Se ve el plumero

La consejera de Medio Ambiente, Cinta Castillo, opina que el hecho, ciertamente revelador, de que el presidente del consejo de Participación de Doñana, el Premio Príncipe de Asturias Ginés Morata, votara el otro día contra el proyecto de oleoducto por considerarlo incompatible con la naturaleza de Doñana, “no es llamativo” ni pasa de ser “una opinión personal y respetable”. Allá el sabio Morata por meterse en esa timba sin revisar la baraja, pero de ahí a desdeñar su opinión (cuando es contraria) como si se tratara de cualquiera de los muchos paniaguados que andan por ahí, va un abismo infranqueable incluso para la osadía de la consejera calañesa. Por lo demás, Morata puede ver que lo pusieron ahí como florón y no por estima de su valía. De valía entienden poco estos defensores de pleitos políticamente ganados.

La edad prohibida

La opinión francesa anda dividida esta temporada a causa de la historia de la millonaria Liliane Bettencourt, tal vez la primera fortuna del país, a la que su hija ha enredado en los tribunales al llevar ante ellos al fotógrafo François-Marie Banier acusándolo de chulear a la vieja dama aprovechando su debilidad mental. Bettencourt habría dado a Banier y a otros dos amigos íntimos una fabulosa fortuna en obras de artes o seguros de vida, y alega con viveza, a sus 86 años, que a ver por qué no va a poder hacer con su pasta lo que le venga en gana, incluyendo la hipótesis de la donación al amigo/amante o lo que fuere. Bella y cuidada mujer de ojos claros y aún hermosa, esa madre se ha cerrado en banda a someterse al juicio de un psiquiatra forense alegando que ella ya tiene el suyo y que se encuentra en perfectas condiciones para regir su vida, por más que inquieten a su heredera esos rumbos que las primeras estimaciones calculan que deben de ir ya por muchos cientos de miles de euros. Incluso en la prensa conservadora observo que el caso es visto con ambigua perplejidad cuando no con clara benevolencia hacia la dadivosa dama, confirmando esa pulsión libertaria que por lo general acaba dominando en Francia al tirón tradicionalista.¿Por qué una mujer no podría disponer de su fortuna a voluntad, por qué demonizar una relación que en el supuesto más escabroso no pasaría de ser una aventura enteramente legítima, una vez salvado el caudal que legalmente corresponde a su heredera? Parece, por lo que leo, que triunfa la tesis del amor aunque nada indique ni menos demuestre que en la relación evergetista de la munificente señora con ese amigo sexagenario sea de esa naturaleza, y que un creciente rumor apunta a la hija como a una heredera incomprensiva y egoísta que ha decidido por su cuenta aparcar sentimentalmente a la madre considerando su edad prohibida para mantener una relación libre. Liliana Bettencourt se ha limitado a devolver el pelotazo sugiriendo a los inquisidores que es la hija la que puede no estar en sus cabales y afirmando su plena voluntad de mantener su actitud. Se me viene a la cabeza el aviso de Virgilio en ‘Bucólicas’: “Carpent tua poma nepotes”, tus frutos, ay, acabarán trincándolos los que vienen detrás.

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La moral social, y tal vez también, en términos más amplios, la psicología colectiva, funciona sobre el prejuicio projuvenil, ese equívoco con frecuencia impío pero que viene gozando de buena prensa edad tras edad. Hace poco una encuesta de un  tabloide británico revelaba que una mayoría muy cualificada de los ingleses respetaban a tope a la vieja reina pero sentía una suerte de indescriptible piedad por el príncipe heredero, como ya en su día la sintiera por el que lo fue de la reina Victoria. En Francia, en cambio, parece que hay más partidarios de la madre objetada que de esa hija inquieta por la integridad de su herencia que no ha dudado en detractar como loca senil a su propia madre con tal de pararle los pies. No sé en España, francamente, pero sospecho que también la anciana generosa obtendría más apoyo que la hija egoísta que es pòsible que no mantuviera la misma actitud si los donativos de su madre fueran a parar a alguna causa convencionalmente correcta y no, según las apariencias al menos, a caer en manos de un presunto gigoló que a lo mejor no es más que un amigo devoto o, por qué no, un amor difícil pero no imposible. ¿Existe una edad límite al amor? Tampoco lo sé, pero menos mal que no la hay para la libre administración del peculio y para limitar la soberanía de una bella anciana en sus cabales para hacer de su capa un sayo. Mala cosa, en cualquier caso, la herencia: apenas conozco una que haya ido sobre ruedas pero he visto muchas catástrofes provocadas por ella. Yo que la Bettencourt le dejaba la legítima a la niña y si te vi ni me acuerdo.

Casi inocentada

El Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA) se la pilla con papel de fumar. Ha cuestionado un anuncio de la DGT sobre el suo de cinturones porque el conductor siniestrado sería un padre y hay que “evitar los estereotipos sexistas tanto en lo referido a hombres como a mujeres”, fíjense qué cosa. También dispone que los moderadores no opinen para no faltar a la neutralidad (¡) como habría hecho también Canal Sur, pero no por lo que cualquier andaluz consciente pueda estar pensando, sino por algo observado en uno de sus programas cuyo ponente había sido previamente excluido del debate. De verdad, hablar de neutralidad y plantear una especie de censura ocasional, suena  a inocentada o tomadura de pelo, si se tiene en cuenta lo que sale cada día de nuestra teledirigida radiotelevisión pública.

