Viaje a la URSS

Al comenzar la “perestroika” y difundirse la “glasnott” fui a la URSS como quien va a una lamentar una agonía. Se decía por aquí que a “la Gran Patria Soviética” le quedaban, a lo sumo, un par de almanaques, y esa urgencia –lo confieso—me forzó a no aplazar más la visita. Un soberbio jet de la todavía intacta Aeroflot nos llevó a Berlín Oriental y luego a Moscú donde hubimos de cambiar de aeropuerto para alcanzar Leningrado que aún no había recobrado su nombre histórico, donde nos alojaron en el hotel Pulkoskaia, confortable alojamiento en las afueras desde donde un taxi propiedad de un policía mantenía la exclusiva de los traslados al centro. Fuimos a cenar al Hotel National por sugerencia de Manolo Vicent, un romántico avejentado en cuyo comedor asistimos a una inacabable cena paralela a una boda rusa en la que los comensales, briagos, dormitaban bajo las mesas cuando dejaban de bailar. La sorpresa tuvo lugar por la mañana, cuando contemplamos, junto al bello Palacio de Invierno, un vasto cartel de Coca-Cola, nuncio infalible del principio del fin. ¡Y junto al Hermitage, la mayor colección de finesses imaginable sobre las que se cernía la sombra de los viejos sátrapas! La URSS se hundía poco a poco, como un grave cascarón maltratado, pero era todavía un inmenso barrio modesto con calefacción y tv censurada para una población con asistencia sanitaria y educación gratuita, eso sí. No pude dejar de invocar el consabido axioma: todo lo malo es susceptible de empeorar.

Por un inmenso bosque de abedules –era otoño y sus copas llameaban aquí y allá— fui a Moscú pasando por las ciudades históricas (Kalinin, Vladimir, la antigua capital Novgorod, la ciudad sagrada de Suzdal, un témpano junto el río Kámenka), deslumbrado al fin en aquel centro cívico, el más bello del mundo, que es la Plaza Roja, con su Kremlin, sus catedrales y al vistoso chafarrinón de San Basilio. Pateamos la urbe, sus ruidosos hoteles y restaurantes, sus mercados, las barioskas para turistas, sus librerías arruinadas, vimos sus jocundas bodas y el cambio de guardia ante el mausoleo de Lenin. También en Kiev el museo repetía su imagen tiroteada y otros tópicos. La URSS se acababa. Unos años más tarde volví y lo que vi ya no era aquella “amplia mediocritas” sino un inmenso desorden organizado por mafiosos. ¡El dudoso aunque imprescindible triunfo de la Libertad! Pensé que las pesadillas no sobreviven más que los sueños. Y guardo obsesivamente una visión fugaz: la de una mendiga tendiéndome la mano en el atrio de una de sus catedrales. Demasiado para la URSS, demasiado para Gorvachov.

Datos aplastantes

Se podrán aportar matices y quejas por la calidad del empleo pero este mes de diciembre han caído sobre los escépticos unos datos incontrovertibles. Se han creado casi 1.500 puestos de trabajo al día que suponen casi 400.00 parados menos, en la mayor bajada anual del desempleo de la historia, se ha batido el récord de creación de la década obteniéndose el mejor dato de contratación indefinida en un año. ¡Hasta en Andalucía nos alejamos a buen ritmo del fantasma del millón! Habrá que pensar que mientras la Junta se dedica a sus intríngulis partidistas el Ministerio de Trabajo hace puntualmente sus deberes y nos baja la tasa en un 8’3 por ciento bajo la media nacional. ¿Alguien había apostado por algo parecido en 2011? Francamente, no lo imagino.

Semestre andaluz

Al margen de lo que ocurra en el resto de España, Andalucía tiene ya garantizado su semestre perdido. Verán: la Gestora que teledirige Susana Díaz no tiene prisas dada la situación crítica del PSOE y, en consecuencia, parece que, tras el mes de enero inhábil a efectos políticos, tendremos convocatoria en marzo, “primarias” en mayo y Congreso Federal en junio, un calendario que supone para Andalucía perder ese semestre en el que lo que ha de importar será el forcejeo partidista. ¿Se han hecho las cuentas del tiempo político dilapidado en nuestra autonomía desde que el seísmo de los ERE acabó volteando primero a Chaves y luego a Griñán hasta dejarnos en las manos actuales?  Andalucía puede esperar. El viejo lema de la Junta no decae.

Mafias impunes

Nadie quiere saber nada de las mafias que trafican con seres humanos, las responsables de los miles de muertes ocurridas en el Mediterráneo, en especial desde que el conflicto de Oriente Medio alcanzó a Siria. El año pasado confirmó a la costa andaluza como el punto de arribada más importante de España, duplicando el número de inmigrantes irregulares respecto a los llegados el año anterior. Y nadie quiere oír hablar siquiera de las mafias, como nadie tiene el coraje de denunciar la colaboración “política” de Marruecos en esta tragedia. ¿Tan difícil será para la Armada –para la nuestra y para las de la UE— plantarse frente a esos bucaneros de tres al cuarto y liquidar su negocio? A lo peor resulta que ese negocio no es solo de ellos.

Perdón barato

El empresario troglodita que agredió a la dirigente de Podemos Teresa Rodríguez ha pedido perdón por su bellaquería. ¡Pelillos a la mar! Por su parte, el podemita que ha insultado al pueblo huelvano de Aljaraque calificándolo de “pueblo perdido” también ha repetido el gesto fariseo. ¿Se han percatado ustedes de la cantidad de culpables que piden perdón como si esa fórmula fuera un bautismo sobrado? Se insulta, se manga, se atropella, y luego se pide perdón como si tal cosa, como si un gesto contrito bastara para satisfacer a las víctimas. Nuestra vida pública se está convirtiendo en un muladar al que luego se le pasa el plumero sobre la inmundicia como si esa providencia bastara para reparar el daño y restituir al ofendido.

Vacaciones pagadas

Lo mismo que agosto, enero es inhábil en el Parlamento y, sin embargo, sus Señorías siguen cobrando sus dietas por manutención y mantenimiento. Todos, oigan: el PP, el PSOE y Ciudadanos, lo mismo que los revolucionarios de Podemos que aseguran que destinarán ese vergonzante ingreso a “alguna causa social”, pero trincar, lo que se dice trincar, todos trincan. No se trata de una anécdota sino de un escándalo por completo incompatible con la situación socioeconómica de una autonomía arruinada que soporta un 30 por ciento de parados. Derecha o izquierda, da lo mismo: la pasta es la pasta, y no ha nacido, por lo visto, quien tenga el cuajo de negarse a cobrar en caja lo inadmisible. El “buen gobierno de las tripas” –dijo Cervantes—es lo primero.