Aprobar en la “delega”

No se le puede propinar golpe más fuerte a la autoridad docente que cuestionarle su indivisible derecho a calificar al alumno. Nadie puede aprobar o suspender más que el profesor, y en caso de presunta arbitrariedad, además de la Inspección, ahí está la Justicia. Pero que un delegado de la Junta apruebe por decreto a los alumnos suspendidos por sus profesores constituye un auténtico atentado a la norma y al sentido común. Y se aprueba desde la Junta –ésta reciente no es la primera vez–, sobre todo cuando se mueven bien los palos de la influencia electoralista. ¿Ésta era la prioridad que Griñán prometió dar a la enseñanza? Algunos, a pesar de todo, seguimos confiando en que no.

El mal rollo del AVE

No hace falta acumular argumentos, como ha hecho con solvencia Curro Moro, para demostrar que si el Gobierno del PSOE no le mete mano con decisión al archiprometido AVE a Huelva es porque así se lo aconsejan sus cálculos políticos y no porque el Ayuntamiento boicotee una obra que, en modo alguno, el Gobierno y la Junta admiten que llegue a buen  término mientras Pedro Rodríguez sea el alcalde de la capital. No haciendo el AVE luchan contra el alcalde pero castigan a Huelva, esa es la única realidad. Una realidad que a esta tropa de gastapanes lleva demostrando desde hace años que no les importa lo más mínimo.

Sarna con gusto

El argumento preferido de Silvio Berlusconi para justificar sus innumerables agravios a la dignidad presidencial es, sencillamente, que los italianos lo quieren tal como es, a juzgar por sus éxitos electorales. Y eso es verdad, básicamente, sin perjuicio del bochorno que a muchos de sus compatriotas les causan escenas como las pornográficas registradas en su villa de Cerdeña o ese video ruin que anda por la Red en el que se ve al Cavaliere escenificar del modo más soez una escena de acoso corporal a una desprevenida oficial de policía que estaba en el lugar. Que el Presidente se salvara por prescripción en el año 2007 del delito de haber comprado a un juez, a través de un abogado suyo, o que, justo antier, el Tribunal Supremo decidiera anular su bochrnosos autoblindaje, lo que abre paso a su posible condena, no parece inmutar a un electorado que ha recibido con indiferencia la sentencia de un tribunal milanés que lo condena a pagar 750 millones de euros, la mayor indemnización conocida en el país para indemnizar a los propietarios de la editorial Monadori con la que el actual primer mandatario logró hacerse, al parecer, sobornando un magistrado. Pura delincuencia, como se ve, ilimitada voluntad de poder para el que nada cuenta el imperio de la ley ni un “qué dirán” que, por desgracia, al menos hasta ahora, ha tolerado con cierta connivencia simpática sus despreciables hazañas. Desde la oposición se protesta recalcando que estos hechos sitúan la hacienda y el comportamiento del Presidente “por encima de las leyes penales, de las administrativas y de las éticas” y que incluso un sujeto de su catadura debe entender que los tribunales deben aplicar las normas a todos por igual y no “a todos menos a los poderosos”. Nunca es fácil para un payaso distinguir le raya que separa la broma del sarcasmo.

 

Ni que decir tiene que la reacción del Gobierno no ha si otra que echar mano de la teoría del complot, su viejo recurso, y acusar a la oposición de tratar de deslegitimar el voto de un pueblo que, si los sondeos siguen retratando como sostenedor de ese truchimán, estaría contribuyendo, quién sabe si irreversiblemente, al desmontaje moral y ético de la propia democracia. Nunca un mandatario –el último Yeltsin incluido—rebajó a esos niveles de indecencia el imprescindible prestigio de la representación. La vida pública italiana –es patético el eco de sus pensadores y críticos—está por los suelos, rizando el rizo de su legendaria tradición agiotista. Y la imagen de Berlusconi se ha convertido en el emblema cabal de ese desastre. No hay democracia que resista el peso de un payaso fuera de la ley en su centro de gravedad.