Boda de ganso

Habló el coordinador de los diputados del PSOE onubense y habló por boca de ganso, para decir que ellos no están en Madrid sino para “proteger” al Gobierno y no para hacer oposición. Claro como el agua y hasta lógico, si no fuera porque ha debido precisar que a quien protegen su grupo es a “su” Gobierno, no “al de la nación”, como dice. La prueba, el comportamiento de diputados nacionales y autonómicos durante el mandato del PP, en el que, por citar un solo ejemplo, se recurrieron todos y cada uno de los Presupuestos. Excusa en parte a nuestros mandatarios –de todos los partidos—su frecuente falta de formación cuando no su ignorancia mayúscula. Esta salida del diputado Oria –candidato a alcalde y perdedor en su pueblo, por cierto– es buena muestra de ello.

La larga mano

La verdad es que nunca hemos sabido bien qué ha ocurrido y está ocurriendo en China, en la nueva China reformista que ha logrado cerrar la paradoja de un comunismo salvado por el capital. No sabemos cómo se las arreglaron para controlar tanto mercado occidental, menos aún cómo penetraron tan profundamente en el sistema financiero, sobre todo en el norteamericano, de qué manera se las arreglan para ajustar esas decenas de nuevos millonarios que genera al día con la ingente masa depauperada que, al parecer, malvive en las regiones interiores. Se dice que si los chinos movieran súbitamente sus inversiones en el tesoro americano provocarían un crac de incalculables dimensiones y hasta hay quien asegura que esa amenaza fue la razón por la que los yanquis paralizaron su proyecto de boicotear ciertas exportaciones chinas, de vital importancia para su desarrollo pero peligrosas para la salud de los consumidores. Vaya usted a saber qué pasa en China, cuando ni los chinos mismos se ponen de acuerdo –lo leía hace poco en ‘The Economist’—sobre cómo funciona ese sistema híbrido en el que en el año pasado la autoridad reconoce que han quebrado unos miles de empresas pero lo observadores aseguran que son muchas más, entre ellas varias decenas de compañías bolsísticas. Hay provincias, como la de Guangdong, donde se prevé que la destrucción de esas empresas pudiera llegar a ser masiva debido a la conjunción de tres factores adversos al hasta ahora fastuoso crecimiento, a saber, la abrupta caída de las exportaciones determinada por la crisis en los países occidentales, el alza en el coste de materiales y la presión legal creciente en materia de trabajo, hasta ahora prácticamente inexistente. Un caótico sistema de control,  por lo demás, provoca que las empresas en apuros cierren de la noche al día, en medio de una confusión normativa e institucional en la que resulta altamente improbable que un control efectivo pueda ejercerse, entre otras cosas porque con gran frecuencia los cierres se producen de manera informal o alcanzando acuerdos precipìtados con las partes implicadas. La crisis alcanza a China, en todo caso. Parece que lo del globo aldeano era cierto.

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Una de la señales más elocuentes de la situación es la medida oficial de elevar el dintel de la pobreza (establecido por vez primera en 1985, y en 200 yuans) hasta 785 yuans, es decir, unos 80 euros, nivel de renta mínimo estimado necesario para adquirir los bienes de primera necesidad y los servicios básicos y, en todo caso, un nivel mísero pero que habría sacado de la indigencia –según los criterios aplicados por el Gobierno, claro está—a más de 200 millones de personas. La llamativa experiencia hace pensar, en resumen, que el auge financiero y comercial del viejo país comunista, se basa sobre la existencia de vastas muchedumbres desposeídas que viven, especialmente, en las zonas interiores y alejadas del enorme territorio, con gran frecuencia en unas circunstancias indignas que han forzado en los últimos años una activa emigración a los focos desarrollistas. Lo que no se sabe es que será de ese edén de la deslocalización ahora que los importadores occidentales bastante tienen con no tener que echar el cerrojazo ellos también, aunque se sospecha que la consecuencia podría ser un endurecimiento de las condiciones de trabajo, ya más que insufribles por sus precios tirados y sus jornadas interminables. La larga mano de la crisis alcanza al otro lado del planeta, como se ve, y el experimento liberalizador en pleno comunismo institucional podría acabar como el rosario de la aurora, en especial si fuera cierto, como afirma la prensa económica, que la inversión  china ha sufrido enormes pérdidas en el crac americano y otras lejanas aventuras. Puede que ese coloso precoz tuviera los pies de barro, después de todo, lo cual no sería tan mala noticia para nuestros especuladores.

Pagar al cliente

Con motivo de las informaciones publicadas por El Mundo-Huelva Noticias sobre el escandaloso reparto de fondos para publicidad por parte de la Diputación de Huelva, y tras largos días der silencio del PSOE, al fin una voz autorizada del partido ha sugerido que la razón de la denuncia de El Mundo no es otra que la de no haber recibido un solo céntimo de esa partida de más de dos millones de euros, lo que equivale a reconocer que el estratégico silencio de algunos medios o la actitud lacayuna de alguno de ellos sería la causa y razón de que se reconociera su “clientelismo” con desatada munificencia. Ciertamente con el dinero largado a alguno de ellos prácticamente reducido a la difusión oficial se podría mantener un periódico un ejercicio completo. Pero aún así, el PSOE debe comprender que la crítica es tan necesaria como injusta su sanción. Lo asombroso en este caso no es que lo hagan, sino que lo digan, sin percartrse de la indignidad del argumento.