Fuera complejos

El mitin del PP en Dos Hermanas marca el principio del fin del histórico complejo de inferioridad que la derecha ha mostrado siempre ante la izquierda. Seguro que ni ellos se esperaban el éxito ni desde la acera de enfrente –Pizarro, desde el PSOE bromeaba con su fracaso hace poco—podrían esperar que, abarrotado el recinto de las 20.000 personas, otras 3.000 se quedaran fuera por falta de aforo. Y encima el disparate de la subida de impuestos que puede abrir para el PP un futuro despejado simplemente con la promesa de bajarlos. Hay cosas que están cambiando mucho en Andalucía. Ésta de entrar en la cueva del león y apropiarse de ella marcará, sin duda, un hito en esta crónica.

La costa va bien

Buen balance de los meses de julio y agosto en el turismo de costa onubense. A pesar de la crisis, Huelva alcanzó el primer puesto entre las provincias andaluzas y el segundo entre todas las españolas, creciendo en 9 puntos, muy por encima de la media nacional y elevando en 5 puntos el número de pernoctaciones. Un buen dato, menos mal, al que hay que prestar la atención debida, esto es, el apoyo institucional y sectorial que reclama una actividad básica de nuestra economía que, además, marcha bien en medio de tantas dificultades.

Buenos malos tiempos

Me sale al paso un comentario certero, tan obvio que resulta extraño que no haya sido explotado ya con frecuencia, que dice que nuestra generación, es decir, la Humanidad presente, es la primera de la Historia en considerarse en perores condiciones que la de sus padres, algo así como si la evidencia del progreso lineal –ese bello mito ‘ilustrado’ que ha dado tanto juego—se hubiera quebrado de pronto con la crisis, y nos enfrentáramos al problema mayúsculo de cambiar ese postulado que, en buena medida, sostenía la penúltima esperanza. Vaya por delante que no comparto tal pesimismo, entre otras cosas porque me parece que sería imprescindible, refrescar la memoria de un pasado en el que tantas veces esa Humanidad, por más que con las glorias se olviden las memorias, ha estado a pique de la catástrofe. Es verdad, sin embargo, que aquella constatación abruma a muchos ciudadanos que, a la luz de la crisis, han comprendido que el Sistema es frágil y que, por lo demás, nada garantiza que sea movido por fuerzas discretas sino por pasiones ciegas capaces de hacer zozobrar hasta a la hegeliana “astucia de la Razón”. Y es verdad también que la coyuntura avala las peores previsiones a la vista del ritmo desenfrenado con que avanza la pobreza, mil millones de personas en el planeta, cien nuevos pobres por minuto, un apocalipsis que ha permitido la negra broma de que mientras cenaban los líderes del G-20, cientos de seres humanos habrán caído en ese lastimero estado, forzados a vivir con 85 céntimos de euros al día. En la propia Europa malviven hoy 78 millones de pobres, 70 millones de mal alojados, 18 amenazados de expulsión, 3 millones de “sin techo”, 30 de trabajadores “a un euro la hora” y 108 agarrados a empleos precarios. No creo, desde luego, que debamos olvidar la Inglaterra de Dickens o la que describía Owen, pero lo cierto es que en la posterior a las reformas ultraliberales de Thatcher uno de cada cinco británicos, pobres es. Recuerdo el arranque de “Historia de dos ciudades”: “No ha habido tiempos mejores, no los ha habido peores, primavera de la esperanza, invierno de la desesperación, lo teníamos todo ante nosotros, no había nada ante nosotros”…

Cuando se habla de la salida de la crisis suele olvidarse ese coste supremo: el de las víctimas, que serán, probablemente, legión, y hasta es posible que miren con nostalgia hacia la vida de sus padres. Pero esos nuevos pobres, sin embargo, no es descartable que reactiven en el Sistema movimientos que parecían ya superados, capaces de entorpecer las eventuales mejoras introducidas por la experiencia. “Los mejores tiempos, los peores tiempos”. El dilema de Dickens no era una contradicción sino, tal vez, una ecuación ciega de la historia humana.