La huelga de jueces

No quiere el TSJA que haya huelga de jueces y eso entra en lo razonable. Pero pretende coaccionar a los que quieran ejercer su derecho a la huelga, y eso ya es distinto e intolerable. Desde la presidencia del TSJA, como si se tratara de cualquier consejería, se cursan instrucciones a las Audiencias para que sean los propios magistrados no huelguistas quienes “delaten” a aquellos que lleguen a realizar el paro. No es novedad esta sumisión del órgano a la Junta pero sí que lo parece una providencia que trata a unos jueces sin el menor respeto a sus derechos e incita a otros a desempeñar un lamentable papel. La Justicia tiene muchos problemas encima. El de una huelga profesional debería dejarlo para la burocracia política.

El negocio político

Dice este periódico ayer, refiriéndose al recién nombrado portavoz de la Dipu, que “ser tránsfuga en Huelva sale rentable”. Hombre, en Huelva y en todas partes, porque el transfuguismo es un negocio como lo prueba el hecho de que, casi sin excepción, quienes traicionan a su partido y a su electorado lo hacen para irse a otro más poderoso y munificente, no al revés. ¿Conocen ustedes a muchos sociatas fugados a IU o al PA? Ese Guerra se pasó al PSOE con la calculadora en la mano, como todos los que retuercen su acta. Ya saben lo que decía Cervantes: “Lo primero es el buen gobierno de las tripas”. Pues eso.

Los amigos políticos

La amistad política es casi siempre sospechosa en España. No se puede ser independiente en este país al punto de ser de izquierdas y admirar a Ortega o tomarse unas copas con Javier Arenas. La Historia de España –una historia dura, como casi todas—quebró definitivamente con la guerra civil que empezó, desde luego, mucho antes de cuando se dice. En Sevilla, antier mismo, unos mequetrefes consistoriales, erigidos en arcángeles flamígeros de la pureza democrática y tras haberlo autorizado, han prohibido un homenaje que se proponían hacerle a Foxá, el excelente novelista Aquilino Duque y el joven literato Antonio Rivero, con el argumento cavernícola de que el conde había sido amigo de José Antonio Primo de Rivera. ¿Amigo de José Antonio? Bueno, amigos de José Antonio fueron, si la memoria no falla, don Indalecio Prieto, el sindicalista Pestaña (¡que le propuso la fusión!), el propio Ortega, Sánchez-Román y tantos otros, entre los que se ha sostenido con aplomo que estuvo también Federico García Lorca. Y mil más, como es lógico y natural, tratándose de quien era y no careciendo de talento como es notorio para cualquiera que conozca su obra y no sea un fanático. No hay quien acabe en España, ni para bien ni para mal, con la tradición de los “amigos políticos” heredada del canovismo, esa idea hurtada a mejor contexto, que sostiene que “quien no está conmigo está contra mí” y, en consecuencia, aquel que esté con el Otro, aunque sea tomando una copa ocasional, es mi enemigo y como tal debe ser tratado, incluso si se tercia de arrebatarle derechos tan fundamentales como el de expresión. De este modo, un par de mindundis sin mejor oficio que viven del Ayuntamiento sevillano, decretan hoy el ostracismo de Foxá –y no quiero ni pensar que serían capaces de decretar mañana—mientras se dedican a enviar dinero a las tiranías de Sudamérica. Los trabajadores deberían saber por cuánto nos (les) salen estos gastapanes inquisitoriales y ver por alguna cerradura su jornada de trabajo. Dudo de que los siguieran votando.

A Prieto mismo, el amigo de José Antonio, han tratado de dedicarle sin éxito una plaza sevillana los mismos censores que prohíben a Foxá, toda esta caterva oportunista que desde hace unos años vive de los muertos, como los gusanos, esos metazoos voraces. Juaristi ha señalado como nuestra generación recuperó al propio Foxá, junto con Sánchez-Mazas o Ruano hasta ponerlos de moda. ¡Pero qué sabe esta tropa de literaturas! Seguro que si Aquilino propone concelebrar a Ridruejo – a quien traté y quiero tanto, y siendo amigo de quien fue—le tocan las palmas. Y no me extiendo no sea que se enteren los ignaros y para qué queremos más.