Canción del verdugo

El hombre que planeó el penúltimo exterminio europeo, Radovan Karadzic, no quiere ser juzgado por ese Tribunal Internacional de Justicia que los EEUU no reconocen todavía y que hace lo que puede frente a los desafueros inocultables de este tiempo de miserias. Y no es raro que tenga esperanzas, porque su íntima Bibiana Plavski, la “dama de hierro” que fuera presidenta de los serbios en Bosnia, acaba de ser puesta en libertad tras el cumplimiento de una pena ridícula. Hay mucha resistencia al TIP, por supuesto, demasiado purista que se la coge con papel de fumar preguntando de qué fuente le llega a esa corte la legitimidad y si eso que llamamos “orden internacional” tiene o no capacidad para procesar a los verdugos siguiendo el modelo de Nurenberg. Como antes Milosevich, ahora Karadizy permanece mudo, no asiste a las sesiones del juicio reclamando tiempo para preparar su defensa, como si organizar un proyecto de exterminio total de un pueblo, liquidar a 8.000 musulmanes bosnios en Sbrenica, cercar a sangre y fuego durante 43 meses Sarajevo o depurar todo un país como en Bosnia Herzegovina, merecieran mayores consideraciones. Da asco toparse con los juicios espontáneos que proliferan en Internet aferrados a un garantismo que resuena sarcástico teniendo en cuenta la atrocidad de los crímenes atribuidos al hombre que contempló impasible como se ponía en práctica su plan de violación masiva de las mujeres musulmanas o el éxodo masivo de más de dos millones de inocentes expulsados de su tierra. Claro que no puede discutirse el principio de legalidad, ni yo lo hago ahora, por más que me repugne al fariseísmo de tanto espíritu puro que, a lo peor, nada dijo mientras en aquella guerra se eliminaba a más de 100.000 personas. Incluso un tipo como Karadzi debe ser juzgado con todas las de la ley. El toque está en decidir si esa ley existe por exigencia de la conciencia universal o a los verdugos los blinda el formalismo jurídico.

Hay demasiados verdugos para que el mundo pueda permitirse el lujazo de tratarlos con mano erística. Hace poco el propio TIP hubo de habérsela con Charles Taylor, el bárbaro de Sierra Leona que dejó matar a un millón de personas y al que los testigos acusaron de canibalismo. Claro que todavía hay quien evoca la figura de Hess pudriéndose en la cárcel de Spandau hasta su muerte y se queda tan pancho. La doctora Plavski le explicó a la anterior fiscal del TIP las razones “biológicas” de la superioridad serbia y está en la calle. Hay que ver lo breve que es la sinfonía del Mal y lo larga que resulta la canción del verdugo.

Socios para siempre

El PSOE ha roto formalmente con el PAL (Partido de Almería) tras descubrirse el pastel del gran saqueo que venía perpetrando su socio en El Ejido, pero en la práctica, sigue donde estaba, es decir, en la “sociedad”, en la connivencia con los encarcelados, en el cambalache con un partido al que los jueces han debido desmantelar por su presunta corrupción masiva. Y esa es la ‘prueba del 9’, no las palabras vacías. Tal es ya la conciencia de impunidad, tal la “normalización” del ‘mangazo’, que un partido de gobierno como el PSOE –abrumado hoy por su debacle de Cataluña pero con “casos” andaluces para dar y tirar—cree que puede seguir manteniendo el chiringuito mientras sus socios están en prisión. No se espere una regeneración de los propios políticos. O viene de fuera, o seguiremos como estamos.

Jóvenes parados

Lo de menos es quien saque el dato o formule la denuncia. Importa el hecho y el hecho es que le provincia de Huelva hay en estos momentos 10.000 jóvenes en edad de trabajar que carecen de empleo, es decir, una población desocupada que crece peligrosamente a un ritmo de 300 diarios. Por supuesto ellos son los que llevan todas las de perder, no sólo con la crisis del empleo mismo sino frente al oportunismo de quienes aprovechan la situación para explotar en términos inadmisibles a los más débiles. No nos extrañemos luego si hay conflictos en el sector juvenil, ni se trate de salir del paso culpando al adversario político. Éste es un problema de todos que sólo con la unidad de criterio y acción se podrá afrontar.

