Alguacil alguacilado

¡La Cámara de Cuentas trincando sobresueldos como el más trapacero de sus auditados! Era lo que nos faltaba por oír de un a institución cuya tarea hemos alabado tantas veces como criticado cuando fue menester, y para la que incluso hemos reclamado repetidamente capacidad sancionadora. Pero ¿qué es eso de aprobarse a sí misma unos sobresueldos disfrazados de gastos de representación y repartirse tarjetas de crédito como si el dinero público fuera suyo? Un duro golpe para su credibilidad, sin duda, y sobre todo, un disparate que convendría que corrigiera ella por su cuenta antes de que se lo tengan que corregir desde fuera.

La Junta engaña

Ése podría ser, por desgracia, un justo eslogan una vez demostrado, al cabo del tiempo, que era verdad, como denunciamos entonces, que los pueblos del Condado fueron abastecidos con agua contaminada en 2007 a pesar de que las Administraciones conocían la peligrosa circunstancia. Tanto la Mancomunidad de la comarca como la consejería de Salud permitieron durante 44 días el suministro y el consumo a sabiendas de que el agua que llegaba a esos miles de onubenses estaba gravemente contaminada. Sobran comentarios pero no una pregunta: ¿quién o quiénes deben responder ante el juez por semejante atentado? La propia Junta debería ser la que diera el paso pero si no lo da, ahí está la Justicia para darlo.

El paciente transparente

Una encuesta del Museo de Ciencia de Londres ha decidido, por pública votación, que el hallazgo más trascendental realizado por el saber ha sido el de los rayos X. La antigua aspiración a la visión penetrante –de raíz mítica tan evidente—que desemboca en los diversos ejercicios literarios que, en el ámbito de la ciencia-ficción, imaginaron la experiencia de alcanzar la vista de lo interior, tiene a mi entender profundas motivaciones psíquicas emparentadas con el sentido de la intimidad y su secreto, pero la verdad es que ningún ingenio humano logró algo sustancial en ese terreno hasta que el laboratorio dio con esos rayos invasores capaces de penetrar lo opaco y revelarnos una imagen siquiera conjeturable del interior. En el cuestionario se incluía desde el motor de vapor hasta el misil pasando por el teléfono, la locomotora y el “cerebro electrónico”, incuestionables proezas todas ellas, pero sobre las que ha acabado por primar el descubrimiento de esa capacidad de escrutar sin diseccionarlo el cuerpo humano abriendo al camino a las sucesivas técnicas que han revolucionado la exploración hasta límites insospechables. Claro que cada uno de los candidatos que se han quedado fuera cuenta con méritos sobrados para haberse hecho con la victoria, pero que ésta haya recaído sobre la visión radiológica revela, insisto, más allá de su indudable ventaja médica, la inmemorial curiosidad del Hombre por su misteriosa constitución interior. No están tan lejos los días en que en que el tabú del cadáver forzaba a los anatomistas a trajinar en secreto para descubrir una naturaleza que trataban de controlar las religiones siempre timoratas ante la irrupción de la evidencia. El afán por descubrir nuestro propio secreto parece que, en todo caso, sigue vivo y coleando.

Un físico eminente como Heisenberg explicó que, en el ámbito de la cultura occidental, nada era realmente comprensible sin la posibilidad de ser visualizado, hipótesis bastante en línea con el sensismo que revela aquella anécdota en que Condorcet pregunta a un ciego que eran para él los ojos y éste le contestaba que un órgano sobre el que el aire hacía el mismo efecto que el bastón en su mano. Nada fascinó más al Hombre que el poder de la vista en el que se asienta, aunque sea por el reverso, la fuerza de la fe. Los rusos dijeron alguna vez haber hallado una adolescente dotada de una “visión dual” que le permitía ver la entraña humana tal como el protagonista de la película de Roger Corman. Algo seguimos buscando, evidentemente, en el interior de ese cuerpo que Proust creía que era la gran amenaza para el espíritu.