La triste realidad

El propio Servicio Andaluz de Empleo y los sindicatos concernidos acaban de comprobar que el subsidio, más allá de remediar en justicia la situación del parado, está contribuyendo al rechazo del trabajo por parte de ciertos subsidiados que, por los datos conocidos, son gran mayoría. Que se ofrezcan oficialmente 150 puestos de trabajo a parados y sólo dos acepten trabajar demuestra que algo no funciona como es debido en el sistema de protección social y sugiere que, si sólo la maldad puede oponerse a la ayuda al parado, sólo la demagogia puede ocultar situaciones como la descrita. Lo que el SAE no ha explicado son las consecuencias de esa negativa y conviene que lo haga antes de que todo el monte sea, efectivamente, orégano.

Gibraleón bis

El “caso Benidorm” o “caso Pajín” ha devuelto a la actualidad el transfugazo de Gibraleón, respaldado por el PSOE en todo momento a pesar de la fingida “expulsión” de los tránsfugas, como acabó demostrando su posterior readmisión en el partido y en la lista electoral. Iguales ce por be, a salvo la circunstancia realmente escandalosa de que sean los padres de la “número 3” del partido quienes capitanean la operación con fondo de pingüe operación urbanística. El PSOE anda sobre seguro siguiendo los pasos de la experiencia onubense, la mayor desvergüenza registrada en los anales del transfuguismo. La única diferencia es que Pajín no se ha retratado allá con los convictos como hizo Mario Jiménez aquí.

La belleza redefinida

Hay un gran negocio funcionando en Internet alrededor del desnudo femenino. No me refiero a los ‘sitios’ porno (‘soft’ o ‘hard’), sino a esas galerías nudistas basadas en la idea de que el ideal del cuerpo femenino que gestiona la industria mediática no es “real”, razón por la que es necesario y conveniente prestarle cámara a la mujer “normal”, es decir, a la que queda fuera del estereotipo marcado por la moda, para que contribuya con su exhibición a reformar la mirada masculina (en fin, o la que sea) de modo y manera que aquel ideal se “humanice” en la medida en que se aleje de la inalcanzable singularidad. Hay “sitios” de estos que publican diariamente varios álbumes repletos de fotos de “streapers” voluntarias, cuya presencia no se explica, evidentemente, al menos de modo exclusivo, por la posibilidad concursal de agenciarse 500 dólares si son elegidas ganadoras por el público usuario. No se ponen de acuerdo los psicólogos que tercian en el negocio sobre si la motivación última de esas mujeres puede ser la transgresión por sí misma, el narcisismo o la recompensa económica, pero la verdad es que, una vez más, se nos plantea ese curioso tema que es la pulsión exhibicionista de la hembra frente a la cual el varón, domado o silvestre, suele mostrarse más púdico. ¿Por qué la mujer tiende a mostrar su cuerpo, qué puede justificar que no haya iniciativa de la moda favorable al desnudo que no sea abrazada con entusiasmo por el sexo que nuestros padres llamaban “débil”? Cuando el gran Rémy de Gourmont sostuvo que el pudor sexual constituía un progreso respecto del exhibicionismo de los primates, la verdad es que no anduvo muy fino. Mucho más lo estuvo Gautier, creo yo, cuando decía, poco más o menos pero con pleno acierto, que el pudor es una invención moderna y cristiana. En la medida en que la sociedad se seculariza y el postmodernismo se impone, se abre la veda que favorece aquella pulsión exhibitoria que misteriosamente diferencia a los dos sexos enfrentados.

En cuanto al negocio que da pie a estas líneas, no habrá que resaltar la astucia industrial que ha convencido a muchas mujeres de que el tipo idealizado que deslumbra inasequible en la pasarela no es propiamente cosa de este mundo, sino apenas una ilusión fugaz en el desfile o fijada en el papel cuché. Lo cual no hubiera sido posible si en la mujer no alentara íntimamente ese ‘élan’ que la lleva a “enseñarse” cuando puede, quizá no tanto con intención seductora como obedeciendo a un impulso que los fundamentalistas achacarán a la famosa “condición femenina” pero que se me ocurre que puede que no sea sino la réplica correspondiente al reto dialéctico planteado por el deseo masculino. ¿Para quién exhibe una mujer su cuerpo? Bajo esa cuestión subyace acaso el más grave arsenal psicológico de la historia de la especie.