Ayuntamiento pródigo

Debe aclararse a toda prisa qué ha ocurrido en el Ayuntamiento de Ayamonte, donde la Junta de Personal denuncia que los ediles se han subido a sí mismos el sueldo ¡en un 87 por ciento!, mientras la alcaldía lo desmiente con un argumento tan pobre como que la subida no es sólo para concejales sino también  para los partidos políticos. Otra vez la matraca de que los políticos pierden dinero o poco menos, y de que hay funcionarios que ganan más que ellos, de nuevo el descaro de exigir austeridad a los demás tras blindarse uno mismo. Esta casta no tiene remedio. El Estado al que reclaman fondos debería ser también el que los ponga en su sitio.

Malos tragos

El Rey ha ido a Libia a ver a Gaddafi suscitando en algunos medios europeos una cierta perplejidad que tiene su lógica, y Gaddafi le ha dado la primera en la frente recibiéndolo entre las ruinas del palacio de Bad el Ezeia, en el que murió una de sus hijas durante el bombardeo ordenado por Reagan. Luego le ha presentado un libro de firmas y parece ser que el Rey se ha ido por las ramas limitándose a consignar su contento por la visita al antiguo refugio internacional del terrorismo. Hay que tragar sapos en la política, no cabe duda, y más cuando ésta se mezcla con le economía, o al revés, y de lo que se trata, como en este real viaje, es de tratar de cobrar una vieja deuda. ¡El Rey haciendo de cobrador del frac y, de paso, contribuyendo a redimir de su pasado al bárbaro que ha aceptado liquidar su responsabilidad en el terrible atentado de Lockerbie mediante el pago de 1.800 millones de euros como indemnización a las familias de las víctimas! Es verdad que ha habido otros mandamases españoles que han viajado a Libia anteriormente, Aznar por ejemplo: pues lo mismo digo: una tragicomedia, y así no tengo que decir una vergüenza. Se dirá que más vale un Gaddafi converso que uno terrorista en activo, vale, pero yo no escribo ahora mismo de Gaddafi sino de nuestro Jefe del Estado, y por eso me escandalizo. En un país que sufre hace tiempo el terror, estas cosas deberían tratarse con mayor delicadeza. No hay que olvidar que Libia fue, en su día, campo de entrenamiento de etarras como lo fue de todo matarife que echara la solicitud.

Hay que mirar para otro lado: ése es el postulado más cínico de la política. En Libia como en Venezuela, en Marruecos como en China o Arabia Saudí. ¿Pero es que no queda posibilidad alguna de rectitud y coherencia en los comportamiento  políticos, es que no hay reglas pare “ellos” aparte de las de sus propias conveniencias? Pues eso parece. Y ello explica que un sátrapa como Gaddafi imponga al Rey el trágala de condenar aquel atentado bárbaro que fue el bombardeo americano, como si él fuera una malva y no hubiera matado una mosca en su vida. ¿Sabían que el converso Gaddafi presta ahora lo que fue su santuario terrorista para que la CIA reposte o atraque en esos vuelos prohibidos en que se tortura a los sospechosos de terrorismo? El Rey tiene una buena ocasión para sacarle esa conversa al Coronel que, como está a la vista, tiene de sobra quien le escriba sus cartas de recomendación.

Síndicos mansos

Cierta conversación revelada por un micro abierto, ay, nos permite conocer, al fin, por qué los sindicados “de clase” no protestan contra la extremada situación del paro y callan como muertos a la espera de que Chaves, como ya se ha anunciado, muña el siguiente acuerdo de “concertación social”, es decir, les reparta una vez más la imprescindible pasta gansa para cervantino “buen gobierno de las tripas”. Y es que según ellos, la culpa del paro la tiene el PP, o “los suyos”, y no las Administraciones que han mirado para otra parte mientras duró el festín o ellos mismos, que han bailado el minué como el desastre que se avecinaba no fuera previsible. ¿Se lo creerán en serio o será que se sienten, sin más, funcionarios del Poder? Si les digo la verdad, lo mismo me da una cosa que la otra.

