Cuentos políticos

Debuta el defenestrado Ignacio Caraballo con un discurso estupendo: lo que ha ocurrido, no es que la presidenta de la Dipu lo haya echado por la ventana, sino que “ha soltado lastre” para dedicarse en alma y cuerpo al partido en esta era de crisis. No se lo cree ni él, y como muestra ahí tienen el gesto frío de no mentar siquiera a la defenestradota en su primera intervención. Se lo han merendado políticamente, eso es lo que hay y encaja divinamente en las maneras habituales de esta tribu. Que él trate de rehabilitarse a base de autodisciplina está muy bien no que nos eche en lo alto sus cuentos políticos.

Hermanos de la costa

El secuestro del atunero “Alakrana” está promoviendo una tormenta de improvisaciones. El Gobierno, para empezar, no sabe qué hacer, puesto que la filosofía castrense de este ejecutivo se basa en un espíritu pacifista a ultranza que ve en el ejército una suerte de organización armada mayormente a título simbólico pero nunca o casi nunca a título efectivo. Vienen luego los armadores, que reclaman que en sus barcos se desplacen en misión policial tropas debidamente equipadas y capaces de disuadir a los piratas. Y están, en fin, los jueces que, faltos de tipo penal concreto, se ven forzados, caso de que se aprese a algún filibustero, a imputarlo como secuestrador o terrorista, con lo sencillo que sería introducir en el Código el delito de piratería con todos sus avíos. Opiniones hay, ya digo, para todos los gustos, aunque comienzan a concentrarse en dos argumentos principales. El primero, que en pleno siglo XXI, resulta inconcebible que la llamada “comunidad internacional”, que se mueve en tan altos niveles asociativos y dispone de tecnologías apabullantes, no disponga un plan de protección de una zona de las aguas internacionales en las que estas Armadas ociosas que hoy consumen su tiempo en maniobras y baldeos de cubierta (hay que decir que, tantas veces, en contra de la voluntad de sus jefes) se decidan a mantener el orden a rajatabla y, dada la gravedad que supone el pirateo, a cañonazo limpio si es preciso. El segundo, que la tropa no está para hacer de policía en los barcos como no lo está para proteger las joyerías o incluso los domicilios particulares, últimamente en práctica almoneda. Que se pesque seguro y protegido en un espacio internacional común. Eso es algo tan sencillo que podrían comprenderlo hasta el actual (y el anterior) secretario general de la ONU, que ya es decir.

Hay que añadir, en todo caso, una tercera iniciativa elemental: la de intervenir, también internacionalmente, en tierra, allí donde los piratas tienen sus bases, entre otras cosas porque nadie se puede creer en serio que unas pandillas de piojosos mantengan ese fabuloso negocio por su cuenta y riesgo. Consentir que el comercio mundial quede supeditado a la violencia de un corso –porque alguien les da la patente, no lo duden—constituye un fracaso en toda la línea del proyecto internacional. Y andarse con paños calientes, la evidencia de que esa comunidad está paralizada por condicionamientos insensatos. Es Somalia –y quien la acompañe—quienes deben detener ese anacronismo de grado o por fuerza. Sobran esas armadas, que antes califiqué de ‘ociosas’, para que pueda ser de otra manera.

Pobres profes

La oposición andaluza acaba de denunciar los graves problemas que afectan al colectivo de enseñantes de la comunidad autónoma, peor pagados que la mayoría de sus colegas (cobran 400 euros menos que los vascos), sobrecargados de trabajo por defecto de los sistemas de sustitución vigentes y, en fin, desprotegidos legalmente frente a la oleada de agresiones e insultos que reciben. En este sentido, se pide la declaración de “autoridad pública” de que ya gozan en Madrid o Valencia de manera que las agresiones en cuestión puedan ser perseguidas como delitos de atentado. Muchos problemas, demasiados, que es de temer, además, que entre las estrecheces de la crisis y los pruritos partidistas se queden como están.

