue de las manos a las comadronas y por la que nada se pudo hacer en el hospital al que finalmente sería trasladada. Es la tradición, compréndanlo, es la sombra de la leyenda de los esponsales del propio Mahoma con su esposa Aïsha nada más cumplir ésta los 8 años, una leyenda que, convertida en novela, fue retirada del mercado no hace mucho por presiones de influyentes sectores islamistas. Claro que es también la pobreza extrema, la indigencia de familias para los que la carga que supone criar a una hija puede convertirse en un negocio vendiéndola en un matrimonio concertado. En Gaza, patrocinada por Hamas, se ha celebrado recientemente un bodorrio masivo en el que contrajeron nupcias 450 parejas en las que la mayoría de las “esposas” eran menores de 10 años, algunas incluso impúberes, y a la que asistió oficialmente algún alto representante de la organización que justificó la “costumbre” apelando al derecho inalienable de los varones a agenciarse el gozo y la felicidad. Es posible que el caso de Fawzia haga posible la aprobación de una norma estableciendo la edad matrimonial para las mujeres en los 17 años, como es cierto que acaba de conocerse el primer caso de divorcio conseguido a favor de una menor casada a la fuerza a los 10 años, a lo que habría contribuido bastante la difusión en Internet del conmovedor relato de Nojoud, su desdichada protagonista. Pero queda mucha tarea por delante para erradicar lo que no es sino pura y simple pederastia, todo lo tradicional que se quiera, pero pederastia. El Centro Internacional de Investigaciones sobre la Mujer sostiene que en el mundo hay en este momento 51 millones de niñas casadas. Si esto no es un conflicto de civilizaciones que venga Dios y lo vea.

Conformes en que la tradición tiene su indiscutible peso en semejante atrocidad, pero no cabe discutir que si en pleno siglo XXI se mantiene esa lacra, la causa hay que buscarla en la pobreza generalizada, lo que quiere decir que la desnaturalización consentida incluye, además de a los insensatos pederastas, a los padres desnaturalizados por la propia necesidad. En España tenemos cada dos por tres casos de niñas enviadas por sus padres a Marruecos y otros países islámicos para contraer matrimonios concertados, es decir, para ser vendidas como esposas-esclavas, y nada demasiado diferente han señalado en Francia diversas organizaciones. Un problema de solución no fácil, seguramente, pero una niña de diez desangrada en su parto precoz no consiente excusas. La globalización impone, qué duda cabe, la inevitable homogeneización de las costumbres y la aceptación de unos mínimos morales, como diría Adorno, capaces de garantizar el fin de la barbarie. No aceptarlo no es sólo aceptar la diferencia sino hacerse cómplices de la infamia.

Sobre mojado

No le han dado tiempo a Chaves y su partido ni a terminar su dudoso discurso sobre el transfuguismo. Ahí tienen al alcalde de Estepona –esa calamidad cada día más parecida, por tantos conceptos, a la vieja Marbella—poniéndole la alfombra roja a la nueva tránsfuga del PSOE que se ha buscado la vida incorporándose a ese gobiernillo municipal a seis bandas, que más le valía al Gobierno disolver antes de que sea tarde como lo fue en Marbella. No todos estos lodos proceden de los polvos de Gil, evidentemente. Aquí el más tonto hace un reloj y con un Ayuntamiento en las manos, a la vista está lo que puede hacerse.