Ojos cerrados

Nadie quiere ver lo que sucede por abajo, la necesidad extrema que se extiende y agudiza. En especial, la de quienes nada representan ni son representados por nadie, como los inmigrantes. En Jaén, en Huelva en Almería, en muchas poblaciones andaluzas, un ejército de miserables hace cola esperando la sopa boba o duerme al raso ante la indiferencia de las instituciones y también de la ciudadanía en general. Son los mismos que han sido y serán explotados cuando sea menester, aunque ahora deban aguardar hambrientos y al relente la ocasión propicia. Lo que estamos haciendo con los inmigrantes es un delito de lesa humanidad.

Patata caliente

No hacía falta que lo dijera el jefe del PP porque salta a la vista: desde que Pedro Rodríguez anunció que volverá a presentarse en las próximas municipales, la patata caliente de la candidatura PSOE a la alcaldía de la capital salta de mano en mano sin que nadie la quiera. Dos candidatos fracasados son un balance demasiado ingrato para los futuros aspirantes, aparte de que, por encima y por debajo de las simulaciones, de sobra saben en el sanedrín que el alcalde que ganó cuatro elecciones seguidas tiene la quinta de cara. Por lo demás, antes de culpar a la patata, que se pregunten qué parte de responsabilidad les corresponde a los mismos atribulados por haber hecho una oposición miserable como la que han perpetrado durante quince años.

Lisístrata en Tonga

Las mujeres de Tonga, las islas polinesias a las al almirante Cook llamó “Archipiélago de los Amigos”, se han declarado en huelga de alcobas. No cohabitarán con sus maridos en tanto no se apruebe en su parlamento estamental la igualdad entre los sexos y, en concreto, la Convención sobre al Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer. Para que vean que ni el mito propiamente dicho ni su primo literario son productos de la invención humana sino, como vio con claridad el genio de Iung, productos espontáneos de una mentalidad en la que los arquetipos colectivos tienen un papel insospechable. ¿Quién le habló a esas nativas de Lisístrata, la heroína de Aristófanes que en plena “Ilustración griega”, como dice Adrados, organizó la cruzada pacificadora con el mismo recurso, ante la incapacidad de los varones para concluir paces y alejar el fantasma de la guerra? Pues nadie, salvo la voz imperiosa e inmutable del inconsciente colectivo que subyace a través del tiempo como un resorte secreto en el psiquismo humano para reaparecer impensadamente en las circunstancias más distintas. Me imagino la sonrisa de Lévi-Strauss, nuestra reciente pérdida, si hubiera tenido tiempo de conocer una noticia que confirma de hecho muchas de sus intuiciones sobre la estructura significante de los hechos sociales.

La opción de las tonganas, en todo caso, tiene pocas posibilidades prosperar más allá de la anecdótica repercusión en los medios, siempre encantados ante la noticia “exótica”. En la mayoría de países de ese mundo preterido, la secreta guerra de los sexos de que hablaba la Campoalange anda ya en boca de Polichinela sin que por ello se avance demasiado en le terreno práctico. No hace demasiado tiempo el “Parlamento” marroquí rechazó un proyecto de ley de igualdad jurídica de la mujer gracias a la abstención del propio Partido Socialista que, en eso no hacía sino imitar al español de los viejos tiempos y a tantos otros partidos hermanos renuentes, incluso hoy, a encarar la igualdad de verdad y sin condiciones. El rey Geoges de Tonga viaja en limusine, se hace consagrar bajo palio por mano de arzobispo y preside sus ceremonias sentado sobre colosal un trono de oro, vestido por prohibitivos sastres de París, pero no parece más dispuesto a cumplir sus promesas de investiduras que nuestros mandatarios democráticos, lo que reduce el chantaje marital de estos días a una anécdota de la que, seguramente, se reirá a placer bromeando con sus concubinas en el harén. Pero ahí está el fantasma de Lisístrata una vez más, traduciendo, a mi entender, alcances mucho más profundos del poder del sexo que los que implica el débito conyugal. La vida tiene mucho de teatro. Casi nadie entendió eso como el propio Aristófanes.