Golpe de mano

En el PSOE onubense ha estallado una crisis interna a cuya preparación hay que reconocer buena mano y discreto disimulo, y que ha cortado en seco la carrera del hasta ahora número 2 del partido provincial, Ignacio Caraballo, ya ex-portavoz de la Diputación y poco más. Son movimientos quizá productos de cierto nerviosismo ante las futuras municipales, con independencia de la dosis de arbitrariedad que puedan implicar y de que constituyan una prueba de fuerza de la presidenta Guerrero. En todo caso, una crisis de fondo que pronto se irá desvelando en esos detalles que difícilmente pueden mantenerse en secreto. A Caraballo, en todo caso, le han dado de su propia medicina, y a su sucesor, el tránsfuga Manuel Guerra, el vendedor de Aracena, el pago habitual.

El infierno interior

En España sabemos mucho de conversos o simplemente ‘mudadizos’, como se les llamó en lo antiguo, que exhibían al límite su odio a los orígenes para despejar cualquier duda sobre la autenticidad de su conversión o mudanza. Hablan de ellos paladinamente los papeles de la Inquisición, pero también la historia social que da cuenta de tales cambios, inevitables en una sociedad multirracial como lo ha sido la nuestra durante siglos. Los cristianos nuevos disparaban contra sus viejos credos con la vehemencia de quien teme la duda, más o menos como lo hubieron de hacer los cristianos islamizados de grado o por fuerza. Nada diferente, si bien se mira, con lo que ocurre tras los cambios políticos con los chaqueteros y, en general, con cualquier relación humana que invierte su sentido, pues el salto al otro extremo funciona como garantía de sinceridad. Si acaba confirmada la noticia que lanza el ‘Daily Telegraph’ sobre la identidad judía de Mahmoud Ahmadinejad –el presidente de Irán que, con su bomba atómica a buen recaudo, niega el Holocausto y sostiene que el destino de Israel es ser “borrado del mapa” (sic)—podríamos estar ante un caso más de esa antigua regla, es decir, dispondríamos de una clave segura para explicar semejante obcecación racista y fanatismo religioso. Pero tendría guasa que esa clave decisiva no fuera otra que la obsesión de un judío converso al islam, empecinado en disipar hasta la menor duda sobre su nueva condición a base de estirar hasta un límite, eventualmente suicida, su radical negación del adversario. Debe de ser tremendo vivir dedicado a extirpar una raza cuya sangre le corre a uno por las venas. Desde esta perspectiva, como me pasa con muchos personajes maltratados por las inquisiciones, siento una cierta benevolencia ante esa ferocidad que resulta, que en el fondo, no era más que inseguridad y quizá miedo. Ahmadinejad se llamaba en hebreo Saburjian, que significa tejedor en castellano. No quiero ni pensar en el infierno interior que vivirá por dentro ese bárbaro insolente.

La vida nos ha acabado descubriendo barandas de la ONU que fueron nazis convencidos, viejos fascistas reciclados como demócratas de toda la vida, anticomunistas de nota que tanto defendieron la dictadura del proletariado, liberales de cuño socialista y, por supuesto, conversos de toda laya que, según el paradigma de Saulo, comenzaron en perseguidores y acabaron en mártires. Y es que hay quien no concibe la vida sin su fanatismo, con independencia del color de éste. A Ahmadinejad, el pobre, lo han pillado en el fielato, y no sé qué efecto tendrá el hallazgo sobre su manía, pero no dudo de que el hecho mismo constituye una memorable lección.

La sentina municipal

Algo tendrán que acabar haciendo los partidos con esta Administración Local que está ofreciendo tan insólito espectáculo de corrupción. No pasa día sin un nuevo alcalde o concejal imputado por presuntos delitos económicos, al margen de los innumerables que la fiscalía ignora olímpicamente lo mismo por manejar facturas falsas que por contratar ilegalmente o “beneficiar” a partidarios y clientes de mil maneras. Es verdad que hay muchos casos entre ellos que terminan resueltos en agua de borrajas, pero no lo es menos que, por ser la administración más próxima al contribuyente, es también la que más contribuye a la desmoralización generalizada que vivimos.