Brillante patrón

Brillante y sorprendentemente objetiva la concesión de Medallas de la Ciudad para este San Sebastián. Inobjetables galardones a instituciones y empresas, prestigiosa elección de personajes onubenses destacados de la vida pública nacional, singular homenaje a tres políticos de la acera de enfrente a la de la mayoría absoluta municipal. El alcalde dijo que el onubensismo no e suna ideología sino una disposición o un proyecto común a favor de la mejora de Huelva y su provincia. Pero la gente lo que comentaba más era la liberal concesión de medallas, por parte del PP, a dos primeras espadas del PSOE y a una de IU. Un ejemplo a seguir, que no será seguido probablemente, pero que ahí queda. Aquí resulta raro que la excelencia sea el criterio para elegir o premiar.

Lenguas de ángeles

Un responsable de los correos franceses ha prometido solemnemente que antes de que finalice este año de gracia de 2009, los sistemas disponibles en sus servicios serán capaces de leer todas las direcciones que los caprichosos remitentes opten por escribir en bretón en lugar de hacerlo en el francés jacobino, de manera que no se les escapen en lo sucesivo las confusiones debidas a la peculiaridad de los signos de puntuación regionales ni la especificidad de muchas de sus palabras, superándose de este modo las dificultades que al sistema de “lectura óptica” planteaban hasta la fecha  los apóstrofes o los topónimos bretones. Más hondura tiene el creciente conflicto belga, el entablado entre valones y flamencos, que trae al país sin gobierno desde hace muchos meses, y que ha permitido incluso a un profesor emérito de la universidad de Bruselas publicar un libro en el que plantea, como posible solución, la anexión de la Valonia por Francia, que supondría ni más ni menos que la liquidación del estado belga. Entre nosotros acaba de oírse también la voz del viejo Pujol reclamando el uso exclusivo del catalán en los medios de comunicación hasta el extremo de censurar a cierto conocido escritor –catalanista, por más señas—el haber usado el plebeyismo “gilipollas” en lugar en emplear sus correspondientes catalanes que, por cierto, dicen los expertos que no existen. Esta matraca de la lengua genuina no tiene solución, probablemente. Fíjense, por citar sólo un ejemplo, lo que decía allá por el XVIII don Manuel de Larramendi: “Para hablar a los ángeles en su lengua es necesario hablarles en bascuence”. Podría, desde luego, pero no les digo más.

De lo grave a lo banal, la guerra de lenguas se está convirtiendo en un curioso rasgo de época que sugiere un cierto retorno al romanticismo y una incuestionable concesión a la tentación aldeana que ve en el uso vernáculo una imprescindible afirmación de la imaginaria personalidad colectiva, bien que lo que ande buscando, en la práctica, sean objetivos políticos (¡y económicos!) mucho más prosaicos. El moderantismo radical de Pujol –si me permite la sólo aparente contradicción en los términos– no deja de resultar gilipollesco o como en lengua catalana se diga y pronuncie el sinónimo que fuere, pero es evidente que bajo estas chuscas escaramuzas subyace un fondo mucho más trascendente que hasta pone en entredicho la entidad estatal, quiero decir nacional. Ni tipos como Léon Degrelle hubieran soñado siquiera estos dislates inspirados, mejor que peor, en la lengua de los ángeles.

Belmonte

Se asombra ZP de las “cosas asombrosas en torno a presuntos espionajes” conocidas en la batalla de Madrid por el control de su gran caja de ahorros. ¿Y no se inquietó, acaso ni se enteró, de las cosas asombrosas ocurridas en Andalucía en torno al espionaje perpetrado en alguna caja que llegó a salpicar al presidente Chaves y a su pretorio, y que movió a éste a sentar en el banquillo –sin éxito, por cierto– a los periodistas que osaron informar responsablemente de aquel enredo? La paja y la viga, lo de siempre, pero una vez más el descaro de utilizar contra el rival lo que se protesta cuando se utiliza contra los propios intereses. Por espiar, en España se ha espiado hasta al Jefe del Estado, al mismísimo Rey. No sé, pues, de qué se asombra ZP.