Volver a Babel

En una brillante interpretación simbólica de Babel, es decir, de la confusión lingüística, el antropólogo bíblico Xabier Pikaza, proponía entender aquel mito sobre la base de la ambición humana castigada por haber roto la única lengua, “el gozo confiado de la trasferencia comunicativa”, para sustituirla por los propios ídolos. La diáspora forzada de los hombres y su radical incomunicación no serían más que la consecuencia de un desafío basado en la errónea valoración de la propia capacidad y el castigo vendría a ser su propia ruptura e impotencia. Si lo recuerdo ahora es porque se suceden, un poco por todas partes, hechos y anécdotas en torno a la lengua que los diversos nacionalismos pretenden diversificar forzando esa curiosa marcha retrógrada hacia el tiempo ya remoto en que la lógica social fue imponiendo el modelo de lengua única, favorecido por el Estado Moderno pero no sólo por él. El mismísimo ministro de Justicia de nuestro Gobierno se manifestó hace poco en Galicia para defender el gallego del presunto propósito de sus rivales de borrarlo del mapa “como sucediera con el latín”, argumento tan impropio como ignorante de la historia. Pero la tensión es más general. En Aragón, por ejemplo, mantienen las espadas en altos los partidarios de imponer a la región el catalán (a los que apoya el gobiernillo regional), y aquellos que se oponen a ese proyecto proponiendo a cambio la imposición del aragonés. Hay polémicas semejantes en Italia, donde el sardo, el toscano la “lingua veneta” desafían al italiano, o en la Francia meridional, donde el occitano –la vieja “legua d’oc”, el idioma de los trovadores—se manifiesta estos días apoyado por el PS y los Verdes en demanda de una insensata “inmersión” que verosímilmente inquieta poco a los jacobinos de París. Sean Connery se coloca la faldilla, por su parte, para reivindicar el germánico escocés y aquel gaélico celta, que habla tan poca gente y al que le sobran letras del alfabeto, pero que fue en su día la fabla propia de los bardos. Y ya saben que en Cataluña ven bien combatir el español mientras se privilegia al aranés que, por cierto, es occitano. Paciencia.

Vuelvo a la antropología y sus trasparencias, admiro la actualidad de los argumentos que explican el viejo mito respecto de esta actualidad maniática y localista, encerrada cada día más inquietantemente en su alfoz, reparo en la “torre” lugareña expresión del poder ilusorio y causa de la tragedia. Y veo que el hallazgo “moderno” de la unidad decae en manos de esta ratonería aldeana dispuesta a arrostrar la tragedia de la incomunicación con tal de mandar en el pueblo. En Cataluña multan ya al español. Aunque con un ministro de Justicia como el que tenemos raro sería que todo quede ahí.

Cabeza podrida

Insufrible la pelea de El Ejido, las acusaciones mutuas de implicación en la trama entre PSOE y PP, la presencia de personajes de primera fila de la política en el palco del escándalo y hasta mentiras calculadas para inculpar a otros con su defensa bien clara. Lo que queda claro es que no se trata de un negocio muñido por abajo sino de una trama montada desde arriba, habrá que ver si con la complicidad de algún partido o no. Pero, en cualquier caso, los ciudadanos quedarán desolados viendo otra vez el espectáculo asqueroso de la podredumbre en el escenario de nuestra vida pública. Es la clase política, y por arriba, la que está en cuestión. Por eso lo más urgente sería iluminar la escena y proceder luego con la máxima dureza contra los corruptos.

Barcos presos

No hubo acuerdo con el gobierno de Guinea Bissau y, por tanto, no pudo cumplirse la promesa del embajador a las tripulaciones de que ayer martes serían liberados. Medios extranjeros insisten en que la acusación de actuar en aguas no permitidas es firme y sería muy conveniente aclarar ese extremo, pero parece evidente que la diplomacia española, al contrario de lo que ocurre con el secuestrado “Alakrana”, no se está empleando más que en un segundo nivel, a todas luces insuficiente. El Gobierno de España ha fracasado ante el problema y elude implicarse a fondo, y es curiosa la inhibición manifiesta de las Administraciones en el caso, sobre todo en Huelva donde parece que fuera ajeno.