A los pies de los caballos

Ahora vendrán los mítines y los camelos, pero los números cantan: Huelva es la provincia que menos inversiones del Estado recibirá en el próximo ejercicio económico pero, en cambio, se lleva la negra palma en la estadística del paro que, sólo en septiembre, ha registrado un incremento de 74 parados diarios en la provincia. Sin dinero y encabezando la destrucción de empleo todo apunta a que terminaremos siendo los últimos en salir cuando la nación entera lo logre, que presumiblemente será en último lugar del desfile europeo. A la cola de la cola y teniendo que oír cada dos por tres proclamas victoriosas. En mano de tanto partidista inútil, esta crisis está afectando a Huelva, lamentablemente, de manera singular.

Crisis y vida

Unos investigadores hispanos, Luis Tapia y Ana Díez, adscritos a la universidad de Michigan, acaban de hacer públicos en las páginas de ‘Proceedings of the Nacional Academy of Sciences”, los paradójicos resultados de su estudio sobre la relación entre crisis y aumento de la esperanza de vida en los periodos de crisis y, correlativamente, en su descenso en los de abundancia y desarrollo. Según ellos, la crisis no supone una amenaza para la vida sino todo lo contrario, como vendría a demostrarlo el ejemplo de lo ocurrido en los EEUU durante la Gran Depresión, periodo en el que, contra todo pronóstico, dicha esperanza de vida aumentó sensiblemente (vamos, en unos de 6 años) lo mismo entre varones que entre hembras y con independencia de las diversas razas analizadas. Para más inri, Tapia y Díez sostienen que su estudio de los periodos expansivos de 1923, 1926, 1929 y 1936-37, prueba que en ellos subió la mortalidad mientras que decrecía a ojos vista la esperanza de vida. Admito que quizá no resultan especialmente convincentes las propuestas que hacen los autores sobre los posibles motivos, entre los que incluyen la disminución del tabaquismo y del abuso del alcohol, el estrés y la polución, pero no cabe duda de que esa evidencia estadística resulta todo menos esperable. Miren por donde va a resultar que los perversos Maddof que nos han arrastrado al abismo económico nos están prolongando la existencia casi al punto de que no faltará quien flaquee recelando de que la crisis de esfuma y vuelven los buenos malos tiempos.

Sobre la esperanza de vida no dejamos de llevarnos sorpresas, sobre todo si se entera uno de buena fuente de que, en los países desarrollados y en el último medio siglo, tal expectativa ha crecido a razón de tres meses por año, de manera que si hace 90 años la ciencia preveía que la vida media de los americanos jamás podría sobrepasar los 64 años, hoy nos encontramos con que hay dispersos por el planeta unos 200.000 supercentenarios y con que el grueso de las previsiones cuenta con que esa tendencia se prolongará indefinidamente, con cuanto ello implica. A mi amigo el biólogo Ginés Morata –uno de los pocos “Príncipes de Asturias” con que cuenta Andalucía– le he oído razonar muy cuerdamente sobre los aspectos catastróficos que supondría semejante longevidad, empezando por el problema asistencial pero sin olvidar los propiamente biológicos. En estas ocasiones recuerdo siempre el demoledor relato de Borges sobre la inmortalidad que incluyó en “El Aleph”, suprema arma de disuasión de los ingenuos empecinados en vivir una existencia infinita.

La “deuda” de nunca acabar

La última ocurrencia de la Junta respecto a la liquidación por el Estado de la llamada “deuda histórica” consiste en proponer que su redención vaya haciéndose con cargo a la cuenta particular entre la Junta y el Estado, de manera que éste vaya anotando en su ‘debe’ las devoluciones que, a cargo de los adelantos recibidos, Andalucía tendrá que hacer como consecuencia de la contracción fiscal. Todo menos soltar la “tela”, que ésa (pronunciada “pela”) es sólo y antes que nadie para los catalanes, que son quienes tienen en su mano el mantenimiento de ZP en su cargo. Bueno, Andalucía lo tiene aún en mayor medida, pero no ejerce, como es sabido. Aquí vamos de sucursal partidaria del Estado por la vía de la autonomía “de segunda”.

Doble función en el ‘JRJ’

Si el miércoles vivió el ‘Juan Ramón Jiménez’una jornada festiva, con elevación de globos y fantoches incluida en el programa, al día siguiente saltó la protesta del personal facultativo del temido Servicio de Urgencias, argumentando que toda aquella propaganda no podía ocultar la realidad penosa de unos servicios en cuadro y con dotaciones tan lamentables como algunas consultas en las que no cabe ni la camilla para los pacientes. Es un disparate hostigar al sistema sanitario –que tiene muchos méritos—pero mayor si cabe es ocultar deliberadamente sus fallos y, encima, hacerse la foto electoralista. El ‘JRJ’ se supone que es el hospital “de referencia”, pero la experiencia demuestra que todo el que puede –y por delante los cargos públicos—se van a Sevilla cuando la cosa aprieta. Si alguien quiere ejemplos, se le dan y en paz.

Amos y manijeros

Ya en mis tiempos de estudiante enseñaban en la Facultad que la mayor trasformación que estaba viviendo al capitalismo era el desplazamiento del poder desde la propiedad a la gestión, es decir, desde los dueños realengos, que eran los accionistas de la empresa de que se tratase, a los ‘ejecutivos’ que manejaban los hilos del negocio partiendo y repartiendo, como es natural, a base de barrer para dentro. El pulso político que han mantenido los propios Gobiernos occidentales esta temporada, las ínfulas de Sarkozy apoyado por Merkel, no han servido, en definitiva para gran cosa en ese pseudogobierno mundial que es el G20, toda vez que, con los imprescindibles límites y retoques, la verdad es que han dejado intacta la libertad de las grandes corporaciones para repartirse los beneficios en la misma escandalosa proporción con que contribuyeron, y no poco, al parecer, a la gestación de la presente crisis. Nos acabamos de enterar de la decisión del BBV de “compensar” la jubilación anticipada de su vicepresidente nada menos que con tres millones de euros anuales hasta un total de 52 millones, lo que traducido a pesetas para su mejor calibre, equivale a una pensión de casi 500 millones de pesetas al año, y un capital de 8.832 millones en total. ¿Es cierto o lo he soñado yo que hace bien poco los cuentacorrentistas y ahorradores en general hacían cola en ese banco, como en los demás, azogados e inquietos por el destino de sus respectivos ahorros? ¿Lo es que el Estado, o sea, todos nosotros, hemos contribuido con una ingente millonada a apuntalar la estructura en precario de estos generosos gestores?

No es cosa en este momento de hacer números sobre la situación de demasiados españoles aplastados por la crisis. Sí lo es, y moralmente imperativa, protestar por estos festines que ni la aparente voluntad de los Gobiernos más influyentes ha sido capaz de contener. Por cortesía de Genaro Chic leo en un artículo del profesor Sampedro (uno de los que nos avisaban en la Facultad) en el que se afirma taxativamente que, con la ideología imperante, el sistema capitalista tiene imposible su enmienda porque “es consustancialmente predatorio e insolidario” aunque acabará corrigiéndose porque es “claramente insostenible”. Bueno –imagino que dirán nuestros dorados “ejecutivos”–, después de muerto el burro, la cebada al rabo. Pero este crimen de lesa solidaridad, como apunta Sampedro, no es de un banco ni de una nación sino de un Sistema. Un curioso Sistema en el que, no solamente sus manijeros, sino hasta su penúltima víctima sueña con integrarse un día.

Foto de “régimen”

Según hace constar la policía en el sumario del “caso Astapa”, el Ayuntamiento de Estepona habría contratado, durante el mandato del anterior alcalde, 150 militantes y 42 familiares, ni que decir tiene que sin más requisito que el ukase del alcalde. ¿Qué ocurriría si se echaran las cuentas en tantos ayuntamientos, en cada una de las Diputaciones o en la propia Junta? Pues que se descubriría que ése es el procedimiento general que viene utilizándose para fundamentar sólidamente el “régimen” en que el PSOE funda su hegemonía. Contratos, subsidios y ayudas, favores y recalificaciones urbanísticas: ése es el arsenal de esta guerra secreta que, como el secreto de Polichinela, conoce todo el mundo. Estepona es un escándalo exagerado, pero no es ninguna excepción.